13 mar. 2019

El tema de Dios

Intervención de Silo en el
ENCUENTRO PARA EL DIALOGO FILOSÓFICO RELIGIOSO.
Buenos Aires 28 y 29 de Octubre de 1995.
Publicado en Habla Silo


Trataré, en los veinte minutos que se me han otorgado, de exponer mi punto de vista sobre el primero de los tópicos fijados por los organizadores de este evento, me refiero al “tema de Dios”.

El tema de Dios puede plantearse de distintas formas. Yo elegiré el ámbito histórico- cultural  emplazándose aquí no por afinidad personal sino en atención al enmarque implícito establecido para este encuentro. Dicho enmarque incluye otros puntos tales como “la religiosidad en el mundo contemporáneo” y “la superación de la violencia personal y social”. El objeto de esta exposición será, por consiguiente, “el tema de Dios” y no,  “Dios”.

Por qué habríamos de ocuparnos del tema de Dios? Qué puede tener de interesante para nosotros, gente ya del siglo XXI, semejante asunto? No se lo había dado por concluído luego de la afirmación de Nietzsche: “Dios ha muerto”? Al parecer, esta cuestión no ha sido cancelada por simple decreto filosófico. Y no ha podido ser cancelada por dos importantes motivos: en primer término porque no se ha comprendido cabalmente el significado de semejante tema; en segundo lugar, porque puestos en perspectiva histórica comprobamos que lo que hasta hace poco tiempo era considerado “extemporáneo” hoy anima nuevas preguntas. Y este preguntar resuena no en las torres de marfil de los pensadores o los especialistas, sino en la calle y en la misma entraña de la gente sencilla. Se podrá decir que lo que hoy se observa es un simple crecimiento de la superstición, o un rasgo cultural de pueblos que al defender su identidad vuelven con fanatismo a sus libros sagrados y a sus liderazgos espirituales. Se podrá decir, en sentido pesimista y de acuerdo a ciertas interpretaciones históricas, que todo ello significa un regreso a oscuras edades. Como cada cual prefiera, pero el asunto permanece y eso es lo que cuenta.

Yo creo que la afirmación de Nietzsche: “Dios ha muerto!”, marca un momento decisivo en la larga historia del tema de Dios, por lo menos desde el punto de vista de una teología negativa o “radical”, como quisieran llamarla algunos de los defensores de esa postura.

Está claro que Nietzsche no se ubicó en los espacios de duelo que fijan habitualmente para sus discusiónes los teístas y los ateos, los espiritualistas y los materialistas.  Más bien se preguntó: Es que todavía se cree en Dios o es que está en marcha un proceso que acabará con la creencia en Dios?  En su Zaratustra dice: “... Y así se separaron el anciano y el hombre, riendo como ríen los niños... Más cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: ‘Será posible! Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!?’. En la IV parte de la misma obra, pregunta Zaratustra: “Qué sabe hoy todo el mundo? Acaso que no vive ya el viejo Dios en quien todos creyeron en otro tiempo?”  “- Tú lo has dicho - respondió el anciano contristado- Y yo he servido a ese Dios hasta su última hora”. Por otra parte, en su Gaya Ciencia, aparece la parábola del demente que buscaba a Dios en la plaza pública. “Os diré dónde está Dios... Dios ha muerto! Dios sigue muerto! “ Pero como sus oyentes no entendían, el demente les explicó que había llegado prematuramente, que la muerte de Dios todavía estaba ocurriendo.

Es evidente, en los párrafos citados, que se está haciendo alusión a un proceso cultural, al desplazamiento de una creencia, dejando de lado la determinación exacta de la existencia o inexistencia en sí de Dios. La implicación que tiene el desplazamiento de tal creencia es de consecuencias enormes porque arrastra tras de si a todo un sistema de valores, por lo menos en el Occidente y en la época en que escribe Nietzsche. Por otra parte, esa “pleamar del nihilismo” que este autor predice para los tiempos venideros, tiene como trasfondo su anunciada muerte de Dios.

Dentro de esa concepción, puede pensarse que si los valores de una época están fundamentados en Dios y éste desaparece, tendrá que sobrevenir un nuevo sistema de ideas que de cuenta de la totalidad de la existencia y que justifique una nueva moral. Ese sistema de ideas debe dar cuenta del mundo, de la historia, del ser humano y su significado, de la sociedad y de la convivencia, de lo bueno y lo malo, de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Ahora bien, ideas de ese tipo habían comenzado a aparecer desde hacía mucho tiempo hasta desembocar, finalmente, en las grandes construcciones del idealismo crítico y del idealismo absoluto. Para el caso daba igual que un sistema de pensamiento se aplicara en dirección idealista o materialista porque su  entramado, su metodología de conocimiento y acción era estrictamente racional y, en todo caso,  no daba cuenta de la totalidad de la vida. Las cosas, para la interpretación nietzscheana, ocurrían exactamente al revés: surgían las ideologías desde la vida para dar razón y justificación de ella misma. Recuérdese que Nietzsche y  Kierkegaard, ambos en lucha con el racionalismo e idealismo de la época, pasan por ser los antecesores de las filosofías de la existencia. Sin embargo, en el horizonte filosófico de estos autores no aparecía todavía la descripción y comprensión de la estructura de la vida humana, situación a la que se arriba en tiempos posteriores. Era como si de trasfondo todavía actuara la definición del hombre como “animal racional”, como naturaleza dotada de razón y esta “razón” pudiese comprenderse en términos evolutivos animales, o en términos de “reflejo”, etc. En esa época todavía podía pensarse con legitimidad que la “razón” era lo más importante, o a la inversa, que los instintos y las fuerzas oscuras de la vida orientaban a la razón. Este segundo era el caso de Nietzsche y de los vitalistas en general. Pero luego del “descubrimiento” de la “vida humana” las cosas han cambiado... Y aquí debo disculparme por no desarrollar este punto, en razón de las limitaciones existentes para esta exposición. Sin embargo quisiera mejorar un poco la sensación de extrañeza que se experimenta cuando se afirma que “la vida humana” es de reciente descubrimiento y comprensión. En dos palabras: desde los primeros hombres hasta hoy todos hemos sabido que vivimos y que somos humanos, todos hemos experimentado nuestra vida, sin embargo es muy reciente en el campo de las ideas la comprensión de la vida humana con su estructura típica y sus características propias. Es como decir: los humanos siempre hemos vivido con códigos de ADN y ARN en nuestras células, pero hace muy poco tiempo que han sido descubiertos y comprendidos en su funcionamiento. Así las cosas, conceptos como intencionalidad, apertura, historicidad de la conciencia, intersubjetividad, horizonte, etc. son de reciente precisión en el campo de las ideas, y con ellos se ha dado cuenta de la estructura no de la vida en general, sino de la  “vida humana”, resultando de todo esto una definición radicalmente diferente a la del “animal racional”. De este modo, por ejemplo, la vida animal, la vida natural, comienza en el momento de la concepción, pero cuándo comienza la vida humana si es por definición “ser- en - el - mundo” y éste es apertura y medio social? O bien: la conciencia es reflejo de condiciones naturales y “objetivas” o es intencionalidad que configura y modifica a las condiciones dadas? O esto otro: el ser humano está definitivamente terminado o es un ser capaz de modificarse y construírse a sí mismo no solamente en sentido histórico y social, sino en sentido biológico? Así, con ejemplos interminables de nuevos problemas que plantea el descubrimiento de la estructura de la vida humana, podríamos llegar a rebasar el ámbito de las preguntas que se plantearon en la época del “Dios ha muerto!”, dentro del horizonte histórico en el que todavía estaba vigente la definición del ser humano como “animal racional”.

Volviendo a nuestro tema.

Si a la muerte de Dios, no ocurría una sustitución que fundamentara al mundo y al quehacer humano, o bien, si se impusiera forzadamente un sistema racional en el que escapaba lo fundamental (la vida ), el caos y el derrumbe de los valores habría de sobrevenir arrastrando tras de sí a toda la civilización. A eso llamó Nietzsche, “la pleamar del Nihilismo” y, en ocasiones, “el Abismo”. Está claro que no alcanzaron sus estudios sobre la “Genealogía de la Moral” ni sus ideas del “Más allá del Bien y del Mal” para producir la “Transmutación de los valores” que buscaba afanosamente. Más bien, buscando algo que pudiera superar a su “último hombre” del siglo XIX construyó un Superhombre que, como en las más recientes leyendas del Golem, hechó a andar sin control destruyendo todo a su paso. Se puso en pié el irracionalismo y la “Voluntad de Poderío” como máximo valor, constituyendo el trasfondo ideológico de una de las mayores monstruosidades que recuerda la historia.

El  “Dios ha muerto” no pudo ser resuelto o superado por una nueva y positiva fundamentación de los valores. Y las grandes construcciones del pensamiento quedaron ya clausurados en la primera parte de este siglo sin lograr ese cometido. Actualmente, nos encontramos inmovilizados frente a estas preguntas: por qué deberíamos ser solidarios? por qué causa habríamos de arriesgar nuestro futuro? por qué deberíamos luchar contra toda injusticia? Simplemente por necesidad, o por una razón histórica, o por un orden natural? La vieja moral basada en Dios, pero sin Dios, es acaso sentida como una necesidad? Nada de esto es suficiente!

Y si hoy nos encontramos con la imposibilidad histórica de que surjan nuevos sistemas totales y fundamentantes, la situación parece complicarse. Recordemos que la última gran visión de la Filosofía aparece en las “Investigaciones Lógicas” de Husserl en 1900, al igual que la visión completa del siquismo humano que propone Freud en “La Interpretación de los Sueños”. La cosmovisión de la Física se plasma en 1905 y en 1915 en la relatividad de Einstein; la sistematización de la lógica en los “Principia Mathematica” de Russel y Whitehead en 1910 y en el “Tratado Lógico- Filosófico” de Wittgenstein en 1921. Ya con  “El Ser y el Tiempo” de Heidegger en 1927, obra inconclusa que pretendió fundamentar la nueva ontología fenomenológica, se marca la época de ruptura de los grandes sistemas de pensamiento.

Aquí, es necesario recalcarlo, no se está hablando de una interrupción del pensar sino de la imposibilidad de continuar con la elaboración de los grandes sistemas capaces de fundamentarlo todo. El mismo impulso de esas épocas pasa también por la grandiosidad en el campo de la estética: allí están Sytravisnky, Bartok y Sibelius,  Picasso, los muralistas Rivera, Orozco y Siqueiros; los escritores de largo aliento como Joyce; los épicos del cine como Einsenstein, los constructores del Bauhaus con Gropius a la cabeza; los urbanistas, los espectaculares arquitectos: Wright y Le Corbusier. Y, acaso, se ha detenido la producción artística en los años posteriores o en el momento actual? No lo creo, pero tiene otro signo: se modula, se deconstruye;se adapta a los medios; se realiza merced a equipos y especialistas, se tecnifica al límite.

Los regímenes políticos sin alma que se imponen en aquellas épocas y que, en su momento, dan la ilusión de monolitismo y completitud, bien pueden entenderse como retrasos fácticos de romanticismos delirantes, como titanismos de la transformación del mundo a cualquier precio. Ellos inauguran la etapa de la barbarie tecnificada: de la supresión de millones de seres humanos; del terror atómico; de las bombas biológicas; de la contaminación y destrucción en gran escala. Esta es la pleamar del nihilismo que anunciaba la destrucción de todos los valores y la muerte de Dios de Zaratustra! En qué cree ya el ser humano? Acaso en nuevas alternativas de vida? O se deja llevar en una corriente que le parece irresistible y que no depende para nada de su intención?

Y se instala firmemente  el predominio de la técnica sobre la ciencia; la visión analítica del mundo; la dictadura del dinero abstracto sobre las realidades productivas. En ese magma se reavivan las diferencias étnicas y culturales que se suponía habían sido superadas por el proceso histórico; los sistemas son rechazados por el deconstructivismo, el postmodernismo y las corrientes estructuralistas. La frustración del pensamiento se hace lugar común en los filósofos de la inteligencia débil. La mezcolanza de estilos que se suplantan entre sí, la desestructuración de las relaciones humanas y la propagación de todo tipo de superchería, recuerdan las épocas de la expansión imperial tanto en la vieja Persia, como en el proceso helenístico y durante el cesarismo romano...

No pretendo, con lo anterior, presentar un tipo de morfología histórica, un modelo espiralado de proceso que se alimenta de analogías. En todo caso, trato de destacar aspectos que para nada nos sorprenden o nos parecen increíbles porque ya en otros tiempos afloraron, aunque en diferente contexto de mundialización y de progreso material. Tampoco quiero transmitir la atmósfera de inexorabilidad de una secuencia mecánica en la que para nada cuenta la intención humana. Más bien pienso lo contrario, creo que gracias a las reflexiones que suscita la experiencia histórica de la humanidad se está hoy en condiciones de iniciar una nueva civilización, la primera civilización planetaria. Pero las condiciones para ese salto son en extremo difíciles. Piénsese en cómo se agranda la brecha entre las sociedades postindustriales y de la información, y las sociedades hambrientas; en el crecimiento de la marginación y la pobreza en el interior de las sociedades opulentas; en el abismo generacional que parece detener la marcha de la superación histórica; en la peligrosa concentración del capital financiero internacional; en el terrorismo de masas; en las secesiones abruptas; en los choques étnico - culturales; en los desequilibrios ecológicos; en la explosión demográfica y en las megalópolis al borde del colapso... Piénsese en todo eso y, sin entrar en la variante apocalíptica, habrá de convenirse en las dificultades que presenta el escenario actual.

El problema está, a mi ver, en esta difícil transición entre el mundo que hemos conocido y el mundo que viene. Y, como al final de toda civilización y al  comienzo de otra, habrá que atender a un posible colapso económico, a una posible desestructuración administrativa, a un posible reemplazo de los estados por paraestados y por bandas, a la injusticia reinante, al desaliento, al empequeñecimiento humano, a la disolución de los vínculos, a la soledad, a la violencia en crecimiento y al irracionalismo emergente, en un medio cada vez más acelerado y cada vez más global. Por sobre todo, habrá que considerar qué nueva imágen del mundo habrá de proponerse? Qué tipo de sociedad, qué tipo de economía, qué valores, qué tipo de relaciones interpersonales, qué tipo de diálogo entre cada ser humano y su prójimo, entre cada ser humano y su alma?

Sin embargo, para toda nueva propuesta hay por lo menos dos imposibilidades que paso a enunciar: 1.- Ningún sistema completo de pensamiento podrá hacer pié en una época de desestructuración; 2.- Ninguna articulación racional del discurso podrá sostenerse más allá del inmediatismo de la vida práctica, o más allá de la tecnología. Estas dos dificultadas embretan a la posibilidad de fundamentar nuevos valores de largo alcance.

Si es que Dios no ha muerto, entonces las religiones tiene responsabilidades que cumplir para con la humanidad. Hoy tienen el deber de crear una nueva atmósfera sicososial, de dirigirse a sus fieles en actitud docente y erradicar todo resto de fanatismo y fundamentalismo. No pueden quedar indiferentes frente al hambre, la ignorancia, la mala fe y la violencia. Deben contribuír fuertemente a la tolerancia y propender al diálogo con otras confesiones y con todo aquel que se sienta responsable por el destino de la humanidad.  Deben abrirse, y ruego que no se tome esto como una irreverencia, a las manifestaciones de Dios en las diferentes culturas. Estamos esperando de ellas esta contribución a la causa común en un momento por demás difícil.

Si en cambio, Dios ha muerto en el corazón de las religiones podemos estar seguros que ha de revivir en una nueva morada como nos enseña la historia de los orígenes de toda civilización, y esa nueva morada estará en el corazón del ser humano muy lejos de toda institución y de todo poder.





Nada más, muchas gracias

28 ene. 2019

Los Culpables

Madrid, 24 de febrero de 1993
Este trabajo ha sido realizado por el Consejo Gamma en base a los apuntes tomados de una charla con el Coordinador General en Buenos Aires.

No hay mayores enemigos del pueblo que los banqueros; especuladores y usureros fanáticos de la “religión del dinero”. El valor del dinero es lo prioritario, hasta tal punto que estamos frente a una verdadera idolatría al dinero que va generando una suerte de religión monetarista. Como consecuencia todos los valores humanos se trastocan; nadie confía en nadie; Ninguno vale por lo que es sino por lo que posee, mejor dicho: por lo que puede poseer en un corto plazo de tiempo. Se traicionan todas las relaciones mientras se crea otro extremo social con todas las lacras de pobreza extrema, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, crimen y narcotráfico (con lo cual no sólo aumenta la droga sino también una economía violenta en base a capitales ilícitos).

Estos fanáticos del dinero no respetan nada, ni siquiera la industria (que da progreso y puestos de trabajo), de modo que pueden despedir centenares de personas sin pestañear, en la ávida búsqueda de un rédito inmediato. De modo que los financieros usureros de la banca internacional y sus acólitos son los responsables de la violencia económica que genera los demás tipos de violencia social.

La “idolatría del dinero” en la que se basan es la máxima deshumanización ya que las personas no importan sino la cuenta bancaria, las tarjetas de crédito, etc., créditos usureros que se basan en el “compre ahora y pague después”, apoyándose en el aparente registro de ilusorio alivio que da el poder disponer de un dinero que se podrá pagar más adelante cómodamente.

Evidentemente esto no es así, pues los intereses y las subidas correspondientes (máximo recurso de violencia económica) hacen onerosa su devolución y esclaviza al deudor. Este esquema se ejercita tanto con las personas como con grupos, empresas y países. Al estar detrás una mentalidad analítica, que es de mucha utilidad para lo ocasional y coyuntural pero nula cuando se trata de atender a procesos o relaciones, no se ven las consecuencias del procedimiento, las derivaciones, la irritación social que produce esa acción. No pueden percibir los procesos y mucho menos las consecuencias sociales, solamente los éxitos parciales y ocasionales que, en rigor, no son sino estafas históricas.

De los éxitos particulares no se desprende un éxito global, pero de la suma de esas parcialidades sí puede derivar una crisis generalizada como la actual.

No ven el malestar general causado, y ésto es así no por falta de capacidad sino, simplemente porque no les conviene a sus intereses. Por otro lado, consiguen enredar todo con el muy conocido bandolerismo semántico a través del cual dicen una cosa pero sucede otra muy distinta, como la “sociedad libre”, el “libre mercado”, “libre competencia”, etc… y la libertad no se ve por ningún lado.

Nosotros nos oponemos terminantemente a ésto, y para implementar las denuncias y soluciones del caso es por lo que estamos accionando para organizar frentes que presionen en su contra.

El neoliberalismo pragmático se mueve como pez en el agua en un contexto mentiroso en donde todas la propuestas son una suerte de “variaciones sobre la mentira” y, aunque la gente se da cuenta no se atreve a reconocerlo porque no sabe qué hacer.

Solamente por los canales que nosotros marcamos hay soluciones válidas. Porque todo está montado para las cúpulas, para las dirigencias, para los privilegiados, para un mísero 1% de la sociedad en el mundo. Creemos que es imperioso darle la vuelta a esto para que todo esté al servicio del pueblo, de la totalidad de la gente.

Esta actitud mentirosa que estamos considerando, ha generado en los pueblos desilusión y cansancio, no quieren saber nada con nada, están hartos y no le creen a nadie.

Estas políticas socioeconómicas insensibles han producido y producirán más fuertemente desbordes sociales, expresiones catárticas que no sirven para nada ni son útiles a nadie. Tiende a acrecentarse el conflicto pudiéndose llegar a una situación muy crítica que, por cierto, no se va a poder resolver simplemente con represión. Estos desbordes son un caso extremo (inconducente) del proceso de liberación de fuerzas sociales que está en marcha, y que en estos momentos se observa más fácilmente en Latinoamérica y en el Este de Europa.

Indiscutiblemente desde nuestro punto de vista, se requieren otras formas de acción y de trabajo que las dirigencias políticas no practican porque tendrían que escuchar al pueblo.

Nosotros pensamos que esta crisis que está padeciendo es sistema es importante y la enfocamos desde el punto de vista de su aprovechamiento. Para ello deberíamos tener en cuenta la imagen que se tiene del sistema; si tenemos la imagen de una cárcel (que se está cayendo a pedazos), si es cárcel hemos de querer salir y cuanto antes se caigan las paredes más pronto podremos liberarnos. Si, en cambio, se tiene una imagen de dependencia absoluta, entonces uno se imagina que junto a la caída del sistema se cae también. Nada más equivocado, con el sistema se caen quienes están atornillados a él, que es el caso del espectro total de la clase política y adláteres en el poder, desde la derecha explotadora hasta la izquierda mentirosa. Se caen todos, porque todos están enchufados succionando del sistema, sus viditas dependen de la relación con el sistema y están inquietos porque, con instinto animal, sienten en su interior el derrumbe del sistema. Así, cada propuesta que hacen está teñida por ese derrumbe interno.

Esto hay que tenerlo muy en claro y por ello es imprescindible que podamos avanzar en nuestra lucha para ahorrar dolor y violencia y es importante el entender que nosotros estamos levantando el mundo que viene, lo que sigue a la caída del sistema, y que por ende somos optimistas respecto de la construcción del futuro y no estamos caídos como los hombres del sistema ni vencidos como los vapuleados por estos.

Según las variables que venimos mencionando, se extrae que en el futuro inmediato hay líos seguros.

Básicamente los factores que llevan a acentuar la tendencia del desastre son:

1) La tendencia cupular, la concentración del poder en manos de un pequeño porcentaje del todo social.

2) Las dirigencias políticas arrogantes e insensibles que no escuchan al pueblo y, por lo tanto, se les escapa el qué hay que hacer.

3) Las deudas externas impagables por los países que deterioran el cuerpo social (al tiempo que degradan el medio ambiente en los países “subdesarrollados”).

4) La cortedad del tipo de pensamiento analítico-compositivo incapaz de captar relaciones, consecuencias, concomitancias y, mucho menos, procesos.

5) La aceleración y el enlentecimiento o estancamiento que se está produciendo en las distintas sociedades.

6) Las características sicológicas indignas como la arrogancia y la mentira que llevan a la cosificación y que configuran un estilo de vida al cual nos oponemos.

Estos factores reunidos llevan directamente al desastre. Es importante, entonces, estar en condiciones de ser referencia en esos momentos caóticos que ya tenemos encima.

Necesitamos construir una estructura de base humana amplia. No hay otra forma. Si nos dedicáramos a juntar recursos económicos resultaría que donde ponemos 100 el sistemas pondría 1000. Pero ellos no pueden poner 100 personas agrupadas y esclarecidas tan fácilmente. Ese es nuestro terreno. Esto hemos de entenderlo muy bien.

Además, para el sistema los fenómenos de base humana no existen, siendo etiquetados en cualquier otra cosa. Para los sociólogos de turno quizá 10 personas reunidas cupularmente son un fenómeno social, pero 10000 religiosos reunidos no es un fenómeno de base humana sino que es un “fenómeno religioso” (?) que para ellos no existe o no interesa.

Nosotros intencionamos la formación de bases humanas y observamos que los partidos políticos, que pareciera que trabajaran con gente, en realidad se basan en inversiones financieras (tanta inversión en publicidad, tantos préstamos bancarios, tantos parlamentarios), habiendo un acuerdo tácito entre los partidos para eliminar la militancia activa y real, porque es incómoda ya puede presionar y puede exigir. Ahora es fácil reemplazar militancia por profesionales, dirigentes por ejecutivos, todo al gusto de las compañías liberales del sistema que tienen en su manos los medios masivos de comunicación. En suma que manipulando la información, manejando los recursos, fabricando imágenes publicitarias tienden a perpetuarse en el poder, reconvirtiendo esquemas y representantes.

Nosotros hemos de tener ésto muy en claro: para competir con el sistema necesitamos lo que él va perdiendo en su proceso, la base humana.

A ésto estamos abocados: a ampliar la base humana participante por medio de organismos, comisiones, aparatos y centros de comunicación, sabiendo que el Movimiento no crece directamente con estas actividades, sino con la atmósfera que se genera cuando los nuestros actúan y esas actividades resultan de interés para otros.

El Movimiento, nuestros procedimientos, nuestra conducta en el mundo va formalizando una cultura sicológica, formas de pensar, de sentir y de actuar que son básicamente intencionales y no reactivas o especulativas; ahora tendremos que enfatizar en facilitar la permeabilidad.

Los organismos, aparatos, comisiones y centros de comunicación son los instrumentos del Movimiento en su conexión con el mundo buscando la difusión y la convocatoria, mientras cuidamos que nuestras actitudes no sean similares a las del sistema: nuestras actitudes de sinceridad, siempre la verdad por delante, de saber escuchar, de reconocer y asumir errores, etc., son actitudes inteligentes y son las necesarias para dar una referencia distinta.

Esto de las actitudes es interesante considerarlo, por ejemplo, al analizar el principal problema de los políticos del momento, es decir: la soberbia. Más que problemas de ideas o de intereses, fundamentalmente el problema es la soberbia injustificada e infundada que tienen los políticos y que les lleva a tener anestesiada la capacidad para escuchar a la gente. Hasta que esa actitud no cambie, hasta que no mejore esa total incapacidad para escuchar, tendremos serios problemas de dirección, de eficacia, etc. Lo más sorprendente es que no intentan cambiar sus conductas a pesar de las deudas, el déficit, los desempleados, la corrupción, el narcotráfico, etc., etc.

EL PENSAMIENTO INTENCIONAL

Lo que estamos observando acerca de los políticos, merece una digresión: sería un error aplicar actitudes “de político” en el Movimiento. Cuando a los nuestros no les gusta algo, no son dialécticos sino que son intencionales y tienen una sensibilidad muy elaborada, un mundo interno más amplio y, como se preocupan de las intenciones en todo, (no sólo las de detrás, sino también las de adelante) resultan “subjetivos” para una mentalidad del sistema. Los nuestros captan la dirección de las acciones. A veces, alguno de los nuestros tiene que desempeñar un rol de político y eso les gusta mucho a todos, pero si se empieza a hacer política hacia adentro, hacia el Movimiento se comete un error grave.

Todo lo que sea cálculo sobre el otro, produce líos entre los nuestros. Si en la relación no se perciben segundas intenciones, todo va bien; en el caso contrario se colapsa la relación. Entre los nuestros la cosa es fácil: se explica el proyecto, se converge en intenciones y adelante.

El Movimiento pone enmarques, referencias para dar una dirección mental y hay quienes pueden seguir esa dirección con facilidad, mientras que otros lo hacen con dificultad, dándose encontronazos a cada paso. También proponemos el tema del centro de gravedad interno o, presentado con otro leguaje, hablamos de sentido de la vida, de humanizar. Esto aparentemente no tiene mucha gracia, no aparece chispeante ni atractivo y la gente tiende a lanzarse a otras cosas más llamativas, dejándose atrapar sicológicamente.

El problema es que al des-centrarse, al salirse de enmarque, se produce sufrimiento en uno y en los demás.

Cuando vemos (cada vez menos) a la gente encantada con cosas del sistema, están fuera de sí, alteradas y no pueden oír, de modo que no nos queda otra posibilidad que esperar a que se desencanten, se des-ilusionen para poder escuchar nuestro punto de vista.

Contar con centro de gravedad propio, no parece tener atractivo y es algo que se aprende y se construye, no es algo que se da por sí sólo.

En efecto, al estar descentrado se produce sufrimiento y uno siente que “todo le pasa” y no sabe bien por qué. En cambio, cuando se cuenta con centro de gravedad uno está libre y eso es extraordinario. Esa libertad interna es lo importante aunque no tenga tanto atractivo en apariencia. Ese centro de gravedad y esa libertad interna no acarrean sufrimiento ni a uno mismo ni a los demás. La libertad interna es el indicador del centro de gravedad y la conducta válida hacia los demás es su correlato humano.

Esto nos lleva a ver el concepto de la existencia “en sí” y la existencia “para otros”. Hay quienes, al no disponer de centro de gravedad, siempre están dependiendo de los demás, de los valores externos, resultando huecos por dentro, llevados por el oleaje externo permanentemente, siendo arrastrados como hojas por el viento y moviéndose siempre con una mirada externa en donde todo se ve plano, movido por hilos externos y sin profundidad.

Con la mirada interna todo se dimensiona.

Es importante comprender los mecanismos de la fascinación que producen la pérdida del centro de gravedad.

Uno puede fascinarse por poca cosa, por una hormiga, una piedra, y mucho más por las personas, equivocándose y produciendo sufrimiento.

Así llegamos a ver que el problema es que el ser humano sufre por pequeñeces, no por grandes acciones, y se frena todo. Además, al no poder sustentarse ese sufrimiento por nimiedades, mecánicamente de inventan “grandes problemas”, “enormes sacrificios”, “traumas dramáticos”, “tremendos inconvenientes”, etc. Todo inconsistente. No es poca cosa el poder superar las fascinaciones y ver claro. Este sufrimiento por pequeñeces confunde mucho a la gente a la hora de hacer lo que realmente quiere y todo se frustra.

Uno ha de aclararse respecto de lo que realmente quiere y hacerlo coherentemente, sólo hay una condición: no perjudicar a nadie. Por eso distinguimos entre un sufrimiento padecido por las contradicciones internas y aquél provocado por quienes siguen los valores del sistema y quieren hacer sus caprichos a toda costa, sin tener en cuenta a los demás, sufriendo y haciendo sufrir por eso. A escala social, los trepadores del sistema hacen eso: sufren y hacen sufrir a todos con sus “tropismos”.

Unas de las pequeñeces frecuentes son los temores infundados, siendo el temor a la muerte el mayor, el mayor de ellos junto con el temor a la enfermedad y a la vejez. Sucede que, de todos modos, se envejece y se muere, para qué desaprovechar el corto período vital con fantasmas, si por el contrario, se debería aprovechar al máximo. Es curioso cómo los temores oscurecen y alteran con ilusiones, con algo que no pasa en realidad.

La soltura interna, sicológica, se logra aprendiendo a circular por los tiempos de conciencia sin cargas, sin pesos ni zonas oscuras, es decir con libertad y sin sufrimiento y, también, con el diálogo a cierto nivel con otros que pueden ayudar a despejar problemas e ir aprendiendo respecto de aciertos y errores. No hay que temerle a los cientos de errores que se pueden cometer porque son errores pequeños y, si están en buena dirección, son “inversión de aprendizaje”. Ojalá uno pudiera cometer un error tremendo y aprender de golpe, pero, en general, se comenten errores pequeños, subsanables. El punto está en la carga mental que se le ponga a todo, en donde se oscila entre el dramatismo gravísimo a la sin importancia cínica.

Respecto de los procesos estructurales, es importante señalar que antes de ocuparse con técnicas organizativas, hemos de ver la condición de ese proceso, es decir el interés por las personas. Sin esa condición inicial, sin un interés real por la gente, las estructuras no progresan y, eventualmente, se caen. La acción tiene que terminar en otros, y lo importante es llegar a muchos.

Por otra parte, el concepto de línea, equipo, funciones, etc., tiene que ver con la idea de la distribución del trabajo. Todo lo que hay que hacer no lo pueden llevar adelante una o dos personas.

El pensamiento intencional es algo a lo que aspiramos y se opone a lo reactivo o a lo compensatorio, y siendo esa la esencia de nuestro pensamiento, resulta imperioso comprender tal cosa a fondo. El pensamiento intencional se dirige a lo fundamental dejando de lado lo secundario, lo accidental, lo contingente, lo no-significativo, para dar lugar a lo realmente importante, lo prioritario, lo que queremos hacer. Ese es el carácter de todas nuestras actividades y por ello conviene discernir entre lo casual y lo accidental de lo intencional, empujando para que sea la intención lo que siempre prevalezca.

24 ene. 2019

El espejo en el espejo, Michael Ende: serás libre o no existirás

"El pintor Edgar Ende (1901-1965) creó una obra que rompió esta impostura de la racionalidad, ahondó en introspecciones para pescar las imágenes y visiones más puras e incorruptibles para los procesos conscientes. Aunque se le tildó de pintor surrealista, nunca pretendió reflejar el mundo de las ideas con símbolos oníricos. Cada pintura era el resultado de una metodología visionaria única: el artista se encerraba en su estudio, donde se concentraba en alejarse de todo pensamiento. Apartando de sí toda intención, toda emoción previa, la mente terminaba mostrando imágenes cuyo significado era inexpresable y que le sorprendían a él mismo. Estas visiones se convirtieron en la materia prima de sus obras, mostrando sus deliberados paseos por el inconsciente."


Edgar y un jovencísimo Michael Ende
Su hijo, el escritor Michael Ende, representó este proceso de recuperación creativa en La historia interminable (1979)


"No resulta difícil imaginar a los extraños pobladores de estos relatos como los habitantes de ese laberinto de desdicha, vagando entre las explosiones y las ruinas, buscando un paraíso cuya existencia han olvidado. Sus visiones nos muestran el devenir del tiempo, la muerte, la angustia, la búsqueda de identidad y la falta de libertad e imaginación en nuestra sociedad. Sólo la lectura puede servirnos como arma contra esta Tercera Guerra Mundial que, según Ende, libramos contra las generaciones futuras. Considerar a la Ilustración científica como la única salvadora posible llevará a extender el desierto de la cultura y a devastar la sociedad. Por ello escribió para enseñar a la humanidad a no caer en los mismos errores una y otra vez"

Tomado de: 
https://www.fabulantes.com/2016/02/espejo-en-espejo-michael-ende/

19 ene. 2019

Cambios perifericos y cambios profundos


"¿Es posible el cambio profundo y esencial en el ser humano? Sí, así lo creo, pero distingo entre ese cambio innegable, pero lento, que arrancó en los primeros homínidas y la posibilidad de cambio esencial no debido a una simple mecánica evolutiva, ni tampoco a accidentes "naturales", sino debida a una dirección, a una intención de la conciencia humana sobre sí misma.

El punto está en que los cambios periféricos están haciendo creer a mucha gente, que esos son los cambios a los que se debe aspirar. Se debe ir más allá de la Ciencia y la Justicia para entender ese cambio. En efecto, como lo hemos destacado en varias ocasiones, quienes trabajan por el avance de la Ciencia y la Justicia, hacen el mejor esfuerzo para facilitar la superación del dolor y el sufrimiento facilitando las condiciones del cambio. Pero es claro que hasta la Justicia y la Ciencia se van torciendo en una parábola apresurada en la que la búsqueda del cambio se está orientando objetalmente, desconociendo lo más importante del cambio esencial. Este olvido de sí, este desconocimiento de superación de la mecánica mental, nos lleva a cuestionar las posibilidades de cambio...

Y aquí llegamos al punto de esa inquietante pero saludable noche, en la que pudimos  expresar: No es posible el cambio esencial sin una dirección clara en ese sentido. Y la época está cerrando el horizonte de esa dirección mental. 

Quienes han seguido nuestra trayectoria de varios años han comprobado que nuestros trabajos se han orientado en dirección al "cambio simultáneo" y en el Humanismo esto cobró gran potencia. Sin embargo, el esfuerzo hacia el cambio de las condiciones mentales ha sido a veces débil y a veces intermitente. Pongo los argumentos de un modo un tanto brutal: Todo lo hecho hasta este momento
tiene gran sentido pero no bastará hasta que la gente (aun la más amable y bondadosa) se decida por Convertir su vida advirtiendo la necesidad de un cambio mental profundo. Es de eso, de lo que habla nuestro trabajo en su última fase; es de eso de lo que habla el Mensaje.

Creo que si en esta situación actual en la que está viviendo la Humanidad (y por supuesto nosotros mismos), no se trabaja superando toda censura y autocensura lanzándonos en los significados y los trabajos del Mensaje no será posible el cambio esencial. La dirección debe ir hacia Lo Profundo de la conciencia para conectar con los significados que han estado empujando lentamente la evolución del ser humano. Ahora es urgente y ya no tenemos cómo hacer conocer este impulso.

Cuando en esa cena hablamos de las dificultades a las que se enfrenta la mente humana, un descorazonamiento corrió como viento helado entre los concurrentes. Quedó la sensación que así como estamos sumergidos en nuestra humanidad, no penetramos en lo Profundo y si eso ocurre no es posible el Cambio. Esa fue la parte más triste del discurso a la que se contestó con un cierto estoicismo: "... ¡No es muy esperanzador lo que dices!".

Sin embargo, más allá de la anécdota, creo que contamos con alguna conexión interna que se puede comunicar y esto es posible porque en todos nosotros está esa fuente insondable de Lo Profundo de la que tenemos que beber sus aguas. Mi querido David, creo que muchos captaron la gravedad del momento actual y tu carta es un reflejo de aquello que pasó y no se ha detenido."

Los cinco estados del sentido de la vida

El reconocimiento de que no todo termina con la muerte, o lo que es igual, de la trascendencia más allá de la muerte, admite las siguientes posturas:
a) La evidencia indudable (aunque sea indemostrable e intransferible a otros) dada por la propia experiencia;
b) La simple creencia dada por educación o ambiente como si fuera un dato indudable de la realidad; c) El deseo de poseer la experiencia o la creencia;
d) La sospecha intelectual de la posibilidad de supervivencia sin experiencia, sin creencia y sin deseo de poseerlas;

 Esas cuatro posturas y una quinta que niega toda posibilidad de trascendencia, son llamadas “los cinco estados del sentido de la vida”.

Cada estado admite, a su vez, distintos grados de profundidad o definición. Tanto los estados como los grados son variables, pero en un momento dado de la vida, permiten definir la coherencia o contradicción de la propia existencia y, por tanto, el nivel de libertad o sometimiento al sufrimiento. Este es, además, un punto práctico, porque se puede examinar cualquier momento de la vida pasada ubicándolo en el estado que le correspondía, comprobando cómo la vida se organizaba de acuerdo a él. Lógicamente, ese examen vale para comprender el momento actual.

 Cualquiera que sea el estado y el grado en que se encuentra una persona, puede avanzar o profundizar en él, merced al trabajo sostenido en la dirección que propone la Doctrina.

Resumiendo: La doctrina de la Comunidad explica que el verdadero sentido de la vida está relacionado con la afirmación de la trascendencia más allá de la muerte; que el descubrimiento de ese sentido transforma a la vida influyendo en las tres vías del sufrimiento y que toda persona puede lograr o perfeccionar ese sentido, cualquiera sea el estado y grado en que se encuentra respecto a él.

8 ene. 2019

Roberto Assagioli


Extracto tomado de: 
Psychothérapie et spiritualité : de l’opposition au dialogue interactif, 
de Louis-Charles Lavoie, Universidad del Sherbrooke,
érudit20


Roberto Assagioli es el diseñador de uno de los enfoques más completos de la psicoterapia abiertos a la dimensión espiritual. Fue durante los años sesenta y setenta que su enfoque tomó su forma final. El modelo antropológico que propone consta de tres dimensiones: 
El inconsciente; El campo de la conciencia; El "yo" (también llamado yo) y el yo superior (también llamado yo espiritual).

Lo que llama la atención a primera vista es la importancia que Assagioli concede al inconsciente. Lo describe de cuatro maneras diferentes. Lo que él llama inconsciente inferior e inconsciente medio corresponde aproximadamente al inconsciente y preconsciente freudiano. El inconsciente superior o supraconsciente es parte de la psicología de lo sublime. Este inconsciente es ante todo un potencial. Él está mirando hacia el futuro. Assagioli lo define en estos términos: "Es desde aquí que las intuiciones y aspiraciones de orden superior nos llegan en el campo del arte, la filosofía, la ciencia; los "imperativos" de un orden ético; Los impulsos altruistas. Es la fuente del genio, los estados de iluminación, la contemplación, el éxtasis. Es en esta área que las energías superiores del Espíritu, las facultades y los poderes supranormales de alto género residen en estado latente y potencial "(1983: 27). El supraconsciente es un reflejo del ser superior considerado como bien supremo. La conciencia del inconsciente superior suele ir precedida de una crisis, que describiremos más adelante. El inconsciente colectivo refiere a Jung. Está compuesto por estructuras primitivas, ancestrales, arcaicas y arquetipos de carácter superior. Assagioli es cuidadoso al señalar que la distinción entre el subconsciente inferior, medio y superior no se basa en ningún juicio de valor, sino que se refiere al desarrollo. El inconsciente inferior es la parte más primitiva. Por lo tanto, inferior no significa "peor", sino "más viejo". Los fenómenos de ósmosis se producen entre las diferentes partes de la psique y entre el inconsciente individual y colectivo.
El campo de la conciencia es la parte de nuestra personalidad de la que tenemos conocimiento directo. Este campo está atravesado por un flujo constante de elementos psíquicos. Esta corriente de elementos incluye sensaciones, imágenes, pensamientos, sentimientos, deseos, impulsos, voliciones y varios estados mentales que podemos observar, analizar y juzgar.

El "yo", o yo consciente, está situado dentro del corazón mismo de la conciencia como un punto central estacionario. El "yo" percibe todo lo que cruza el campo de la conciencia. El "yo" también es consciente de sí mismo, es decir, consciente de ser consciente. Assagioli entonces lo designa como un centro de pura autoconciencia. Finalmente, el "yo" es también un centro de voluntad. Puede, si es necesario, intervenir para organizar los contenidos del campo de la conciencia y canalizarlos hacia la acción. Es en relación con los valores que el "yo" interviene activamente "para orquestar las diversas funciones o energías de la personalidad, establecer compromisos y provocar acciones en el mundo interior" (Brown, 1984: 30).

El yo superior o transpersonal está directamente conectado con el "yo". El "yo" personal es, por lo tanto, solo una manifestación del Yo superior. Jean Hardy cita un texto inédito de Assagioli en el que especifica las relaciones del "Yo" y el Sí mismo. "En realidad, el Sí mismo es uno. Lo que llamamos el Ser ordinario es esa pequeña parte del Ser profundo que la conciencia en el estado de vigilia es capaz de captar en un momento dado "(Hardy, 1989: 51). El Sí mismo existe en una esfera de realidad diferente a la de nuestras condiciones psicofísicas. Sin embargo, no es un postulado metafísico, sino una realidad de la cual algunos individuos han tenido una experiencia interna directa (Assagioli 1983: 176). Assagioli habla del Ser Superior como un centro permanente y como el verdadero centro del ser, el centro más profundo.

Las manifestaciones del Sí mismo adoptan una variedad de formas, que incluyen, según Ferrucci, la intuición, el reconocimiento del propósito en la vida, la comprensión intuitiva de una verdad, un sentido de unidad con todos los seres, un sentido de Un profundo silencio interior, un sentimiento de liberación, un intenso amor sin límite y sin condiciones, un profundo sentimiento de gratitud, un gran misterio y asombro, la trascendencia del espacio y el tiempo como lo conocemos. (Ferrucci 1982: 111). Es desde el Sí mismo también de donde vienen las experiencias paroxísticas, tanto místicas como de la iluminación y el éxtasis.
A partir de la presentación del modelo antropológico, pasaremos ahora al enfoque terapéutico. En este enfoque, el trabajo de división y descomposición psíquica (psicoanálisis) es seguido por un trabajo de reestructuración (psicosíntesis). Esta síntesis tiene lugar en dos etapas, y cada vez, alrededor de un Centro Integrativo, en este caso, el "Yo" y el Yo Superior.

La psicosíntesis personal es el primer paso del proceso. El primer objetivo para llegar a la síntesis es la adquisición de un buen conocimiento de uno mismo. Este conocimiento se adquiere a través de una exploración de los aspectos conscientes de la personalidad, así como por aquellos aspectos menos conocidos o ignorados del inconsciente medio e inferior. El segundo objetivo coincide con la conciencia del "yo" personal. Esta conciencia se adquiere mediante técnicas de desidentificación, mediante las cuales la persona aprende a reconocer que, si bien tiene cuerpo, emociones, intelecto, ella no es este cuerpo, estas emociones, este intelecto. Solo una vez que se hacen estas desidentificaciones, puede alcanzar la autoconciencia pura, es decir, una conciencia libre de toda identificación. Los ejercicios de desidentificación tienen virtudes terapéuticas. De hecho, la desidentificación permite la desintegración de imágenes y complejos dominantes, y las energías así liberadas se vuelven más fácilmente controlables. Esta efectividad se basa en un principio establecido por Assagioli según el cual "estamos dominados por todo con lo que nuestro ego puede identificarse. Podemos dominar, dirigir y usar todo aquello de lo lo que nos desidentifiquemos "(1983: 33).

La conciencia del "yo" es también la conciencia de la voluntad. Assagioli insiste en la voluntad porque su ejercicio implica una evaluación y una evaluación implica a su vez una escala de valores. Ejercitar la voluntad de uno es, por lo tanto, practicar hacer elecciones ajustadas a los propios valores. Es obvio, escribe Assagioli, "que el fin o propósito al que la voluntad debe dirigir sus esfuerzos debe tener un valor apreciable" (1983: 122). Por eso otro objetivo de la psicosíntesis personal es la exploración del inconsciente superior. Su exploración lleva a la realización de los valores esenciales, que Maslow llamó los valores del ser. Son estos valores los que guiarán la voluntad en sus elecciones.
La reconstrucción de la personalidad es el objetivo final de la psicosíntesis personal. Este proceso de reconstrucción se realiza a través de valores, considerados como bienes superiores, capaces de integrar a la personalidad. Como Assagioli lo concibe, este proceso es similar al descrito por Jung: se trata de integrar las polaridades de acuerdo con un Centro, el "Yo". Assagioli insiste, sin embargo, en que la psicosíntesis personal no pretende extinguir todo conflicto. En esta etapa de la psicosíntesis, se trata de atenuar las oposiciones que tienen su origen en los conflictos neuróticos y así favorecer una mejor adaptación de la persona a su entorno.

Sin embargo, la adaptación a la realidad es solo un paso en la realización de uno mismo. La transición a un nivel más alto de realización a menudo es precedida por una "crisis espiritual". Al menos eso es lo que Assagioli describe como un estado de vaga ansiedad, un sentimiento de vacío, una insatisfacción persistente, una pérdida de interés en la vida real, una crisis moral que afecta a algunas personas en medio de su vida. Es fácil malinterpretar el significado de tal crisis, así como remontar sus causas a conflictos pasados, cuando en realidad se producen "por el surgimiento de nuevas tendencias, por aspiraciones de carácter moral, religioso o espiritual, que se despiertan gradualmente" (1983: 53). Esta crisis es en realidad el preludio de un despertar espiritual.

Entre las reacciones positivas que siguen al despertar espiritual, Assagioli señala: alegría, luz interior, percepción del verdadero sentido de la vida, mayor seguridad interior. En esta enumeración hemos reconocido manifestaciones del Sí mismo, que son solo temporales. A veces les siguen experiencias más o menos dolorosas, también transitorias. Una vez finalizado este paso, puede comenzar el trabajo de reconstrucción de la personalidad en torno a un centro superior. Este trabajo es la culminación de la psicosíntesis espiritual o transpersonal. Este trabajo de reestructuración es un proceso largo y complejo que se divide en varias fases. Comienza con la eliminación activa de los obstáculos al libre movimiento de las energías transpersonales. Continúa con el desarrollo de facultades superiores, incluida la intuición y la voluntad. Le siguen fases pasivas o receptivas en las que el ego aprende a someterse a la acción del Yo transpersonal.

El discípulo de Assagioli, Pietro Ferrucci (1982: 110-125) describió varias características del Yo personal y del Yo transpersonal. La siguiente tabla ofrece una vista resumida de sus respectivos modos de operación:

Yo Personal
Yo Transpersonal
Multiplicidad: manifestada en la diversidad de opiniones, las relaciones, las numerosas subpersonalidades
Unidad: revelada en la solidaridad con los otros, Dios, la naturaleza, una pieza artística magistral.
Estado de incompletud
Estado de plenitud
Insatisfacción: siempre hay una necesidad que tiende a satisfacerse
Servicio: expresión básica del Yo. Capacidad de dar sin esperar a cambio, por la sola alegría de dar.
Preocupación: por la sobrevivencia física, emotiva y social
Apertura a la vida
Control de la vida
Abandono: hacia lo que la vida aporta
Vida centrada en el contenido: ganar dinero, hacer carrera, etc.
Vida centrada en el proceso: sobre la manera de vivir, sobre la calidad de vida.
Vida centrada en los resultados de la acción:
Vida centrada en la armonía, la belleza, el placer intrínseco de la acción.
Mundo estructurado y limitado
Mundo sin forma, sentimiento de libertad y expansión.

Vinculo para ir al articulo completo

5 ene. 2019

¿Traerá el 2019 oportunidades para cambiar el sistema?

Por Howard Richards
Algunos de nosotros pensamos que 2008 fue una oportunidad perdida. La humanidad tuvo la oportunidad de cambiar de rumbo para salvarse a sí misma y a la biósfera. Lo echamos a perder. ¿Podría ser el 2019 una segunda oportunidad?
La razón por la que 2008, en lugar de otro año reciente, se destaca como una oportunidad de cambio es que hacia finales de ese año los inversores estaban perdiendo dinero. Las razones básicas por las que las nuevas economías y las nuevas estructuras sociales son necesarias y no meramente opcionales han sido las mismas durante mucho tiempo. Estas son:
El trabajo humano se está volviendo obsoleto como factor de producción.
La naturaleza está muriendo y los humanos la están matando (junto con ellos mismos).
Las bien conocidas viejas alternativas al capitalismo no han funcionado.
El sufrimiento de la humanidad es una constante en la historia reciente. Según las cifras de la Oficina Internacional del Trabajo, a escala mundial, menos de la mitad de los trabajadores tienen fuentes de ingresos fiables. Incluso entre la minoría que trabaja constantemente, la vida tiende a ser dura e insegura. Los ejemplos dramáticos recientes han sido la gente de mar que intenta desesperadamente entrar en Europa (donde el desempleo es crónicamente alto); y los inmigrantes económicos que cruzan México a pie tratando desesperadamente de entrar en los Estados Unidos (donde la actual tasa de desempleo real no es el falso 4,7% oficial, sino el 21,5%)
(ver articulo completo en: Pressenza)