30 jun 2018

¿Desde dónde miro? ¿Desde dónde atiendo?

En el mirar cotidiano miro y atiendo desde mis ojos. La perturbación, la alegría, el enojo, la velocidad o el lento pasar, todos ellos dominan mi mecánica mirada… y así, mecánicamente se orienta mi vida.
Pero, a veces profundizo y logro despertar un “tercer ojo” que mira lo que mira, que mira lo que siento, que mira lo que hago, que mira lo que pienso.
Estoy allí en el interior de mí-mismo, mirando con calma, con una suave y extraña alegría.
El tiempo se expande, el espacio se amplía, los movimientos se hacen lentos y armoniosos.
Aún en las situaciones perturbadoras, una cierta calma y paz acompañan mis pensamientos y acciones.
Soy consciente de mí y del mundo. Puedo elegir con mayor libertad el camino a seguir.
Cuando soy consciente de mí, puedo elegir la dirección de mi mirar e ir hacia el mundo… hacia el Universo. Puedo también cerrar mis ojos y elegir ir hacia la profundidad de mi mundo interno.
Observo al “yo” y comprendo la ilusión de su permanencia. Observo cómo funciona mi conciencia hasta en sus más ínfimos detalles.
Observo a los demás y al mundo, y los comprendo en profundidad.
En todos los casos, observo, comprendo y me siento libre.
La conciencia-de-sí es un modo de observación atenta desde un lugar más profundo de mi interioridad. La observación es calma. El perfeccionamiento de su práctica permite observar los fenómenos y movimientos del “yo”, el funcionamiento de los mecanismos de la propia conciencia y los fenómenos del mundo, desde una perspectiva amplia y neutra.
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Otros tiempos – otros espacios – otros mundos
El cuerpo es energía densa que se transforma y vuelve al mundo de la vida densa.
La energía del doble, más sutil que el cuerpo, puede trascender si logramos unidad en el espíritu o también llamado centro del centro. Esa energía, ¿a dónde va?
Al mundo de la Luz, al lugar que los Maestros han llamado “la ciudad escondida” o “ciudad de la Luz”. Mundo de los Guías. Espacios y tiempos que se comunican entre si... y están también aquí.
Tiempos y espacios que no están en el “más allá” como muchos suelen comentar.., sino aquí, dentro y fuera mío. Convivimos con ellos aunque no podamos habitualmente conectar con ellos, así como lo Profundo está permanentemente aquí, aunque sólo por fugaces momentos percibimos sus señales.
Ante esta gran verdad, ya nada es indiferente.
¿Cómo conectar aquí con esos tiempos y lugares?
La unidad del doble en este “centro” que se registra como centro del centro es el comienzo….
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Victor Piccini: Experiencias de reconocimiento. Parque la Belle Idée

3 jun 2018

Los escenarios globales del siglo XXI a la luz de mega-historia

...Hay bastantes razones para afirmar que la vida no apareció en la Tierra originalmente. Esta muy aceptada la idea de que los primeros organismos vivos son más antiguos que los océanos. Se trata de organismos que pueden viajar en el cosmos en condiciones extremas (sin agua y sometidos a fuerte radiación…).

En la primera fase de la evolución fue muy intensiva la actividad meteórica. Cuando esta actividad se moderó los organismos pudieron comenzar su proceso evolutivo.
Varios científicos observaron que la evolución tenía un ritmo regular… Al comparar precisamente los períodos de existencia libre de crisis globales, investigadores de distintos países, de modo independiente y casi en simultáneo, hicieron un sorprendente descubrimiento. Se trata del australiano Graeme Snooks, el ruso Alexander Panov y el americano Raymond Kurzweil, quienes, al encontrar una secuencia estrictamente logarítmica en el acelerado cambio de fases de la evolución social y pre-social –sin sospechar todavía acerca del trabajo de sus colegas– intentaron continuar retrospectivamente la curva obtenida.
Los tres dieron con el mismo hecho: después de 4.000 millones de años continua la aceleración, siguiendo de manera precisa una fórmula logarítmica. El intervalo entre las catástrofes globales seguidas por las transiciones de fase baja en un tercio. La evolución seguía un horario sumamente regular hasta la aparición del homo sapiens, este loco factor con voluntad propia.
En la Tierra se produjeron fluctuaciones del clima, cambió el nivel de los océanos, se desplazaron los continentes, estallaron volcanes, cayeron cuerpos celestes, se movieron los polos magnéticos; a todo lo cual se sumó el libre albedrío de la extravagante humanidad. Sin embargo, las irreversibles transiciones de fase de la evolución global se sucedieron una a otra cronométricamente. Este hecho sorprendente constituye la más cabal demostración de que los saltos revolucionarios en la historia de la naturaleza y la sociedad fueron provocados, no por cataclismos accidentales, sino por crisis endo-exógenas que se hicieron más frecuentes en la medida que se intensificó la actividad antientrópica.
Esto se explica en los modelos que nosotros llamamos sinergética, los norteamericanos lo llamaban teoría de caos, en Chile autopoesis, los franceses lo llaman termodinámica de desequilibrio.
En el siglo XXI podemos construir un modelo del pasado gracias a que en todos los estadios críticos de la evolución terrestre se realizaron atractores extraños verticales...
(extractos de: Los escenarios globales del siglo XXI a la luz de mega-historia
03.06.2018 - Santa Clara - Cuba - Javier Belda Redacción Cuba)
https://www.pressenza.com/es/2018/06/los-escenarios-globales-del-siglo-xxi-la-luz-mega-historia/

29 abr 2018

Amar al otro en su libertad, una experiencia transformadora


Extractado de: DEMETER Y EL TEMOR AL RECHAZO, 
"...Ese otro al que quiero poseer, asegurarme su amor, no es cualquiera. Estamos tratando un conflicto con “otro”, bien especial. Otro, del cual quiero su aceptación, una aceptación total, sin juicios ni condiciones, aceptación que, de ser posible, la experimentaría como distensión profunda. Ese otro del cuál añoro su aceptación, ella o él, que me atrae, me seduce y me complementa. El ensueño de su aceptación me transporta imaginariamente a los espacios del amor, de la unidad, a espacios de lo sagrado.

Una vez que el otro ha despertado en mí esa posibilidad de distensión profunda, quiero ser aceptado por esa persona. Ese otro puede ser alguien real, o una persona ensoñada, o incluso una entidad de tipo espiritual. Pero quiero ser elegido, ser digno y amado por ella.

Es una contradicción querer ser aceptado por el otro y para ello forzarlo de alguna manera, ya que es ese forzamiento lo que impide que pueda registrar la distensión que busco. Sin embargo, emulo el sometimiento como si fuera aceptación, de algún modo traduzco su resignación como aprobación. Esta contradicción es una dirección mental que lleva al aumento de la cosificación y de la violencia sobre el otro.

Este forzamiento del otro, cuya atracción imagino que me distiende profundamente, está torciendo la condición de una relación paritaria, creando una relación de dependencia y confusa. El forzamiento aun sutil, degrada al otro, y no será posible experimentar la aceptación añorada. Las reservas que experimento por parte del otro hacia mí o directamente el rechazo del otro, va provocando en mí ansias, celos, deseo de posesión, rabia, sentimiento de injustica y para evitar este sufrimiento busco los modos de doblegar su voluntad.

Desde la hipótesis de que el temor al rechazo de la persona amada es un núcleo cultural de dolor, que la aceptación de la persona amada se experimenta (o se cree que se experimenta) como unidad y trascendencia, que la conciencia intenta resolver este nudo mediante la posesión del otro y compensar ese adueñamiento por medio de una negociación, es que estudiaremos el modo de transferir este núcleo doloroso.

...

Y si los vínculos que creamos en vida son inmortales. Si el vínculo entre yo y tú, no se deshace con la muerte del cuerpo, sino que su sustancia es una esencia que se incorpora al propio ser. La experiencia de la muerte de la persona amada refuta las ideologías que tenemos sobre la muerte. La experiencia nos muestra que el vínculo se fortalece y su presencia no desaparece, sino que se va interiorizando hasta fundirse en el propio ser a medida que aumenta la reconciliación con la persona y su partida. La trascendencia del vínculo es evidente y en general se lo atribuye un fenómeno de memoria, pero pudiera tratarse de una experiencia mucho más espiritual que psicológica. Aceptar que el vínculo no muere y que por el contrario se fortalece no sólo por el recuerdo, sino por la reconciliación, es una reflexión de profundas consecuencias para el sistema de relaciones que construimos en vida, pero también una intuición que debilita el poder de la muerte como realidad fáctica de lo humano.
..."

28 abr 2018

De "El Hacedor de Estrellas" 1937 de Olaf Stapledon

"9 - La comunidad de mundos
1. ATAREADAS UTOPIAS

Llegó un tiempo en que nuestra recién descubierta mente comunal alcanzó tal grado de lucidez que fue capaz de ponerse en contacto aun con mundos que habían superado notablemente la mentalidad del hombre terrestre. De estas elevadas experiencias apenas guardo un borroso recuerdo, reducido ahora al estado de mero individuo humano. Soy como aquel que en los últimos extremos de la fatiga mental, intenta resucitar las más sagaces intuiciones de su perdida lucidez. Solo recupera débiles ecos, y un vago encanto. Pero aun los recuerdos más fragmentarios de las experiencias cósmicas que me ocurrieron en aquel estado lúcido merecen ser registrados en estas páginas. En los mundos que alcanzaban a despertar de algún modo, los acontecimientos se sucedían aproximadamente como describiré aquí. El punto de partida, se recordará, era la situación que hoy vivimos en la Tierra. La dialéctica de la historia mundial presentaba a la raza un problema que la mentalidad tradicional no podía resolver. La situación mundial se había hecho demasiado compleja para una inteligencia común, y exigía a los jefes y gobernados un cierto grado de integridad individual de la que solo eran capaces unas pocas mentes. La conciencia había sido despertada violentamente de su primitivo estado de trance, y vivía ahora un extremo individualismo, un emocionante pero lastimoso autoconocimiento. Y el individualismo, junto con el tradicional espíritu tribal, amenazaba arruinar el mundo. Solo luego de una larga y arrastrada agonía de perturbaciones económicas y maníacas guerras, mientras la visión de un mundo más feliz era cada vez mas clara y obsesionante, fue posible llegar a la segunda etapa del despertar. En la mayoría de los casos ese despertar no sobrevenía nunca. La "naturaleza humana" o su equivalente en los distintos mundos no podía cambiarse a sí misma; y el ambiente no podía rehacerla.

Pero en unos pocos mundos respondió a su desesperada situación con un milagro. O, si el lector lo prefiere, el ambiente reformó milagrosamente el espíritu. De un despertar general y casi repentino se pasó a una nueva lucidez de conciencia y a una nueva integridad de la mente. Llamar a este cambio un milagro es solo reconocer que no podía haber sido previsto científicamente, aun con el más amplio conocimiento de la naturaleza humana tal como se había manifestado en los tiempos primitivos. A las generaciones más tardías, sin embargo, no le parecería un milagro sino un tardío despertar del estupor a la mera cordura. Este acceso sin precedentes a la cordura tomaba al principio la forma de una generalizada pasión por un nuevo orden social, justo, y que pudiera abrazar todo el planeta. Por supuesto, ese fervor social no era enteramente nuevo. Una pequeña minoría lo había concebido en el pasado, dedicándose por entero a su difusión. Pero solo ahora al fin, con el auxilio de las circunstancias y el poder del mismo espíritu, se extendía esta voluntad social por el mundo. Y con la pasión de esta voluntad, que hacía posibles los actos heroicos en seres apenas despiertos, se reorganizaba toda la estructura social del mundo, de modo que una o dos generaciones después todo individuo podía disponer de suficientes medios de vida, y de la oportunidad de mostrar adecuadamente su capacidad, para su propio placer y en beneficio de toda la comunidad. Era ahora posible que las nuevas generaciones entendieran que el orden mundial no era imposición de una tiranía, sino expresión de la voluntad general, y que habían venido al mundo ciertamente con una noble herencia, algo que justificaba la vida, el sufrimiento y la muerte. 

A los lectores de este libro un cambio semejante les parecerá un milagro, y tal estado una utopía. Aquellos de nosotros que procedían de los planetas menos afortunados tuvieron en seguida la experiencia alentadora, y sin embargo amarga, de ver como un mundo tras otro salían triunfalmente de una situación que parecía irremediable, de ver que toda una población de criaturas frustradas y envenenadas por el odio abrían paso a una generación donde todos los individuos eran criados con generosidad e inteligencia, de modo que no llegaban a conocer la envidia y el odio. Muy pronto, aunque no había habido ningún cambio en la base biológica, del nuevo ambiente nacía un pueblo que parecía una especie de cueva. Los nuevos seres superaban notablemente a los anteriores no sólo en salud, inteligencia, en independencia moral y responsabilidad social, sino también en salud e integridad de la mente. Y aunque se temía a veces que al suprimirse todas las causas de graves conflictos mentales se privaría también de todo estímulo a la actividad creadora de la mente, y crecería así una raza mediocre, pronto se descubrió que el espíritu no se estancaba de ningún modo, y se lanzaba al descubrimiento de nuevos campos de luchas y triunfos. 

La población mundial de "aristócratas" que florecía luego del gran cambio, estudiaba con curiosidad e incredulidad la edad precedente, y les era difícil entender aquella maraña de estúpidos motivos que habían guiado la acción de sus antecesores, aun los mas afortunados. Se reconoció que serias enfermedades mentales, plagas endémicas de ilusiones y obsesiones, debidas a la mala nutrición y a intoxicaciones diversas, habían atacado seriamente a la totalidad de la población prerevolucionaria. 

A medida que avanzaban los conocimientos psicológicos, la vieja psicología despertaba ese interés que sienten los modernos europeos por los mapas antiguos que distorsionan regiones y países hasta hacerlos irreconocibles. Nos inclinamos a considerar que la crisis psicológica que acompañaba al despertar de esos mundos se parecía al difícil paso de la adolescencia a la madurez; era realmente, en esencia, una aparición de intereses juveniles, un dejar atrás los juegos de niños, y el descubrimiento de los intereses de la vida adulta. El prestigio de la tribu, el poder individual, la gloria militar, los triunfos industriales perdían su encanto obsesivo, y en cambio las felices criaturas se deleitaban en las relaciones sociales civilizadas, en actividades culturales, y en la empresa común de la edificación del mundo.,"


Reinterpretación transferencial del mito de Abraham


"Abraham debe salir de Ur, su patria original. La sequía y el aumento de la población han agotado las condiciones de subsistencia. Desde esta ciudad al sur de la Mesopotamia, bordeando el río Éufrates, algunos emprenderán un largo viaje para encontrar futuro en tierras lejanas. Abraham tiene fe que en las tierras de los cananeos estará su lugar6. Una vez instalado allá, enviará a buscar al resto de su familia. La historia de Abraham es la historia de los millones de emigrantes que hoy salen de Asia y de África hacia occidente. Los infortunios que viven para acceder a la tierra del bienestar son terribles: esclavitud, miseria, prostitución, asesinatos, los cadáveres de los niños flotan al vaivén de las olas hasta vadear en las playas. La tribu de Abraham saliendo de Ur (sur de Irak), comerciando con los reyes del lugar y ofreciendo a Sarai a cambio de protección y hacienda, no se distancia demasiado de hoy7. Sobrevivir es el grito que tienen en el alma. Sobrevivir y después ayudar a sobrevivir a los que quedan atrás.

Los emigrantes del siglo XXI, llegan a los campos de refugiados, algunas mujeres procuran alimento a cambio de sus cuerpos, otras son violadas, algunos niños ríen, otros ya no. Los maridos sienten el dolor de la impotencia. Cierran los ojos, endurecen el corazón, pero sobrevivir es el instinto que brota del alma. Se aferran a su Dios que les da consuelo: esto pasará y pronto tendrán una vida mejor susurra la esperanza envuelta en lágrimas. Sólo Dios, Yahvé, comprende y tiene un plan para Abraham. Sólo Dios conoce el plan para cada uno de los seres humanos que están llegando a los campos de refugiados de Lesbo, de Idomeni, de Rigonce, de Lampedusa en el sur de Europa, los sirios en las fronteras de Turquía, los palestinos en Gaza, los africanos de Dadaab o Darfur.

Abraham abraza esa promesa de Dios y un día después de muchas penurias, logra asentarse en un pequeño poblado de Canaán. Tiene dos hijos, Ismael de su sirvienta y amante, Agar, e Isaac de su esposa Sara; ambos nacidos en este nuevo hogar ya lejos del periodo de la miseria y la esclavitud. Pero Abraham guarda rencor en los recuerdos. Recuerdos de las humillaciones que sufrió para salvarse y salvar a su tribu. Su corazón no es puro y está manchado de resentimiento a sus mujeres, a sus hijos y hacia sí mismo. Está también enojado con Dios que le exigió demasiado y lo obligó a estos sacrificios a cambio de una promesa: la promesa de una tierra, de una patria y de ser el padre de numerosos pueblos. Abraham se lamenta y se justifica porque tenía que sobrevivir, sólo él podía guiarlos en los peligros del desierto, sólo si sobrevivía existía la opción de salvar la tribu y a los que quedaron esperando en Ur. Sobrevivir era el impulso de su corazón, todo sería distinto en la tierra de Canaán, pero Dios le había exigido demasiado.

Abraham trata de borrar estos recuerdos espantosos de su memoria. No fue él el responsable sino Dios. Dios fue el responsable de que tuviera que salir de Irak con su tribu, Dios le indicó el camino a seguir y lo hizo cruzar reinos hostiles. Dios entrego a Sarai y a sus mujeres bellas al faraón a cambio de beneplácitos para él y la tribu. Dios está detrás de las peleas entre sus mujeres y es Dios el que expulsa a una de ellas a morir en el desierto y es Dios el que la salva a ella y a Ismael. Y es Dios el que permite fecundar a Sara en la vejez. Y es Dios el que exige la vida de Isaac en sacrificio.
6 “Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré”. Biblia de Jerusalén, Editorial DDB ISBN: 8433023233, p.25.
7 Hubo hambre en el lugar, y Abraham bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba el país. Estando ya próximos a entrar a Egipto, dijo a su mujer Saray: “Mira, yo sé que eres mujer hermosa. En cuanto te vean los egipcios, dirán: ‘Es su mujer’ y me matarán a mí y a ti te dejarán viva. Di por favor que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya y viva yo en gracia a ti” (Ibid p25).

Así Abraham se deslinda de responsabilidad, pero la culpa ensombreció su corazón. Estos eran sus pensamientos mientras llevaba a Isaac al holocausto del monte Moriah. Tres días caminó por el desierto paseando su mirada interna en los hechos ocurridos y reflexionando.

¿Realmente era Dios el que llevaba a Isaac al sacrificio? ¿O era su rabia por Sara, su odio consigo mismo por todos los acontecimientos que significaron emigrar de Ur y salvar a su pueblo?
¿Era la voz de Dios la que escuchaba? ¿Acaso la escuchó alguna vez?

Escudriñó su corazón y sintió el miedo a morir. El miedo a que su tribu falleciera de hambre o a la intemperie devorada por los animales y serpientes del desierto.
No, no fue a Dios al que escuchó; nunca había escuchado a Dios. Fue el grito de su propia angustia y el de su temor a morir lo que obsesionó todo su ser. Ahora a punto de asesinar a Isaac tampoco es a Dios a quien escucha.

Un sentimiento de profunda soledad lo invadió. Ya no sabía si hizo lo correcto o se dejó llevar por sus instintos. El sol se perdía en las doradas dunas del horizonte, Isaac a cierta distancia de él, junto al altar apilado de leña observaba. Nunca había visto a su padre tan solo, tan abatido, observando morir el sol por la tarde, derrotado, sin lágrimas, sin nadie.

Abraham miraba su corazón. En su interior transcurría su vida entera, cada decisión que tomó desde que salió de Ur hasta el día de hoy, a punto de ofrecer a su amado Isaac en sacrificio. Eran sus decisiones, para bien o para mal, y nadie las había tomado por él. Su corazón se calmaba y una lágrima caía por la mejilla. Fue su intuición, su fe, también su temor, el que lo trajo hasta el último atardecer a punto de cometer el peor error de su vida. Pero también fue el amor a su familia, a su gente, a sus hijos y un amor desconocido a la posteridad. ¡Qué podía reprocharse a sí mismo!

La humanidad apenas amanecía, daba sus primeros pasos, balbuceaba sus primeras palabras. Por vez primera un hombre descubría su libertad y su angustia. Mientras meditaba cada vez más adentro de él, la paz entraba a su corazón. Por fin una verdad que podía decirse a sí mismo, comprendía el motivo sincero de sus acciones, sin juicio, ni culpa, ni rencor, ni venganza. Algo en él se conmovía cada vez que detenía su pensamiento en una de las decisiones que tuvo que tomar en esa soledad, una conmoción acompañada de una cierta vergüenza por echarle la culpa a Dios de las cosas que tuvo que hacer para salvar la vida de él y de los suyos.

Las estrellas ya cubrían la noche y la cúpula del cielo de azul fulgente iluminaba como nunca antes la había visto. Isaac todavía tembloroso y obediente de su padre continuaba junto al altar del holocausto. Arrodillado, para proteger con su cuerpo la yesca del viento, saca una chispa de la piedra y enciende la hoguera.

Abraham se acerca al fuego y le dice a Isaac: “Hoy, en la cima de este monte sagrado, por primera vez he escuchado a Dios en mi corazón y he sentido que tú, hijo, y yo y los que nos esperan abajo y este grano de arena y esa estrella allá lejos, somos lo mismo, somos uno y no moriremos jamás”. Se abrazaron como se abraza un padre con su hijo en un acto que se repetirá de generación en generación hasta la eternidad.

Extractado de: 
Parque de Estudio y Reflexión Punta de Vacas,
marzo 2018

25 abr 2018

O construimos la Nación Humana Universal o el olvido nos aguarda

18.10.2016 - Quito, Ecuador Tony Robinson

..."Entonces, ¿qué vamos a poner en nuestra lista de cosas que hacer a fin de lograr ese mundo mejor para todos los seres humanos?
Bueno, afortunadamente no tenemos que partir de una hoja vacía de papel porque el trabajo ya lo ha hecho y resumido en un excelente nuevo libro otro autor argentino, Guillermo Sullings, “Encrucijada y futuro del ser humano: los pasos hacia la Nación Humana Universal” y habiendo sido escrito en Español, ahora está siendo traducido al Inglés, Francés, Italiano, Alemán y Griego. Sé que este libro es excelente porque lo estoy traduciendo al Inglés!
No es una obra completa, porque el libro que contenga todos los pasos para lograr una Nación Humana Universal sería enorme, pero es un punto de partida para las discusiones y contiene secciones sobre:
a) Desarme, b) El futuro de las Naciones Unidas, c) Desarrollo Global, d) El sistema financiero internacional, e) La libre circulación de personas, f) Detención del desastre ecológico, g) Los medios de comunicación, h) Derechos Humanos, i ) La democracia real, j) Economía Mixta, y, k) Los paradigmas culturales.

Sullings propone que los movimientos sociales y organizaciones que trabajan en todos estos campos, y otros que no están incluidos por su nombre, deben trabajar juntos para definir una imagen brillante y resplandeciente; una fuerza mística con mayor potencia que el nacionalismo y el patriotismo; un internacionalismo; el amor a la humanidad y la evolución humana; un despertar espiritual que ponga al ser humano como valor central.
En este contexto, la Nación Humana Universal es una imagen con un poder increíble que necesitamos emplazar en la conciencia de cada ser humano, desde los más jóvenes, especialmente los más jóvenes, a los mayores de nuestra sociedad; al igual que se ha instalado una conciencia ambiental en las generaciones más jóvenes en algunas partes del mundo, en un proceso que comenzó hace más de 40 años."

25 mar 2018

Sobre shockeo del centro emotivo superior

Podemos apelar a distintas formas de shockeo. De todas ellas, vamos a apelar a la mejor. Pero esta forma mejor, de todas maneras podría ser más violenta, tal que cubriera la conciencia del experimentador, impidiendo que tomara una línea adecuada. Parece ser que deberíamos nosotros, ir manejando esa fuerza, a fin de que el experimentador se fuera familiarizando con ella y no quedara
sobrepasado por ella.
Cuando nosotros estemos en ese manejo de Fuerza, vamos a considerar, por ahora, nada más que a nivel psicológico. Y aunque vayamos a shockear al emotivo superior, siempre va a seguir operando a nivel psicológico.
Y no vamos a considerar la acción de ninguna fuerza externa de tipo trascendental o como quieran llamarla.
Vamos a considerarlo todo dentro del bio-psiquismo del sujeto. El, trabajando con su propia energía interna, va a terminar shockeando allá arriba.
Pero ésto, como les digo, conviene ir trabajándolo controladamente, con un volumen adecuado a fin de que no se suelte y sobrepase al sujeto. ¿Estamos en claro?
Vamos a usar el método más adecuado para todo ésto. Y el método más adecuado va a consistir en: Trabajar con las esferas mentales que conocemos. En tres o cuatro reuniones en total, vamos a terminar produciendo la ruptura de nivel. Y si algunos rompen el nivel antes de cuenta, antes de tiempo, nosotros vamos a impedir que continúe ese proceso porque no van a poder manejarlo.
Paulatinamente vamos a ir aumentando el volumen. 
Esto tiene que quedar bien claro. El trabajo es con las esferas mentales, en pasos bien simples.
El primer paso consiste en: una posición corporal normal, sin acción de ningún estímulo externo. No hablamos de humos, ni de luces, ni de cosas raras... Con relativo silencio.

1° Tomamos la esfera mental. ¿Qué es ésto? Recordamos una esfera cristalina transparente y la colocamos mentalmente fuera de nosotros y en lo alto. No importa a qué altura.
2° En el otro paso, la vamos a ir bajando hasta co locarla a la altura de los ojos. Ahora es mejor visualizada que en el primer paso.
3° A esa esfera, la vamos a tratar de "meter" en l a cabeza. La seguiremos viendo y la vemos con claridad en el interior de la cabeza.
4° A esa esfera la "bajamos" desde la cabeza por e l interior del cuello hasta el centro del pecho, al medio de los pulmones, a nivel del corazón si les gusta. En ese cuarto paso, se comprueba que la imagen ha perdido su poder de representación visual y ahora tenemos una sensación interna. La sensación de que está trabajando ahí una esfera. Pero no vemos ya la esfera. Representarnos la esfera a nivel de los pulmones es tan difícil como representarla en lo alto. De manera que, tanto en lo alto como en los pulmones, la esfera se diluye. Pero se la ve bien a la altura de los ojos, en el interior de la cabeza, y cuando baja.

En ese cuarto paso, la esfera tiende (si se la observa con tranquilidad, sin forzar nada, si se la siente con tranquilidad) a aumentar de "volumen", como sensación interna.
La esfera va aumentando de "volumen" desde los pulmones hacia afuera. De tal manera que se produce una concomitancia bien mecánica entre representación y respiración.

Esta esfera al ir aumentando de "volumen", es como si comprimiera los pulmones por dentro. La respiración entonces se hace profunda y nosotros no nos preocupamos por parar tal fenómeno, sino que dejamos que la respiración se profundice.

Todo el manejo mental, en ese momento, está puesto exclusivamente en esa sensación de la esfera interna que se dilata.
Y de ese modo nosotros podemos terminar shockeando arriba. ¿No les parece increíblemente simple la mecánica del shockeo?

Ustedes no se preocupen por el problema de que si esa mecánica puede producir tales fenómenos, o si
esa mecánica los pone en resonancia a ustedes con un Trabajo que puede venir de otro lugar. El hecho es que trabajando de ese modo, podemos producir el shockeo del emotivo superior, en alrededor de veinte minutos.
Y aquí paramos hasta que pueda ser controlado. Y eso es todo. Posteriormente se verá cómo en esa ruptura (cuando surgen las imágenes y las concomitancias físicas y emotivas) se puede ir canalizando en una adecuada dirección, la energía psíquica. 
Si nosotros dejáramos el planteo en ese punto, lograríamos simplemente el shockeo del emotivo superior. Lograríamos el control de una determinada línea que nos hace manejar la mente a otro nivel.
Pero resulta que a nosotros nos interesa producir otro tipo de fenómenos, para disponer de esa fuerza psíquica. No sólo que esa fuerza psíquica se libere y pueda ser dirigida, sino disponer de una carga energética considerable. Esta carga energética que se registra como una electrificación total del cuerpo, comienza por las manos, sigue por los brazos, se extiende por todos los miembros y termina energetizando el cuerpo hasta límites de lo tolerable.
Esta energía cuasi-eléctrica, no proviene estrictamente del campo del psiquismo personal, sino que proviene de otra parte que no vamos a estudiar acá.
Pero por ahora, nosotros vamos a decir que este trabajo es interno, de cada sujeto que va haciendo su shockeo y el shockeo sí es personal.
En el momento de ruptura no obstante, vamos a sentir la entrada de fuerzas energetizantes que no son personales. En ningún caso de fenómenos crepusculares, ni en ningún caso de fenómenos mediumnímicos, o como quieran llamarlos, se produce la energetización que hay en esta ocasión. Pero ésto habrá que experimentarlo, como hay que experimentar los estados de conciencia consecuentes. Nos interesa, entonces, disponer de esa energía, para poder luego trabajar con ella.
Pero la mecánica es bien simple en los cuatro pasos que dijimos.
Habitualmente, la gente se pone de espaldas para no ser molestados por la posible mirada de los que tienen en frente. Hace círculos. 
Si ustedes en ese estado trabajan bloqueando, entonces no van a poder shockear. Basta que ustedes no
quieran, basta que no hagan alguno de los pasos para que no se produzca el fenómeno. Si ustedes están forzando también la idea de semejante cosa, tampoco shockean. De manera que la simple mecánica que les he dicho como entrada del shockeo en lo crepuscular, es un "dejarse-ir". Que actúe eso sólo por sí.
¿Está claro? No es más difícil que eso.