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13 dic 2017

Luz y Tiempo, por Hugo Novotny



http://parquecarcarana.org/wp-content/uploads/2013/02/Luz-y-tiempo-HN-2017.pdf

"Estamos atravesando, en la primera mitad de este siglo XXI, un momento extremadamente paradójico de la humanidad en el que subsiste una parte todavía importante de la sociedad planetaria aferrada, por convicción o por engaño, al geocentrismo y su soberbia enceguecedora, a los “restos no resueltos del Cromagnon” y sus comportamientos visceralmente agresivos, a la imposición violenta en todas sus formas. En un desesperado intento de perpetuarse frente a su irremisible desintegración, este sistema de creencias y comportamientos primitivos ocupa todavía el centro de la escena social, contaminándola de contradicciones, violencia, injusticias y destrucción.

Al mismo tiempo que surge y se va configurando un nuevo paisaje de “viajeros de lo profundo”, del cosmos y de la mente, que en su exploración hacia los orígenes del universo y las fuentes de la vida están descubriendo poco a poco la conciencia, la mirada interna y la intencionalidad creadora que la impulsa. Viajeros que comienzan a encontrar en su interior las referencias necesarias para el camino, la inspiración y la luz que los ilumine, mientras buscan formas nuevas de comunicación, coexistencia y construcción social, más justas y no-violentas. Evidentemente, en la medida en que la mirada se internaliza y gana conciencia de sí misma, el ser humano comienza a comprender el espacio y el tiempo como configuraciones de conciencia y avanza en la activación de las capas más profundas de su espacio interno, hacia el pleno despliegue de su intencionalidad y el contacto directo con el sentido que pone la Mente en todo fenómeno de la propia conciencia y la propia vida. Comienza a acariciar con fe su más elevada aspiración: la inmortalidad espiritual. Intuyéndolo posible no sólo para algunos individuos con características “suprahumanas” o aplicados fervientemente a un camino místico-espiritual, como ha sucedido ya en la historia, sino para todo el que lo intente con verdad interna.

Así, avanzando con resolución, este osado y curioso viajero estelar llegará hasta su interno y luminoso Centro y podrá comenzar a irradiar la luz del espíritu hacia los cuatro confines del universo.
Este es el núcleo, creo, del nuevo Mito sagrado universal que está naciendo, del Mensaje de Silo; con su mirada interna, su guía del camino interno y su moral interna; con la experiencia de la Fuerza que emana de lo Profundo y el Centro Luminoso; con su Camino trascendente hacia los infinitos mundos."

29 may 2013

El Propósito del Homo sapiens en el Paleolítico superior: del afán por sobrevivir al afán por trascender

Ariane Weinberger
arianeweinberger@gmail.com
Septiembre 2011
Parques de Estudio y Reflexión La Belle Idée
Traducción del francés por José Salcedo y Alicia Blanco
Enero 2012


Futuro echó una mirada “hacia atrás”, iluminando la primera etapa del Proceso humano.
Le había pedido a su arqueólogo virtual que hurgara en la región mental de esa época y que recuperara algunos vestigios –las “imágenes densas”– que le permitieran reavivar sus registros.
Ahora recordaba mejor: era la época del Sapiens, del hombre que se había llamado a sí mismo “el que sabe”. Futuro sonrió: ¡qué gracioso! ¡Qué atrevido! Afirmar no lo que es, sino la aspiración de lo que aún no es. Claro, Sapiens siempre quiso "conocer", incluso si al comienzo perdía a menudo su Propósito y se confundía una y otra vez “creyendo saber”. Pero en realidad no era tan sorprendente que aspirase al Conocimiento ya que
él había nacido de una experiencia, la del “re-conocimiento” del fuego. Y además, desde su origen fue “equipado” con todo lo necesario para alcanzar ese Conocimiento al que aspiraba. Sí, tenía todo, incluso la
Dirección. Sólo debía aprender cómo utilizar todo su potencial y, obviamente, ese aprendizaje tenía altibajos.

Sí, Sapiens siempre supo, en el fondo de sí mismo, que el motor que lo había “puesto” en la Historia era la rebelión contra la muerte, la “finitud”, y que su misión consistía en transcenderla para acceder al Buen
Conocimiento y al Sentido. E hizo unos hermosos avances en ese camino, especialmente cuando logró producir el fuego; un momento inolvidable y determinante para su evolución posterior. De hecho, es a partir de ese momento que comenzó a lanzarse de manera intencional en la búsqueda de la Trascendencia, la intuición sugiriéndole que había una relación entre ese fuego externo que se había vuelto “inmortal” y esa “presencia”, ese otro “fuego”, que sentía a veces en su interior.

Futuro examinó más de cerca las primeras huellas materiales dejadas por Sapiens, sobretodo los primeros testimonios artísticos de sus intentos de trascendencia biológica, social y espiritual; y le pareció que eran
admirables para tratarse del inicio. Sí, ese joven Sapiens le había dado a su crisis existencial una respuesta espiritual, transformando su lucha por sobrevivir en búsqueda de trascendencia y su empeño le prodigó la
Inspiración de lo Profundo. Y tradujo esa experiencia con mucho talento y lucidez creando mitos “plásticos”, mitos que generaron una espiritualidad. Y esa espiritualidad dio origen a una cultura (que algunos ignorantes del siglo XX llamaron “paleolítica”); y esa cultura, a su vez, dio identidad, unidad y continuidad a una vasta región (llamada “Europa” a partir del siglo XVI). Sin ninguna duda, los hombres de esa época y de esa región habían hecho su parte.

Después, Sapiens había continuado produciendo otros momentos “luminosos” aunque separados por largos períodos mas o menos oscuros, ya que sus avances se producían cuando él entraba en crisis mientras
cada vez que las cosas se acomodaban un poco, él volvía a distraerse. Entonces la sombra de la muerte volvía a invadir su corazón y la ilusión de los límites espacio-temporales aprisionaban una vez más su conciencia. Su Propósito ya no estaba ubicado en el centro y el vacío dejaba de ser un espacio de inspiración para convertirse en un espacio de sin-sentido. 

En el siglo XX, un erudito50 ilustró muy bien esta situación a través de un mito:

Se trata de la leyenda de Parseval y el Rey Pescador. Recordemos que una misteriosa enfermedad paralizaba al viejo Rey, quien poseía el secreto del Grial. Pero no sólo el Rey sufría, todo alrededor de él se
derrumbaba, se deshacía; el palacio, las murallas, los jardines; los animales no se reproducían más, los árboles no daban más frutos, los ríos se secaban. Numerosos médicos habían intentado curar al Rey Pescador sin obtener ningún resultado. Día y noche llegaban caballeros y todos se interesaban primeramente por la salud del Rey. Sólo un caballero –pobre, desconocido, incluso ridículo– se permitió ignorar el ceremonial de cortesía. Se trataba de Parseval que sin tener en cuenta los modales corteses avanzó hasta donde se encontraba el Rey y, sin ningún preámbulo, le preguntó: “¿Dónde está el Grial?”. En ese preciso instante todo se transformó: el Rey se levantó de su lecho de sufrimiento, los ríos y las fuentes comenzaron a fluir, la vegetación renació y el castillo se restauró de manera milagrosa. Unas pocas palabras de Parseval habían bastado para regenerar toda la Naturaleza. Pero esas pocas palabras constituían la pregunta central, el único problema que podía importar, no solamente al Rey Pescador, sino al Cosmos entero: ¿dónde se encontraba lo real por excelencia, lo sagrado, el Centro de la vida y la fuente de la inmortalidad? ¿Dónde estaba el Santo Grial? Nadie, antes de Parseval, había pensado en hacer esta pregunta central y el mundo perecía a causa de esta indiferencia metafísica y religiosa, a causa de esta falta de imaginación y la ausencia de deseo por lo real…
Este fragmento mítico parece mostrar que a menudo la muerte es el resultado de nuestra indiferencia frente a la inmortalidad. 

Por suerte, en los momentos verdaderamente críticos, siempre han existido seres un poco especiales que portaron el clamor de la especie hasta los espacios profundos, para volver de allí con los poderosos soplos
de la Bondad y de la Sabiduría, vaciando así el centro de las nubes de ilusión, reavivando la llama del Propósito.

A mediados del siglo XX, ese siglo de “conciencia desdichada”, surgió un "Mensajero de lo Profundo" para recordar las preguntas centrales: ¿Quién soy? y ¿Hacia dónde voy?52 e indicar el Camino que conducía a las respuestas. Con su mirada trascendente, este Mensajero le recordó al hombre que aún era joven, que su desarrollo no había terminado y que disponía de todo lo necesario para acceder a una forma de conciencia
superior y al espíritu inmortal, dependiendo de la vida que llevara. 

De este modo él albergó su enseñanza en la conciencia de algunos precursores, asegurándose que la experiencia seguiría viva e irradiaría a través de ellos. Su misión consistió en crear las condiciones para un nuevo salto de la especie, pues a pesar de muchos progresos internos y externos innegables, la estructura psicofísica del ser humano no había cambiado desde su aparición.

Sapiens mantenía la misma forma mental y seguía sin poder resolver su sufrimiento de fondo, ya que la inmortalidad no había sido aún adquirida e incorporada como experiencia del mismo modo que lo fue, en su
momento, la experiencia del fuego. Claro que desde el comienzo hubo individuos y grupos humanos que incursionaron en lo Profundo y tradujeron las “señales” de manera inspirada, con las formas culturales de sus épocas respectivas, pero nunca toda la especie había hecho la experiencia de modo concomitante. Sin embargo en un planeta ya mundializado, esa sintonía de conjunto, indispensable para el gran salto, podía finalmente producirse y, por consiguiente, podía producirse también la mutación tan esperada.

Y cuando el Mensajero constató además que los descubrimientos científicos comenzaban a demostrar todo lo que él había previsto en esos últimos 40 años –incluso la cuestión de la inmortalidad biológica, con la creación de la “vida sintética” –, concluyó que había suficientes indicadores para afirmar que un nuevo “horizonte espiritual” estaba emergiendo y que, por consiguiente, el nacimiento espiritual no iba a tardar. Entonces, hizo un brindis y abandonó este espacio-tiempo dirigiéndose hacia lo Profundo donde lo esperaban nuevas misiones. 

Luego Futuro iluminó con su mirada los últimos instantes de ese primer gran ciclo del proceso humano. En efecto, todo, absolutamente todo había cambiado cuando la inmortalidad dejó de ser una especulación, una esperanza, una sospecha, una creencia convirtiéndose en una certeza proveniente de la Experiencia. El ser humano pudo entonces, por fin, acometer una nueva etapa en la espiral de su evolución. Habiendo  resuelto el miedo a la muerte y el sin-sentido, su energía dejó de ser rehén del dolor y del sufrimiento, su fuerza dejó de desperdiciarse en fugas y compensaciones, su vida dejó de estar desestruresuelto el miedo a la muerte  y el sin-sentido, su energía dejó de ser rehén del dolor y del sufrimiento, su fuerza dejó de desperdiciarse en fugas y compensaciones, su vida dejó de estar desestructurada por las contradicciones y su mente dejó de estar cubierta por ilusiones. Así pudo, por fin, contar con suficiente energía para dedicarse a una “vida poética” y edificar una cultura basada en el Buen Conocimiento, el Sentido y la Coherencia. De ese modo, luego de haber producido el “fuego de la conciencia”, Sapiens logró finalmente producir el “fuego del espíritu inmortal” capaz de evolucionar sin límites más allá del cuerpo y del alma. Pero, ¿cómo podría lo mortal generar algo inmortal? Tal vez deberíamos preguntarnos sobre cómo es posible que lo inmortal genere la ilusión de la mortalidad! 

Futuro también recordó que habían llamado el inicio del nuevo ciclo “la era de la Bondad, de la Inspiración y de lo Imprevisible”. En cuanto a Sapiens, aunque él comenzaba a merecer un poco más su nombre, dejó de
llamarse así. De hecho, dejó simplemente de nombrarse puesto que ya no era el de antes, y su nuevo "sí mismo" era innombrable. cturada por las contradicciones y su mente dejó de estar cubierta por ilusiones. Así pudo, por fin, contar con suficiente energía para dedicarse a una “vida poética” y edificar una cultura basada en el Buen Conocimiento, el Sentido y la Coherencia. De ese modo, luego de haber producido el “fuego de la conciencia”, Sapiens logró finalmente producir el “fuego del espíritu inmortal” capaz de evolucionar sin límites más allá del cuerpo y del alma. Pero, ¿cómo podría lo mortal generar algo inmortal? Tal vez deberíamos preguntarnos sobre cómo es posible que lo inmortal genere la ilusión de la mortalidad!

Futuro también recordó que habían llamado el inicio del nuevo ciclo “la era de la Bondad, de la Inspiración y de lo Imprevisible”. En cuanto a Sapiens, aunque él comenzaba a merecer un poco más su nombre, dejó de
llamarse así. De hecho, dejó simplemente de nombrarse puesto que ya no era el de antes, y su nuevo "sí mismo" era innombrable.

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50 Mircea ELIADE (1907-1986), historiador de las religiones, mitólogo y novelista.
51 Mircea ÉLIADE, Images et Symboles, pág. 70-72.
52 SILO, El Mensaje de Silo, pág. 146.
53 En mayo 2010, Craig Venter (biólogo americano) y su equipo anuncian la creación de la “vida
artificial”, la primera célula sintética (derivada enteramente de un cromosoma sintético).
http://darwinius.blogspot.com/2010/05/conferencia-de-prensa-craig-venter.html
Entrevista (en francés) sobre la vida artificial con Joël de Rosnay, el autor de Et L’Homme créa la
vie, Éditions Les liens qui libèrent, Paris, 2010.
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14 feb 2012

Resolver la paradoja más grande de la historia de la humanidad



El proceso histórico mismo se ha encargado de mostrarnos cada vez más claramente, cómo esta minoría es el último reducto del miedo natural o animal, con sus marcajes de territorio, con su posesividad agresiva, con sus uñas y garras desarrolladas en bombas atómicas y compra de agentes desestabilizadores sembrando violencia allá donde la cosa no va por donde les interesa...

Prácticamente siempre, hasta hoy, los grupos humanos han querido solucionar el problema de los opresores cortándoles el cuello, culpándoles de todo mal sufrido en el conjunto. Es decir, aniquilándolos.

De seguir aplicando compulsivamente el dictado de este impulso natural en los pueblos e individuos, claramente seguiríamos en contradicción con la necesidad de integrar y no discriminar a los elementos rezagados del “convoy” evolutivo. Paradojalmente estos rezagados han llegado a ser los “exitosos” en un mundo de ilusión.

Tiene la más grande de las gracias tratar de resolver esta paradoja. ¿Cómo vamos ahora a considerar que los "triunfadores" son en realidad los rezagados? ¿Cómo vamos a romper la mecánica que nos viene encadenando siempre a dar las mismas respuestas que van fracasando una y otra vez? ¿Cómo vamos a seguir adelante en la Historia sin necesidad de cortarle el cuello a nadie, sino por verdadera fuerza conjunta en la dirección querida?

Ningún animal de una manada siente “crueldad” al abandonar al que no puede seguir su ritmo vital. Nosotros, sí. La noción de “crueldad” está solamente en la conciencia humana. Y nos resulta contradictorio pretender ignorarla.

Si lo pensamos, resulta bastante claro que el nuevo elemento revolucionario que habrá de sustituir a la aniquilación es hacer el vacío. Saber desactivar las manipulaciones coactivas y chantajistas que siempre han usado los dominadores, haciéndoles el vacío en ellas. Todo un reto para nuestra inteligencia y coherencia. Dejar de seguir el juego al sufrimiento impuesto, a la guerra impuesta, a la confrontación de bandos incendiada por mercenarios, descerebrados y resentidos... Y, contrariamente, ir construyendo un nuevo hacer, sentir y pensar que nos encaje en el corazón (individual y universal).

Dado que la paradoja descrita ha alcanzado ya la escala interna en cada ser humano (la tenemos adentro ante cada acción), estamos llegando a la necesidad de romper esta contradicción, la de seguir evolucionando en todo menos en superar el estadio y la concepción zoologista.

3 ago 2009

Evolución y el Espíritu Humano

Una Intención evolutiva da lugar al nacimiento del tiempo y a la dirección de este Universo. Energía, materia y vida, evolucionan hacia formas cada vez más complejas. Cuando la materia se comienza a mover, nutrir y reproducir, surge la vida. Y la materia viviente genera un campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “alma”. El alma, o doble energético, actúa en el interior y alrededor de los centros vitales de los seres animados.

Los seres vivos se reproducen y en ese acto pasa, a través de las células en fusión, el campo energético que configura un nuevo ser totalmente independiente. Los cuerpos vivos necesitan de elementos sólidos, líquidos, gaseosos y radiantes, para nutrirse y realizar sus funciones. Además, los dobles energéticos requieren sensaciones de distinto potencial para lograr su desarrollo. Con la muerte se produce la disolución del cuerpo al tiempo que ocurre la separación y aniquilamiento del doble energético.

La evolución constante de nuestro mundo ha producido al ser humano, también en tránsito y cambio, en el que se incorpora (a diferencia de las otras especies) la experiencia social capaz de modificarlo aceleradamente. El ser humano llega a estar en condiciones de salir de los dictámenes rigurosos de la Naturaleza, inventándose, haciéndose a sí mismo física y mentalmente. Y es en el ser humano donde aparece un nuevo principio generado en el doble. Desde antiguo a este nuevo principio se lo llamó “espíritu”. El espíritu nace cuando el doble vuelve sobre sí mismo, se hace consciente y forma un “centro” de energía nueva.

El ser humano no ha terminado su evolución. Es un ser incompleto y en desarrollo que tiene la posibilidad de formar un centro interno de energía... tal cosa ocurrirá de acuerdo al tipo de vida que lleve. Según que los actos realizados sean coherentes, se irá estructurando un sistema de fuerzas centrípetas al que llamamos "espíritu”. Según que los actos sean contradictorios, el sistema será centrífugo y por tanto no habrá nacido el espíritu o tendrá una conformación elemental sin desarrollo. Un ser humano puede nacer, llevar adelante su vida, morir y disolverse para siempre y otro puede nacer, llevar adelante su vida, dejar su cuerpo y seguir evolucionando sin límite. El ser humano en su bondad, en la eliminación de las contradicciones internas, en sus actos conscientes y en su sincera necesidad de evolución, hace nacer su espíritu. Para la evolución son necesarios el amor y la compasión. Gracias a ellos es posible la cohesión interna y la cohesión entre los seres que posibilitan la transmisión del espíritu de unos a otros. Toda la especie humana evoluciona hacia el amor y la compasión. Quien trabaja para sí en el amor y la compasión, lo hace también para otros seres.
(tema formativo del movimiento humanista)