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20 feb 2026

Activación del Centro Luminoso. Encuentro con Michel Darracq

Presentación introducida en el marco de un trabajo conjunto con maestros de Escuela

Parque de estudio y reflexion Navas del Rey, septiembre 6 de 2024


Contexto general

La activación del centro luminoso se produjo en Parque Toledo, en ocasión de un retiro de Ascesis con 30 maestros, en febrero de 2018. El proceso llega hoy a un ámbito de trabajo conjunto con maestros de todos los parques.

Esta presentación es un testimonio, un relato de experiencia, y es un ejemplo de cambio esencial. El contexto general de la activación del centro luminoso son los cambios esenciales: sabemos que hay una carta, un escrito mayor sobre eso —la carta de David Rober— que dice que hasta ahora hemos hecho muchos cambios, pero cambios periféricos, e invita a apuntar a cambios esenciales. La activación del centro luminoso la ubico en esa dirección.

Es una línea que sube desde la fuerza, pasando por el centro luminoso, el doble, en dirección del espíritu. Me parece que es un buen ejemplo de cambio esencial; hay muchos otros cambios esenciales posibles, pero de este tengo experiencia hasta este punto. La flecha que va del doble al espíritu: aquí estoy. Hay comentarios sobre lo que pasa cuando se configura el espíritu; como todos, tengo intuiciones pero no experiencia. Claro que es un salto evolutivo configurar el espíritu, pero sí hay experiencia de un primer salto evolutivo: la activación del centro superior.

Las dos líneas del proceso

Hay dos líneas que son de mi experiencia. Una línea consiste en, desde actos unitivos, hacer que se despierta la fuerza, y de aquí —más o menos— el manejo de cargas de todo tipo en los centros, manejo de cargas, circulación de energía en general. Esto pasa por una acumulación energética, que es un punto central: la acumulación energética para llegar a una ruptura de activación del centro superior.

Al mismo tiempo, de modo simultáneo, hay una línea que se podría llamar mística o de sentido, que también conocemos. En base al propósito o a contactos trascendentes que todos tenemos un día u otro, se puede apoyar en la oración gnóstica —que algunos practican— o en la irrupción de la fuerza. De esta línea llega, en mi caso, la mayor parte del caudal energético. La otra línea apoya: es una suerte de procedimiento, se puede decir, pero si no hay esta línea de la mística, es difícil producir esta ruptura positiva.

El centro luminoso según Silo

¿Qué es este centro superior? Silo escribió en 1972, en el libro Siloismo: "Los fenómenos del centro superior, por su enorme complejidad, velocidad y efectos externos, aparecen como la manifestación más viva de la luz en el hombre." Es interesante: esa maravilla evolutiva. No es incorrecto designarlo como centro luminoso. Es decir, cuando hablamos de centro superior o centro luminoso, es lo mismo; "centro luminoso" es una forma más poética y alegórica. Así que vale la pena activar este centro luminoso.

La línea energética: fuerza, manejo de cargas y acumulación

En mi caso, la irrupción de la fuerza —recibir la fuerza— se da y sigue siendo en base a actos unitivos, no cualquier acto: actos unitivos. Y hay un trabajo psicofísico con la estructura psicofísica, que es un trabajo de manejo de las cargas que complementa la fuerza. En mi caso, la fuerza la ubico y la experimento como irrupción de otro plano en el plano psicológico, y se puede complementar con la energía del cuerpo, del psiquismo, de la estructura psicofísica. Eso es lo que llamo manejo de las cargas, que puede tomar cargas de las emociones, claro, o cargas de otro procedimiento, como los mantras.

Por ejemplo, utilicé mucho la última frase de la elaboración gnóstica: "Tú que eres lo uno y lo todo, siempre quieto y activo, muéstrame el misterio de aquello que no puedo comprender por hipnosis, que estás por encima de la luz y también de lo oscuro, en unidad eterna." Es un ejemplo de mantra que se puede repetir y que, en alguna situación, tiene una carga enorme. También se puede cotejar y colectar esas cargas desde la música, o desde la evocación de una experiencia gratificante: la agradeces, la grabas, y después con la evocación llega de nuevo la carga. Eso contribuye al manejo de la carga.

Hay un momento en que se da cuenta de que hay circulación de esa fuerza dentro de la estructura psicofísica. No es cualquier cosa: como lo dice La Mirada Interna, es un descubrimiento; habla de tres descubrimientos y dice que no son descubrimientos menores. Eso ocurrió en 2017 para mí: darme cuenta de la circulación de la fuerza dentro de la estructura psicofísica. Pero eso se puede desarrollar en dirección de acumulación.

Extracto del testimonio escrito: la acumulación

Cito mi escrito: "Llevando la fuerza al centro de la cabeza, estamos trazando un camino desde el corazón a la cabeza. Este camino se estaba volviendo cada vez más sentido, fácil, habitual, energético. En este acto de acumulación, ya que no se manifestaba ningún cambio, aprovechaba para realizar una especie de turismo en este espacio, una exploración sinestésica —mejor dicho, energética— de este espacio-cabeza, sin preocuparme por el punto exacto en el que debería ocurrir la acumulación de energía. Producía una expansión hasta los límites de la cabeza y luego una concentración en el centro, varias veces. El registro se hizo cada vez más sutil y puro. Este espacio se hizo cada vez más transparente. Gradualmente, un punto preciso se manifestó por experiencia acumulada, más o menos dentro de la cabeza, detrás de los ojos. Esta fase duró varios meses."

Esta fase de trabajo con la fuerza —manejo de las cargas, circulación, acumulación energética— me llevó a entender que la confianza en la ley de los procesos evolutivos actúa permanentemente. Esa ley dice, más o menos, que los procesos evolutivos —y solo esos— funcionan con acumulación. En nuestro caso, acumulación energética. Hay un momento en que el vaso está lleno y falta la última gota para producir la ruptura. La ley dice que al final de la acumulación hay una ruptura. Esa ruptura es una gran oportunidad para dar un salto evolutivo. En eso estamos en este momento histórico. Y a nivel individual, pasa por mucha acumulación de energía y un momento en que se produce la ruptura, aunque siempre hay que considerar también la línea adicional de la mística.

La activación: extracto del testimonio

"Nace una intuición, sin duda hay un procedimiento para este paso, un impulso para producir la ruptura positiva. Entonces aparece el procedimiento de activación de los centros, un procedimiento que se difundió en YouTube y que se hacía en los inicios del siloísmo. Lo interesante es que ese procedimiento lo utilicé media hora, no meses. Es solo para dar la última gota, para activar. Es casi secundario todo lo del procedimiento para activar."

"La carga energética aumenta de forma fluida porque toda la operación ha sido progresiva, por lo tanto no hay riesgo de desborde o de descenso. Cuando llegamos al centro superior, todo el cuerpo está activo, cada célula del cuerpo vibra como una ecencia general sin tensión. Una carga estática llena la cabeza. Es entonces cuando un ligero impulso de soltar desencadena la activación del superior. Una intensa energía se manifiesta en el centro superior, pero gracias a todos los preparativos en proceso, estoy en condición de cabalgar el tigre sin desborde. Es un momento central de toda la existencia."

"Hay un punto de control del estar despierto verdadero, y hay una forma de llevar la fuerza hasta él. La mirada interna se asienta en el centro de la cabeza con control sobre los otros centros, que se alteran. La torre de control, curiosamente, no está alterada; lo que le permite ver la alteración de los otros. En el centro vegetativo: el cuerpo está invadido por un calor total, una transpiración total, y verdaderas oleadas de frío en el plexo solar. La vibración es física, acumulativa. En el centro emotivo: una fuerte iteración acompañada de una respiración desbordante. La activación del punto de control del centro superior se produce con todos los indicadores descritos en la Vía Interna."

"Esas alteraciones se calman. Un silencio total se instala sin intervención intencional, sin esfuerzo. Una energía transparente llena la cabeza. Sucesivas oleadas de fuerza surgen del centro superior, puntuadas por momentos de silencio interno. Es un fenómeno totalmente nuevo. Dirijo la fuerza sin esfuerzo hacia todos los participantes y luego hacia adentro. El nivel de conciencia de sí es perfecto y se mantiene durante varias horas con una nitidez nunca antes conocida."

"Al entender esto y lanzar la fuerza a este punto superior, todo mi cuerpo sintió el impacto de una energía enorme, y el día golpeó fuertemente en mi conciencia, y ascendí de comprensión en comprensión. El resto del día la atención se mantiene fácilmente, hay un gran control sobre las emociones. El registro correspondiente al control de la fuerza es la libertad. Nace una nueva responsabilidad, aún más comprometida. La alegría me invade. Se ha alcanzado una nueva etapa; no es insignificante, es uno de los acrecentamientos más importantes de la existencia. Desde esta explanada se abren nuevas posibilidades."

El mantenimiento: lo que ocurre después

Después de la activación, durante más de un año, con una frecuencia mensual, pude volver a voluntad al punto de control, con como indicador principal un alto nivel de conciencia de sí logrado sin esfuerzo. Este es un cambio esencial. Conozco el camino para volver a esta región de la mente, pero es un camino distinto al de la primera activación: solo basta conectarme conmigo mismo y se reactiva.

Mi mirada ha cambiado. Los demás son el centro de gravedad de la imagen del mundo, y la conexión con los otros toma una nueva forma, cada vez más intensa y trascendental. Se trata de un proceso de la especie humana, no de mi proceso personal. La individualidad pasa a ser secundaria. El yo se hace más pequeño, se vuelve cada vez más flexible; puedo jugar con este buen amigo que me acompaña.

Cuando se ha activado el centro superior, hay un trasfondo de emoción superior, un trasfondo de conmociones. Todas las manifestaciones de la conciencia inspirada —el arrebato y el reconocimiento— son el transfondo emotivo. Por eso algunos han llamado a este centro el "centro emotivo superior", aunque Silo lo llamaba simplemente centro superior.

 

 

El doble energético

En mi experiencia, el trabajo con el doble energético ocurre solo después de la activación del centro superior. Al activar el centro superior, la mirada se instala en un punto central de la cabeza —más o menos detrás de los ojos— en la profundidad del registro. Muy importante: no es solo un punto geográfico, es en la profundidad del registro. Es decir, es un punto dentro del espacio de representación.

Cuando se trabaja desde este punto se ve que se abren un abanico de posibilidades, pero no antes de la activación del centro luminoso. Una de esas posibilidades es nutrir el doble. No se trata de crearlo: el doble ya existe, está "en la mochila" en modo de funcionamiento, pero casi siempre sin cohesión. Si no tiene cohesión, en el momento de la muerte el doble tampoco tiene suficiente cohesión para seguir. Es una cuestión de unidad interna, de actos, de unidad

.Para nutrir el doble se añade un caudal energético concentrado en este punto de mirada, y ese punto toma cada vez más autonomía. Con esa autonomía se puede observar la estructura psicofísica: el cuerpo está acá y la mirada está allá, separada del cuerpo. No se trata de externalización en sentido paranormal —eso no es nuestra vía— sino que desde el punto de mirada se ve a la estructura psicofísica como viva, con todas las células vibrando en conjunto. Lo que se experimenta en ese momento es exactamente la configuración del primer momento de la muerte. Morir antes de morir. Eso es.

Pureza, actos unitivos y el Recinto de la Pureza

Cuando se entra en esta franja del centro luminoso activado —que llamo el Recinto de la Pureza— solo entran cosas purificadas. El centro superior es una síntesis purificada de los centros psicológicos. Un año antes de activar el centro superior me puse a purificar muchas cosas sin saber exactamente por qué lo hacía. Pero lo hacía. Hay una necesidad, porque en este Recinto de la Pureza solo entra lo purificado.

Los actos unitivos son la gasolina de la energía. La primera pregunta para quien no cree en la revolución de los actos unitivos es: ¿cuándo fue mi último acto unitivo con registro de crecimiento interno? Un acto sin atención difícilmente produce ese registro. Se necesita un cierto nivel atencional y conexión consigo mismo.

¿Cómo se purifica un acto? Por ejemplo: imagina que amas a tu padre, a tu madre, a tu hijo, a tu pareja, a tus amigos. Lo que es común a todos esos sentimientos es tu registro. Pero hay matices de un sentimiento a otro. Para encontrar la esencia de todos esos registros hay que entrar en cada uno, experimentarlo, y separar el registro del ser querido. A continuación, mantén ese conjunto de registros separados de su objeto y concéntrate en la esencia de esa síntesis de sentimientos. Es un acto casi sin objeto: a eso lo llamé, con mayúscula, el Amor. Es un sentimiento purificado.

Los tres componentes de la pureza, tal como los expresa el Cuaderno de Escuela, son: no sobresalto, no ensueño, paz consigo mismo.

El momento histórico y el trabajo en conjunto

Hay datos de ámbitos de escuela que muestran que hay momentos —las últimas semanas, por ejemplo— en que hay una aceleración tremenda en lo que hacemos, y cada uno lo ve también en su propia vida. A nivel individual también se observa una actividad cada vez más selectiva, que va a lo esencial.

Lo mejor que puedes hacer en esta vida para la activación del superior es crear un ámbito de copresencia que trabaje en conjunto. Lo curioso es que funciona muy bien incluso con grupos de 15 a 25 personas, porque hay una fuerte copresencia del ámbito. Cuando imaginas que 20 personas llegan a producir cambios esenciales —por ejemplo, activar el centro superior— el impacto sobre el proceso humano no se queda en ese punto. En tus manos hay algo muy interesante, no solo para tu futuro sino para el futuro de la humanidad. Eso es real.

Viajando en enero y febrero por parques y centros de estudio de América Latina, encontré amigos interesados en este tema, y al crear un grupo de WhatsApp sobre el tema, entraron 110 maestros. Es un indicador de que hay algo en dirección evolutiva que actúa en este ámbito. La escuela está despertándose de nuevo, como ha ocurrido en toda su historia en los momentos en que se necesitaba.

La activación del centro superior a los 71 años es también un dato: si tienes 60 años, hay tiempo, el futuro se abre. Cuando te conectas al sentido, lo que importa son los intentos. Sabes que puedes fracasar, pero hay una gran alegría con los intentos.

Fuerza y alegría a todos.

6 nov 2022

El destinatario de nuestro mensaje

 SILO-

EL DESTINATARIO DE NUESTRO MENSAJE
Normalmente cuando se dirige un mensaje, se lo dirige a alguien. Es decir, uno dirige un mensaje, el mensaje tiene una estructura y a la vez es receptado por alguien.
Según el tipo de convocatoria que se haga, según a quién se dirija el mensaje
 , así también acudirán gentes al punto de emisión.
De modo que, si como comienzo de nuestras actividades el mensaje estaba lanzado más bien a personas que tenían problemas sicológicos, acudían a nosotros personas con problemas sicológicos.
Cuando nos fortalecimos suficientemente y muchas gentes compusieron sus problemas, ya explicamos que nos dirigíamos a un sector más amplio. No al sector que padece problemas sicológicos, sino al que quiere más bien orientar su vida. Arreglar sus cosas, que es cosa bien diferente.
Empezamos a decir que nuestro trabajo no era de tipo terapéutico. Lógicamente, dejaron de acercarse aquellos que en un primer momento habían sido convocados, como es lógico. Por consiguiente, empezaron a acercarse gentes más bien con alguna falta de orientación de tipo existencial.
En realidad hoy el mundo padece de una gran falta de orientación. Eso no es ninguna anormalidad, eso es normal". Pero lo que estoy tratando de destacar, es que el destinatario del mensaje fue diferente. Entonces al ser diferente se acercó gente diferente.
Tal vez no sea pertinente preocuparse mucho y hacer grandes estudios por dónde están esos voluntarios, qué características tienen. Todo aquello nos complica.
Tal vez si nos ocupamos de estudiar la naturaleza del mensaje y a quien está dirigido, bueno, los que tienen esas características se van a acercar solos, sin preocuparnos nosotros por dónde están ellos.
Es una cosa más suelta, que el que está en esas condiciones la escuche. Bien, pero ¿en qué situación estamos en el mundo en que vivimos? Parece normal y aceptado socialmente que uno debe sólo recibir, recibir, recibir.
Es propio de la sociedad consumista. Es un gran valor recibir cosas.
A todo el mundo se le ocurre que lo único que tiene que hacer es recibir.
De tal manera se han planteado las cosas, que únicamente yo aplico mi fuerza de trabajo para cambiar mi tiempo invertido en fuerza de trabajo, por un estándar o por remuneración.
Ustedes dirán "qué bien funciona un banco, qué organizado es". Efectivamente, funciona bien.
Las gentes no tienen más remedio que dar su fuerza de trabajo para recibir en compensación su salario y todo aquello.
Eso sucede en el "sistema" y no vayamos a creer que la gente se siente a gusto dando esa fuerza de trabajo para recibir salario.
Más bien, están forzados por las circunstancias en que viven. Pero, ¿dónde está la aplicación de sus propios contenidos al mundo? ¿Dónde está la aplicación de su creatividad? ¿Dónde está la aplicación de aquello que brota de sí y se aplica a las cosas para transformarlas?
Parece que en el mundo en que vivimos esas posibilidades son escasas. La gente da su fuerza de trabajo, enajena horas de su tiempo, etc., etc., y recibe por aquello.
Tan montado está este sistema y esta forma de pensar las cosas, que uno no concibe como posible que uno pueda sacar fuera de sí cosas, producir cosas, sin una especial remuneración.
Parece ser sin embargo, que el ser humano estuviera estructurado, estuviera armado, tanto para recibir como para dar. Y parece ser que si cerramos la válvula del dar, se generan problemas.
La gente, por ejemplo, esos problemas los empieza a traducir como dificultades de comunicación, dificultades en el lenguaje, falta de relación con los seres queridos y más próximos, discordancia en los puntos de vista.
Y la gente propone el diálogo y todo aquello, pero sucede que no es por el diálogo que se solucionan esos problemas, sino por la actividad común.
Lo que estamos tratando de decir es que, así como se recibe es importante dar.
En esta sociedad en que vivimos, se supone que en la medida en que se recibe, más interesante es la vida de uno, no en la medida en que se da.
Siguiendo ese esquema "admirable" podemos ir a lugares donde la gente recibe mucho, tiene un alto estándar de vida. ¡Amigo!, de acuerdo a ese esquema, debían ser muy felices. Nos vamos por ejemplo a Suecia, que es un país con un alto estándar y la gente tiene solucionados sus problemas inmediatos, la gente recibe un sueldo adecuado, tiene libertad para hacer cosas de todo tipo. Y recibiendo, recibiendo, nota sin embargo que está incomunicada, nota que no puede hacer nada por sí para plasmar en el mundo.
Y empieza a generarse en ella una falta de sentido, una pérdida de sentido…..
¿Qué sucede paralelamente a ésto? Sucede que aquellos que hacen cosas resultan cada día que pasa más extravagantes.
Pongamos un ejemplo que puede ilustrarnos sobre ésto: Un señor es bombero voluntario. A las cuatro de la mañana suena la alarma, él se levanta, se pone su casco, saca la corneta, corre y va a apagar el incendio.
Claro, él no recibe ningún sueldo, ninguno paga por eso. El llega tarde a su casa, es más, tiene que levantarse dentro de media hora para ir a su trabajo habitual. Eso le va a crear problemas
incluso en su oficina, y por supuesto le va a crear problemas de relación en su hogar. Le van a decir: "Pero, ¿qué ganas tú con hacer esas cosas? Al hacer semejantes cosas incluso se
desestabiliza nuestra situación".
Entonces este pobre hombre, que ha querido efectivamente solucionarle un problema a la gente que se queda sin hogar o a la gente que pierde su casa, o a un niño que pudiera él salvar.
Este pobre hombre que está tan bien dispuesto, en su medida, porque él ha elegido esa forma, a lo mejor otros eligen otra, (no estamos discutiendo cuál sea mejor o peor). Entonces este buen hombre que tiene la mejor disposición del mundo, se va encerrando sobre sí mismo.
Incluso al pasar por la calle algunos otros lo miran y dicen: "Ah claro, es el bombero voluntario".
No se ve qué utilidad pueda prestarle a él semejante cosa. Trabajados por la ideología consumista. Entonces, claro, las buenas gentes se nos van encerrando, y no van viendo rédito en la acción hacia afuera, desprendida, fuera de sí.
Es una situación particular que nos toca vivir. Y que todos los que han querido hacer cosas con desprendimiento se han visto cercenados en esas posibilidades.
Hoy está como desprestigiado, de algún modo, el valor del dar. No es un valor social al cual se aspire, el dar. Más bien se aspira a consumir. Más bien lo que se presenta en nuestras pantallas de TV y la propaganda generalizada del sistema es "fíjese que lindo objeto, usted podría tenerlo,
basta con que enajene media hora más de su tiempo y entonces usted va a poder disponer de él".
Entonces más bien lo que se propone son objetos que llegan a mí, pero de mí no sale nada, salvo mi capacidad de trabajo. Y allá vamos en ese circuito.
Y ¿qué pasa conmigo? ¿Qué significo yo aparte de ser un tubo digestivo?, según propone la propaganda del consumismo.
Es una situación un poco triste, porque, equivocada tal vez, tal vez nadie tiene intención de producirla. Así se van enhebrando las situaciones en el mundo.
Y sucede que tal vez lo más cálido, lo más interesante, tal vez el mayor valor que puede tener el ser humano, es expresar fuera de sí con desinterés cosas que sirvan a otros. Eso justamente es lo que estamos cercenando.
Pero claro, estas cosas no son en vano. Porque tarde o temprano este cercenamiento antinatural, esta ruptura antinatural de la solidaridad humana, va generando rupturas internas, va acumulando neurosis, va creando problemas de relación y desentendimiento.
Y al final nos encontramos con un sociedad, sea del signo que sea, en donde la incomunicación es total y las gentes son islas.
Nos encontramos en una situación tal en la que uno no aguanta al que le rodea, y finalmente no se aguanta uno mismo mirándose al espejo, porque no puede dar de sí siquiera una imagen de comprensión.
Nos encontramos con un caos a nivel estructural mundial. Imposible ponerse de acuerdo. No va a ser posible ponerse de acuerdo. Porque se han cercenado las válvulas de comunicación y se está trabajando con otro tipo de valores.
Este punto de a quién dirigimos nosotros nuestro mensaje, será de importancia si además definimos el sentido en el cual nos vamos a mover.
Pero nos orientaremos a aquellos que han sido acorralados en su espíritu de colaboración con el prójimo.
Nos dirigiremos a aquellos que han sido perseguidos por un tipo de estructuración consumista.
Nos dirigiremos a aquellos que se sienten incomprendidos. Nos dirigiremos a aquellos que saben que es un gran valor el dar, pero que no alcanzan a comprender qué es lo que les pasa a ellos mismos.
Daremos explicaciones coherentes y lo convertiremos en un verdadero valor individual y social.
De tal modo que se reivindique aquello que ha sido perseguido.
Pondremos como valor máximo del ser humano su aptitud de DAR. Y de ningún modo sólo el hecho de recibir. Y en ese caso serán bienaventurados aquellos que den sin pensar
en el recibir, porque ahí está su paga. La paga de poder hacer por ellos al tiempo que ordenan su propia existencia.
A ellos nos dirigiremos y ese será el sentido que tendrá esta Misión que nosotros le hemos dado el nombre, esta Misión que nosotros hemos proyectado en el tiempo. Ese es el objetivo de nuestra Misión: ROMPER LA INCOMUNICACION DEL HOMBRE CON LA ACTIVIDAD HACIA EL PROJIMO.
Esto que todo el mundo dice de amar al prójimo, se ha convertido en frase y no tiene efectividad y se han cercenado las puertas de comunicación con los demás.
Ese es el punto nuestro de a quién nos vamos a dirigir; a aquellos que de algún modo sienten ese potencial y están desorientados.
Cuando nosotros pongamos como un gran valor la aptitud de dar, numerosas personas, cientos de personas en todas las latitudes, miles de aquellos que notan que en ellos está esa fuerza pero de modo incomprendido, van a saber que estamos hablando de ellos.
Todo aquel que se siente en esa situación, cuando pongamos aquello como valor máximo de la actividad humana, van a decir; "Están hablando de mí. Eso es lo que yo siento. Eso es lo que me pasa, en mi trabajo, en mi familia, en mi pareja, en mis relaciones con mis amigos. Justamente están hablando de mí".
Nos vamos a dirigir a los que sienten eso, y ellos van a responder. Y habrá eco. Y se multiplicará el eco.
Ese es el punto que no nos hace preocupar por dónde, cómo, en qué lugares. Bastará con que sepamos colocar como máximo valor la capacidad de dar. Bastará con que en pocas frases y muy simples, expliquemos qué pasa con el dar y qué pasa con el egoísmo del no dar. Bastará que
expliquemos muy bien la inconveniencia del no dar, la desintegración y la neurosis a la que lleva el cerrar esa válvula. Bastará que pongamos de relieve todo esto para que muchos nos escuchen porque sabrán existencialmente y por registro que es a ellos a los que nos dirigimos.
Este es el punto que quería yo comentar como para no preocuparse de "en qué lugar, de qué modo, con qué características", sino sólo aquél que sabe que el dar es bueno, y que está dispuesto a dar, y que necesita enrolarse en una gran corriente que modifique los valores y que invierta esta situación oprimente y neurotizante que padece el ser humano.
No vamos a precisar tecnicismos. Vamos más bien a permitir que se engrosen con nosotros trabajando codo a codo en una empresa común de difusión, en donde los valores del dar estén como supremacía. Eso será lo importante y por eso podrán acudir a nosotros gente que tenga mucha o poca información, gente que tenga muchos o pocos recursos. Porque si nosotros tuviéramos que hacer tecnicismos, nos olvidaríamos de aquellos de buena voluntad que no entienden lenguajes complicados. Nos olvidaríamos de la gente con un gran sentimiento y que sin
embargo no ve al mundo a través de las ideas.
Las gentes con buenos sentimientos, la gente con fuerza de comunicación, son las mayorías y sin embargo esta gente por las situaciones que vivimos, no tienen acceso a tecnicismos, no tienen acceso a grandes teorías o a grandes planteos.
A ellos nos dirigiremos. Esos que están arrinconados y que hoy se sienten los últimos de la estructura social. Esos con seguridad, van a ser los primeros en la reivindicación del valor del dar.
Ese es el punto que quería aclarar respecto de a quiénes y cómo nos dirigiremos.
SILO. México, octubre de 1980.

26 mar 2022

Sobre el mito del dinero

Fragmento de la presentación del libro Mitos raíces universales, de Silo. Argentina, marzo 18 de 1991.

 “Pero ya contemporáneamente y en el lenguaje común, la palabra «mito» señala dos realidades diferentes. Por una parte, la de los relatos fantásticos sobre las divinidades de diferentes culturas y, por otra, aquellas cosas que se creen con fuerza pero que en realidad son falsas. Claramente, ambos significados tienen en común la idea de que ciertas creencias tienen fuerte arraigo y que la demostración racional en contra de ellas se abre paso con dificultad. Así, nos sorprende el hecho de que pensadores esclarecidos de la antigüedad hayan podido creer en cuestiones que nuestros niños escuchan como cuentos a al hora de ir a dormir. Las creencias en la tierra plana o en el geocentrismo hacen brotar una sonrisa piadosa mientras comprendemos que tales teorías no eran sino mitos explicativos de una realidad sobre la que el pensamiento científico no había dicho su última palabra. Y así, cuando consideramos hoy algunas de las cosas que creíamos hace pocos años, no nos queda sino sonrojarnos por nuestra ingenuidad, al tiempo que somos capturados por nuevos mitos sin recordar que nos está ocurriendo el mismo fenómeno padecido anteriormente.

En estos momentos de vertiginosa transformación de nuestro mundo hemos asistido, correspondientemente, al desplazamiento de algunas creencias que sobre el individuo y la sociedad se tenían por verdades netas hace menos de un lustro. Digo «creencias» en lugar de teorías o doctrinas, porque me interesa destacar en el núcleo de los antepredicativos, de los pre juicios que operan antes de la formulación de esquemas mas o menos científicos. Así como a las novedades tecnológicas se las acompaña con expresiones tales como «¡fabuloso!» o «¡increíble!», que equivalen a un aplauso oral, también nos estamos acostrumbrando a escuchar el difundido «¡increíble!» asociado a los cambios políticos, a las caídas de ideologías completas, a las conductas de líderes y formadores de opinión, a los comportamientos de las sociedades. Pero este segundo «¡increíble!» no coincide exactamente con el estado de ánimo que se manifiesta ante el prodigio técnico sino que refleja sorpresa y desazón ante fenómenos que no se creían posibles. Así, simplemente, gran parte de nuestros contemporáneos creían que las cosas eran de otro modo y que el futuro iba en otra dirección.

Debemos pues reconocer que ha existido un importante consumo de mitos y que eso ha tenido consecuencias en las actitudes vitales, en el modo de encarar la existencia. Debo advertir que no entiendo a los mitos como falsedades absolutas sino, opuestamente, como verdades sicológicas que coinciden o no con la percepción del mundo en que nos toca vivir. Y hay algo más, esas creencias no son solamente esquemas pasivos sino tensiones y climas emotivos que, plamándose en imágenes, se convierten en fuerzas orientadoras de la actividad individual o colectiva. Independientemente del carácter ético o ejemplificador que a veces les acompaña, ciertas creencias poseen una gran fuerza referencial por su misma naturaleza. No se nos escapa que la creencia referida a los dioses presenta importantes diferencias con las fuerte creencias desacralizadas pero aún salvando las distancias reconocemos, en ambas, estructuras comunes.

Las débiles creencias con las que nos movemos en la vida diaria, son fácilmente reeplazables a poco de comprobar que nuestra percepción de los hechos fue equivocada. En cambio, cuando hablamos de fuertes creencias sobre las que montamos nuestra interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más generales, nuestra irracional escala de valores, estamos tocando la estructura del mito que no estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en las que nos sentimos como hojas arrastradas por el viento. Estos mitos privados o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda sólo podemos advertir ciertas imágenes que nos guían en una determinada dirección.

Cada momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva, sacralizada o no, que sirve a la cohesión de los conjuntos humanos, que les da indentidad y participación en un ámbito común. Discutir los mitos básicos de época significa exponerse a una reacción irracional de diferente intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos históricos cambian y así, lo que en un tiempo anterior era repelido, comienza a ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad más plena. Discutir en el momento actual el gran mito del dinero implica suscitar una reacción que impide el diálogo. (aplausos).

Rápidamente nuestro interlocutor se defiende afirmando por ejemplo: «¡cómo que el dinero es un mito, si es necesario para vivir!»; (risas), o bien: «un mito es algo falso, algo que no se vé; en cambio el dinero es una realidad tangible mediante la cual se mueven las cosas», etcetera, etc, etc. De nada valdrá que expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye a las cosas y la carga sicológica que ese signo tiene. Ya nos habremos convertidos en sospechosos, (risas). Inmediatamente nuestro oponente comienza a observarnos con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta, exhorcizando la herejía mientras calcula los precios de nuestra ropa, (risas aplausos), ropa que indudablemente, ha costado dinero…, reflexiona en torno a nuestro peso y las calorías diarias que consumimos, piensa en el lugar en que vivimos y así siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo algo así: «En verdad hay que distinguir entre el dinero que se necesita para vivir y el dinero innecesario»… (risas), pero esa concesión ha llegado a destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las intituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es decir, distintas «realidades» que atestiguan una eficacia que aparentemente nosotros negamos. Bien vistas las cosas, en esta ficción pintoresca, no hemos negado la eficacia instrumental del dinero, es más, lo hemos dotado de un gran poder sicológico al comprender que a ese objeto se le atribuye más magia que la que realmente tiene. El nos dará la felicidad y de alguna manera la inmortalidad, en la medida que impida que nos preocupemos por el problema de la muerte. (risas).

Este mito desacralizado muchas veces operó cerca de los dioses. Así, todos sabemos que la palabra «moneda» deriva de Juno Moneta, Juno Avisadora, al lado de cuyo templo los romanos acuñaban, precisamente, la moneda. A Juno Moneta se pedía abundancia de bienes, pero para los creyentes era más importante Juno que el dinero de cuya buena voluntad éste derivaba. Los verdaderos creyentes hoy piden a su dioses diferentes bienes y, por tanto, también dinero. Pero si verdaderamente creen en su divinidad ésta se mantiene en la cúspide de su escala de valores. El dinero como fetiche ha sufrido transformaciones. Por lo menos en Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo por sus especiales cualidades. La Alquimia Medieval se ocupó de producirlo artificialmente. Era un oro todavía sacralizado al que se atribuía el poder de multiplicarse sin límite, que servía como medicamento universal y que daba la longevidad además de la riqueza. También ese oro movió afanosas búsquedas en las tierras de América. No me refiero solamente a la llamada «fiebre del oro» que impulsó a aventureros y colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo de El Dorado que buscaban algunos conquistadores y que también estuvo asociado con mintos menores como la fuente de juvencia.

Pero un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa, numerosos objetos están nimbados por cargas transferidas del núcleo central. El automóvil que nos presta utilidad es también un símbolo del dinero, del «status» que nos abre las puertas a más dinero. Sobre ese particular Greeley dice: «Basta con visitar el salón anual del automóvil para reconocer una manisfestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música, la reverencia de los adoradores, la presencia de las sacerdotizas del templo (las modelos), (risas), la pompa y el lujo, el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto constituiría en otra civilización un oficio auténticamente religioso). El culto del automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados. El gnóstico no esperaba con más impaciencia la revelación oracular, que el adorador del automóvil los primeros rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de automóviles), (risas), cobran una importancia nueva, al mismo tiempo que una multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una nueva forma de salvación».

Por supuesto no estoy de acuerdo con la dimensión, con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche automóvil. Pero de todas maneras tiene la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto contemporáneo. En verdad se trata de un mito desacralizado y, por tanto, tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado pero justamente sin su característica fundamental de fuerza autónoma, pensante e independiente. Si el autor tiene en cuenta los ritos de la periodicidad anual, también vale su descripción para la celebraciones de los cumpleaños, Año nuevo, entrega del Oscar o ritos civiles semejantes que no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados. Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos inmediatos. También hubiera sido de interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades míticas y el de las fuerzas mágicas en las que la oración es reemplazada por el rito de encantamiento, pero también este tema está más allá del presente estudio.

Cuando consideramos unos de los mitos desacralizados centrales de esta época (me refiero al dinero), lo tuvimos en cuenta como núcleo de un sistema de ideación. Me imagino que los oyentes no habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo es la masa central alrededor del cual giran lo electrones. En verdad el núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a gran parte de la vida de las personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores están relacionados con este tema. La cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los hechos conectan con el núcleo. En nuestro ejemplo, la historia de la humanidad tomará un carácter económico y esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen los conflictos que discuten la supremacía del dinero.

En fin, hemos tomado como referencia uno de los mitos desacralizados centrales para aproximarnos al posible funcionamiento de los mitos sagrados de que habla nuestro libro. Hay, de todas maneras, grandes diferencias entre un sistema mítico y otro porque lo numinoso, lo divino, falta completamente en uno de ellos y eso pone diferencias difíciles de eludir. Sea como fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro. Un momento en el que una nueva escala de valores y una nueva sensibilidad parece asomar. Sin embargo, no puedo asegurar que nuevamente los dioses se están acercando al hombre. Los teólogos comteporáneos sufren la angustia de la ausencia de Dios, tal como la experimentaba Buber. Una angustia que no pudo superar Nietzsche luego de la muerte divina. Ocurre que demasiado antropomorfismo personal ha habido en los mitos antiguos y tal vez aquello que llamamos «Dios» se exprese sin voz a través del Destino de la humanidad.

Si se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que éso, precisamente, creo que está ocurriendo. Sólo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y verdaderamente Humana, en la que la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre, (aplausos). Entonces, como dice un viejo libro, «las armas serán convertidas en herramientas de labranza».

Nada más, muchas gracias.

 18 de Abril de 1991

26 mar 2021

REFERIDO A LA ORACION o PEDIDO. Silo 1974

"Cuando el hombre se siente muy solo y cuando el hombre se siente en encrucijadas, y no sabe cómo resolver tales situaciones, siente la necesidad de orar. En esos casos, nosotros decimos: es interesante la oración en la medida en que sea un acto de bondad interna, un acto de reconciliación consigo mismo y un acto de unidad consigo mismo."
¿Han observado qué sucede cuando uno ora, cuando uno reza, cuando uno pide? Suceden muchas cosas. Pero antes de esto. ¿Por qué uno ora, o por qué uno pide, o por qué uno reza? ¿Solamente por la educación, que en algunos es cristiana, en otros es mahometana, en otros es judía, etc.?
¿Solamente por eso o porque existe en el hombre un mecanismo interno de pedido? ¿Acaso no hay gente de extracción atea que de todas maneras quiere que sus deseos se cumplan? ¿Gente que apela a conjuros, gente que apela a la superchería, a la pata de conejo, a lo que les guste, para que sus deseos se cumplan? Claro que eso no lo hacen invocando a ningún Dios, este mecanismo de pedido está no sólo en la raíz de la conciencia humana, está en la raíz de la conciencia animal. Tiene que ver con un fenómeno que nosotros llamamos tonicidad muscular.
La tonicidad muscular en términos muy generales se basa en lo siguiente: a toda imagen mental corresponde una tendencia corporal. Ejemplo: imagino una línea que va de izquierda a derecha en una pizarra. Estiro el brazo, si alguien empuja mi brazo en la dirección de la línea, va más fácil que en la dirección opuesta.
Veamos otro ejemplo: estamos jugando una partida de billar, lanzo la bola, quiero hacer carambola, la bola no llega y con mi cuerpo "empujo" y mi contrincante con su cuerpo "empuja" en sentido opuesto. La imagen es seguida por una tensión muscular. Si ustedes imaginan la casa en que viven, según la ubiquen a diestra, siniestra o en otra dirección, van a ver cómo su cuerpo también va en la dirección en que imaginan la casa: tensión muscular y tonicidad muscular. De manera que según imagine una cosa o imagine otra, los músculos del cuerpo van a tensarse en esa dirección.
Esto no es tan extraño, esto nos sucede a cada rato, nos sucede diariamente. Y entonces, la tendencia que nuestro cuerpo siga, las imágenes que nuestro cuerpo sigua, en ocasiones se plasman en forma de "pedido". Si ustedes imaginan a Dios muy por encima, a un Dios muy grande manejando todo el Universo, e imaginan al hombre pequeño en relación con este Dios, van a ver cómo todo el cuerpo tiende a desaparecer, tiende a achicarse, tiende a contraerse. En la medida en que Dios se agranda yo disminuyo. Sería un atrevimiento muy grande hacer un pedido a Dios poniéndome a su altura. Nadie puede tentar a Dios de ese modo. Dios va a conceder a mi humilde plegaria cuanto más humilde sea, cuanto mi actitud y mi unión correspondan más a ese pensamiento.
Por una parte Dios aumenta, yo disminuyo. Cuanto más grande es Dios, mayor debe ser mi humildad, mayor mi reducción. Por una parte eso. Pero por otra parte Dios está en los cielos. Como Dios está en los cielos, entonces mis ojos se van para arriba. ¿Y qué tienen que ver los ojos con esto? Ustedes recordarán las hazañas de la casta sacerdotal egipcia, que colocaban a 15 cm. de distancia aproximadamente una lanceta brillante delante de los ojos del paciente. Pero no sólo a nivel de visión, sino por encima del nivel. Esta lanceta brillante colocada por encima del nivel de visión hacía caer al paciente en un estado que luego investigó un señor Braid y que a partir de él se llamó "hipnosis". Ciertos estrabismos oculares, cierta línea de visión lanzada sobre la horizontal normal, provocan estados mentales especiales. Ustedes habrán visto numerosos cuadros de santos y de místicos, en estados de éxtasis. Todos estos santos aparecen con los ojos hacia arriba.
Nosotros no estamos negando los estados de éxtasis, estamos observando el fenómeno mecánico de la tonicidad muscular que acontece cuando se coloca la divinidad afuera y se la coloca por encima. Esto es nuestra segunda cuestión de interés.
Veamos la tercera y veámosla con ejemplos: mi padre está enfermo (siento gran afecto por mi padre), mi padre está hospitalizado, yo deseo que mi padre se recupere. Como no tengo en las manos muchas posibilidades apelo a Dios. Necesariamente trato de conectarme con Dios del modo que hemos dicho. Empiezo a trabajar con la imagen de Dios para hacer el pedido y descubro al poco tiempo que me olvidé de mi padre y que quedé conectado con Dios. De tal manera que mi relación horizontal, la que existía básicamente con mi padre, aquella que me hacía lanzar un pedido, ha sido escamoteada por una relación de tipo vertical. Resulta que ahora mi padre ha desaparecido y ahora lo que ha aparecido soberanamente es la imagen de Dios y la relación vertical de Él conmigo. A ustedes no se les escapa (siguiendo ese mecanismo mental) de qué manera, verticalizando el pedido y escamoteando aquello primero que habíamos pretendido hacer, escamoteando esto, se va formando un sistema de estamento mental; a ustedes no se les escapa que es fácil introducir luego castas sacerdotales y todo un escalafón hacia lo divino.
De manera que en la raíz del hombre, en su tonicidad muscular, en su mecanismo de pedido, está aquello de que el cuerpo se dirija a su objeto. Cuando aparece Dios y este Dios es externo al hombre, nos referimos a El en sentido vertical y es escamoteado el sentido de nuestro pedido. Estableciendo ese sistema vertical es fácil organizar luego también, un sistema de castas que nada tiene que ver con nuestro pedido, y que sí tiene que ver con lo terrenal. No vamos nosotros a ponernos a discutir si detrás de esto ha habido una intención o si se ha ido produciendo espontáneamente. Cuando a Jesús se le pregunta por Dios, en un momento dado dice "Dios está en vosotros", y eso sí tiene aire de familia. Pero en otro momento se le pregunta: ¿"y cómo debemos orar"? y él responde: "Decid así: Padre Nuestro que estás en los cielos"... esto ya es distinto. No está resuelto cómo es el sistema de la oración.
Cuando nosotros hablábamos de "oración" no apelábamos a ninguna divinidad externa, la considerábamos en su sentido psicológico, la considerábamos como una necesidad en el hombre, necesidad a la cual respondemos. Nosotros no negamos ni afirmamos la inmensidad de lo divino. Nosotros estamos hablando de la necesidad psicológica del hombre en determinadas circunstancias de su vida que lo llevan a orar. Cuando en el hombre surge la necesidad de orar, esta necesidad puede ser canalizada adecuadamente.
No estamos hablando de una beatería o de una fantochada, en donde uno tenga que ponerse a orar para que las cosas le salgan bien. Estamos hablando de que en determinadas circunstancias de la propia vida, surge la necesidad de la oración, o la necesidad del pedido. Cuando el hombre se siente muy solo y cuando el hombre se siente en encrucijadas, y no sabe cómo resolver tales situaciones, siente la necesidad de orar. En esos casos, nosotros decimos: es interesante la oración en la medida en que sea un acto de bondad interna, un acto de reconciliación consigo mismo y un acto de unidad consigo mismo.
Si mi padre está enfermo en el hospital y yo deseo su recuperación, surge en mí la necesidad de orar. Pero si yo me vuelco sobre mi mismo en un acto íntimo de bondad y de amor hacia mi padre y refiero la imagen de mi padre recuperándose, la relación que se establece entre él y yo no se pierde psicológicamente. Como estoy referido a él, todo mi cuerpo tiende a él y es mucho más probable que yo luego me preocupe por si le faltan medicinas o por si consigo antibióticos, o por algo que pueda hacer por él, antes que dejarlo referido a la divinidad que me hace olvidarlo.
Cuando nosotros entonces hablamos de oración, hablamos de oración interna que da unidad psicológica y que se refiere a aquello que tiene que ver con la vida cotidiana. Dejamos de lado otros aspectos, de los cuales son tan amigos los ocultistas (aspectos tales como la energía parapsicológica que puede desplazarse en la oración)
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