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5 may 2020

Reflexiones sobre la pandemia del COVID-19

Por Angélica Soler  C.E.H Noesis (Madrid) 

En esta pandemia, me llama la atención el aspecto cultural y el mental, ya que comienzan a aparecer nuevas visiones, paradigmas y sobre todo, prioridades, que al multiplicarse incluyendo a una buena parte de la especie humana, pueden conducir a verdaderos y profundos cambios sociales. 
En primer lugar, el confinamiento ha dado tiempo para reflexionar sobre lo que verdaderamente importa a cada cual.  Aparecen distintas respuestas, pero curiosamente, no es la libertad lo que se pone en primer lugar sino la salud.  Hay verdadera preocupación por la propia salud y la de los otros, ya que se entiende que la salud individual depende en una enorme medida de la salud y enfermedad de los que nos rodean.  
Tengamos en cuenta que estamos hablando de una sociedad que hasta hace muy poco tiempo, consideraba tabú la muerte.  Existían multitud de conductas que permitían huir del tema; más aún, hablar o proponer actitudes sensatas al respecto, eran consideradas de “mal agüero” y se pretendía que la muerte era algo que siempre pasaba a otros, que no era un tema a tratar; actitud que inevitablemente aumentaba el temor a la muerte.   Con enorme rapidez, nos encontramos contabilizando muertes todos los días.  Los medios de difusión se encargan de exponer el tema, comparar estadísticas y presentar los sitios donde se acumulan los cadáveres.  No son imágenes de una guerra lejana, sino cercanas, quizás de nuestro vecindario; de manera que la huida de la muerte ya no es posible. No solo es necesario enfrentarse a la muerte personal, sino también a la probable muerte de gente querida, en particular los mayores. 
Otra “nueva” prioridad que aparece con menos frecuencia es la vida, la simple vida humana por encima del enorme valor dado al dinero y al trabajo.  El hecho de estar vivo y festejarlo, comienza a proclamarse, sobre todo cuando se antepone la economía a la lucha por estar vivos.  Súbitamente, porque la vida se encuentra en peligro, mucha gente se pregunta si quiere vivir, y en qué condiciones.   Frases como “no quiero morir por salvar Wall Street” dan mucho que pensar.   
De manera que la salud y la propia vida comienzan a aparecer con frecuencia y van acompañadas de un tercer valor: el nosotros.  Como enunciado más arriba, caemos en cuenta que la propia salud depende en gran medida de la salud de los que nos rodean.  Los “otros” ahora importan, no es posible la propia curación sin la curación del conjunto.  Por lo tanto, el registro del “nosotros”, que antes solo incluía la familia y algunos amigos o colegas, ahora se ha extendido al propio edificio, vecindario, provincia, comunidad y quizás en algunos casos al país.  Pero, gracias a las comunicaciones, comienza a hacerse evidente que el planeta entero está sufriendo la pandemia y algunos visionarios pregonan que necesitamos superarla como especie, no simplemente como nación o estado.  De hecho, ahora se habla de la posibilidad “europea” de salir en conjunto (o quebrar la supuesta unión), algunos van más allá al plantear que si no ayudamos a África en conjunto, todos sufriremos las consecuencias.  
De manera que, aunque no existan indicadores de un “nosotros-especie-humana” existe la posibilidad de fortalecer esa ligazón. 
En conexión con la pertenencia a un conjunto, aparece con mucha frecuencia la solidaridad.  El interés y el cuidado de otros, surge en nuevos contextos.  Por ejemplo, vecinos que solo se saludaban, ahora se preocupan unos por otros, ofrecen ayuda y en ocasiones, para los enfermos recluidos en casa, sus vecinos les cocinan, hacen compras, etc.  Este es un paso enorme, superador del individualismo darwiniano al que habíamos llegado a acostumbrarnos, el famoso “sálvese quien pueda” ya no tiene cabida en un conjunto que ahora valora e implementa la solidaridad. 
El cuidado de otros ha dejado de ser el trabajo más degradado en la escala social, ahora cobra un nuevo valor, ahora es una importante y valiosa tarea.  De hecho, si los héroes del momento son los que trabajan en Sanidad (sin importar su rango), inmediatamente detrás están los que cuidan de enfermos y mayores. 
Así es como advertimos la valorización de ciertos valores como la salud, la vida, el “nosotros”, la solidaridad y la valorización de los cuidadores; también advertimos que ciertos valores, hasta ahora priorizados, van perdiendo fuerza o son rechazados.  Un claro ejemplo son las conductas individualistas, que ahora son criticadas a viva voz (ejemplo de un pueblo muy turístico que rechaza a visitantes bajo el grito de “¿Acaso queréis matar a nuestros mayores?”).  No estamos hablando simplemente de quien se rebela frente al confinamiento y sale a pasear a la calle (poniendo en riesgo a quien se cruce), sino también el hecho de salir sin mascarilla, ya que cualquiera aparentemente sano, puede ser un asintomático y por lo tanto, puede estar contagiando a los demás.  Más aún, salen artículos criticando la conducta individualista de cierta deportista que decidió correr en la montaña aisladamente, consiguiendo atención de fuerzas del orden y que se montase un operativo por su decisión (aunque no estuviera en peligro ni hubiese estado en contacto con alguien). 
Al estar confinados en un espacio reducido, simplemente por el hecho de recibir menos percepciones, se agrandan las sensaciones del intracuerpo y por lo tanto, caemos en cuenta que nos agradan ciertas cosas, nos disgustan otras y ponemos atención a las nuevas sensaciones.  Desde el hambre o la sed, que estaban amortiguados por las prisas cotidianas, a la esperanza y la calma que sobrevienen por momentos, percibimos con mucha claridad lo que nos pasa.  Pero no solo advertimos los nuevos estados de ánimo, sino también los comparamos con nuestra anterior cotidianeidad.  Es bastante frecuente que advirtamos lo mucho que nos gusta hablar con alguien, jugar con alguien o echar bromas con alguien.  Hay todo un abanico de gustos, conductas e intereses que se abren y que teníamos ignoradas. 
No hay ingenuidad en esta apreciación.  Sabemos perfectamente que el confinamiento de personas con grandes contradicciones, puede aumentar su nivel de violencia interna.  Cualquiera sea la forma de violencia, ya sea contra uno mismo, en la depresión, el sin-sentido o bien, hacia otros, tenemos que estar alerta, comprender, alertar o avisar sobre cualquiera de estas expresiones. 
Pero, viendo la situación positivamente, están apareciendo muchas creatividades y la gama es enorme.  Desde la creatividad para con la familia, hasta los hobbies que estaban aparcados por mucho tiempo.  De hecho, están floreciendo vocaciones que pueden dar lugar a nuevos trabajos o expresiones artísticas.

Consecuencias : 
¿Qué puede pasar si estas conductas se fortalecen e implican al gran conjunto social? 
En primer lugar, veamos el caso de la salud como prioridad.  Personas de muy distintas ideologías, incluyendo a los propulsores del desmantelamiento del estado de bienestar, coinciden ahora en la necesidad de una salud pública poderosa.  Inclusive en sitios donde la salud privada era un ícono social (como es el caso de Nueva York con 160 hospitales privados y 11 públicos), ahora súbitamente reconocen que deben “luchar juntos” como un solo ente ante la pandemia. 
A nivel local, español, es evidente que hay y habrá una fuerte tendencia a fortalecer la salud pública. 
La vida humana cobra un valor que no tenía antes.  Por primera vez, desde la aparición del “mito del dinero”, comienza a hablarse del tema fundamental de la vida.  Socialmente hablando, esto puede ser la antesala de un despertar conjunto.  Pero, aunque tal situación demore en su proceso, el solo hecho de la irrupción de la vida como valor por encima de la economía es un acto válido social. 
Vinculado a la vida aparece el nosotros.  La pertenencia a la especie humana viene fortalecida por la nueva sensibilidad ecológica.  Defender el planeta significa sentir que, sin nuestra casa común, ninguno de nosotros tiene posibilidades, pero socialmente hablando, si todos pertenecemos a la misma especie y eso nos importa, más aún, nos conviene, necesitamos que toda la especie disfrute de condiciones saludables, lo cual superaría las actuales injusticias. 
Por todo lo anterior, las posibilidades de un salto, de un cambio de paradigmas gracias a este susto, son enormes.  El solo hecho del debilitamiento de la “dictadura del dinero”, llamémosla economía, ley del mercado, o con cualquier otro nombre, es un paso de gigante para destapar el anhelo de una vida mejor para millones de personas

Documento del Centro Mundial de Estudios Humanistas sobre la pandemia COVID-19

“A primera vista da la impresión de que, cuando el ser humano o incluso sus antepasados, llegaron a un callejón sin salida, sucedió como si del cielo hubiera bajado un aura de iluminación... y de repente se encontraron salidas inesperadas.”
Akop Nazaretián

"...por lo demás, este es un momento de alguna perturbación, pero, desde luego, no por lo que comenten los diarios, la T.V., o los "opinadores" sino que los destinos se juegan en los cielos. ¿En qué Cielos? Poco a poco lo iremos entendiendo y poco a poco iremos llamando a las puertas que hay que llamar. Para terminar, no se vaya a creer que el mundo está en peligro. Es una desproporción creer que unos petarditos infantiles y otras delicias pueden detener la vida y la inteligencia de este planeta. Son, simplemente, sarampiones de crecimiento de una especie infantil, sin manejo de sí misma."
Silo: "Sursum corda", elevad vuestros corazones...


Introducción:

Al final de 2019 aparece un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, de letalidad estimada inferior a otros virus recientes, pero de alta transmisibilidad en una larga fase asintomática inicial. A principio de 2020 se califica ya a esta enfermedad, llamada COVID-19, como pandemia, lo cual hace prever un colapso de las estructuras sanitarias a nivel mundial. No hay inicialmente un tratamiento eficaz conocido y el posible desarrollo de alguna vacuna tomará previsiblemente más de un año aún, de modo que solamente el distanciamiento físico y las medidas de restricción al movimiento humano permiten atenuar el impacto sobre los recursos de salud de los estados. Esto implica el cese o la disminución significativa de las actividades sociales y económicas, no consideradas como esenciales para la supervivencia del conjunto social. Hasta que aparezca un tratamiento eficaz o una vacuna, el camino biológico hasta la adquisición de una inmunidad de grupo puede tomar largo tiempo, a costa de un altísimo número de víctimas directas e indirectas. Se plantea el dilema entre el necesario cuidado de la salud, tal como era entendida hasta el momento, o el mantenimiento de la economía. Este dilema tensiona a la sociedad fuertemente en el momento de este análisis, cuando aún gran cantidad de la población se encuentra confinada en sus domicilios, pero las consecuencias materiales previsibles amenazan con ser devastadoras. En este momento de grandes incertidumbres, en que no hay previsiones fiables y en que la Ciencia está aún buscando soluciones, hacemos este intento colectivo de extraer algunas conclusiones, desde el punto de vista del Nuevo Humanismo.

1. La situación actual

1.1 Vivencias personales

Debido al confinamiento y al silencio físico que hoy rodea a gran parte de la población, las percepciones internas ocupan mayor espacio mental y caemos en cuenta de anhelos y deseos postergados, apareciendo a veces mucha creatividad y también a veces, contradicción y violencia.

Ante la proximidad de la muerte, emergen como prioridades la vida y la salud individual, así como la de otros. Se hace evidente la importancia del conjunto, a través del cuidado y la solidaridad, y todo esto está haciendo retroceder al individualismo.

Es en presencia de la finitud cuando se derrumban las creencias. Suceden cosas que nunca creímos que podían suceder, y aparece cierto vacío que hace que podamos ver la realidad de otra manera.
Por otra parte, ya no podemos vivir como si la muerte no existiera. Se ha roto esa ilusión que solía acompañarnos permanentemente. Y si bien esto incorpora una sensación de inestabilidad, de gran incertidumbre y temor frente al futuro, por otro lado nos ayuda a vivir con mas intensidad el momento presente.

El futuro, que se ha tornado imprevisible, nos invita a elaborar nuevas respuestas, abandonando la perspectiva lineal del pasado.
Las imágenes oscuras sobre el futuro se suceden a diario, pero aparece la oportunidad de producir cambios significativos en la propia vida.

La conciencia del ser humano, que se ha desestructurado parcialmente, que no encuentra datos de memoria que podrían ofrecer soluciones, obliga a imaginar nuevas alternativas, abre la posibilidad de una nueva configuración en un nivel superior.

Muchos experimentan una fuerte necesidad de orientación, pero este vacío podría ser llenado por más irracionalidad y oscurantismo.

No obstante, la bandera por la preservación de la vida se levanta por vez primera en todo el mundo de manera simultánea. Hay un anhelo de rebelión contra la muerte y contra el absurdo nihilismo que ella representa.

Lo que nos da cierta esperanza, es que hoy la Humanidad se percibe más unida. Ha aumentado la cohesión entre las conciencias individuales y esto acrecienta la conciencia de unidad del conjunto. Podría decirse que la Humanidad se ha dado cuenta de su propia identidad.

La anterior visión de corto alcance ha dado paso a una representación Universal, donde todo encaja. De repente, cada uno existe y es importante para los demás. “Nos salvamos juntos o no se salva nadie”. El tiempo de confinamiento ha demostrado que otro tipo de vida es posible, abriendo paso a la reflexión. La necesidad de un mundo mejor se ha instalado en el conjunto humano.


1.2 La situación social

En el plano social nos encontramos con un paisaje nunca visto, que hoy es visto por todos.

La máquina infernal que era este sistema, aparentemente invencible, comienza a resquebrajarse. Los engranajes de la economía se atascan, y se ve amenazado el sistema de relaciones sociales y económicas. Se abre la oportunidad de un cambio, una ventana hacia un nuevo amanecer.

Como antes, pero ahora más fuertemente, se evidencian dos direcciones mentales: una es solidaria y pone al ser humano como valor central; la otra sigue siendo individualista y pone a la economía - la ganancia - como primario.

Avanzan nuevos patrones en las relaciones diplomáticas, y la OMS se convierte en referencia mundial. Se observa una tregua en conflictos armados en diferentes áreas del planeta, así como la suspensión y revisión de importantes maniobras militares.

En países gobernados por la derecha, se propuso inicialmente evitar medidas de aislamiento social, para no detener la economía, y “que cada uno decida qué hacer frente a la epidemia”. Se propuso esta “salida” de neto corte individualista, pero la avalancha subsiguiente de contagios y muertes dejó en claro que no cabían salidas individuales. Tuvieron que retroceder y regresar al viejo estado que hace muy poco pretendían desmantelar.
La pandemia ha puesto en evidencia que ese desmantelamiento estatal tuvo como resultado el deterioro de los sistemas públicos de salud. La población quedó indefensa, cosa que no deberíamos olvidar cuando logremos salir de esta crisis.

Analizando el amplio período de tiempo durante el cual se produjo el desarrollo de la vida en el planeta, diversos investigadores han llegado a la conclusión de que precisamente en este siglo estamos llegando a una “singularidad” , luego de la cual nada volverá a ser como antes. Los cuatro mil millones de años de evolución de la vida han de resolverse en los próximos decenios, para bien o para mal, y la respuesta de la especie ya no depende de la biología sino del desarrollo de su conciencia. A lo largo de la evolución de la vida se advierte una tendencia a ganar cada vez más autonomía, expresada en la autoorganización distintiva de los seres vivos. Es una tendencia hacia la libertad, que alcanza en la humanidad su forma más desarrollada, abandonando el mecanicismo de la naturaleza y haciendo de la intencionalidad su “flecha evolutiva”.

Un cambio es posible, pero ¿Queremos volver a la normalidad de antes? ¿Podremos distinguir entre evolución e involución?

2. Mirando hacia el futuro

¿Qué sucederá después que se detenga la pandemia?

Seguramente, habrá una pugna entre quienes quieren lograr un cambio de sistema y las élites que tratarán de mantener sus privilegios. Los humanistas estamos entre los primeros. Aspiramos a una Nación Humana Universal.

El proyecto de la Nación Humana Universal podrá concretarse en la medida en que el ser humano se constituya como valor central. Este es un cambio que debe producirse en la conciencia de amplias capas de la población, de manera que las diferencias étnicas, nacionales, ideológicas, confesionales, de clase social, etc., se conviertan en factores secundarios frente a la esencial igualdad que supone el pertenecer a la especie humana.

Creemos que los eventos que están ocurriendo en estos días favorecen el proceso de cambio mencionado, pues por una parte paralizan las urgencias de todos los días, posibilitando un estado de reflexión, y por otra parte ponen en evidencia que se trata de una experiencia y una amenaza común para todos los seres humanos, independientemente de las diferencias que pueden existir entre unos y otros.

Se abre la posibilidad de un cambio con dirección humanizadora. Es la posibilidad de reconocernos como especie y producir un salto en el nivel de conciencia. Si consideramos a "la humanidad" como un "ser en desarrollo", veremos que se trata de un ser emergente y en etapa de integración, en etapa de complementación creciente. Para alcanzar la belleza de la Nación Humana Universal necesita "despertar" y eliminar sus contradicciones internas, es decir, las guerras, las hambrunas, las migraciones masivas, la increíble desigualdad económica y en general todas las formas de la violencia. Esto será únicamente posible con un salto masivo en el nivel de conciencia.

La situación actual ayuda en ese sentido, pues además de acrecentar la percepción de la humanidad sobre sí misma, ha producido un fuerte crecimiento del valor de la solidaridad. Recordemos que la solidaridad ha venido retrocediendo constantemente durante el ascenso del neoliberalismo. Súbitamente, ha comenzado a revertirse esa tendencia, y muchos han comprendido que “dar es mejor que recibir”. El momento exige esa mirada integral y comunitaria. Hay que favorecer el intercambio, los apoyos mutuos, los espacios convergentes. Lo mejor del ser humano saldrá a la luz cuando se extienda la Regla de Oro como referencia: “Trata a los demás como quieres que te traten a ti”.

Mientras tanto, podemos señalar algunas propuestas concretas que pueden servir como pasos intermedios para avanzar hacia la Nación Humana Universal: salud y educación públicas y gratuitas, renta básica universal, reducción del armamentismo y redefinición del rol de las fuerzas armadas, reducción drástica de gases de efecto invernadero, desarrollo de energías renovables no convencionales (eólica, solar, etc.), respeto creciente por los Derechos Humanos, mayor protagonismo de los organismos de coordinación mundial y transformación del Consejo de Seguridad de la ONU. En general, tendremos que priorizar el "crecimiento" de la gente (salud, educación, calidad de vida) por sobre el crecimiento de las "cosas".

Como principios orientadores de la transformación social, a mediano y largo plazo, proponemos: 1- replanteo de la relación capital-trabajo, 2- transformación de la actual democracia formal en democracia real, 3- descentralización del poder político, económico y administrativo, 4- recuperación de una relación no destructiva con la naturaleza.

Tratemos de ver un poco más allá del momento actual… abriendo el futuro. Como ya hemos comentado, múltiples evidencias señalan que el proceso evolutivo que nos ha traído hasta aquí, está llegando a su fin. Como resultado de este proceso, un nuevo ser humano debe emerger, con otros valores, otra sensibilidad y otro nivel de conciencia.

Es este nuevo ser humano el que habrá de dirigirse a las estrellas. Llevará dentro de sí los esfuerzos, anhelos, temores y esperanzas de miles de millones de precursores, que elevaron su mirada al cielo desde los lejanos albores de la prehistoria. Cuando esto suceda, habremos cumplido nuestra parte. Una nueva especie se abrirá al Cosmos, en resonancia viva con la insondable intención evolutiva universal.