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8 nov 2017

Humanismo y Revolución, una perspectiva desde el Humanismo Universalista

07.11.2017 - Santa Clara, Cuba - Javier Tolcachier
Tomado de: Pressenza
El Taller Internacional de Pensamiento Humanista y Revolución Socialista, desarrollado en los días 26 y 27 de Octubre en Santa Clara, Cuba, en el que confluyeron académicos del Departamento de FIlosofía de la Universidad Central de las Villas “Marta Abreu” y miembros del Centro Mundial de Estudios Humanistas y la agencia internacional de noticias Pressenza, brindó el marco adecuado para presentar las principales ideas de Silo, fundador de la corriente del Nuevo Humanismo, en el contexto de un posible fecundo diálogo con la corriente marxista.
Publicamos aquí el texto íntegro de esa exposición, a cargo de Javier Tolcachier, del Centro de Estudios Humanistas de Córdoba, Argentina y columnista en agencia Pressenza, quien también aludió a la posición revolucionaria del Humanismo como base para una necesaria convergencia.
Humanismo y Revolución, una perspectiva desde el Humanismo Universalista
Taller internacional Pensamiento Humanista y Revolución Socialista
Santa Clara, Cuba, 26-27 Octubre 2017
Buenos días a todas y todos. Agradezco la posibilidad de participar de este importante encuentro y no puedo comenzar esta presentación sin reconocer el enorme aporte del pueblo cubano a la emancipación de los pueblos del mundo. Cuba, indoblegable y generosa, constituye un efecto demostración histórico de soberanía, altivez y solidaridad que encendió la esperanza frente al despojo, la amenaza permanente, la indiferencia y la resignación. Por lo mismo, Cuba fue y es víctima de un bloqueo criminal y violento que repudiamos y exigimos debe terminar de inmediato.
Quiero también agradecer la cálida acogida brindada por el Departamento de Filosofía de la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV) y resaltar su aporte – en particular el realizado por el profesor Guadarrama – de cuya obra tenemos apenas conocimiento fragmentario – por la reafirmación del contenido humanista del marxismo y por el rescate de las simientes existentes en diversos pensadores latinoamericanos cuya labor abonó el terreno en el que florecieron sucesivos movimientos de liberación.
Sumándonos a ese flujo de conocimiento, esta exposición intentará presentar los principales rasgos de la corriente de pensamiento del Nuevo Humanismo o Humanismo Universalista, fundada por el mendocino Mario Luis Rodríguez Cobos, más conocido por su seudónimo literario Silo. Esta corriente, devenida en su crecimiento en un abanico de múltiples expresiones en los más distintos campos, surgió en los años 60’ del siglo XX y se extendió progresivamente a todas las regiones y culturas del planeta.
Presentar las principales ideas de Silo en el contexto de estas jornadas tendrá aún mayor sentido si hacemos alguna referencia al posible aporte de este Humanismo al análisis y la práctica de revoluciones presentes y futuras, asunto al que intentaremos aludir, aún en el marco de esta reducida exposición.
Precisamente en términos de interpretación, debemos agregar que quien expone, es un militante humanista desde su temprana juventud, lo cual resta objetividad a la exposición, pero explica su interés. Por lo demás, como es habitual en el transcurso del pensamiento y la práctica social, no estamos aún a la necesaria distancia histórica como para aprehender suficientemente la real valía y el aporte de este Humanismo Universalista al proceso humano.
Dicho esto, entremos en materia.
En la Cuarta Carta del libro Cartas a mis Amigos, Silo explica el punto de partida de sus ideas así: “Nuestra concepción no se inicia admitiendo generalidades, sino estudiando lo particular de la vida humana; lo particular de la existencia; Hablemos pues de la vida humana. Cuando me observo, no desde el punto de vista fisiológico sino existencial, me encuentro puesto en un mundo dado, no construido ni elegido por mí. Me encuentro en situación respecto a fenómenos que empezando por mi propio cuerpo son ineludibles. El cuerpo como constituyente fundamental de mi existencia es, además, un fenómeno homogéneo con el mundo natural en el que actúa y sobre el cual actúa el mundo.”
Y algo más adelante: “Pero ocurre que el mundo se me presenta no solamente como un conglomerado de objetos naturales sino como una articulación de otros seres humanos y de objetos y signos producidos o modificados por ellos.” “La intención que advierto en mí aparece como un elemento interpretativo fundamental del comportamiento de los otros y así como constituyo al mundo social por comprensión de intenciones, soy constituido por él.”
Y también: “Por otra parte, los objetos naturales y humanos se me aparecen como placenteros o dolorosos y trato de ubicarme frente a ellos modificando mi situación.“
De esta manera, en una suerte de camino inductivo y reflexión existencial, Silo describe cómo el ser humano existe en una situación dada, no elegida, conformada no tan sólo por un mundo de objetos naturales sino también como mundo social constituido esencialmente por intenciones humanas. Mundo en el que aparecen opciones placenteras o dolorosas que nos implican. Mundo con el que estamos en apertura e influencia recíproca.
Ya en este punto, Silo rompe toda posibilidad de solipsismo, connotando la íntima ligazón de la estructura conciencia-mundo, cuando expresa: “Mi conciencia se ha configurado intersubjetivamente ya que usa códigos de razonamiento, modelos emotivos, esquemas de acción que registro como “míos” pero que también reconozco en otros. Y, desde luego, está mi cuerpo abierto al mundo en cuanto a éste lo percibo y sobre él actúo.”
Sin embargo, la nota distintiva de lo Humano no es simplemente la de ser un ente social, ya que ello también es característico de las distintas especies. ¿Cuál es entonces la clave que señala la especificidad de lo Humano?
Silo lo expresa de este modo: “Al encontrarse cada nuevo ser humano con un mundo modificado por otros y ser constituido por ese mundo intencionado, descubro su capacidad de acumulación e incorporación a lo temporal, descubro su dimensión histórico-social, no simplemente social. Vistas así las cosas, puedo intentar una definición diciendo: el hombre es el ser histórico, cuyo modo de acción social transforma a su propia naturaleza.”
Por tanto, un ser en desarrollo, transformador  y en autotransformación permanente.
Como se indica en el opúsculo “Acerca de lo Humano”: “En el ser humano no existe “naturaleza” humana, a menos que esta “naturaleza” sea considerada como una capacidad diferente a la animal, de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción. Dicho de otro modo: si hay algo “natural” en el ser humano, no es en el sentido mineral, vegetal o animal, sino en el sentido de que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación. Tal idea de cambio no se aviene convenientemente con la idea de “naturaleza” y por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano.”
Pero, ¿porqué habría el Ser Humano de necesitar cambiar su entorno y a sí mismo?
“Por la situación de finitud y carencia temporo-espacial en que se halla y que registra como dolor físico y sufrimiento mental.”, se responde.
Es decir, por la evidencia de las propias limitaciones, incluyendo en ellas a la conciencia de la muerte, que producen señales claras de sufrimiento, movilizando al ser humano a su superación.
Así, la superación del dolor no es simplemente una respuesta animal, sino una configuración temporal en la que prima el futuro y que se convierte en impulso fundamental de la vida aunque esta no se encuentre urgida en un momento dado.
“La superación del dolor aparece, pues, como un proyecto básico que guía a la acción. Es ello lo que ha posibilitado la comunicación entre cuerpos e intenciones diversas, en lo que llamamos la “constitución social”. La constitución social es tan histórica como la vida humana, es configurante de la vida humana. Su transformación es continua pero de un modo diferente a la de la naturaleza porque en esta no ocurren los cambios merced a intenciones.”
De esta manera, el Humanismo Universalista concibe al Ser Humano en rebelión frente a un aparente destino natural que lo condena a padecimientos físicos y mentales, que lo conmina a buscar soluciones y elegir opciones frente a la fatalidad, que lo mueve a construir sentido ante el inminente absurdo de la mortalidad. Este propósito se expresa en la historicidad inherente a la construcción social dotándola de un sentido permanente.
Pero ¿cómo es posible esta afirmación de la elección frente al determinismo? ¿Cuáles son aquellas virtudes distintivas, que permiten esta afirmación y las posteriores transformaciones? Y ¿cómo es que estas características dotan de humanidad a este ser animado?
El concepto de intencionalidad de la conciencia, ya anotado por la escolástica medieval en el estudio de Aristóteles, será definido por F. Brentano “como referencia a un contenido, dirección hacia un objeto (que no significa una realidad), o como objetividad inmanente.”  Concepto que retomará Husserl diciendo “la conciencia es conciencia de algo”. O más rigurosamente, noesis, el acto del pensar y noema, lo pensado son en estructura.
A partir de lo desarrollado por el fundador de la Fenomenología trascendental en relación al “origen de la representación del espacio”, Silo, en un acercamiento más propio de una psicología fenomenológica, indaga en la “espacialidad de la representación”, es decir en cómo los fenómenos síquicos se presentan en la conciencia como formas emplazadas en un espacio mental que admite niveles y profundidades. Dichas formas o imágenes no son copias sino reelaboraciones de la percepción del mundo externo. Esta espacialidad en la representación de la conciencia habilita la formalización de imágenes que terminan impactando en el mundo como acciones.
De este modo, afirma Silo “la conciencia no es producto ni reflejo de la acción del medio, sino que tomando las condiciones que éste impone termina por construir una imagen o conjunto de ellas capaz de movilizar la acción hacia el mundo y con esto modificarlo.”
La relevancia de esta aseveración queda de manifiesto cuando leemos “Si las imágenes permiten reconocer y actuar, conforme se estructure el paisaje en individuos y pueblos, conforme sean sus necesidades (o lo que consideren que sean sus necesidades), así tenderán a transformar el mundo”.
Por otro lado, Silo explicita la ampliación del horizonte temporal de la conciencia humana, lo que permite a ésta retardos frente a los estímulos y ubicación de éstos en un espacio mental complejo, habilitante para el emplazamiento de deliberaciones, comparaciones y resultantes fuera del campo perceptual inmediato.
Las características de espacialidad y temporalidad de la conciencia humana, sumadas a su esencial intencionalidad, hacen de ésta una herramienta de transformación por excelencia.
De allí que en un tono más poético, Silo dirá: “Te diré cual es el sentido de tu vida aquí: Humanizar la Tierra.”
“Humanizar es salir de la objetivación para afirmar la intencionalidad de todo ser humano y el primado del futuro sobre la situación actual. Es la imagen y representación de un futuro posible y mejor lo que permite la modificación del presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio. Por consiguiente, no basta con la presión de condiciones oprimentes para que se ponga en marcha el cambio, sino que es necesario advertir que tal cambio es posible y depende de la acción humana. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo natural, es una lucha entre intenciones humanas. Y esto es precisamente lo que nos permite hablar de opresores y oprimidos, de justos e injustos, de héroes y cobardes. Es lo único que permite practicar con sentido la solidaridad social y el compromiso con la liberación de los discriminados sean éstos mayorías o minorías.”
A partir de estos conceptos, Silo fundamenta una ética y premisas para la acción transformadora, diciendo: “El ser humano por su apertura y libertad para elegir entre situaciones, diferir respuestas e imaginar su futuro, puede también negarse a sí mismo, negar aspectos del cuerpo, negarlo completamente como en el suicidio, o negar a otros. Esta libertad ha permitido que algunos se apropien ilegítimamente del todo social es decir, que nieguen la libertad y la intencionalidad de otros, reduciéndolos a prótesis, a instrumentos de sus intenciones. Allí está la esencia de la discriminación, siendo su metodología la violencia física, económica, racial y religiosa.”
Por ello es que el Nuevo Humanismo lucha activamente contra toda  forma de violencia, sea ésta grosera o sutil, expuesta o larvada, definiéndola como la negación de la humanidad en otros. De esta manera, la imagen de humanización del mundo aparece nítidamente en el horizonte no tan sólo como la acción de dotar de intención al mundo, sino como aquella que permite imaginar y construir una existencia social libre de violencias. Así, la acción no violenta decidida, en forma de protesta, crítica, repudio, no colaboración, boicot y superación de las prácticas violentas constituye una metodología coherente con el objetivo enunciado. Por supuesto, es posible ir más allá, imaginando el repudio a la violencia como  una conquista cultural definitiva, constitutiva del ser humano del futuro. En el mismo sentido, Silo aborda la necesidad de una reconciliación profunda con uno mismo y los demás como un paso evolutivo fundamental para dejar atrás las prácticas vengativas que, una y otra vez reinstauran ciclos violentos.
Esta lucha por superar condiciones opresivas es también una lucha por ampliar la libertad de todos los seres humanos y de la especie como conjunto.
Del Humanismo Universalista se deriva entonces una práctica de acción, dirigida a desterrar los factores de violencia social, y una ética, cuya escala de valores coloca como valor y preocupación central al ser humano. Esta moral libertaria propone como máxima de relación intersubjetiva una reformulación persuasiva – no autoritaria – de aquella vieja Regla de Oro, presente en todas las culturas, sugiriendo: “Si tratas a los demás como quieres ser tratado, te liberas.”
Lejos de recluirse en el humanismo occidental, esta apertura a las expresiones humanistas presentes en la historia de las diferentes culturas, le da al Humanismo Universalista su nota distintiva. En un momento histórico de evidente mundialización y contacto multicultural, este pensamiento transversal tipifica y señala los “momentos humanistas” de las distintas culturas, proponiendo profundizar la interrelación a través de ellos, constituyendo así un aporte al entendimiento y la construcción colaborativa entre naciones y pueblos.
En ese mismo sentido, el Humanismo, más allá de toda acepción filosófica en sentido estricto es comprendido en sus trazos básicos como una actitud y una posición común de los humanistas de las distintas culturas que puede resumirse en seis puntos:  1. la ubicación del ser humano como valor y preocupación central; 2. la afirmación de la igualdad de todos los seres humanos; 3. el reconocimiento de la diversidad personal y cultural; 4. la tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado o impuesto como verdad absoluta; 5. la afirmación de la libertad de ideas y creencias y 6. el repudio a la violencia.
En cuanto a la situación actual mundial, Silo enfatiza en que precisamente la Revolución es el único modo de abrir un sistema cerrado de concentración capitalista en el que a mayor intento de control social crecerá la entropía.
En su Séptima Carta de Cartas a mis amigos, dedicada a la revolución social, el pensador dice: “No se detendrá la marea revolucionaria que está en marcha como expresión de la desesperación de las mayorías oprimidas. Pero aún esto no será suficiente ya que la dirección adecuada de ese proceso no ocurrirá por la sola mecánica de la “práctica social”. Salir del campo de la necesidad al campo de la libertad por medio de la revolución es el imperativo de ésta época en la que el ser humano ha quedado clausurado. Las futuras revoluciones, si es que irán más allá de los cuartelazos, los golpes palaciegos, las reivindicaciones de clase, o de etnia, o de religión, tendrán que asumir un carácter transformador incluyente sobre la base de la esencialidad humana.”
Agregando además que “… el nuevo tipo de revolucionario que corresponde a este nuevo tipo de revolución deviene, por esencia y por actividad, en humanizador del mundo.“
Silo tipifica el carácter de la revolución a la que alude con estas palabras: “Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Anti-humanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo.“
Distingue además “entre proceso revolucionario y dirección revolucionaria. Desde nuestra posición, se entiende al proceso revolucionario como un conjunto de condiciones mecánicas generadas en el desarrollo del sistema. En cuanto a la dirección, ésta depende de la intención humana y escapa a la determinación de las condiciones que origina el sistema. Ya en otros momentos hemos aclarado nuestra posición respecto a la no pasividad de la conciencia humana, a su característica esencial de no ser simple reflejo de condiciones objetivas, a su capacidad de oponerse a tales condiciones y pergeñar una situación futura diferente a la vivida en el momento actual. Dentro de ese modo de libertad, entre condiciones, interpretamos la dirección revolucionaria.”
A estas alturas ya se comprende cómo el Nuevo Humanismo enfatiza en la relación indisoluble entre la interioridad humana y el mundo social, factores que se entrelazan en continua realimentación. Por ello, no opone la acción transformadora en el mundo a la íntima reflexión intrapersonal sobre el sentido de la existencia y la dirección de las propias acciones en la relación con los demás. Entiende que ambas pueden, acaso deben, resolverse en sentido positivo y de mutua implicancia.
Situarnos desde un radical determinismo objetivo asfixia la posibilidad de elección humana. Dicha perspectiva desmotiva, colocando un automatismo que relativiza todo aporte individual o colectivo. En el otro extremo, absolutizar la capacidad decisoria individual de cada ser humano, negando las condiciones intersubjetivas y sociales en las que se desenvuelve su existencia, aparece como una ingenuidad alejada de todo contexto. Este modo de ver propicia el alejamiento del todo social y los demás seres humanos,  conduciendo al ensimismamiento y la reclusión.
Así las cosas, parece necesario establecer en el análisis y práctica revolucionaria un pacto de colaboración entre la situación objetiva y la subjetividad humana. Adoptar una visión estructural y dinámica que, abandonando una óptica lineal o mecanicista, se interne en las profundidades de una mirada multidimensional, colocando a la innegable intencionalidad y posibilidad de transformación humana en tensión con vectores de pertenencia socioeconómica, generacional y cultural.
De este modo, la revolución aparece en una dimensión múltiple y simultánea, que requiere una práctica decidida y decisiva de cambios profundos en la organización económica, jurídica y política, pero también en los hábitos, las valoraciones y las aspiraciones individuales y colectivas.
Por este camino, el sujeto transformador actúa con referencia a un ámbito triple, el mundo social, el de la relación interpersonal y el de su interioridad con el criterio de lograr coherencia. Aún con las dificultades y limitaciones que cada momento histórico interpone, pensamos que dichas tareas revolucionarias no son solamente ineludibles, sino que además, dotan a la vida humana de un sentido pleno.
¿Será en efecto una renovada y creativa convergencia entre Humanismo y Socialismo, un Humanismo socialista o Socialismo humanista, una puerta hacia futuras revoluciones liberadoras del espíritu humano? En todo caso, es una tesis a explorar.
En ese sentido, quisiera culminar esta presentación, citando el párrafo final de la introducción del Documento Humanista, inserto en el libro Cartas a mis amigos, de Silo, que sintetiza el propósito que nos trajo hasta aquí y que intuyo resuena del mismo modo en vuestros corazones:
“Entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo”
Muchas gracias por su atención.
Bibliografía
Brentano, F. Psychologie vom empirischen Standpunkt. Leipzig 1874, nueva edición 1911. Wiederauflage bei Ontos
Husserl, Edmund. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro primero (traducción de José Gaos), FCE, México, 1997
Silo (1990) Contribuciones al Pensamiento, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.
Silo (1993) Cartas a mis amigos, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.
Silo (1996) Habla Silo, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.
Silo (1996) Diccionario del Nuevo Humanismo, O.C. Vol. II. México: Ed. Plaza y Valdés.

4 jun 2012

A propósito de "Etica y Globalización" de Edgar Morin


En su conferencia "Etica y Globalización" (ver entrada anterior), Edgar Morin  hace énfasis en el desarrollo de la solidaridad y la responsabilidad. Llamo la atención a la relación de estos dos conceptos con los conceptos de coherencia social y coherencia individual, desarrollados por Silo y difundidos por el movimiento humanista internacional. 

Es grato ver que cada vez mas pensajdores coinciden con aspectos basicos del humanismo universalista.


Al respecto de las propuestas de Morin, transcribo una definición del Diccionario del Nuevo Humanismo:

UBICACIÓN PERSONAL

Actualmente se discute todo aquello que dé referencias personales tanto en la acción como en el emplazamiento sicológico frente a este mundo cambiante. La crisis de “modelos” de vida hace alusión a este problema. En una de sus Cartas a mis amigos, Silo presenta el extracto de las observaciones que ha estado efectuando anteriormente. Aun a riesgo de ser insuficiente en materia de explicación, es pertinente presentarlo en este artículo. Dice así: “1. Hay un cambio veloz en el mundo, motorizado por la revolución tecnológica, que está chocando con las estructuras establecidas y con la formación y los hábitos de vida de las sociedades y los individuos. 2. Este desfase genera crisis progresivas en todos los campos y no hay por qué suponer que va a detenerse sino, inversamente, tenderá a incrementarse. 3. Lo inesperado de los acontecimientos impide prever qué dirección tomarán los hechos, las personas que nos rodean y, en definitiva, nuestra propia vida. 4. Muchas de las cosas que pensábamos y creíamos ya no nos sirven. Tampoco están a la vista soluciones que provengan de una sociedad, unas instituciones y unos individuos que padecen el mismo mal. 5. Si decidimos trabajar para hacer frente a estos problemas tendremos que dar dirección a nuestra vida buscando coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Como no estamos aislados esa coherencia tendrá que llegar a la relación con otros, tratándolos del modo que queremos para nosotros. Estas dos propuestas no pueden ser cumplidas rigurosamente, pero constituyen la dirección que necesitamos sobre todo si las tomamos como referencias permanentes y profundizamos en ellas. 6. Vivimos en relación inmediata con otros y es en ese medio donde hemos de actuar para dar dirección favorable a nuestra situación. Ésta no es una cuestión psicológica, una cuestión que pueda arreglarse en la cabeza aislada de los individuos, éste es un tema relacionado con la situación en que se vive. 7. Siendo consecuentes con las propuestas que tratamos de llevar adelante, llegaremos a la conclusión que lo positivo para nosotros y nuestro medio inmediato debe ser ampliado a toda la sociedad. Junto a otros que coinciden en la misma dirección implementaremos los medios más adecuados para que una nueva solidaridad encuentre su rumbo. Por ello, aun actuando tan específicamente en nuestro medio inmediato, no perderemos de vista una situación global que afecta a todos los seres humanos y que requiere de nuestra ayuda así como nosotros necesitamos la ayuda de los demás. 8. Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida. 9. La coherencia no empieza y termina en uno, sino que está relacionada con un medio, con otras personas. En tal sentido, consideramos a la solidaridad como un aspecto de la coherencia personal. 10. Pero es necesario que las acciones guarden proporción, que se establezcan prioridades de acción de manera que no se desequilibren. 11. La oportunidad del accionar tiene en cuenta retroceder ante una gran fuerza y avanzar con resolución cuando ésta se debilita. Esta idea es importante a los efectos de producir cambios en la dirección de la vida si estamos sometidos a contradicciones que nos mantienen en una situación recurrente. 12. Es tan inconveniente la desadaptación en un medio sobre el que no podemos cambiar nada, como la adaptación decreciente en la que nos limitamos a aceptar las condiciones establecidas. La adaptación creciente consiste en el aumento de nuestra influencia en el medio y en dirección coherente”.

Ver tambien algunas definiciones pertinentes, tales como actitud humanista, amor, anatihumanismo,  creencia, deshumanización, regla de oro,  extractadas en el blog La Nueva Espiritualidad



15 abr 2008

Hacia una concepción humanista de la Educación

(Compilación con base en diversos autores)


1. Concepción del ser humano

Concebimos al ser humano como conciencia activa, constructor de realidades, como un ser histórico cuyo modo de acción social transforma el entorno y a la vez le transforma a sí mismo;[1] como un ser que crece en la medida en que interactúa y colabora con otros; un ser capaz de aprender sin límites y que experimenta la profunda necesidad de realizarse amando la realidad que construye. Este ser humano se enfrenta en la actualidad a tareas urgentes y creativas que comprometen su futuro en la tierra y su calidad de vida en el presente. Y no dudamos que, como seres humanos capaces de razonar, planear conjuntamente y cooperar, podremos resolver dichas tareas. Para ello es necesario que el sistema educativo en general fomente:
- El pensamiento estructural y relacionante, que permita ver las realidades (natural, social y subjetiva) como un sistema complejo en su estructura e interrelaciones, superando las visiones fragmentarias
- - El pensamiento procesual, que perciba la realidad en su dinámica, logrando comprender las tendencias operantes y las megatendencias económicas, sociales, políticas y culturales del mundo contemporáneo (tales como la globalización, la mundialización, la regionalización, la descentralización, la neoliberalización, la informática, las organizaciones inteligentes. Reconociendo a la sociedad como una construcción humana en constante cambio, y reconociéndose a sí mismo como un sujeto en formación y transformación permanente.
- El pensamiento coherente, valora la unidad entre el pensar, el sentir y el actuar; que valore no solo el intelecto (saber) sino también las emociones y sentimientos (saber ser, saber convivir) y las acciones transformadoras en dirección humanizante (saber hacer). Que a nivel social se base en la regla de oro: “trata a los demás como quieres ser tratado”, y que la realice en la práctica de la solidaridad y el respecto activo.
- El pensamiento reflexivo, gracias al cual los propios actos, pensamientos y emociones pueden tornarse objeto de reflexión (metacognición). Esta reversibilidad de procesos cognitivos está a la base de la autoobservación, del autocontrol. Sin dicha reversibilidad el desarrollo tanto intelectual como moral quedan truncos. La reversibilidad mental permite el acto de descentrarse y “ponerse en el lugar del otro”, lo cual es indispensable para el desarrollo moral.

2. Concepcion del conocimiento

Concebimos el conocimiento como patrimonio de la humanidad y construcción histórico-social, producto del proceso colectivo de construcción de sentidos en el empeño histórico de superar los determinismos y limitaciones generadoras de dolor y sufrimiento personal y social; empeño que responde a la profunda aspiración humana de libertad creciente.
En este sentido, el docente al cual aspiramos es un docente orientador de procesos, propiciador y generador de condiciones problematizantes que estimulen el desarrollo intelectual, emocional, social y físico de los estudiantes. Un docente ubicado en la realidad psicosocial y socioeconómica en que vivimos, plagada de contradicciones sociales, de inequidades e injusticias, pero también de posibilidades para el desarrollo personal y social. Un docente que se reconozca a si mismo como sujeto y objeto de transformación, y que reconozca a su entorno inmediato como un gimnasio para el despliegue de su intencionalidad transformadora en función del bienestar personal y social.
En esta misma línea de pensamiento, apuntamos a una educación que supere la visión instruccional, reproductora de las condiciones sociales existentes, así como la mirada economicista, desde la cual se supeditan los contenidos y orientaciones educativas a las leyes ciegas del mercado.

3. concepcion de la educación


Concebimos la educación como el proceso por el cual cada uno de los individuos se apropia del saber colectivo que han desarrollado generaciones enteras antes que él en todas las latitudes, y lo utiliza para bien de sí mismo, de su grupo y de la comunidad. Desempeñar un papel activo en este proceso de construcción le permite al estudiante el desarrollo y cultivo de sus capacidades, de manera que cuente con las herramientas y recursos intelectuales, emotivos, motrices, éticos y comunicacionales pertinentes para un desempeño eficaz y constructivo en una sociedad cuyo signo esencial es el dinamismo y el cambio permanente. La educación ha de ser para todos y durante toda la vida.

En palabras de Savater, “la educación tiene como objetivo último suscitar más humanidad y fomentar más elementos de complicidad y parentesco humano, porque la humanidad no es una característica “zoológica” sino una forma de vida, de ser y valorar”

Concebimos que la función básica de la educación es habilitar a las nuevas generaciones en el ejercicio de una visión plural y activa de la realidad, de manera que su mirada tenga en cuenta al mundo no como una supuesta realidad objetiva, sino como el medio en el cual aplica el ser humano su acción, transformándolo y humanizándolo.

La educación es el principal factor de desarrollo social, porque es a través de ella que se transmite la cultura. Ser educado es disfrutar mas de la vida y tener el acceso a más oportunidades, lo cual es uno de los indicadores de desarrollo humano, así como lo son las esperanzas de vida y el nivel de ingreso. La razón de ser de la educación es el crecimiento interno de la persona, su humanización. Educar es una forma satisfactoria de darse al otro y de influir positivamente en el otro. Su fin último es ayudar a que el educando pueda poner la plenitud de sus potencialidades y talentos al servicio de sus semejantes. Como dice Fernando Savater: “La educación es sin duda el más humano y más humanizador de los empeños”.

Partiendo de que el ser humano se expresa en el mundo mediante su pensamiento, sus emociones y su cuerpo, los principios fundamentales de la educación como función habilitadora son:[2]

A- El ejercicio intelectual de una particular visión desprejuiciada sobre el mundo social y de una atenta práctica sobre la propia mirada, de manera que el estudiante desarrolle una particular visión desprejuiciada sobre el mundo social (compuesto por instituciones, valores y modos de relación interpersonal) esto es, la consideración de que no hay visiones o verdades absolutas, además, que “la realidad percibida" es una particular estructuración de su conciencia, que no es la realidad misma. Por su parte “atenta práctica sobre la propia mirada", quiere decir que se observe atentamente la propia construcción y o estructuración de la particular forma de "ver".

B- El ejercicio del pensar coherente. Una educación que busque habilitar a las nuevas generaciones para los retos del mundo globalizado, supertecnificado y cambiante. Que promueva, tanto en estudiantes como en los mismos docentes, el contacto con los propios registros del pensar, es decir, del dominio y conciencia de los procesos de construcción del conocimiento; utilizar y ejercitar la metacognición, haciéndose presente o consciente la propia forma de aproximación al conocimiento y/o al crecimiento personal. Esto significa que el sujeto adquiere la habilidad de observar como son los mecanismos de aprendizaje, darse cuenta de cómo se está aprendiendo, razonar sobre lo que aprende, cuales son los hilos conductores, que cosas o ideas se están asociando, sacar conclusiones, y concienciar sus registros internos.

C- El estímulo de la captación y el desenvolvimiento emotivo. Se trata de que los estudiantes tomen contacto emotivo consigo mismo y con los demás, sin los trastornos a que induce una educación de la separatividad y la inhibición. Tarea que implica un cambio cualitativo en la formación de los docentes para aprender a conocer las particularidades del desenvolvimiento emotivo en ellos mismos y en sus estudiantes.

D- Gobierno del propio cuerpo. Los educadores han de saber orientar a sus alumnos en la tarea evolutiva de tomar contacto con el propio cuerpo y de gobernarlo con soltura ya que si el cuerpo es la herramienta de expresión de la intencionalidad humana, es evidente la importancia de un adecuado manejo y gobierno del mismo. Por tanto, si bien es cierto que son importantes el desarrollo de sus potencialidades orgánicas y de determinadas habilidades motrices que amplían su riqueza de movimiento, una educación verdaderamente integral, debe contemplar el desarrollo de la corporalidad, entendiendo por tal la integración emotiva del cuerpo, su aceptación e incorporación como parte integrante e inseparable de la persona; se trata de la adecuada habilitación de las capacidades de sentir y registrar el cuerpo, de comprender su lenguaje, y de desarrollar la capacidad de comunicarse con otros a través de lo que podemos denominar el “lenguaje corporal”; estamos hablando entonces de habilitar la integración desde el cuerpo con el mundo interno y con el mundo externo.

La crisis social en que vivimos tiende a generalizarse y profundizarse. Ante esta amenaza que compromete el futuro de las nuevas generaciones, el sistema educativo tiene el compromiso de brindar a los estudiantes una formación en valores acorde a los tiempos actuales. No de unos valores impuestos desde afuera o sesgados a favor de algún poder político, económico o eclesiástico. La educación ha de comprometerse con valores de tipo universal, es decir, aquellos que son válidos independientemente de la época, la cultura y el contexto particular; valores tales como: Ubicación del ser humano como valor y preocupación central, Afirmación de la igualdad de todos los seres humanos, Reconocimiento de la diversidad personal y cultural, Tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado como verdad absoluta, Afirmación de la libertad de ideas y creencias, Repudio a la violencia. Estos valores universales tienen el mérito de estar en condiciones de establecer un gran acuerdo en torno a ellos, sin asfixiar la diversidad personal y cultural que reclaman las distintas comunidades que coexisten, en la cada vez más compleja sociedad contemporánea.

4.Concepción del aprendizaje

Concebimos el aprendizaje como un proceso amplio y continuado por el cual se adquieren conocimientos, habilidades y destrezas para sobrevivir, para responder creativamente a los cambios en el medio y así evolucionar y progresar, tanto en la dimensión personal, como en la grupal, comunitaria y social.
El aprendizaje ha de apoyarse en la estructura histórica y epistemológica de la pedagogía y sus posibilidades de interdisciplinariedad, en la construcción y validación de teorías y modelos pedagógicos, en las realidades y tendencias sociales y educativas institucionales con relación a la dimensión ética, cultural y política de la profesión educativa. A Los núcleos básicos del saber pedagógico se añaden los saberes específicos que se comunican a través de las prácticas pedagógicas.
Es tarea del sistema educativo fomentar el aprendizaje integral, el cual incluye[3] :
- Aprender a conocer (asimilando instrumentos y herramientas de conocimiento, combinando los saberes de las diversas culturas y profundizando en los saberes específicos).
- Aprender a ser (en la búsqueda de un sentido de vida y de dar dimensión trascendente a su existencia, aprender a elaborar juicios propios para determinar por sí mismo y apoyado en la racionalidad comunicativa, qué hacer en las diversas y cambiantes circunstancias vitales, alcanzar la autonomía asumiendo la responsabilidad de sus decisiones y acciones)
- Aprender a convivir con los demás (respetando la diversidad y pluralidad, participando en las actividades y decisiones de su entorno social inmediato, comprendiendo las relaciones de interdependencia que nos unen).
- Aprender a aprender (a ubicarse rápida, eficazmente y con criterio en el océano de información actual, utilizar creativamente dicha información para sus fines específicos de aprendizaje, extrapolar conocimientos).
- Aprender a hacer (como la capacidad de influir constructivamente en el entorno social y natural, capacidad de afrontar situaciones difíciles e inesperadas y de realizar trabajos en equipo)

5. Concepcion del docente

Concebimos al docente como un mediador cultural que propicie la reflexión, el desarrollo de habilidades y destrezas sociales y la convivencia. El docente ha de facilitar la elaboración de los conceptos, el desarrollo del pensamiento, el procesamiento y aplicación de la información; partiendo para ello del conocimiento, los esquemas previos, los intereses y aptitudes de sus estudiantes como fundamento para su praxis pedagógica.

El docente colabora y estimula el proceso integral de aprendizaje en sus estudiantes, no solo a nivel intelectual, sino también a nivel comunicativo y social. La colaboración, el trabajo en equipo y la planeación participativa y colectiva han de ser actitudes y habilidades a las cuales el docente le preste especial atención, de manera que se constituyan en opción ante la cultura del individualismo y el utilitarismo inmediatista, fomentada por el neoliberalismo.[4]

En la formación de los docentes es necesario analizar las formas de aproximación a los conocimientos y tener en cuenta las vivencias de los diferentes ámbitos educativos, así como también diferentes saberes disciplinares que le permitas la interacción con los estudiantes, la comprensión de los procesos de aprendizaje, la evaluación y desarrollo de los estudiantes y la aplicación de los saberes en los diferentes contextos y ambientes.

El docente ha de enseñar a aprender del error, a tener una visión contextualizada del mundo, tanto a nivel global como local, a rescatar el valor de lo humano, a comprender la responsabilidad social que todos tenemos con los problemas del mundo, de las sociedades y de las relaciones interpersonales. Aprender a vivir con la incertidumbre nos posibilita el asumir los problemas nuevos e indagar a su vez nuevas alternativas de solución.

El docente ha de estar consciente de que educa para la socialización, para construir nación, para la convivencia, para que el otro acceda a los saberes acumulados de su cultura y de la humanidad, que educa para el desarrollo de la personalidad. El docente no es una instancia neutra: El se encuentra inmerso en la realidad social y como tal ha de participar en la integración nacional y regional, aportando conocimientos y saberes en los procesos sociales, culturales, y económicos de su localidad, para contribuir a la reducción de la pobreza.

Compilado por: Gabriel Vergara Lara
gabrielvl@yahoo.com

[1] Silo: "Cartas a mis amigos”.
[2] En: “Pedagogía de la diversidad. Una propuesta de educación humanista” por Miguel Aguilar y Rebeca Bizé. Santiago de Chile, 2002. http://www.rieh.org/
[3] Delors, Jacques: “la educación encierra un tesoro”
[4] En este sentido, Fernando Savater expresa que “Un educador jamás debe tener afán, porque la educación es un proceso largo del que muchas veces no alcanzamos a ver resultados. Los gobiernos tienen más afán porque son elegidos por la gente, soportan una presión más inmediata y tienen tiempo más breve. Esa es la dinámica de la acción política. Pero la educación no da frutos inmediatos. Es una inversión hacia el futuro pero imprescindible desde ahora para reformar pacíficamente.” En: Lecturas Dominicales de El Tiempo. Febrero 24 de 2005: “El filósofo español Fernando Savater afirma que “vivimos una profunda anormalidad social”