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7 oct 2020

La crisis y sus variables

Por Francisco Ruiz-Tagle y José Gabriel Feres – Observatorio Humanista de la Realidad Psicosocial

La crisis avanza sobre el planeta como un huracán. Todos los días un nuevo país se suma a esta oleada social y las calles de las grandes ciudades se convierten en verdaderos ríos humanos. Multitudes que no estaban allí, ahora las ocupan levantando sus demandas. ¿Qué reclaman? Bueno, eso ya es bastante evidente, especialmente en aquellos países hasta hoy llamados “emergentes”, como el nuestro y otros de Latinoamérica: las expectativas de una vida mejor que sostenían la esperanza y el duro quehacer cotidiano de su gente se han visto frustradas de un día para otro. Esa profunda desilusión ha desatado una marejada incontenible de ira social.

Los líderes de opinión cercanos a la ortodoxia dirán que se trata de una crisis más, una de las tantas que ha debido afrontar el capitalismo, agravada por la pandemia. Pero esperan que, una vez superado el problema sanitario, las cosas retomen su curso normal con un poco de ayuda de los Estados, se reactive la economía y todos contentos. Por cierto, esos voceros del sistema parecen estar convencidos de que la monstruosa fragilidad social de sectores mayoritarios de la población que quedó en evidencia una vez más, será rápidamente olvidada y esos pueblos que gritaron su insatisfacción de mil maneras volverán a entrar dócilmente en la lógica perfecta de trabajar para consumir y consumir para trabajar. Ninguno de ellos está en condiciones de cuestionar al sistema, dada su calidad de testaferros del mismo. Cuando más, ofrecerán algunas “reformas” que no pasarán del eslogan, sin ningún plan concreto y preciso para implementarlas, siguiendo la vieja máxima gatopardista: que todo cambie para que todo siga igual. El objetivo principal de las elites es recuperar la gobernanza y por ello se han visto obligadas a reformular sus discursos, a actualizar su arsenal de bellas mentiras para seducir una vez más a las poblaciones. ¿Lo lograrán?

Los sectores progresistas de oposición tampoco han salido muy bien parados. Como sabemos, sus propuestas siempre van en la dirección de recuperar el protagonismo del Estado en la gestión de las demandas sociales, función de la que fue completamente excluido por el neoliberalismo. Sin embargo, no han considerado que en una época de globalización como la actual los capitales necesarios ya no están en los países sino que forman parte del circuito especulativo internacional. Cuando un país necesita recursos económicos para resolver sus problemas internos, debe endeudarse obligadamente y emitir “bonos”, que son adquiridos por los “bonistas”. El interés que pagan esos préstamos va a depender de la calificación de riesgo del país que emite los bonos, factor que se pondera en base a diversos indicadores que miden su estabilidad interna. Las naciones latinoamericanas están en la peor situación para acceder a esos créditos, dada la precariedad de sus economías, las cuales dependen fundamentalmente del precio de sus recursos naturales (commodities) en el mercado internacional. Esta dinámica económica global ha ido mermando drásticamente la autonomía de los estados nacionales, porque el poder de decisión se ha trasladado hacia una suerte de paraestado en torno al capital financiero internacional. Los ejemplos que verifican la manifestación de este fenómeno tan propio de nuestra época se multiplican día a día.

De manera que todos los indicadores dan cuenta de que hemos entrado en una crisis global sistémica, frente a la cual ninguna de las respuestas utilizadas en el pasado parece ser útil. ¿Habrá llegado la hora de ensayar nuevos caminos?

¿Qué significa exactamente una crisis global sistémica?
En términos simples, significa que las soluciones y respuestas que hemos concebido hasta ahora para darle forma a la convivencia social, ya no están funcionando. La globalización terminó imponiendo un estilo de vida único en todo el planeta: capitalismo con algunas variantes “sociales”, principalmente en Europa, y democracia liberal representativa. El sistema económico ha sido discutido desde sus orígenes, hace alrededor de tres siglos, por su incapacidad para generar un estándar aceptable de justicia social, pero nunca ha podido ser reemplazado. Las corrientes del socialismo real no llegaron a proponer un modo de producción alternativo, salvo por el hecho de que toda la administración del aparato productivo estaba en manos del Estado. Una suerte de capitalismo estatal, a la manera de la China actual.

Hoy las contradicciones sociales se han agudizado, poniendo en evidencia el fracaso de este sistema como único gestor de la vida en común. El retroceso económico y la pérdida de confianza de los pueblos en sus representantes han arrojado a las sociedades hacia una situación de ingobernabilidad que no se veía desde hace muchos años. A todas esas manifestaciones sociales de la crisis se le suma ahora un fenómeno nuevo: el deterioro ambiental irreversible generado, básicamente, por el modelo de producción y consumo capitalista. Los gobernantes actuales tratan de negar la profusa evidencia científica disponible sobre la situación ambiental e intentan atenuar el descontento social proponiendo medidas cosméticas, con el único objetivo de mantener el statu quo. Sin embargo, dada la profundidad y la extensión de la crisis, es poco probable que esos intentos prosperen.

La incapacidad para concebir respuestas nuevas
En general, se han estudiado muy poco las formas de condicionamiento que impone un sistema sobre los individuos y grupos sociales que forman parte de él. Al punto de que no se sabe si esos condicionamientos son solo de tipo cultural o pueden alcanzar hasta la esfera fisiológica, bajo la forma de un bloqueo de ciertas áreas cerebrales, que van quedando inutilizadas al no ser requeridas por los códigos de mentación y conducta imperantes. Tal vez esta sea la explicación del sincretismo propio de las decadencias (mezclar respuestas de áreas diversas, pero todas ellas incluidas en el mismo sistema, tal como se trata de hacer hoy con las “reformas” que se están proponiendo para salir de la crisis. ¿Estaremos en decadencia?). Este problema se agudiza cuando se trata de un sistema cerrado como el actual, el que al ser único, elimina cualquier posibilidad de abrirlo a imitar opciones alternativas que se hayan puesto en marcha en sistemas paralelos.

Si el condicionamiento fuese solo cultural, es bien probable que el proceso de búsqueda de esas nuevas configuraciones socio-culturales sea viable, puesto que existiría una cierta libertad interna para poner en marcha las áreas cognitivas inutilizadas, aprovechando además las enormes posibilidades que brinda la inteligencia artificial para modelar nuevas variantes. Pero si el condicionamiento es más profundo, el problema se complica, porque sería necesario acceder a algún tipo de procedimiento que ayude a efectuar una especie de desbloqueo cerebral colectivo. Sin embargo, como el conocimiento del siquismo humano hoy es tan pobre, se ve muy poco factible una empresa de este tipo.

La pregunta
Lo que el Nuevo Humanismo ha venido proponiendo desde su formación como referente político y social es la posibilidad de vivir en una sociedad cuya convivencia se articule en base a códigos de reciprocidad y cooperación y no de competencia e individualismo; una sociedad en la que el poder esté en manos de la gente y no en el Estado o en el gran capital; una sociedad federativa y descentralizada, en la cual prime la autonomía de las comunidades humanas y no el control centralizado ejercido por estructuras administrativas impuestas a posteriori; una sociedad diversa y múltiple, que necesita ser co-ordinada y no sub-ordinada; una sociedad sin violencia ni discriminación y no una en la que prime la segmentación social y la división; una sociedad que explore formas de propiedad compartida entre todos aquellos que producen la riqueza social y no una que fomente la posesión y la acumulación compulsiva de bienes.

¿Qué tendría que pasar en las cabezas de la gente (en nuestras cabezas) para dejar de creer en los códigos de convivencia que impone este sistema, utilizando toda su parafernalia de coacción, y empezar a creer en opciones distintas, como las que propone el humanismo (u otras que pudieran empezar a surgir)?

De acuerdo con la concepción humanista, el cambio verdadero empieza en la cabeza, por eso hablamos de lo psicosocial y no solo de lo social. El marxismo, por ejemplo, desde su mirada materialista, concebía el proceso al revés. Para ellos, la conciencia humana no era más que un reflejo: solo bastaba transformar las estructuras socioeconómicas para que se modificaran también las superestructuras (la dimensión cultural). Entonces, era imperativo tomarse el poder e imponer desde arriba esos cambios revolucionarios sobre el cuerpo social, porque lo demás vendría por añadidura. Así lo hicieron y así les fue.

Hay dos factores que pueden incidir radicalmente en este cambio de creencias:

  1. La convicción profunda respecto del fracaso terminal del actual sistema y la movilidad de imágenes que ese vacío de respuestas podría reactivar.
  2. La percepción de peligro inminente por la posibilidad de un cataclismo ambiental global, con su secuela de destrucción irrecuperable, de dolor y sufrimiento para toda la humanidad durante miles de años, o tal vez para siempre. Sabemos que cuando está amenazada la supervivencia de la especie, aumentan las posibilidades de abrirse a cambios radicales.

Buscando las señales del cambio
No cabe duda de que las posibilidades de una transformación sistémica, a través de formas inéditas de acción, habría que buscarlas en las nuevas generaciones, porque sabemos que los paisajes ya instalados por la acción del sistema en las cabezas de las generaciones más viejas son escenarios más bien conservadores y renuentes a cualquier cambio. Pero, ¿qué habría que rastrear? En primera instancia, sería necesario detectar si estas dos percepciones, la del fracaso sistémico y la de peligro inminente, ya están presentes en ese segmento psicosocial. Es bien probable que las imágenes movilizadoras de la acción aún no se encuentren suficientemente configuradas, dadas las dificultades del pensamiento desestructurado actual que ya conocemos. Lo que moviliza hoy a las poblaciones es el registro de frustración, y por eso se expresa como descarga catártica sin dirección.

Será tarea de los nuevos líderes ayudar a las nuevas generaciones a romper sus condicionamientos y avanzar en la construcción de esos paisajes donde habita el futuro, siempre y cuando tales liderazgos representen la expresión visible de una nueva sensibilidad que está emergiendo y no vengan impuestos desde arriba por las viejas elites, como sigue sucediendo hasta hoy en la política. Cuando este salto cualitativo se produzca, todo será nuevo: las formas de acción, los códigos de relación y hasta los modos de producción. Entonces, el futuro habrá llegado, incluso antes de construirse materialmente.

fuente: https://www.pressenza.com/es/2020/10/la-crisis-y-sus-variables/


3 abr 2015

Escala de autoritarismo rwa (altemeyer, 1981, 1990) (version castellana, 1986)

QUE SE ENTIENDE EN ESTE TEST POR AUTORITARISMO?
Bob Altemeyer

Universidad de Manitoba. Canadá

"Por autoritarismo de derechas entiendo la covariación de tres grupos de actitudes (Altemeyer, 1981):

Sumisión autoritaria: un alto grado de sumisión a las autoridades reconocidas y legítimas de la sociedad en la que uno vive.

Agresión autoritaria: una agresividad general, dirigida contra aquellas personas que se percibe que son sancionadas por las autoridades legítimas.

Convencionalismo: un alto grado de adhesión a las normas sociales aprobadas por la sociedad y sus autoridades legítimas.

El término derechas no es utilizado aquí en un sentido económico sino en un sentido psicológico y social. Este autoritarismo es de derechas en el sentido de que se trata de una sumisión a las autoridades establecidas, su objetivo es preservar el orden establecido agrediendo a aquellos que lo desafían. Es posible que existan personas autoritarias de izquierdas que se
someten a las autoridades revolucionarias dedicadas a derrocar violentamente el orden establecido.
Esta conceptualización del autoritarismo de derechas se fundamenta en la investigación sobre etnocentrismo que realizó La Personalidad Autoritaria (Adorno, Frenkel-Brunswik, Levinson y Sanford, 1950). Los tres grupos de actitudes definidos antes son, de hecho, los tres primeros rasgos del modelo de nueve de Adorno y colaboradores. Sin embargo, en algunos aspectos sus definiciones son diferentes y los otros seis rasgos no se incluyen. Los motivos se explican en Altemeyer (1981). Igualmente la teoría del aprendizaje social (Bandura, 1973, 1977) parece proporcionar una mejor explicación de los orígenes y psicodinámica de las personas autoritarias de derechas que el modelo psicoanalítico propuesto por Adorno y colaboradores (1950)."
Vinculo Para ver la escala adaptada a Excel


29 ago 2008

Entropía o apertura del ser humano y la sociedad

Estamos en época de crisis...Pero la crisis tiende a resolverse en diversas variantes. Por simple economía de hipótesis y, además, para ejemplificar en grandes trazos, esbozaremos dos posibilidades. Por una parte, la variante de la entropía de los sistemas cerrados y, por otra parte, la variante de la apertura de un sistema cerrado merced a la acción no natural sino intencional del ser humano. Veamos la primera matizada con un cierto pintoresquismo descriptivo.

PRIMERA HIPÓTESIS: LA ENTROPÍA DE LOS SISTEMAS CERRADOS.

Es altamente probable la consolidación de un imperio mundial que tenderá a homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la lengua, los usos y costumbres. Un imperio mundial instrumentado por el capital financiero internacional que no habrá de reparar aún en las propias poblaciones de los centros de decisión. Y en esa saturación, el tejido social seguirá su proceso de descomposición. Las organizaciones políticas y sociales, la administración del Estado, serán ocupadas por los tecnócratas al servicio de un monstruoso Paraestado que tenderá a disciplinar a las poblaciones cada vez con medidas más restrictivas a medida que la descomposición se acentúe. El pensamiento habrá perdido su capacidad abstractiva reemplazado por una forma de funcionamiento analítico y paso a paso según el modelo computacional. Se habrá perdido la noción de proceso y estructura resultando de ello simples estudios de lingüística y análisis formal. La moda, el lenguaje y los estilos sociales, la música, la arquitectura, las artes plásticas y la literatura resultarán desestructuradas y, en todo caso, se verá como un gran avance la mezcla de estilos en todos los campos tal como ocurriera en otras ocasiones de la historia con los eclecticismos de la decadencia imperial.

Entonces, la antigua esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para siempre. En este oscurecimiento de la razón, en esta fatiga de los pueblos, quedará el campo libre a los fanatismos de todo signo, a la negación de la vida, al culto del suicidio, al fundamentalismo descarnado. Ya no habrá ciencia, ni grandes revoluciones del pensamiento... sólo tecnología que para entonces será llamada «Ciencia». Resurgirán los localismos, las luchas étnicas y los pueblos postergados se abalanzarán sobre los centros de decisión en un torbellino en el que las macrociudades, anteriormente hacinadas, quedarán deshabitadas. Continuas guerras civiles sacudirán a este pobre planeta en el que no desearemos vivir. En fin, ésta es la parte del cuento que se ha repetido en numerosas civilizaciones que en un momento creyeron en su progreso indefinido. Todas esas culturas terminaron en la disolución, pero, afortunadamente, cuando unas cayeron, en otros puntos se erigieron nuevos impulsos humanos y, en esa alternancia, lo viejo fue superado por lo nuevo. Está claro que en un sistema mundial cerrado [globalizado?], como el actual, no queda lugar para el surgimiento de otra civilización sino para una larga y oscura edad media mundial.

Si lo que aquí se plantea es del todo incorrecto, no tenemos por qué preocuparnos. Si, en cambio, el proceso mecánico de las estructuras históricas lleva la dirección comentada es hora de preguntarse cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los acontecimientos. A su vez, ¿quiénes podrían producir ese formidable cambio de dirección sino los pueblos que son, precisamente, el sujeto de la historia? ¿Habremos llegado a un estado de madurez suficiente para comprender que a partir de ahora no habrá progreso sino es de todos y para todos? Esta es la segunda hipótesis que exploraremos:

SEGUNDA HIPÓTESIS: APERTURA DE UN SISTEMA CERRADO MERCED A LA ACCIÓN INTENCIONAL DEL SER HUMANO

Si hace carne en los pueblos la idea de que (y es bueno repetirlo) no habrá progreso sino es de todos y para todos, entonces la lucha será clara. En el último escalón de la desestructuración, en la base social, empezarán a soplar los nuevos vientos. En los barrios, en las comunidades vecinales, en los lugares de trabajo más humildes, comenzará a regenerarse el tejido social. Éste será, aparentemente, un fenómeno espontáneo. Se repetirá en el surgimiento de múltiples agrupaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. De los reclamos inmediatistas se irá cobrando conciencia hacia la situación más amplia en la que el trabajo tendrá más valor humano que el capital y en la que el riesgo del trabajo será más claro que el riesgo del capital a la hora de considerar prioridades. Fácilmente se llegará a la conclusión de que la ganancia de la empresa debe reinvertirse en abrir nuevas fuentes de trabajo o derivar hacia otros sectores en los que la producción siga aumentando en lugar de derivar hacia franjas especulativas que terminan engrosando el capital financiero, que producen el vaciamiento empresarial y que llevan a la posterior quiebra del aparato productivo. El empresario comenzará a advertir que ha sido convertido en simple empleado de la banca y que, en esta emergencia, su aliado natural es el trabajador. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana, y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. Empezará a comprenderse que el progreso no depende de la deuda que se contrae con los bancos sino que los bancos deben otorgar créditos a la empresa sin cobro de intereses. Y también quedará claro que no habrá forma de descongestionar la concentración que lleva al colapso si no es mediante una redistribución de la riqueza hacia las áreas postergadas. La Democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad porque se querrá salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde popular. Los poderes serán reformados porque ya habrá perdido todo crédito y todo significado la estructura de la democracia formal dependiente del capital financiero.

Sin duda, éste segundo libreto de crisis, se presentará luego de un período de incubación en el que los problemas se agudizarán. Entonces comenzará esa serie de avances y retrocesos en que cada éxito será multiplicado como efecto demostración en los lugares más remotos gracias a las comunicaciones instantáneas. Ni siquiera se tratará de la conquista de los estados nacionales sino de una situación mundial en la que se irán multiplicando estos fenómenos sociales antecesores de un cambio radical en la dirección de los acontecimientos. De este modo, en lugar de desembocar el proceso en el colapso mecánico tantas veces repetido, la voluntad de cambio y de dirección de los pueblos comenzará a recorrer el camino hacia la nación humana universal.

Es esta segunda posibilidad, es a esta alternativa a la que apuestan los humanistas de hoy. Tienen demasiada fe en el ser humano como para creer que todo terminará estúpidamente. Y si bien no se sienten la vanguardia del proceso humano se disponen a acompañar ese proceso en la medida de sus fuerzas y allí donde estén posicionados.

Tomado y adaptado de :

lanzamiento del libro “Cartas a mis Amigos”,

Centro Cultural Estación Mapocho. Santiago, Chile, 14/05/1.994)