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26 mar 2022

Sobre el mito del dinero

Fragmento de la presentación del libro Mitos raíces universales, de Silo. Argentina, marzo 18 de 1991.

 “Pero ya contemporáneamente y en el lenguaje común, la palabra «mito» señala dos realidades diferentes. Por una parte, la de los relatos fantásticos sobre las divinidades de diferentes culturas y, por otra, aquellas cosas que se creen con fuerza pero que en realidad son falsas. Claramente, ambos significados tienen en común la idea de que ciertas creencias tienen fuerte arraigo y que la demostración racional en contra de ellas se abre paso con dificultad. Así, nos sorprende el hecho de que pensadores esclarecidos de la antigüedad hayan podido creer en cuestiones que nuestros niños escuchan como cuentos a al hora de ir a dormir. Las creencias en la tierra plana o en el geocentrismo hacen brotar una sonrisa piadosa mientras comprendemos que tales teorías no eran sino mitos explicativos de una realidad sobre la que el pensamiento científico no había dicho su última palabra. Y así, cuando consideramos hoy algunas de las cosas que creíamos hace pocos años, no nos queda sino sonrojarnos por nuestra ingenuidad, al tiempo que somos capturados por nuevos mitos sin recordar que nos está ocurriendo el mismo fenómeno padecido anteriormente.

En estos momentos de vertiginosa transformación de nuestro mundo hemos asistido, correspondientemente, al desplazamiento de algunas creencias que sobre el individuo y la sociedad se tenían por verdades netas hace menos de un lustro. Digo «creencias» en lugar de teorías o doctrinas, porque me interesa destacar en el núcleo de los antepredicativos, de los pre juicios que operan antes de la formulación de esquemas mas o menos científicos. Así como a las novedades tecnológicas se las acompaña con expresiones tales como «¡fabuloso!» o «¡increíble!», que equivalen a un aplauso oral, también nos estamos acostrumbrando a escuchar el difundido «¡increíble!» asociado a los cambios políticos, a las caídas de ideologías completas, a las conductas de líderes y formadores de opinión, a los comportamientos de las sociedades. Pero este segundo «¡increíble!» no coincide exactamente con el estado de ánimo que se manifiesta ante el prodigio técnico sino que refleja sorpresa y desazón ante fenómenos que no se creían posibles. Así, simplemente, gran parte de nuestros contemporáneos creían que las cosas eran de otro modo y que el futuro iba en otra dirección.

Debemos pues reconocer que ha existido un importante consumo de mitos y que eso ha tenido consecuencias en las actitudes vitales, en el modo de encarar la existencia. Debo advertir que no entiendo a los mitos como falsedades absolutas sino, opuestamente, como verdades sicológicas que coinciden o no con la percepción del mundo en que nos toca vivir. Y hay algo más, esas creencias no son solamente esquemas pasivos sino tensiones y climas emotivos que, plamándose en imágenes, se convierten en fuerzas orientadoras de la actividad individual o colectiva. Independientemente del carácter ético o ejemplificador que a veces les acompaña, ciertas creencias poseen una gran fuerza referencial por su misma naturaleza. No se nos escapa que la creencia referida a los dioses presenta importantes diferencias con las fuerte creencias desacralizadas pero aún salvando las distancias reconocemos, en ambas, estructuras comunes.

Las débiles creencias con las que nos movemos en la vida diaria, son fácilmente reeplazables a poco de comprobar que nuestra percepción de los hechos fue equivocada. En cambio, cuando hablamos de fuertes creencias sobre las que montamos nuestra interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más generales, nuestra irracional escala de valores, estamos tocando la estructura del mito que no estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en las que nos sentimos como hojas arrastradas por el viento. Estos mitos privados o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda sólo podemos advertir ciertas imágenes que nos guían en una determinada dirección.

Cada momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva, sacralizada o no, que sirve a la cohesión de los conjuntos humanos, que les da indentidad y participación en un ámbito común. Discutir los mitos básicos de época significa exponerse a una reacción irracional de diferente intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos históricos cambian y así, lo que en un tiempo anterior era repelido, comienza a ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad más plena. Discutir en el momento actual el gran mito del dinero implica suscitar una reacción que impide el diálogo. (aplausos).

Rápidamente nuestro interlocutor se defiende afirmando por ejemplo: «¡cómo que el dinero es un mito, si es necesario para vivir!»; (risas), o bien: «un mito es algo falso, algo que no se vé; en cambio el dinero es una realidad tangible mediante la cual se mueven las cosas», etcetera, etc, etc. De nada valdrá que expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye a las cosas y la carga sicológica que ese signo tiene. Ya nos habremos convertidos en sospechosos, (risas). Inmediatamente nuestro oponente comienza a observarnos con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta, exhorcizando la herejía mientras calcula los precios de nuestra ropa, (risas aplausos), ropa que indudablemente, ha costado dinero…, reflexiona en torno a nuestro peso y las calorías diarias que consumimos, piensa en el lugar en que vivimos y así siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo algo así: «En verdad hay que distinguir entre el dinero que se necesita para vivir y el dinero innecesario»… (risas), pero esa concesión ha llegado a destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las intituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es decir, distintas «realidades» que atestiguan una eficacia que aparentemente nosotros negamos. Bien vistas las cosas, en esta ficción pintoresca, no hemos negado la eficacia instrumental del dinero, es más, lo hemos dotado de un gran poder sicológico al comprender que a ese objeto se le atribuye más magia que la que realmente tiene. El nos dará la felicidad y de alguna manera la inmortalidad, en la medida que impida que nos preocupemos por el problema de la muerte. (risas).

Este mito desacralizado muchas veces operó cerca de los dioses. Así, todos sabemos que la palabra «moneda» deriva de Juno Moneta, Juno Avisadora, al lado de cuyo templo los romanos acuñaban, precisamente, la moneda. A Juno Moneta se pedía abundancia de bienes, pero para los creyentes era más importante Juno que el dinero de cuya buena voluntad éste derivaba. Los verdaderos creyentes hoy piden a su dioses diferentes bienes y, por tanto, también dinero. Pero si verdaderamente creen en su divinidad ésta se mantiene en la cúspide de su escala de valores. El dinero como fetiche ha sufrido transformaciones. Por lo menos en Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo por sus especiales cualidades. La Alquimia Medieval se ocupó de producirlo artificialmente. Era un oro todavía sacralizado al que se atribuía el poder de multiplicarse sin límite, que servía como medicamento universal y que daba la longevidad además de la riqueza. También ese oro movió afanosas búsquedas en las tierras de América. No me refiero solamente a la llamada «fiebre del oro» que impulsó a aventureros y colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo de El Dorado que buscaban algunos conquistadores y que también estuvo asociado con mintos menores como la fuente de juvencia.

Pero un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa, numerosos objetos están nimbados por cargas transferidas del núcleo central. El automóvil que nos presta utilidad es también un símbolo del dinero, del «status» que nos abre las puertas a más dinero. Sobre ese particular Greeley dice: «Basta con visitar el salón anual del automóvil para reconocer una manisfestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música, la reverencia de los adoradores, la presencia de las sacerdotizas del templo (las modelos), (risas), la pompa y el lujo, el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto constituiría en otra civilización un oficio auténticamente religioso). El culto del automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados. El gnóstico no esperaba con más impaciencia la revelación oracular, que el adorador del automóvil los primeros rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de automóviles), (risas), cobran una importancia nueva, al mismo tiempo que una multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una nueva forma de salvación».

Por supuesto no estoy de acuerdo con la dimensión, con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche automóvil. Pero de todas maneras tiene la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto contemporáneo. En verdad se trata de un mito desacralizado y, por tanto, tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado pero justamente sin su característica fundamental de fuerza autónoma, pensante e independiente. Si el autor tiene en cuenta los ritos de la periodicidad anual, también vale su descripción para la celebraciones de los cumpleaños, Año nuevo, entrega del Oscar o ritos civiles semejantes que no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados. Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos inmediatos. También hubiera sido de interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades míticas y el de las fuerzas mágicas en las que la oración es reemplazada por el rito de encantamiento, pero también este tema está más allá del presente estudio.

Cuando consideramos unos de los mitos desacralizados centrales de esta época (me refiero al dinero), lo tuvimos en cuenta como núcleo de un sistema de ideación. Me imagino que los oyentes no habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo es la masa central alrededor del cual giran lo electrones. En verdad el núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a gran parte de la vida de las personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores están relacionados con este tema. La cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los hechos conectan con el núcleo. En nuestro ejemplo, la historia de la humanidad tomará un carácter económico y esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen los conflictos que discuten la supremacía del dinero.

En fin, hemos tomado como referencia uno de los mitos desacralizados centrales para aproximarnos al posible funcionamiento de los mitos sagrados de que habla nuestro libro. Hay, de todas maneras, grandes diferencias entre un sistema mítico y otro porque lo numinoso, lo divino, falta completamente en uno de ellos y eso pone diferencias difíciles de eludir. Sea como fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro. Un momento en el que una nueva escala de valores y una nueva sensibilidad parece asomar. Sin embargo, no puedo asegurar que nuevamente los dioses se están acercando al hombre. Los teólogos comteporáneos sufren la angustia de la ausencia de Dios, tal como la experimentaba Buber. Una angustia que no pudo superar Nietzsche luego de la muerte divina. Ocurre que demasiado antropomorfismo personal ha habido en los mitos antiguos y tal vez aquello que llamamos «Dios» se exprese sin voz a través del Destino de la humanidad.

Si se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que éso, precisamente, creo que está ocurriendo. Sólo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y verdaderamente Humana, en la que la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre, (aplausos). Entonces, como dice un viejo libro, «las armas serán convertidas en herramientas de labranza».

Nada más, muchas gracias.

 18 de Abril de 1991

25 abr 2020

Conferencia Mitos Raices Universales (extracto): el mito del dinero

"...cuando hablamos de fuertes creencias sobre las que montamos nuestra interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más generales, nuestra irracional escala de valores, estamos tocando la estructura del mito que no estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en la que nos sentimos como hojas arrastradas por el viento. Estos mitos privados o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda solo podemos advertir ciertas imágenes que nos guían en una determinada dirección.

Cada momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva, sacralizada o no, que sirve a la cohesión de los conjuntos humanos, que les da identidad y participación en un ámbito común. Discutir los mitos básicos de época significa exponerse a una reacción irracional de diferente intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos históricos cambian y así, lo que en un tiempo anterior era repelido, comienza a ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad más plena.

Discutir en el momento actual el gran mito del dinero implica suscitar una reacción que impide el diálogo.Rápidamente nuestro interlocutor se defiende afirmando, por ejemplo: “¡cómo que el dinero es un mito, si es necesario para vivir!”; o bien: “un mito es algo falso, algo que no se ve; en cambio el dinero es una realidad tangible mediante la cual se mueven las cosas”, etcétera. De nada valdrá que expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye a las cosas y la carga psicológica que ese signo tiene. Ya nos habremos convertido en sospechosos. Inmediatamente nuestro oponente comienza a observarnos con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta, exorcizando la herejía mientras calcula los precios de nuestra ropa que, indudablemente, ha costado dinero... reflexiona en torno a nuestro peso y las calorías diarias que consumimos, piensa en el lugar en que vivimos y así siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo algo así: “En verdad hay que distinguir entre el dinero que se necesita para vivir y el dinero innecesario” ...pero esa concesión ha llegado a destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las instituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es decir, distintas “realidades” que atestiguan una eficacia que aparentemente nosotros negamos. Bien vistas las cosas, en esta ficción pintoresca, no hemos negando la eficacia instrumental del dinero, es más, lo hemos dotando de un gran poder psicológico al comprender que a ese objeto se le atribuye más magia que la que realmente tiene. Él nos dará la felicidad y de alguna manera la inmortalidad, en la medida que impida que nos preocupemos por el problema de la muerte.

El dinero como fetiche ha sufrido transformaciones. Por lo menos en Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo por sus especiales cualidades. La Alquimia Medieval se ocupó en producirlo artificialmente. Era un oro todavía sacralizado al que se atribuía el poder de multiplicarse sin límite, que servía como medicamento universal y que daba la longevidad además de la riqueza. También ese oro movió afanosas búsquedas en las tierras de América. No me refiero solamente a la llamada “fiebre del oro” que impulsó a aventureros y colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo de Eldorado que buscaban algunos conquistadores y que también estuvo asociado con mitos menores como la fuente de juventud.

Pero un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa, numerosos objetos están nimbados por cargas transferidas del núcleo central. El automóvil que nos presta utilidad, es también un símbolo del dinero, del “status” que nos abre las puertas a más dinero.

Sobre este particular, Greeley dice: “Basta con visitar el salón anual del automóvil para reconocer una manifestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música, la reverencia de los adoradores, la presencia de las sacerdotisas del templo (las modelos), la pompa y el lujo, el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto constituiría en otra civilización un oficio auténticamente litúrgico). El culto del automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados. El gnóstico no esperaba con más impaciencia la revelación oracular que el adorador del automóvil los primeros rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de automóviles), cobran una importancia nueva, al mismo tiempo que una multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una nueva forma de salvación”.
Por supuesto no estoy de acuerdo con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche-automóvil. Pero de todas maneras tiene la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto contemporáneo. En verdad se trata de un mito desacralizado y, por tanto, tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado, pero justamente sin su característica fundamental de fuerza autónoma, pensante e independiente. Si el autor tiene en cuenta los ritos de la periodicidad anual, también vale su descripción para las celebraciones de los cumpleaños, Año Nuevo, entrega del Oscar o ritos civiles semejantes que no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados. Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos inmediatos. También hubiera sido de interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades míticas y el de las fuerzas mágicas en los que la oración es reemplazada por el rito de encantamiento, pero también este tema está más allá del presente estudio.

Cuando consideramos uno de los mitos desacralizados centrales de esta época (me refiero al dinero), lo tuvimos en cuenta como núcleo de un sistema de ideación. Me imagino que los oyentes no habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo es la masa central alrededor del cual giran los electrones. En verdad el núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a gran parte de la vida de las personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores están relacionados con ese tema. La cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los hechos conectan con el núcleo. En nuestro ejemplo, la historia de la humanidad tomará un carácter económico y esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen los conflictos que discuten la supremacía del dinero.

Sea como fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro. Un momento en el que una nueva escala de valores y una nueva sensibilidad parecen asomar..."

"...Si se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que eso, precisamente, está ocurriendo. Sólo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y verdaderamente humana, en la que la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre. Entonces, como dice un viejo libro, “las armas serán convertidas en herramientas de labranza”.

CENTRO CULTURAL SAN MARTÍN. BUENOS AIRES, ARGENTINA.
18 DE ABRIL DE 1991
Link al Video Conferencia Mitos Raices Universales - Silo (Extracto)
verson corta: el gran mito del dinero

28 ene 2019

Los Culpables

Madrid, 24 de febrero de 1993
Este trabajo ha sido realizado por el Consejo Gamma en base a los apuntes tomados de una charla con el Coordinador General en Buenos Aires.

No hay mayores enemigos del pueblo que los banqueros; especuladores y usureros fanáticos de la “religión del dinero”. El valor del dinero es lo prioritario, hasta tal punto que estamos frente a una verdadera idolatría al dinero que va generando una suerte de religión monetarista. Como consecuencia todos los valores humanos se trastocan; nadie confía en nadie; Ninguno vale por lo que es sino por lo que posee, mejor dicho: por lo que puede poseer en un corto plazo de tiempo. Se traicionan todas las relaciones mientras se crea otro extremo social con todas las lacras de pobreza extrema, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, crimen y narcotráfico (con lo cual no sólo aumenta la droga sino también una economía violenta en base a capitales ilícitos).

Estos fanáticos del dinero no respetan nada, ni siquiera la industria (que da progreso y puestos de trabajo), de modo que pueden despedir centenares de personas sin pestañear, en la ávida búsqueda de un rédito inmediato. De modo que los financieros usureros de la banca internacional y sus acólitos son los responsables de la violencia económica que genera los demás tipos de violencia social.

La “idolatría del dinero” en la que se basan es la máxima deshumanización ya que las personas no importan sino la cuenta bancaria, las tarjetas de crédito, etc., créditos usureros que se basan en el “compre ahora y pague después”, apoyándose en el aparente registro de ilusorio alivio que da el poder disponer de un dinero que se podrá pagar más adelante cómodamente.

Evidentemente esto no es así, pues los intereses y las subidas correspondientes (máximo recurso de violencia económica) hacen onerosa su devolución y esclaviza al deudor. Este esquema se ejercita tanto con las personas como con grupos, empresas y países. Al estar detrás una mentalidad analítica, que es de mucha utilidad para lo ocasional y coyuntural pero nula cuando se trata de atender a procesos o relaciones, no se ven las consecuencias del procedimiento, las derivaciones, la irritación social que produce esa acción. No pueden percibir los procesos y mucho menos las consecuencias sociales, solamente los éxitos parciales y ocasionales que, en rigor, no son sino estafas históricas.

De los éxitos particulares no se desprende un éxito global, pero de la suma de esas parcialidades sí puede derivar una crisis generalizada como la actual.

No ven el malestar general causado, y ésto es así no por falta de capacidad sino, simplemente porque no les conviene a sus intereses. Por otro lado, consiguen enredar todo con el muy conocido bandolerismo semántico a través del cual dicen una cosa pero sucede otra muy distinta, como la “sociedad libre”, el “libre mercado”, “libre competencia”, etc… y la libertad no se ve por ningún lado.

Nosotros nos oponemos terminantemente a ésto, y para implementar las denuncias y soluciones del caso es por lo que estamos accionando para organizar frentes que presionen en su contra.

El neoliberalismo pragmático se mueve como pez en el agua en un contexto mentiroso en donde todas la propuestas son una suerte de “variaciones sobre la mentira” y, aunque la gente se da cuenta no se atreve a reconocerlo porque no sabe qué hacer.

Solamente por los canales que nosotros marcamos hay soluciones válidas. Porque todo está montado para las cúpulas, para las dirigencias, para los privilegiados, para un mísero 1% de la sociedad en el mundo. Creemos que es imperioso darle la vuelta a esto para que todo esté al servicio del pueblo, de la totalidad de la gente.

Esta actitud mentirosa que estamos considerando, ha generado en los pueblos desilusión y cansancio, no quieren saber nada con nada, están hartos y no le creen a nadie.

Estas políticas socioeconómicas insensibles han producido y producirán más fuertemente desbordes sociales, expresiones catárticas que no sirven para nada ni son útiles a nadie. Tiende a acrecentarse el conflicto pudiéndose llegar a una situación muy crítica que, por cierto, no se va a poder resolver simplemente con represión. Estos desbordes son un caso extremo (inconducente) del proceso de liberación de fuerzas sociales que está en marcha, y que en estos momentos se observa más fácilmente en Latinoamérica y en el Este de Europa.

Indiscutiblemente desde nuestro punto de vista, se requieren otras formas de acción y de trabajo que las dirigencias políticas no practican porque tendrían que escuchar al pueblo.

Nosotros pensamos que esta crisis que está padeciendo es sistema es importante y la enfocamos desde el punto de vista de su aprovechamiento. Para ello deberíamos tener en cuenta la imagen que se tiene del sistema; si tenemos la imagen de una cárcel (que se está cayendo a pedazos), si es cárcel hemos de querer salir y cuanto antes se caigan las paredes más pronto podremos liberarnos. Si, en cambio, se tiene una imagen de dependencia absoluta, entonces uno se imagina que junto a la caída del sistema se cae también. Nada más equivocado, con el sistema se caen quienes están atornillados a él, que es el caso del espectro total de la clase política y adláteres en el poder, desde la derecha explotadora hasta la izquierda mentirosa. Se caen todos, porque todos están enchufados succionando del sistema, sus viditas dependen de la relación con el sistema y están inquietos porque, con instinto animal, sienten en su interior el derrumbe del sistema. Así, cada propuesta que hacen está teñida por ese derrumbe interno.

Esto hay que tenerlo muy en claro y por ello es imprescindible que podamos avanzar en nuestra lucha para ahorrar dolor y violencia y es importante el entender que nosotros estamos levantando el mundo que viene, lo que sigue a la caída del sistema, y que por ende somos optimistas respecto de la construcción del futuro y no estamos caídos como los hombres del sistema ni vencidos como los vapuleados por estos.

Según las variables que venimos mencionando, se extrae que en el futuro inmediato hay líos seguros.

Básicamente los factores que llevan a acentuar la tendencia del desastre son:

1) La tendencia cupular, la concentración del poder en manos de un pequeño porcentaje del todo social.

2) Las dirigencias políticas arrogantes e insensibles que no escuchan al pueblo y, por lo tanto, se les escapa el qué hay que hacer.

3) Las deudas externas impagables por los países que deterioran el cuerpo social (al tiempo que degradan el medio ambiente en los países “subdesarrollados”).

4) La cortedad del tipo de pensamiento analítico-compositivo incapaz de captar relaciones, consecuencias, concomitancias y, mucho menos, procesos.

5) La aceleración y el enlentecimiento o estancamiento que se está produciendo en las distintas sociedades.

6) Las características sicológicas indignas como la arrogancia y la mentira que llevan a la cosificación y que configuran un estilo de vida al cual nos oponemos.

Estos factores reunidos llevan directamente al desastre. Es importante, entonces, estar en condiciones de ser referencia en esos momentos caóticos que ya tenemos encima.

Necesitamos construir una estructura de base humana amplia. No hay otra forma. Si nos dedicáramos a juntar recursos económicos resultaría que donde ponemos 100 el sistemas pondría 1000. Pero ellos no pueden poner 100 personas agrupadas y esclarecidas tan fácilmente. Ese es nuestro terreno. Esto hemos de entenderlo muy bien.

Además, para el sistema los fenómenos de base humana no existen, siendo etiquetados en cualquier otra cosa. Para los sociólogos de turno quizá 10 personas reunidas cupularmente son un fenómeno social, pero 10000 religiosos reunidos no es un fenómeno de base humana sino que es un “fenómeno religioso” (?) que para ellos no existe o no interesa.

Nosotros intencionamos la formación de bases humanas y observamos que los partidos políticos, que pareciera que trabajaran con gente, en realidad se basan en inversiones financieras (tanta inversión en publicidad, tantos préstamos bancarios, tantos parlamentarios), habiendo un acuerdo tácito entre los partidos para eliminar la militancia activa y real, porque es incómoda ya puede presionar y puede exigir. Ahora es fácil reemplazar militancia por profesionales, dirigentes por ejecutivos, todo al gusto de las compañías liberales del sistema que tienen en su manos los medios masivos de comunicación. En suma que manipulando la información, manejando los recursos, fabricando imágenes publicitarias tienden a perpetuarse en el poder, reconvirtiendo esquemas y representantes.

Nosotros hemos de tener ésto muy en claro: para competir con el sistema necesitamos lo que él va perdiendo en su proceso, la base humana.

A ésto estamos abocados: a ampliar la base humana participante por medio de organismos, comisiones, aparatos y centros de comunicación, sabiendo que el Movimiento no crece directamente con estas actividades, sino con la atmósfera que se genera cuando los nuestros actúan y esas actividades resultan de interés para otros.

El Movimiento, nuestros procedimientos, nuestra conducta en el mundo va formalizando una cultura sicológica, formas de pensar, de sentir y de actuar que son básicamente intencionales y no reactivas o especulativas; ahora tendremos que enfatizar en facilitar la permeabilidad.

Los organismos, aparatos, comisiones y centros de comunicación son los instrumentos del Movimiento en su conexión con el mundo buscando la difusión y la convocatoria, mientras cuidamos que nuestras actitudes no sean similares a las del sistema: nuestras actitudes de sinceridad, siempre la verdad por delante, de saber escuchar, de reconocer y asumir errores, etc., son actitudes inteligentes y son las necesarias para dar una referencia distinta.

Esto de las actitudes es interesante considerarlo, por ejemplo, al analizar el principal problema de los políticos del momento, es decir: la soberbia. Más que problemas de ideas o de intereses, fundamentalmente el problema es la soberbia injustificada e infundada que tienen los políticos y que les lleva a tener anestesiada la capacidad para escuchar a la gente. Hasta que esa actitud no cambie, hasta que no mejore esa total incapacidad para escuchar, tendremos serios problemas de dirección, de eficacia, etc. Lo más sorprendente es que no intentan cambiar sus conductas a pesar de las deudas, el déficit, los desempleados, la corrupción, el narcotráfico, etc., etc.

EL PENSAMIENTO INTENCIONAL

Lo que estamos observando acerca de los políticos, merece una digresión: sería un error aplicar actitudes “de político” en el Movimiento. Cuando a los nuestros no les gusta algo, no son dialécticos sino que son intencionales y tienen una sensibilidad muy elaborada, un mundo interno más amplio y, como se preocupan de las intenciones en todo, (no sólo las de detrás, sino también las de adelante) resultan “subjetivos” para una mentalidad del sistema. Los nuestros captan la dirección de las acciones. A veces, alguno de los nuestros tiene que desempeñar un rol de político y eso les gusta mucho a todos, pero si se empieza a hacer política hacia adentro, hacia el Movimiento se comete un error grave.

Todo lo que sea cálculo sobre el otro, produce líos entre los nuestros. Si en la relación no se perciben segundas intenciones, todo va bien; en el caso contrario se colapsa la relación. Entre los nuestros la cosa es fácil: se explica el proyecto, se converge en intenciones y adelante.

El Movimiento pone enmarques, referencias para dar una dirección mental y hay quienes pueden seguir esa dirección con facilidad, mientras que otros lo hacen con dificultad, dándose encontronazos a cada paso. También proponemos el tema del centro de gravedad interno o, presentado con otro leguaje, hablamos de sentido de la vida, de humanizar. Esto aparentemente no tiene mucha gracia, no aparece chispeante ni atractivo y la gente tiende a lanzarse a otras cosas más llamativas, dejándose atrapar sicológicamente.

El problema es que al des-centrarse, al salirse de enmarque, se produce sufrimiento en uno y en los demás.

Cuando vemos (cada vez menos) a la gente encantada con cosas del sistema, están fuera de sí, alteradas y no pueden oír, de modo que no nos queda otra posibilidad que esperar a que se desencanten, se des-ilusionen para poder escuchar nuestro punto de vista.

Contar con centro de gravedad propio, no parece tener atractivo y es algo que se aprende y se construye, no es algo que se da por sí sólo.

En efecto, al estar descentrado se produce sufrimiento y uno siente que “todo le pasa” y no sabe bien por qué. En cambio, cuando se cuenta con centro de gravedad uno está libre y eso es extraordinario. Esa libertad interna es lo importante aunque no tenga tanto atractivo en apariencia. Ese centro de gravedad y esa libertad interna no acarrean sufrimiento ni a uno mismo ni a los demás. La libertad interna es el indicador del centro de gravedad y la conducta válida hacia los demás es su correlato humano.

Esto nos lleva a ver el concepto de la existencia “en sí” y la existencia “para otros”. Hay quienes, al no disponer de centro de gravedad, siempre están dependiendo de los demás, de los valores externos, resultando huecos por dentro, llevados por el oleaje externo permanentemente, siendo arrastrados como hojas por el viento y moviéndose siempre con una mirada externa en donde todo se ve plano, movido por hilos externos y sin profundidad.

Con la mirada interna todo se dimensiona.

Es importante comprender los mecanismos de la fascinación que producen la pérdida del centro de gravedad.

Uno puede fascinarse por poca cosa, por una hormiga, una piedra, y mucho más por las personas, equivocándose y produciendo sufrimiento.

Así llegamos a ver que el problema es que el ser humano sufre por pequeñeces, no por grandes acciones, y se frena todo. Además, al no poder sustentarse ese sufrimiento por nimiedades, mecánicamente de inventan “grandes problemas”, “enormes sacrificios”, “traumas dramáticos”, “tremendos inconvenientes”, etc. Todo inconsistente. No es poca cosa el poder superar las fascinaciones y ver claro. Este sufrimiento por pequeñeces confunde mucho a la gente a la hora de hacer lo que realmente quiere y todo se frustra.

Uno ha de aclararse respecto de lo que realmente quiere y hacerlo coherentemente, sólo hay una condición: no perjudicar a nadie. Por eso distinguimos entre un sufrimiento padecido por las contradicciones internas y aquél provocado por quienes siguen los valores del sistema y quieren hacer sus caprichos a toda costa, sin tener en cuenta a los demás, sufriendo y haciendo sufrir por eso. A escala social, los trepadores del sistema hacen eso: sufren y hacen sufrir a todos con sus “tropismos”.

Unas de las pequeñeces frecuentes son los temores infundados, siendo el temor a la muerte el mayor, el mayor de ellos junto con el temor a la enfermedad y a la vejez. Sucede que, de todos modos, se envejece y se muere, para qué desaprovechar el corto período vital con fantasmas, si por el contrario, se debería aprovechar al máximo. Es curioso cómo los temores oscurecen y alteran con ilusiones, con algo que no pasa en realidad.

La soltura interna, sicológica, se logra aprendiendo a circular por los tiempos de conciencia sin cargas, sin pesos ni zonas oscuras, es decir con libertad y sin sufrimiento y, también, con el diálogo a cierto nivel con otros que pueden ayudar a despejar problemas e ir aprendiendo respecto de aciertos y errores. No hay que temerle a los cientos de errores que se pueden cometer porque son errores pequeños y, si están en buena dirección, son “inversión de aprendizaje”. Ojalá uno pudiera cometer un error tremendo y aprender de golpe, pero, en general, se comenten errores pequeños, subsanables. El punto está en la carga mental que se le ponga a todo, en donde se oscila entre el dramatismo gravísimo a la sin importancia cínica.

Respecto de los procesos estructurales, es importante señalar que antes de ocuparse con técnicas organizativas, hemos de ver la condición de ese proceso, es decir el interés por las personas. Sin esa condición inicial, sin un interés real por la gente, las estructuras no progresan y, eventualmente, se caen. La acción tiene que terminar en otros, y lo importante es llegar a muchos.

Por otra parte, el concepto de línea, equipo, funciones, etc., tiene que ver con la idea de la distribución del trabajo. Todo lo que hay que hacer no lo pueden llevar adelante una o dos personas.

El pensamiento intencional es algo a lo que aspiramos y se opone a lo reactivo o a lo compensatorio, y siendo esa la esencia de nuestro pensamiento, resulta imperioso comprender tal cosa a fondo. El pensamiento intencional se dirige a lo fundamental dejando de lado lo secundario, lo accidental, lo contingente, lo no-significativo, para dar lugar a lo realmente importante, lo prioritario, lo que queremos hacer. Ese es el carácter de todas nuestras actividades y por ello conviene discernir entre lo casual y lo accidental de lo intencional, empujando para que sea la intención lo que siempre prevalezca.