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10 dic 2016

El método místico

Extractado de: Centro de Estudio, Parques de Estudio y Reflexión Punta de Vacas
APORTE SOBRE TRABAJOS DE ESCUELA: ASCESIS Y CÁMARA DE SILENCIO.
Federico Palumbo (fedepalu2@gmail.com)
Abril 2014

 Lo psicológico o científico por sus características pretenden objetivar la experiencia, sacarla de lo subjetivo y ponerla en un sistema teórico (método científico) en línea con el pensamiento de la época.

Nosotros preferimos un método místico que nos indica el camino a la experiencia y se preocupa de construir procedimientos. No son dos formas que necesariamente se oponen, pero tienen sus diferencias.

Definiendo un poco más el método místico, este es algo que da prioridad a la experiencia y no intenta armar un sistema teórico, sino que esta en directa relación con el logro de experiencias.

Este método místico toma, de acuerdo a la situación, tanto de la filosofía, sicología y ciencia para describir sus procedimientos. La sicología, hija de esta época, tiene que mantener el lenguaje que le corresponde, por lo que no puede desarrollar teorías sobre experiencias subjetivas sobre las cuales no hay una base común de registros y un esquema teórico coherente con la ciencia actual. De esto resulta que lo presentado en la Mirada Interna, en términos de prosa poética y experiencia personal, no se puede presentar tan fácilmente en términos sicológicos hasta que no  haya  un  encuadre  teórico  admisible  para  los  paradigmas  científicos.  Entonces  esta  limitación  que encontramos en el último párrafo de Sicología 4 ("nada se puede decir de ese vacío") hay que  entenderla  como  una  limitación  del  lenguaje  sicológico.  Al  revés,  en  la  Mirada  Interna  y  en  mucha literatura poética y mística, hay notables desarrollos sobre lo trascendental, desarrollos  que se dan fuera del enmarque de la sicología actual.

El  contacto  con  lo  Profundo  no  se  puede  medir  en  términos  precisos,  así  como  no  se  puede  medir  el  amor.  Pero  no  quita  que  estas  sean  "realidades"  que  se  puedan  experimentar  claramente. Ahí aparecen estructuras y dinámicas trascendentes muy claras, con una "lógica"  precisa,  que  configuran  el  gran  mecanismo  del  universo.  Hay  un  plan  regido  por  leyes  universales muy precisas, y solo hay formas provisorias e indirectas para referirse a esto.

                                                                                            
A la mística le interesa la trascendencia como algo que se pueda alcanzar ahora, en el transcurso de esta vida, no en otra. La mística se preocupa de los procedimientos para la trasmisión de unos a otros de las experiencias fundamentales. En la mística no hay límites. De maestros a discípulos  se busca, no solo replicar las experiencias, sino avances. Como decía Leonardo Da Vinci "Raro es  aquel discípulo que no avanza  [supera]  su maestro".  Vemos  ahora  algunos  pilares  de  la  experiencia  mística.

"Vacío", "Doble", "Centro Luminoso" y "Conciencia Separada".

Hay  4  experiencias  que  hemos  llamado:  "Vacío",  "Doble",  "Centro  Luminoso"  y  "Conciencia  Separada", estas constituyen un claro recorrido que se ha develado en el trabajo en Cámara de  Silencio.  La  experiencia  de  lo  profundo  es  una  experiencia  circular  que  es  a  su  vez  finita  e  infinita, a veces representada como Ciudad Escondida.

Son 4 puntos que reconocimos entre varias personas. No son verdades en si, cada punto es una descripción de distintas experiencias y registros que agrupamos con una palabrajconcepto. Cada punto admite extensión y profundidad.

Estas son mis descripciones:

El Vació: Va de la quietud del trance (lo que J. Lilly llama "Punto Cero") a una experiencia de  nirvana en una insondable vacuidad absoluta.5

El  Doble:  Va  de  fenómenos  energéticos luminosos  totalizadores  y  extremamente  intensos,  difundidos  o experimentando  el  cuerpo  como  sillar,  hasta  experiencias  de  desdoblamiento  parcial o total, visión desde afuera y proyecciones.

El  Centro  Luminoso:  Va  desde  el  registro  de  un  punto  concentrado,  a  veces  localizado  en  la  cabeza o entre los ojos. Hasta el Centro donde está todo, lleno de significados, es una profunda experiencia  de  Reconocimiento.  A  veces  es  un  punto  adimensional  que  concentra  todo,  ya  desligado de los registros del cuerpo. Es un fenómeno conciente, la más alta manifestación de lo  divino.

El Centro Luminoso es como una causa-resultado entre el Vacío y los fenómenos energéticos estructurados que llamamos Doble. Al Centro Luminoso se lo podría ver como el Tao en relación al Yin vacío y al Yang energía. El Centro Luminoso tiene vida propia y de ahí surgen los registros  de  Conciencia  Separada.  Tanto  los  registros  del  Centro  Luminoso  como  los  de  Conciencia  Separada se develan por un trabajo indirecto.

Conciencia Separada: Desde el Centro Luminoso aparece un registro consciente, desde afuera. Es como si hubiera otra conciencia mayor en que uno participa.

Respecto al Propósito y los restos:

¿Cómo organizar las cosas de modo que los registros se estructuren adecuadamente, que los restos caigan en un campo, como atraídos por un imán?
Tengo que ir a la experiencia con una red, con un Propósito catalizador, para que los registros tengan esta dirección.

No  es  lo  mismo  revivir  la  experiencia  sacándola  de  la  memoria  (evocación)  que  volver  a  producir los registros y que se estructuren de un modo nuevo.

Toda experiencia trascendente tiene que cobrar vida en lo cotidiano: un creciente sentimiento religioso tiene que acompañar estos procesos. El sentimiento religioso, a su vez, es la puerta a la certeza de la trascendencia.

En este trabajo vale lo dicho en la Mirada Interna de 1973 " El doble puede consolidarse por su actividad unitiva o al recibir la Fuerza directamente desde el centro luminoso."
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5 Estos son los pasos para llegar al "Punto Cero" con que trabajé en Cámara de Silencio:
No  hacer  nada,  quedarse  inmóvil,  perder  el  cuerpo,  atender  a  un  respiración  honda  y  constante  que  entre  en  sintonía con una apertura poética, luego dejarse ir a la borrachera y soltar la respiración. Soltar todo, dejarse ir  confiando en el Propósito. A los principiantes les sirven por lo menos 40 minutos para entrar en el trance, entonces  las  sesiones  tienen  que  ser  de1  hora.  Con  el  subseguirse  de  las  sesiones  se  va  mas  rápido  y  mas  fácil  y  mas  profundo. Ojo a las expectativas, siempre entrar con mucha humildad y no ir de cráneo... dejarse ir

25 nov 2015

El humanismo como expresion de lo sagrado. Por Javier Tolcachier

Presentación de la monografía "El Humanismo como expresión de lo sagrado". Diálogo con Javier Tolcachier realizada el 4 de julio de 2015, en Parques de Estudio y Reflexión Aloasi. Ecuador

5 oct 2014

¿Es posible un cambio fundamental en la conciencia individual y en la sociedad?


Superar la violencia en la vida propia y con las otras personas es un gran proyecto, difícil de creer posible, y ese es un problema. El cambio que busco no es pequeño. Supera los límites de la imaginación. Por eso ha costado comunicarlo. Creí alguna vez que por controlar las estructuras de poder se construía la sociedad soñada. Comprobé que ello no variaba la raíz de la injusticia y el dominio sobre las personas: funcionaba al principio y, luego, volvían los mismos vicios que se querían transformar. En lo personal, aun superando muchos resentimientos, la muerte y el sentido definitivo de la vida sigue acicateando mis búsquedas. Muchas veces he confundido los éxitos de coyuntura con las metas profundas de la vida. Cuando finalmente puedo afirmar la envergadura del proyecto, pierdo la discusión porque la propuesta es considerada utópica, es decir, inalcanzable en el tiempo y, por tanto, sin urgencia para efectuarla.
El cambio en las materias humanas no se puede forzar. Es decir, se puede, pero las consecuencias son nefastas y las cosas regresan a situaciones peores de las que partieron. Tiene que ser querido, íntimamente querido, con la fuerza de la necesidad. Esa necesidad es precisamente salir del sufrimiento y la violencia. Pero, en el fondo, considero que sus causas no tienen que ver conmigo, siempre hay a quién culpar por lo que me pasa, o una razón urgente que esconde el hastío de la rutina, o una justificación para la violencia que ejerzo. No parece que yo estuviera a cargo de mi vida y mucho menos siento responsabilidad por lo que acontece en la sociedad.
La importancia de las experiencias extraordinarias es que, por un instante, modifican completamente toda la estructura de la realidad, y presentan con evidencia indudable la certeza de que la vida sí tiene sentido, es. Ante esa vivencia no existe la muerte, ni siquiera es una palabra posible de pronunciar desde ese plano. El impacto es muy breve, pero muy importante; gracias a ella, la conciencia logra la referencia de una realidad distinta y sentida como “verdadera realidad. Al diluirse, queda el recuerdo de algo extraordinario hacia donde, sin duda alguna, debo, quiero y puedo ir. Esta experiencia no me cambia la vida, pero me da la oportunidad de hacerlo. Me sustrae del mundo gris y me muestra la luz del sentido. En particulares momentos esto sucede y es posible variar tímidamente el rumbo. No siempre se les da la relevancia que tienen, y pudieran pasar desapercibidas al otorgarle un valor puramente anecdótico. En ciertas ocasiones, los ensueños pierden su poder y algo emerge detrás de la desilusión. Una experiencia totalizadora arrebata a la conciencia, aumenta su caudal energético y la inspira. Recodos del tiempo en que lo humano nos conmueve y parecemos recordar el sentido olvidado. Este contacto con lo profundo revitaliza la acción y puede ser orientada hacia un gran cambio; sin apuro por alcanzar una meta, inicio una aventura hacia un inmenso futuro.
Estas experiencias son las de contacto con la profundidad o el “sí mismo”, logran el reconocimiento de la unidad de todo lo existente. Este fenómeno sucede al internalizar una mirada que se desliza hacia los espacios de silencio de la mente. Si bien algunas técnicas espirituales o procedimientos místicos facilitan aquello, es la acción válida o moral la que graba la huella del mirar interior y la comunicación con la experiencia de sentido. Es decir, el cambio no sucede por la revelación de sentido, sino gracias a las acciones que esas experiencias inspiran. Esta primacía de la acción tiene justificación teórica, ya que es gracias a la reflexión sobre sí que produce la acción, lo que graba con valor de “realidad” la huella dejada por la irrupción de la totalidad.  

El gran cambio es despertar de la pesadilla del sufrimiento y de la violencia que está en mí y alrededor mío. Es generar condiciones sociales de libertad, justicia y equidad para que todos podamos despegarnos del penoso estado actual. Es convivir con una mirada más interna al yo habitual que, mientras este actúa, permanece en contacto con un centro interno sin perderse de sí. Es reconocer esa misma posibilidad en ti y tratarte en consecuencia.

30 ene 2014

El cerebro mistico

la revista digital Tendencias Científicas, ha publicado recientemente una nota firmada por Vanessa Marsh, que recoge las investigaciones de los neurólogos Mario Beauregard (ver foto) y Vicent Paquette de la Universidad de Montreal. Cito textualmente:

“El interés por definir el papel del cerebro en la experiencia mística ha ido aumentando con la llegada de nuevas tecnologías de medición de la actividad de las neuronas. Conocer lo que sucede durante la oración o la meditación o durante episodios inspirados de fervor religioso a nivel neuronal podría ayudar, señalan los científicos, a inducir este tipo de experiencias de manera artificial, dado el efecto positivo que parecen tener en el ser humano. Por otro lado, a los científicos les resulta importante comprender mejor las bases neuronales de un fenómeno que ha jugado siempre un papel central en todas las culturas y tiempos, de la misma forma que les interesa conocer las bases neuronales de la emoción, la memoria o el lenguaje. El descubrimiento de las facultades espirituales en el cerebro ha suscitado todo un debate científico. Mediante modernos sistemas de análisis de imágenes cerebrales se han ido identificando en laboratorio las regiones del cerebro que incrementan o disminuyen su actividad en las experiencias religiosas. Se han realizado asimismo estudios que implicaban ejercicios de meditación profunda, basada en el uso de imágenes mentales, o de oraciones, dando lugar a una nueva ciencia denominada Neuroteología, que estudia la neurología del sentimiento religioso y de la espiritualidad. Voluntarios de diversas confesiones han sido estudiados en sus momentos de meditación, Beauregard explica sobre los resultados de su investigación que anteriores estudios neurológicos se han centrado en la relación entre la meditación y la oración, pero no sobre la experiencia mística en sí misma, por lo que eligieron a las monjas carmelitas contemplativas debido a su tradición mística. Los estudios neurológicos anteriores sobre estos procesos se han desarrollado con monjes budistas, practicantes de la meditación, y franciscanos, practicantes de la oración, por lo que la investigación de Beauregard constituye un desarrollo de las investigaciones anteriores. De esta forma descubrieron que la memoria espiritual vigoriza varias regiones cerebrales durante los recuerdos, como el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento (de ahí, tal vez, la sensación de amor incondicional a la que aluden los místicos). También descubrieron otra zona cerebral activada, la corteza insular o ínsula, vinculada a las emociones y a los sentimientos, y que podría estar en el origen de las emociones agradables que suelen asociarse a las conexiones con lo divino. 75 Por último constataron que también se activó el lóbulo parietal del cerebro (relacionado con la conciencia espacial), lo que podría explicar la sensación de hallarse inmerso en algo mucho mayor que nosotros mismos, típica de este tipo de experiencias. Estos últimos experimentos descubrieron por ejemplo que, en el estado de meditación profunda, se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de la propia identidad, lo que permite que el sujeto pierda durante su práctica el sentido del propio yo individual, que establece la frontera entre él mismo y todo lo demás, y se sienta así integrado en una totalidad única trascendente. Asimismo, las imágenes cerebrales obtenidas por medio de la tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT), sobre voluntarios en meditación, han revelado una actividad inusual de la región pre-frontal dorso lateral y un decaimiento de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal, que procesa la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo en el mismo: determina dónde termina el propio cuerpo y comienza el espacio exterior. En conclusión, de este conjunto de investigaciones, que todavía no pueden considerarse concluyentes, se desprende que el cerebro alberga la capacidad de conectar con una realidad que transciende la de los objetos, tanto físicos como mentales, percibida habitualmente, lo que confirma una experiencia común descrita por las diferentes tradiciones religiosas. Muy interesante ¿no es cierto? Hemos remarcado en cursiva las partes del texto relacionadas con la entrada a la espacialidad cenestésica profunda, la suspensión del registro del yo y la actitud emocionalmente comprometida de la entrega a la experiencia en sí. Existen desde luego una variedad inmensa y muy llamativa de estudios.

4 ene 2014

Criterio de realidad: cientificismo y misticismo

Tomado de: Acertijos, formas, espacialidad y sentido, monografia de GUSTAVO HOERTH Gustavo.hoerth@gmail.com. Centro de Estudios Parques de Estudio y Reflexión
La Reja, 6 de agosto de 2013
¿Qué cosa es real o no lo es?, ¿como podemos estar seguros de qué es real?, ¿nos representamos la realidad tal cual es?
Probablemente estas preguntas son las más repetidas a lo largo de la historia del pensamiento humano.
La realidad, “tal cual es”, según algunos, se experimenta en el espacio de percepción. En España, en la castilla rural, conocí a un hombre rudo pero amable, acostumbrado a lidiar con los problemas del entorno, de temperamento práctico y bien decidido, que una vez me comentó: “las cosas son como son…y lo que ocurre, pues ocurre y ya está”
En contraste, ya vuelto a Buenos Aires, un viejo amigo de otros tiempos, un hombre delgado y ojeroso, con aspecto de estar bajo de potasio, de temperamento esquivo y dubitativo, me comentó: “por ejemplo ese vaso, que seguridad tengo de que existe, como sé que el mundo no es un invento de la imaginación”
La primera postura se llama realismo ingenuo y la segunda escepticismo ingenuo, y entre ambas a lo largo de la historia del pensamiento humano, se pueden encontrar todas las combinaciones posibles.
Cito, para los que quieran buscar en wikipedia, algunas de las “posturas” más importantes sostenidas en los ambientes académicos, que han marcado ciertos hitos en torno a la discusión de lo que es o no es real, en cuanto al criterio de realidad:
Racionalismo-materialismo-empirismo-idealismo-nominalismo-positivismo-realismoingenuo-pragmatismo-realismo científico–estructuralismo- y una serie de etcéteras. Todo un lío enorme de ideas para definir de qué se trata la relación del hombre con el mundo, qué cosa es realmente verdadera en esta relación que se establece entre lo que es el ser y lo que está afuera del ser.
Tomando como ejemplo sólo el pensamiento occidental, vemos que la clasificación del conocimiento es relativamente reciente, los primeros enciclopedistas han intentado dar una idea coherente de las ciencias (que para su época se habían expandido considerablemente) recopilando y sintetizando el saber por temáticas.
La herencia de la gnoseología (la filosofía del conocimiento) fue tomada por la epistemología que clasificó las distintas ramas del saber.
La epistemología se ocupa del conocimiento en términos de fundamentación racional de lógica de la verdad, como el racionalismo crítico de Popper o el neopositivismo lógico de Russell, pero no se ocupa en lo absoluto del sistema de representación visual y cenestésico que acompaña necesariamente a los procesos de comprensión de la realidad, lo cual por cierto es una omisión grave y bastante curiosa.
De esto último (los sistemas de representación) sí se ocupará la psicología, como por ejemplo el constructivismo de Jean Piaget, o los avances de la psicología Analítica de Jung en torno a la imaginación y los arquetipos, o el estructuralismo de Wund o la Psicología de la Gestalt que mencionamos antes, y muchísimas otras, donde por lo que podemos ver hasta la fecha, no han conseguido desprenderse de cierta ingenuidad a la hora de describir e interpretar la función de la imagen y su capital importancia para la conducta humana, y su relación fundamental con espacio de representación. Esto último sí esta profundamente explicitado en la Psicología Humanista Universalista desarrollada por Silo, que no debe confundirse con la Psicología Humanista de Abraham Maslow que apareció en la post-guerra como una tercera posición entre el conductismo y el psicoanálisis.
En cuanto al pensamiento pre-científico se puede hablar de un sustrato de presupuestos epocales anclados a la cultura de origen, que operan en forma de ante predicativos que jamás son advertidos y sin embargo son el trasfondo donde se monta la imagen del mundo y el sentido común.
En éste sustrato son educados los científicos antes de serlo, antes de llegar a la universidad, de manera que aún en el caso de la ciencia, su influencia no se debe subestimar.
Hoy en día, el espacio de percepción es casi objeto exclusivo de las ciencias y la comprensión del mundo y su sentido descansan prácticamente en sus manos, el declive de la especulación filosófica y el mismo éxito relativo de las ciencias zanjaron la cuestión.
El criterio de realidad que impera en el mundo de las ciencias se llama “realismo científico” cuya pretensión de objetividad se sustenta en última raíz en la correspondencia entre las matemáticas y el comportamiento de los fenómenos en condiciones científicas de observación.

No obstante el realismo científico es cada vez más discutido en un escenario donde el conocimiento científico se encuentra cada vez más fragmentado por un lado y más “despegado” de la percepción y del sentido común por otro.
Nadie puede hoy día ofrecer una visión unificada del mundo al estilo de la física clásica.
La transformación que ha ocurrido en la noción misma del espacio y del tiempo desde los albores de la física clásica Newtoniana hasta las abstractas y complejas concepciones de los últimos desarrollos de la teoría M (teoría que unifica las cinco teorías de cuerdas en una matriz mayor que las abarca y en cierto sentido las unifica) no solo es sorprendente, es anonadante…
El desarrollo físico matemático pretende tener el carácter objetivo que le da credibilidad académica, pero el científico tendrá que traducir a representaciones “fenomenológicas” lo que sus formulaciones implican, y en este proceso se encontrará con limitaciones propias del mentar humano, que terminarán en representaciones de la realidad que son “paradojales” como mínimo, por no decir directamente incomprensibles o contradictorias
En particular el tema de la noción de espacio es bastante ilustrativo:
El espacio clásico de Newton, es un vacío universal dentro del cual se dan todos los fenómenos físicos (tal como los estructura la conciencia ingenua).
Es un espacio homogéneo, isomorfo, e infinito. Es vacío, pero es “algo”, o mejor dicho “debe ser algo”, pero, como confesara con pesar el mismo Newton, “es un misterio”, ya que el origen del espacio vacío donde ocurre la realidad, en base a sus teorías, no se puede fundamentar.
Luego Mach demuestra que esto no es tan sencillo como parece, y desarrolla un concepto relativista de la inercia, basado en la idea de que la atracción gravitatoria que todo ejerce sobre todo, implica que no existe tal universo vacío, que “algo” se da en relación a un todo que lo influye concretamente y el infinito no puede ser parte de su definición.
Einstein da un paso más, de gigantes según se dice, pero en cierto sentido natural. El espacio ya no puede estar vacío, es afectado por la materia-energía de modo que se curva y adquiere propiedades ”elásticas” que afectan las trayectorias de los cuerpos en movimiento. Y lo que es más impresionante aún, forma una estructura indivisible con el tiempo, llamada espacio-tiempo, que no es el continente vacío donde los fenómenos se dan, sino que es algo que tiene “entidad” física real, aunque no sea en un sentido estricto material.
La física cuántica avanza en el terreno de lo ultra-pequeño, donde las paradojas son aún mayores. Planck advierte que la divisibilidad de la materia-energía no es infinita, creando la noción del quantum.
Heissenberg descubre un límite a la observación absoluta establecido por el principio de incertidumbre, a partir del cual nada puede decirse. Mas allá de un parámetro infinitamente pequeño, pero real, llamado constante de Planck, el espacio se describe como una espuma cuántica repleta de energía donde partículas se crean y destruyen permanentemente en un sin fin de febril actividad.
Finalmente las teorías de cuerdas, en el intento de integrar la teoría de la relatividad con la teoría cuántica, llegan a la concepción (totalmente absurda para la conciencia ingenua) de que para que todo sea como es y funcione como funciona, deben existir diez dimensiones espaciales, más una temporal, que están enrolladas o plegadas sobre sí mismas (salvo tres, más el tiempo) dando origen a toda la familia de partículas conocidas a partir de la geometría dinámica espacial. Con esto se explica el origen de la materia, la energía y las fuerzas que las mantienen unidas tal como son, todo se deriva de rupturas de simetrías en la propia geometría de la realidad.

El problema es que todo esto estará muy bien, pero no se puede representar visualmente de ninguna forma, no se puede acompañar con la imaginación dirigida. El ciudadano medio típico (no como abstracción, sino como persona real objeto de costosas campañas políticas en todo el mundo) no se preocupa mucho por estos temas, pero, si fuera el caso que alguien se los comenta, se da cuenta solito de que no se lo puede representar.
Veamos esto.
Por una parte uno experimenta la gravedad, uno siente el peso de su cuerpo. Siempre me he representado una fuerza que me mantiene unido a la tierra, la fuerza de la gravedad, de la cual no dudo porque la experimento. Pero ahora se me dice que tal fuerza no existe, que en realidad el espacio se contrae o más bien se tensa elásticamente hacia el centro de la tierra y que lo que uno experimenta es la resistencia de lo que hay debajo, que vendría a ser lo que nos sostiene y nos impide caer hacia el centro de la tierra, y al sostenernos nos mantiene permanentemente acelerados respecto del espacio-tiempo curvado hacia el centro de la tierra.
Mi amigo de la castilla profunda diría: ¡ esto es muy raro coño!
Eso como mínimo. El espacio-tiempo curvado no se puede representar.
Por el lado de la física cuántica las cosas no están mejor, los experimentos condujeron a la naturaleza dual de las partículas que se comportan de modo ondulatorio o corpuscular según qué experimento, lo cual condujo a concepciones no locales de la materia en donde partículas que desaparecen y reaparecen sugieren la idea de un espacio discontinuo que a su vez conduce a la idea de espacios o universos paralelos o lisa y llanamente a la idea un tanto radical de un multiverso (una realidad n-dimensional).
El problema de “lo que no se puede representar” radica en que “todas las representaciones” (no solo las visuales) se dan en algún lugar (espacialmente hablando) que siempre está referido a la posición del cuerpo y a los fenómenos del intracuerpo, siendo toda representación por tanto una forma global de la conciencia que produce una necesaria antropomorfización de lo representado.
Las teorías de la realidad se basaron en los procesos de racionalización y no en los procesos de representación. La ontología se basa en la correspondencia o no de la representación y la realidad y pese a esto no se apela en ningún momento a un sistema de registros, sino a los fundamentos lógicos del pensamiento que razona sobre la realidad. La argumentación de la verdad tiene que ver con modelos y paradigmas de razonamiento lógico.
Las ciencias se han ido fragmentando en un sin fin de categorizaciones taxonómicas y la especialización a permitido un avance realmente impresionante.
Pero lo que caracteriza un salto revolucionario en las ciencias, no es un cambio en las categorías taxonómicas, que son un ante predicativo para las descripciones y las generalizaciones científicas, sino un cambio en la representación científica del mundo, y en la cosmo-visión en general, donde todos los objetos y sucesos científicos quedan reubicados por una alteración de carácter necesariamente holístico referida principalmente a la noción de espacio en sí entendida como “el tejido de la realidad”, no como objetividad en sí, sino como representación del espacio ajustado a la percepción directa o indirecta de la realidad.
Y esto implica un ajuste en el criterio de realidad. Pueden verse en los intentos nuevas estructuras de comprensión emergentes que modifican el criterio de realidad. El espacio clásico de newton explica muy bien la prácticamente totalidad de los fenómenos que ocurren en la superficie de la tierra, de modo que no nos hemos visto en la necesidad de abandonarlo desde un punto de vista cotidiano.

Estas ideas son del año 1650 aproximadamente, lo que prueba la enorme persistencia del sustrato cultural, parece que existe en todos nosotros un empirismo impenitente que nos empuja a una visión pragmática pero ingenua de la realidad.
El sustrato culturar pone los ante predicativos. Son las cosas que uno tiene en mente antes de empezar a hablar y refiere a ámbitos copresentes que no sólo aportan permanentemente los datos en que se sustenta el discurso; la dirección misma y el alcance del discurso aparecen como un recorrido lineal que escoge opciones dentro de una franja de datos necesariamente acotados por el ámbito de copresencias operante.
El discurso deja de avanzar cuando se topa con una contradicción, cuando no hay contradicciones se habla de coherencia y la coherencia refiere a la integración de antítesis y antinomias en un marco estructural.
Cuando nos referimos al término “estructuras de comprensión” nos referimos a este carácter holístico que opera a nivel de formas totalizadoras que resuelven tensiones antitéticas y producen registros de integración en el sustrato cultural.
Pero destacamos con énfasis que las antítesis, las antinomias y las contradicciones en general, se resuelven como todas las tensiones en el marco de la subjetividad, subjetividad que por otra parte ha sido y debe ser negada en el marco de la experimentación objetiva de la realidad que impone el rigor científico, con lo cual se produce una situación paradojal.
La actitud científica consiste precisamente en desprenderse de la influencia de las representaciones que son traducciones internas, para ajustar lo representado por medio de la imaginación dirigida a lo que sucede en el espacio de percepción, sin interferencias personales o subjetivas, lo cual como veremos es muy discutible.
Lo que no puede evitarse es que la mirada, en el proceso selectivo de dirigir la atención, arrastre el bagaje de sus propias copresencias condicionando cualquier elección.
Esto no sólo implica orientar la atención para apercibirse de ciertos fenómenos, sino que apercibir algo es al mismo tiempo desapercibir otras cosas. Es la imaginación activa del científico la que orienta la selección de opciones, pero a condición de que tal selección implique el descarte de otras muchas opciones desapercibidas.
Y la imaginación dirigida del científico se basa en las copresencias que todo el tiempo operan como la representación del mundo donde se da la integración o no de antinomias y contradicciones, lo cual a su vez le permite escoger opciones. Y en tales copresencias se encuentran los ante predicativos.
Pongamos por caso el materialismo, que es una postura, como cualquier otra, asumida con anterioridad a un experimento hipotético, que se intentará demostrar. Hay un materialismo radical que implica una visión reduccionista extrema, el caso de las teorías mecanicistas clásicas decimonónicas, donde el físico reduce la experiencia psicológica del color a un problema de vibraciones electromagnéticas o el fisiólogo pensamientos y angustia a procesos del sistema nervioso, de tal modo que los procesos psíquicos (del sujeto estudiado) quedan eliminados de la cadena causal de los acontecimientos, que se interpretan y entienden como sucesos independientes del ser (del sujeto y del científico).
Probablemente como señalaría Einsten, el verdadero materialismo consista precisamente en la eliminación del ser, que no aparece por ningún lado como eslabón independiente en las cadenas de relaciones causales. Y esto es así porque en todo momento el pensamiento materialista se supone conceptualizando la realidad en sí y no la representación objetivada de la realidad.
Esto contrasta con la actitud radicalmente distinta del místico, que alcanza niveles de comprensión de la realidad, en base a su experiencia interna y no sólo no niega a “el

ser” en la cadena causal sino que centra en él el origen de la misma estructura mental que permite comprender toda cadena causal.
En tanto el científico materialista encuentra una explicación fisiológica satisfactoria para los fenómenos místicos de iluminación interior, el místico se orientará hacia la experiencia y su potencial para transformar la conciencia explicadora del fenómeno.
La experiencia mística supone para la conciencia un asomarse al laberinto de modalidades pre-lógicas que caracterizan a los contenidos asociados a las actividades sub-corticales, contenidos que normalmente “confunden” a cualquier razonamiento sujeto a la lógica formal. Son formas distintas de mentar que presuponen organizaciones diferentes de la realidad.
El científico materialista dirá, respecto a las experiencias místicas, que lo producido en la subjetividad por una conciencia alterada no es válido científicamente porque no puede extenderse a la generalidad, no puede ser objetivado, lo cual es tan cierto como que el cerebro de un Einstein tampoco.
El término conciencia alterada está sugerido para confrontar con el término conciencia normal, donde supuestamente “el mundo se observa sin alteración” y el yo por tanto se ve como funcional para operar en la realidad objetiva.
Pero no se visualiza que la estructura del yo es un proceso de conciencia que altera la realidad y mucho menos se entiende que toda estructuración de conciencia implica “per se” una alteración de la realidad.
Porque se entiende que el grado de realidad personal de la experiencia no se basa, ni puede basarse, en las explicaciones fisiológicas del caso, sino en sus registros internos. Pero no estamos hablando del realismo subjetivo del experimentador, estamos diciendo que el científico busca una explicación fisiológica de un fenómeno que él se representa de un modo antes de investigar sobre ello y que esta representación a la cual se integran los nuevos datos termina resultando en una estructura de comprensión que no se deriva de, sino que construye la explicación y el sentido mismo de los datos. Es en la representación del mundo donde se da la integración de datos, no en el mundo.
Subyace la idea de que se puede construir un acercamiento a la realidad objetiva, en tanto los procesos de la imaginación dirigida se puedan objetivar al ser contrastados con el rigor del método experimental que aporta el peso de la pruebas.
De modo que decir que la ciencia se basa en la razón es en realidad decir que la ciencia se basa en un modo de razonar que presupone una particular forma de estructurar la realidad.
La idea de que la razón se auto sustenta en su consistencia lógica sólo dice que el mundo de la razón es consistentemente auto sustentado, es decir, efectivo analíticamente hablando, pero nada dice acerca de acercamiento a la realidad en sí en cuanto a las representaciones derivadas de ese razonar.
Todos creemos que la realidad en sí es lógicamente razonable, y este razonamiento lógico debe conducir a una representación cada vez mas precisa de la realidad. Pero basta estudiar las paradojas cuánticas que al ser representadas por una conciencia de mirada macroscópica se visualizan como contradictorias e incomprensibles, o de la misma teoría de la relatividad con sus curvaturas de singularidad temporoespacial, para darse cuenta que la realidad en sí no es tan fácil de representar, aunque deductivamente se puedan comprender sus relaciones analítico matemáticas.
Entonces tenemos por un lado que hay una búsqueda de lo verdadero como aproximación a lo real, en tanto razonamiento lógico que tiene confirmación experimental científica y aborrece cualquier forma de subjetivismo, cuando éste esta implicado de forma evidente, claro, puesto que subjetividades siempre hay, se reconozcan o no.

Por otro lado la verdad en tanto registro de certeza interior surgida en la experiencia mística, que al partir de la desautomatización de los procesos mentales supone la integración de contenidos mentales prelógicos, emergiendo una estructuración de la realidad completamente diferente a la anterior.
Y en medio todas las posiciones que se quiera imaginar.
Y todas padecen la inevitable antropomorfización de la representación humana, aunque no por esto dejan de tener cierta correspondencia con lo que llamamos realidad objetiva.
Nosotros usaremos el término “estructuras de comprensión”, no en el sentido de comprender la realidad en sí, o de su ajuste al conocimiento de la verdad en sí.
Lo usaremos en el sentido de que una estructura de comprensión es unitiva y tiene sentido totalizador para el sujeto que la estructura como representación del mundo, independientemente de su ajuste a la verdad objetiva, porque es en dicha experiencia que se basa su criterio de realidad.
El hecho es que la vida humana, el registro de la propia vida, se da precisamente en el mundo de la representación, que es experiencial y es en la representación del mundo donde se da la integración o desintegración de los contenidos vitales.
Sobre todo porque si la felicidad tiene que ver con la integración de contenidos, cual es el beneficio de aceptar una visión de la realidad que parte de una comprensión fragmentada, es decir, desintegrada de la propia subjetividad.
La conciencia integrada asume que la representación formal de un contenido es diferente según el nivel de conciencia que lo trate, lo alegórico y lo simbólico coinciden y forman parte de una mirada integral.

Y la búsqueda de sentido se orienta desde allí.