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9 mar 2026

OVERVIEW - video

fuente: OVERVIEW 

En 1968, el Apolo 8 fue a la Luna, y fue una de las primeras misiones. No aterrizaron, pero rodearon la Luna. Yo lo estaba viendo por televisión y, en cierto momento, uno de los astronautas dijo casualmente: "vamos a girar la cámara y mostrarles la Tierra". Y lo hizo. Fue la primera vez que vi el planeta flotando en el espacio de esa manera, y fue profundo.

Creo que para mí, como para muchas otras personas, fue un gran impacto. No creo que ninguno de nosotros tuviera expectativas sobre cómo nos daría una perspectiva tan diferente. Creo que el enfoque había sido "vamos a las estrellas, vamos a otros planetas", y de repente nos miramos a nosotros mismos, y parece implicar un nuevo tipo de autoconciencia. Uno de los astronautas dijo: "cuando originalmente fuimos a la Luna, nuestro enfoque total estaba en la Luna. No pensábamos en mirar hacia atrás a la Tierra, pero ahora que lo hemos hecho, esa puede haber sido la razón más importante por la que fuimos".

Recuerdo pasar por el lanzamiento, que es una experiencia abrumadora. Los motores se apagaron. Me sentí flotando fuera del asiento. Me giré hacia la ventana, miré hacia afuera y estábamos pasando sobre la costa de África. Y ahí fue cuando me di cuenta: estoy en el espacio. Me emocioné increíblemente porque era algo con lo que había soñado desde los seis años.

Empiezas con esta idea de cómo va a ser, y luego, cuando finalmente miras la Tierra por primera vez, te sientes abrumado por lo mucho más hermosa que es en realidad. Es como un lugar dinámico y vivo que ves brillando todo el tiempo. Fue verdaderamente increíble estar allí arriba haciendo lo que siempre quise hacer toda mi vida, y luego mirar hacia nuestro planeta y ver esa vista fue tremendo.

Solo puedo describir lo que he visto. Mirando hacia abajo a la Tierra, ves esa línea que separa el día de la noche, moviéndose lentamente a través del planeta. Tormentas eléctricas en el horizonte proyectando largas sombras mientras se pone el sol. Y luego ver la Tierra cobrar vida, y ves las luces de las ciudades y los pueblos. Los eventos que ves desde el espacio, como volar sobre tormentas eléctricas, mirándolas desde arriba, eran espectaculares. Como un espectáculo de fuegos artificiales, y tú lo miras desde lo más alto. Estrellas fugaces pasando por debajo de nosotros, o cortinas danzantes de auroras. Es muy difícil describir todos los colores, la belleza, el movimiento.

Mi trabajo como piloto del módulo lunar era ser responsable del módulo en sí y de la ciencia en la Luna. Así que cuando empezamos el regreso, tuve un poco más de tiempo para mirar por la ventana que los otros compañeros, porque la mayoría de mis responsabilidades habían terminado. Estábamos en un modo particular llamado "modo barbacoa". Volábamos rotando así. Lo que eso causaba era que cada dos minutos, una imagen de la Tierra, la Luna, el Sol y un panorama de 360 grados de los cielos aparecía en la ventana de la nave espacial.

Había estudiado astronomía y cosmología, y entendía plenamente que las moléculas de mi cuerpo, las de mis compañeros y las de la nave espacial, habían sido prototipadas en alguna generación antigua de estrellas. En otras palabras, era bastante obvio por esas descripciones: somos polvo de estrellas. Bueno, eso fue bastante asombroso y poderoso, particularmente porque tenía un poco más de tiempo en ese momento para ser reflexivo y pensar en ello.

El asombro (awe), creo, es una de esas palabras que entiendes mejor una vez que lo ves. Sentí que usar la palabra "asombroso" era totalmente apropiado para describir cómo se ve el planeta. Tener esa experiencia de asombro es, al menos por el momento, dejarte llevar, trascender el sentido de separación. Así que no es solo que estuvieran experimentando algo ajeno a ellos, sino que estaban, a un nivel muy profundo, integrando y dándose cuenta de su interconexión con esa hermosa bola azul-verde.

Y es por esto que los astronautas, particularmente en la Estación Espacial Internacional, a menudo dicen que gran parte de su tiempo libre lo pasan "contemplando la Tierra", simplemente mirándola. Pueden mirar durante horas porque el paisaje cambiante, la interactividad de la biosfera, todo esto tiene un impacto estético increíble.

La belleza de ver la Tierra como un planeta, en lugar de estar aquí abajo en medio de ella, es una experiencia maravillosa para empezar a entrar en lo que llamamos el efecto de la gran imagen, o el "efecto perspectiva" (overview effect). Estaba volando a través del país de la costa este a la costa oeste en los años 70, y miraba por la ventana, y mientras miraba hacia el planeta, me vino el pensamiento: cualquiera que viva en un asentamiento espacial o viva en la Luna siempre tendría una perspectiva general. Verían cosas que sabemos, pero que no experimentamos, que es que la Tierra es un solo sistema, todos somos parte de ese sistema, y que hay una cierta unidad y coherencia en todo ello. E inmediatamente lo llamé el efecto perspectiva.

Desde esa perspectiva, ves la Tierra como un planeta. Ves el Sol como una estrella. Vemos el Sol en el cielo azul, pero allá arriba ves el Sol en un cielo negro, así que sí, lo estás viendo desde una perspectiva cósmica. Hemos estado evolucionando desde el comienzo de la civilización hacia una perspectiva cada vez más amplia de la vida en la Tierra. Pero la próxima evolución natural es entender la vida en el espacio. Es decir, el hecho de que la Tierra, como solía decir famosamente Buckminster Fuller, es una nave espacial, la Nave Espacial Tierra. Ya estamos en el espacio. Es solo que no lo hemos incorporado a nuestra perspectiva mientras vivimos aquí en la Tierra. El efecto perspectiva es simplemente el reconocimiento repentino de que vivimos en un planeta y todas las implicaciones que ello trae a la vida en la Tierra.

Cuando miramos hacia abajo a la Tierra desde el espacio, vemos este planeta asombroso e indescriptiblemente hermoso. Parece un organismo vivo que respira. Pero también, al mismo tiempo, parece extremadamente frágil. Porque sales en un día despejado y es el gran cielo azul. Parece que sigue para siempre, ¿verdad? ¿Y cómo podríamos poner suficiente material en él para llenarlo con cosas que realmente lo cambien? Y sin embargo, lo ves desde el espacio y es esta delgada línea que apenas abraza la superficie del planeta.

Cualquier otra persona que haya ido al espacio dice lo mismo porque es realmente impactante y aleccionador ver esta capa delgada como el papel y darse cuenta de que esa pequeña capa es todo lo que protege a cada ser vivo en la Tierra de la muerte, básicamente, de la dureza del espacio.

Hay este concepto muy poético que mucha gente expresa de que no hay fronteras desde el espacio. Y he oído a muchos de mis colegas astronautas decir eso. Desafortunadamente, no es cierto. Sí ves fronteras. Son principalmente el resultado del impacto humano. Puedes ver la erosión, la tala de bosques, y es una larga lista de impactos ambientales que hemos tenido en nuestro planeta. Y eso es algo que, cuando lo ves desde una perspectiva cósmica, te hace apreciar realmente el concepto de la Nave Espacial Tierra y que estamos todos juntos aquí.

Después de que regresé e intenté entender de qué se trataba esta experiencia, no pude encontrar nada en la literatura científica al respecto, ni nada en la literatura religiosa que consulté. Así que recurrí a la universidad local y les pedí que me ayudaran con lo que vi. Y cuando volvieron a mí unas semanas más tarde, dijeron: "Bueno, en la literatura antigua, encontramos una descripción llamada salvacapra samadhi". Y dijeron que eso significa que ves las cosas como las ves con tus ojos, pero las experimentas emocional y visceralmente con éxtasis y un sentido de unidad y unicidad total.

4 mar 2018

Cultura actual: obstáculo a la espiritualidad. Juan José Pescio




Ponencia de Juan José Pescio en la mesa de Cultura y Espiritualidad
2010 - Parque La Reja, Buenos Aires

En esta ponencia partimos de la siguiente hipótesis: Esta cultura violenta en la que estamos inmersos es consecuencia del proyecto de vida individualista y posesivo que orienta la vida. Este tipo de proyecto es el obstáculo que impide ponerse en el lugar del otro y registrar las señales de lo profundo.
Este proyecto de vida está hoy globalizado y se basa en el supuesto erróneo de que es el camino hacia la felicidad. Las diferentes culturas han adoptado esta dirección como si fuera la correcta sin advertir que como consecuencia de ella, es que vivimos en un mundo cada vez más violento.
Hoy a nivel mundial, las autoridades políticas y los medios de difusión, (salvo algunas excepciones)sostienen de forma directa o larvada que:
“La actitud posesiva es positiva, porque impulsa a acumular bienes intangibles y tangibles en forma creciente, en el interior de esa entidad a la que llamamos “el yo y lo mío”. Por ese camino, se sostiene, vamos a llegar a la felicidad como individuos y también como conjunto social, como consecuencia del “derrame”.
La actual economía a nivel mundial se apoya además en la teoría psicológica que afirma que este impulso egocéntrico, es el que mueve todo comportamiento humano individual y social y se afirma que este impulso tiene sus raíces en el cuerpo, es decir en la animalidad, en lo instintivo.
Desde al Nuevo Humanismo, decimos que este impulso egocéntrico surge sólo cuando estamos instalados en la parte más periférica de nuestra interioridad, pero en la medida en que nos conectamos con nuestro sentimientos y tratamos de acercarnos a nuestras aspiraciones profundas, aparecen los impulsos solidarios que tenemos bloqueados y el deseo de ayudar al que lo necesita. Los niños por ejemplo, no sólo necesitan recibir afecto y ayuda sino darla y esto es algo que se puede aprender a hacer, si se crean los ámbitos adecuados.
También puede comprender cualquier persona, basándose en su propia experiencia cotidiana, que al instalarnos en el proyecto de vida posesivo individualista, las demás personas, pasan a ser amenazas en la competencia para lograr la propia felicidad y otras veces se convierten en obstáculos o en aliados poco confiables, lo que desencadena nuestro temor o nuestra violencia.
No es difícil observar también, que la dirección mental individualista y esta actitud posesiva, empujan a la lucha con los demás por llegar a la “cima” del poder económico, del conocimiento, del reconocimiento y afecto, de la posición en cualquier pirámide organizativa, llámese empresa, partido, movimiento social, iglesia, etc.
Es claro que para considerarse en la cima, todos los demás deben quedar por debajo. Sin embargo, a pesar de las declamaciones de solidaridad que se escuchan continuamente, este es el paradigma de felicidad del mundo actual que se expresa en el deporte, en la economía, en la política, etc.
Planteamos desde nuestro punto de vista, que cuando aspiramos a esta cima, es porque creemos que tendremos al llegar a ella, la suma de nuestros registros placenteros y ponemos entonces en el futuro, lo que creemos que será esta experiencia.
Este proyecto de felicidad está centrado, prioriza, el obtener estos registros sólo para uno mismo y esto lleva a dar la espalda al dolor y sufrimiento de los demás. Crea además la condición de la desconfianza, el temor y la soledad y sobre todo nos impide escuchar las señales internas más profundas de aquello que realmente necesitamos.
Esa tensión de temor y violencia cotidiana, es llamada habitualmente “ambición personal”. A las nuevas generaciones se les aconseja tenerla, para triunfar en la competencia con los demás. De ese modo, se los quiere preparar para lo que llaman “realidad de la vida”.
Pero sin embargo, muchísima gente, que va experimentando esa sensación de temor y violencia en su interior, no está dispuesta a aceptarla como natural e inevitable y decide intentar cambiar de dirección.
Pero ocurre, que en los ámbitos en los que convivimos y en la sociedad en general, ya existen de hecho estos valores, estos proyectos de vida individualistas, posesivos y competitivos, objetivados en leyes, en instituciones, en personas que se mueven por ellos y justificados por estas ideas dominantes y los poderes que las promueven, etc.
Es que cuando venimos al mundo, nos encontramos con generaciones anteriores impulsadas por este proyecto, nos rodean millones de trepadores de pirámides, programados para la lucha por llegar a ser los primeros en algún campo. Ellos son el principal componente de esta “realidad” que pretende moldear a las nuevas generaciones a su semejanza.
Desde niños nos premian en la escuela, en la familia y luego cuando somos mayores, en el trabajo, si nos destacarnos sobre los demás, cuando ganamos en las competencias, ya que son parte fundamental de nuestra “formación”, pero extrañamente para quienes piensan que eso es lo mejor que nos pueden ofrecer, muchos jóvenes no quieren entrar en el molde, no quieren competir y ganarle a los otros, sino cooperar con los demás y ofrecer su ayuda solidaria a los que la necesitan.
El discurso solidario queda vacío en las instituciones, cuando las prácticas cotidianas están montadas sobre la idea de rivalizar con otros por alcanzar una meta, de la que los perdedores van a quedar excluidos.
No es difícil hoy para nadie, entender que el proyecto individualista posesivo, está en la base del vínculo dominador-dominado entre los seres humanos, logrado y mantenido por medio de las armas, el dinero o el conocimiento y que el dominador, sigue tratando de aumentar sus dominios sin límite, aunque quiera disfrazar sus intenciones con argumentos humanitarios.
Aún las personas bienintencionadas al tratar de ayudar a los jóvenes (padres, docentes), creen que si se apoyan en estas motivaciones centradas en uno mismo y en los míos, van a lograr formar un tipo de persona solidaria y un ciudadano comprometido con el bienestar general.
Es muy claro para la gran mayoría de la gente, que el vínculo opresor-oprimido está condicionando las relaciones internacionales en la economía, en la política, pero quizás no es tan evidente, que estos poderes están tratando de promover e imponer este proyecto de vida centrado en uno mismo, como camino a la felicidad. Puede ser que esto que hacen sea en parte por no comprender las verdaderas necesidades de los seres humanos y por otra como una forma masiva de movilizar la maquinaria de la producción y el consumismo y disolver toda forma de organización colectiva posible.
Vemos hoy en China, por ejemplo, donde hay casi 1.000.000 de nuevos millonarios menores de 40 años, como la “ambición por progresar económicamente” en los jóvenes, va mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas.
Vemos que este mismo impulso hoy, al propagase intencionadamente como el ideal que unifica esta cultura global, va borrando las diferencias entre las antiguas culturas y los jóvenes de China, India, Brasil, Europa o USA comparten el mismo proyecto de vida individualista acumulativo como camino a la felicidad. Este proyecto ilusorio, va barriendo las tradiciones de colaboración y ayuda mutua o la búsqueda de lo sagrado.
Este barrido que hacen a los otros caminos a la felicidad que pudieran elegir las poblaciones, puede ser en forma violenta como en China o simplemente haciéndoles vacío.
En este punto de esta presentación, en el que la mirada se amplía hasta el ámbito que corresponde al planeta y a la especie, vamos a enmarcar el tema con una cita de Silo, que en su exposición del año 76 en Canarias dice:
…”¿Y qué hay más abajo del deseo, y qué hay más abajo de la necesidad? Algo, que de ningún modo desaparece. Detrás del deseo y detrás de la necesidad está sin duda, la posesión…
…Y basta ver cómo se comporta una persona cuando no tiene deseo por un objeto, pero alguien pone en peligro su posesión. Resulta que ahora la relación es con otra persona y ya no experimenta por esa otra persona ningún deseo, pero sigue experimentando por esa otra persona, posesión.
Y la posesión se traslada y no se trata sólo de posesiones físicas; hay posesiones morales; hay posesiones mentales; hay posesiones ideológicas; hay posesiones gésticas; hay posesiones rituales. Hay posesiones de todo tipo y todo aquello está, siempre, comprometiéndome con los objetos. De tal modo que basta que algo entre en el campo de la posesión de esos objetos que detento, para que mi posesión, que siempre está trabajando, se active con más fuerza. La posesión no cesa, y sí puede cesar el deseo.
El deseo tiene características no tan corporales, no tan físicas como la posesión. Uno puede desear lograr algunas cuestiones espirituales, diferente al registro físico de querer poseer algo espiritual. Observen qué sucede en el propio cuerpo cuando se desea simplemente, o cuando se posee, o cuando el deseo es por poseer. Y siempre el deseo tiene que ver con la posesión, que es su raíz.
Más abajo del deseo está esta posesión y tiene fuertes connotaciones físicas y fuertes registros físicos. Y este registro de la posesión tiene que ver con la tensión. Y se sabe que se está deseando poseer algo porque se registra una particular tensión. Y cuanto más fuerte es ese deseo de posesión, más fuerte es la tensión.
Y claro, uno se agarra a los objetos, uno se agarra a la vida, uno se agarra a las cosas; y se agarra con las garras, con las manos. De tal manera que no suelta uno esas cosas, y esto de no soltar cosas, esto, trae registros de tensión…
Seguramente el hombre, y ésta es la diferencia fundamental, tiene esa aptitud sobre las otras especies para soltar; tiene aptitud para alejarse de los objetos; tiene aptitud para desposeerse.
Hay algo en la estructura de la mente ya a nivel humano, algo que está preparado para que esta mente se libere de la posesión objetal. Y esta diferencia es grande ya, entre el ser humano y el mono….
La mente humana seguramente es muy joven y todavía está muy ligada a la posesión. Pero según se ve en estos procesos y según se ve en el avance mismo de la mente individual, se avanza sobre todo cuando la mente es apta o es capaz para desposeerse.
Entonces sucede que la mente no registra tensión, entonces sucede que no hay registro físico de tensión, entonces sucede que los músculos no son necesarios con respecto a los objetos en el sentido de la posesión.” (Silo)
Volviendo humildemente a nuestro planteo inicial sobre el condicionamiento cultural individualista y competitivo, podemos simplemente decir ahora en este marco, que esta cultura actual refuerza la actitud posesiva y bloquea el impulso opuesto de soltar, de dar.
Entonces estos dos factores: el proyecto posesivo personal que se fue internalizando en nuestra subjetividad a lo largo de la vida y los ámbitos externos condicionantes que lo siguen reforzando, bloquean los impulsos a ponerse en el lugar del otro, a la compasión, los que son tomados como debilidad.
Y aunque los sentimientos profundos nos impulsen en dirección de ayudar y de construir para otros, nuestra cabeza, acostumbrada al cálculo de la ganancia personal, pone resistencia para aceptarlo como proyecto de vida.
Sin embargo la nueva sensibilidad que comienza a nacer, abre la posibilidad de tomar contacto con nuestros propios impulsos solidarios y con las señales internas de lo sagrado.
Los que vivimos en esta época, experimentamos más o menos claramente, que esta dirección individualista de la vida nos queda chica, como si fuera un ropaje que nos aprieta, porque hay algo que en interior del ser humano que está creciendo y que los Humanistas podemos contribuir a que se acelere este proceso.
Estamos actualmente en esa transición.
Cuando los hombres y mujeres que hemos sido formados en esta cultura nos colocamos mas cerca de la profundidad de nuestros corazón y registramos que preferimos aquellas acciones que terminan en la mejora de otros, necesitamos saber que no estamos equivocados, que nos estamos siendo menos “realistas”, sino que por el contrario, estamos más cerca que nunca de la verdadera realidad del otro y de la propia.
Para sostenernos en esa dirección, necesitamos de un marco conceptual que permita comprender ese registro y un ámbito humano solidario con el que interactuar para expresarlo en acciones hacia el mundo.
Una nueva cultura solidaria y no violenta será la consecuencia de este impulso profundo que busca expresarse en el mundo y plasmarse en nuevas formas de convivencia a nivel mundial
Nuestra espiritualidad está en la dirección interior que nos señalan nuestras aspiraciones más profundas de convivencia solidaria, en la que la dirección de nuestros actos terminan en otros, sin censura externa y sin autocensura. La propuesta de felicidad individualista con la que nos quieren dividir los opresores, va llegando a su fin como pretendido fundamente para la primera civilización planetaria.
Se hace necesario entonces convertir definitivamente el proyecto de vida equivocado, tanto en el mundo externo como dentro de nosotros mismos, para que el ser humano sea libre de tomar contacto con lo sagrado en su interior, ya que este proyecto de vida equivocado es el principal obstáculo para el desarrollo de la espiritualidad.
Estos impulsos profundos son los que pueden formar una comunidad solidaria y abrir el corazón y la mente.
No pueden ser impuestos por una moral externa.
Surgen del interior cuando se puede salir del encierro en lo mío. Es entonces cuando el otro aparece como intencional y libre, cuando surgen deseos de dar lo necesario desde el corazón, sin especulación.
Sería conveniente entonces ofrecer a cada conciencia, ámbitos para conocer y practicar esta nueva opción de “dar en lugar de tener”, “soltar en lugar de acumular”,” acercarse a la profundidad del sentimiento, en lugar de ir hacia la exterioridad”, para que cada persona pueda concretar como resultado de su reflexión, la elección intencional para su vida, de abrazar aquella dirección mental que permite tomar contacto con ese otro tiempo y otro espacio y con aquella actitud abierta hacia los demás, que hacen verdaderamente feliz y libre al ser humano.

11 ene 2018

"Las maquinas" Cancion de Florcita Motuda



¿Quiénes deben hacerlo todo con eficacia?…las máquinas…..solamente las máquinas.
¿quiénes deben hacerlo todo con mucha rapidez?..las máquinas…..solamente las máquinas.
¿quiénes deben hacerlo a un bajo sueldo?..las máquinas…..solamente las máquinas.
¿quiénes deben trabajar “rayados” todo el día?…las máquinas…solamente las máquinas…
Yo veo que existe todavía un Sistema…económico político y social…
que trate a los hombres como si fueran máquinas
! lo veo, lo veo, lo veo, lo veooo….
si tan solo los países…”más desarrollados” fueran más humanos…wou…wou…
si tan solo los países…con cabezas nucleares..fueran más humanos…..wou..wou
si tan solo “los perfectos” y “los poderosos”….fueran más humanos…
¿Quiénes deben hacerlo todo sin hallar poesía?…las máquinas…solamente las máquinas…
¿quiénes deben hacerlo todo sin consideraciones?…las máquinas…solamente las máquinas..
¿quiénes deben hacerlo a un bajo sueldo?… las máquinas…solamente las máquinas..
¿quiénes deben trabajar “rayados “todo el día?…las máquinas…solamente las máquinas…
Yo veo que existe todavía un Sistema…económico político y social…
que trate a los hombres como si fueran máquinas
lo veo lo veo lo veo lo veoooo…
si tan solo los países…”más desarrollados” fueran más humanos…wo…wou…
si tan solo los países…con cabezas nucleares..fueran más humanos…wou..wou..
si tan solo “los perfectos” y “los poderosos”….fueran más humanos.
las máquinas…solamente las máquinas… las máquinas…solamente las máquinas…

10 mar 2016

Silo: Hacia dònde va el mundo?

clic aqui para escuchar el discurso completo 


Presentación del libro “Cartas a mis amigos”
Efectuada en el Primer Encuentro de la Cultura Humanista realizado en Santiago de Chile.



Agradezco a las instituciones organizadoras de este Primer Encuentro de la Cultura Humanista, la invitación que oportunamente me cursaran para presentar el libro, de edición chilena, “Cartas a mis Amigos”. Agradezco las palabras pronunciadas por Luis Felipe García en representación de Virtual Ediciones.

Agradezco la intervencion de don Volodia Teitelboim, a quien quisiera responder a futuro y comentar, con el detalle que merecen, muchos de los brillantes conceptos que vertiera en esta ocasión.

Agradezco la presencia de destacadas personalidades de la cultura, de los medios de Prensa y, por supuesto, de los numerosos amigos que hoy nos acompañan.

En esta breve exposición, quisiera ambientar el libro que hoy se lanza publicamente destacando que no se trata de una obra sistemática sino de una serie de comentarios presentados en el conocido y, tantas veces utilizado, estilo epistolar. Desde las “epístolas morales” de Séneca, ha llegado hasta hoy un fárrago de exposiciones que se han diseminado por el mundo y que han tenido, por cierto, despareja influencia y desparejo interés. Hoy ya son muy conocidas las “cartas abiertas” que si bien parecen dirigidas a una persona, una institución, o un gobierno, están escritas con la intención de que lleguen más allá del destinatario explícito, es decir, con la intención de que lleguen a los grandes públicos. En éste último sentido, es que se ha pensado nuestro presente trabajo. El título completo del volumen es: “Cartas a mis amigos sobre la crisis social y personal en el momento actual”. ¿Quiénes son estos “amigos” a quienes se dirigen las misivas? Son, sin duda, aquellas personas que coinciden o difieren con nuestra postura ideológica pero que, en todos los casos, lo hacen con la genuina intención de lograr una mayor comprensión y una mejor adecuación de la acción para superar la crisis que estamos viviendo. Eso en cuanto al destinatario. En cuanto a la temática, no se ha dejado de destacar el campo de crisis dentro del que se inscriben tanto las sociedades como los individuos. Al concepto de “crisis” lo consideramos en su sentido más habitual de término de un acontecer que se resuelve en una dirección u otra. La “crisis” hace salir de una situación e ingresar en otra nueva que plantea sus propios problemas. Se entiende popularmente a la “crisis” como una fase peligrosa de la que puede resultar algo beneficioso o pernicioso para las entidades que la experimentan y estas entidades son, en este caso, la sociedad y los individuos. Para algunos es redundante considerar a los individuos ya que se los implica al hablar de la sociedad, pero desde nuestro punto de vista esto no es correcto y la pretensión de hacer desaparecer a uno de los términos se apoya en un análisis que no compartimos. Con esto, doy por concluido el comentario sobre el título del libro.

Ahora bien, el orden razonable del discurso, indica que se debería entrar en tema con el estudio de los contenidos de la obra. Sin embargo, preferiríamos no seguir esa secuencia escolar, sino adentrarnos en las intenciones que han determinado a toda esta producción. Estas intenciones son las de recoger el pensamiento del Nuevo Humanismo y volcar su dictamen sobre la situación que nos toca vivir. El Nuevo Humanismo está planteando una advertencia sobre la crisis general de la civilización y está planteando unas medidas mínimas a tomar para superar esta crisis. El Nuevo Humanismo es consciente del apocalipsismo de fin de siglo y de fin de milenio de acuerdo a lo que enseña la historia. Bien sabemos que en estas coyunturas epocales se levantan las voces de quienes proclaman el fin del mundo y que, traducidas a distinto folclore, señalan o el fin del ecosistema, o el fin de la Historia, o el fin de las ideologías, o el fin del ser humano atrapado por la máquina, etc. Nada de esto sostiene el Nuevo Humanismo, él simplemente dice: “¡He, amigos, hay que cambiar el rumbo! ¿Que nadie quiere oírnos? ¿Que estamos equivocados? Pues enhorabuena, porque si estamos equivocados las cosas marchan por un camino justo y vamos recorriendo la vía hacia el Paraíso en la Tierra. Algunos estructuralistas nos dirán que la crisis actual es una simple re-acomodación del sistema, un reordenamiento necesario de factores en un sistema que sigue realimentando el progreso; algunos postmodernistas afirmarán que simplemente se ha desajustado el relato del siglo XIX y que los “decididores” sociales están ofreciendo un incremento de poder y de pacificación, gracias a la transparencia tecnológica y comunicacional. Ah, ¡bien amigos!, podemos descansar confiando en que el Nuevo Orden se encargará de pacificar el mundo. No más Yugoslavias, Medio Oriente, Burundi o Sri Lanka. No más hambrunas, no más un 80% de la población mundial en la línea y bajo la línea de subsistencia. No más recesión, no más despidos, no más destrucción de las fuentes de trabajo. Ahora si, administraciones cada vez más limpias, tasas de escolaridad y de educación crecientes, disminución de la delincuencia y la inseguridad ciudadana, disminución de alcoholismo y drogadicción… en suma, conformidad y felicidad creciente para todos. Eso está bien, amigos. Seamos pacientes, ¡el Paraíso está muy cerca! … Pero si esto no fuera así, si la situación actual siguiera en deterioro o se perdiera el control, ¿cuáles serían las alternativas a seguir?”

Ese es el discurso de las “Cartas a mis amigos”. Y no creemos que sea ofensivo considerar, a modo de tímida opinión, la posibidad de que ocurra un penoso desenlace. Nadie se ofende porque los edificios cuenten con sus escaleras de emergencia, que los cines y los lugares de reunión pública estén pertrechados con equipos de extinción, con puertas de escape; nadie protesta porque los estadios deportivos se vean obligados a habilitar portones de salida suplementarios. Y, por supuesto, cuando uno va a un cine o entra a un edificio no está pensando en incendios ni en catástrofes, porque todo se entiende en el contexto que pone la prudencia. Si no se incendia el edificio, ni el cine, ni en el estadio se produce el desborde, ¡Enhorabuena!

En la sexta Carta se recoge el Documento de los Humanistas en el que éstos exponen sus ideas más generales, su alternativa a la crisis. No es un Documento de aguafiestas, no es un ideario pesimista, es una exposición sobre la crisis y una presentación de alternativas. Al leerlo, aún aquellos que no estuvieran de acuerdo, deberían decir: “Bien, es una alternativa. Debemos cuidar a estos muchachos, las sociedades necesitan escaleras de incendio. No son nuestros enemigos, son la voz de la supervivencia”.

El Documento de los Humanistas, que recoge la Carta sexta, nos dice: “Los humanistas ponen por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida frente a la resignación, la complicidad y el absurdo… Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente el mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad. Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie… ” Y, al final del Documento se concluye: “Los humanistas no son ingenuos ni se engolosinan con declaraciones de épocas románticas. En ese sentido, no consideran sus propuestas como la expresión más avanzada de la conciencia social, ni piensan a su organización en términos indiscutibles. Los humanistas no fingen ser representantes de las mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer más justo apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles en este momento que les toca vivir”.

¿No está plasmado en este Documento un fuerte sentimiento de libertad, de pluralismo, de autolimitación? A eso bien se lo puede llamar planteo alternativo y de ninguna manera, propuesta avasalladora, uniformante y absoluta.

¿Y cómo es este proceso de crisis?, ¿hacia donde apunta? En las diversas cartas se ejemplifica sobre un mismo modelo. El modelo de sistema cerrado. Este comenzó en el surgimiento del Capitalismo. La Revolución Industrial lo fué potenciando. Los estados nacionales, en manos de una burguesía cada vez más poderosa, comenzaron a disputarse el mundo. Las antiguas colonias pasaron de las testas coronadas a manos de las compañías privadas. Y la banca, comenzó su tarea de intermediación, de endeudamiento de terceros y de apoderamiento de las fuentes de producción. Ya la banca financió campañas militares de las burguesías ambiciosas, prestó y endeudó a las partes en conflicto y casi siempre salió gananciosa de todo conflicto. Cuando aún las burguesías nacionales se planteaban el crecimiento en términos de explotación inclemente de la clase trabajadora, en términos de crecimiento industrial, en términos de comercio, siempre referenciando como centro de gravedad al propio país que manejaban, ya la banca había saltado por encima de las limitaciones administrativas del Estado nacional. Llegaron las revoluciones socialistas, el crack bursátil y las reacomodaciones de los centros financieros, pero estos siguieron en crecimiento y concentración. Luego del último estertor nacionalista de las burguesías industriales, luego del último conflicto mundial, quedó claro que el mundo era uno, que las regiones, los países y los continentes quedaban conectados y que la industria necesitaba del capital financiero internacional para sobrevivir. Ya el Estado nacional comenzó a ser un estorbo para el desplazamiento de capitales, bienes, servicios, personas y productos mundializados. Comenzó la regionalización. Y con ello el antiguo orden empezó a desestructurarse. El viejo proletariado que en su momento era la base de la pirámide social arraigada en las industrias extractivas primarias y que pasó poco a poco a formar parte de los regimientos de trabajadores industriales empezó a perder uniformidad. Las industrias secundarias y las terciarias, los servicios cada vez más sofisticados fueron absorbiendo mano de obra en una reconversión contínua de los factores de producción. Los antiguos gremios y sindicatos perdieron poder de clase direccionándose hacia reivindicaciones inmediatas de tipo salarial y ocupacional. La revolución tecnológica provocó nuevas aceleraciones en un mundo desparejo en el que vastas regiones postergadas se alejaban cada vez más de los centros de decisión. Esas regiones colonizadas, expoliadas y destinadas a ocupar sectores de abastecimiento bruto en la división internacional del trabajo, cada vez vendían más barata su producción y cada vez compraban más cara la tecnología necesaria a su desarrollo. Entre tanto, las deudas contraídas para seguir el modelo de desarrollo impuesto, seguían creciendo. Llegó el momento en que las empresas necesitaron flexibilizarse, descentralizarse, agilizarse y competir. Tanto en el mundo capitalista como en el socialista, las estructuras rígidas comenzaron a resquebrajarse al tiempo que se imponían gastos cada vez más agobiantes para mantener en crecimiento a los complejos militar-industriales. Sobreviene entonces, uno de los momentos más críticos de la historia humana. Y es allí, desde el campo socialista desde donde comienza el desarme unilateral. Solo la historia futura determinará si aquello fué un error o fué, precisamente, lo que salvó a nuestro mundo del holocausto nuclear. Toda esta secuencia es facilmente reconocible. Y así llegamos a un mundo en el que la concentración del poder financiero tiene postrada a toda industria, a todo comercio, a toda política, a todo país, a todo individuo. Comienza la etapa del sistema cerrado y en un sistema cerrado no queda otra alternativa que su desestructuración. En esta perspectiva, la desestructuración del campo socialista aparece como el preludio de la desestructuración mundial que se acelera vertiginosamente.

Este es el momento de crisis en el que estamos ubicados. Pero la crisis tiende a resolverse en diversas variantes. Por simple economía de hipótesis y, además para ejemplificar en grandes trazos, en las Cartas se esbozan dos posibilidades. Por una parte, la variante de la entropía de los sistemas cerrados y, por otra parte, la variante de la apertura de un sistema cerrado merced a la acción no natural sino intencional del ser humano. Veamos la primera matizada con un cierto pintoresquismo descriptivo.

Es altamente probable la consolidación de un imperio mundial que tenderá a homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la lengua, los usos y costumbres. Un imperio mundial instrumentado por el capital financiero internacional que no habrá de reparar aún en las propias poblaciones de los centros de decisión. Y en esa saturación, el tejido social seguirá su proceso de descomposición. Las organizaciones políticas y sociales, la administración del Estado, serán ocupadas por los tecnócratas al servicio de un monstruoso Paraestado que tenderá a disciplinar a las poblaciones cada vez con medidas más restrictivas a medida que la descomposición se acentúe. El pensamiento habrá perdido su capacidad abstractiva reemplazado por una forma de funcionamiento analítico y paso a paso según el modelo computacional. Se habrá perdido la noción de proceso y estructura resultando de ello simples estudios de linguística y análisis formal. La moda, el lenguaje y los estilos sociales, la música, la arquitectura, las artes plásticas y la literatura resultarán desestructuradas y, en todo caso, se verá como un gran avance la mezcla de estilos en todos los campos tal como ocurriera en otras ocasiones de la historia con los eclecticismos de la decadencia imperial. Entonces, la antigua esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para siempre. En este oscurecimiento de la razón, en esta fatiga de los pueblos quedará el campo libre a los fanatismos de todo signo, a la negación de la vida, al culto del suicidio, al fundamentalismo descarnado. Ya no habrá ciencia, ni grandes revoluciones del pensamiento… solo tecnología que para entonces será llamada “Ciencia”. Resurgirán los localismos, las luchas étnicas y los pueblos postergados se abalanzarán sobre los centros de decisión en un torbellino en el que las macrociudades, anteriormente hacinadas, quedarán deshabitadas. Contínuas guerras civiles sacudirán a este pobre planeta en el que no desearemos vivir.

En fin, esta es la parte del cuento que se ha repetido en numerosas civilizaciones que en un momento creyeron en su progreso indefinido. Todas esas culturas terminaron en la disolución pero, afortunadamente, cuando unas cayeron, en otros puntos se erigieron nuevos impulsos humanos y, en esa alternacia, lo viejo fué superado por lo nuevo. Está claro que en un sistema mundial cerrado, no queda lugar para el surgimiento de otra civilización sino para una larga y oscura edad media mundial.

Si lo que se plantea en las cartas en base al modelo explicado, es del todo incorrecto, no tenemos por qué preocuparnos. Si, en cambio, el proceso mecánico de las estructuras históricas lleva la dirección comentada es hora de preguntarse cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los acontecimientos. A su vez, ¿quiénes podrían producir ese formidable cambio de dirección sino los pueblos que son, precisamente, el sujeto de la historia? ¿Habremos llegado a un estado de madurez suficiente para comprender que a partir de ahora no habrá progreso sino es de todos y para todos? Esta es la segunda hipótesis que se explora en las Cartas.

Si hace carne en los pueblos la idea de que (y es bueno repetirlo) no habrá progreso sino es de todos y para todos, entonces la lucha será clara. En el último escalón de la desestructuración, en la base social empezarán a soplar los nuevos vientos. En los barrios, en las comunidades vecinales, en los lugares de trabajo más humildes, comenzará a regenerar el tejido social. Este será, aparentemente, un fenómeno espontáneo. Se repetirá en el surgimiento de múltiples agrupaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. De los reclamos inmediatistas se irá cobrando conciencia hacia la situación más amplia en la que el trabajo tendrá más valor humano que el capital y en la que el riesgo del trabajo será más claro que el riesgo del capital a la hora de considerar prioridades. Facilmente se llegará a la conclusión de que la ganancia de la empresa debe reinvertirse en abrir nuevas fuentes de trabajo o derivar hacia otros sectores en los que la producción siga aumentando en lugar de derivar hacia franjas especulativas que terminan engrosando el capital fianciero, que producen el vaciamiento empresarial y que llevan a la posterior quiebra del aparato productivo. El empresario comenzará a advertir que ha sido convertido en simple empleado de la banca y que, en esta emergencia, su aliado natural es el trabajador. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. Empezará a comprenderse de una vez que el progreso no depende de la deuda que se contrae con los bancos sino que los bancos deben otorgar créditos a la empresa sin cobro de intereses. Y también quedará claro que no habrá forma de descongestionar la concentración que lleva al colapso sino es mediante una redistribución de la riqueza hacia las áreas postergadas. La Democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad porque se querrá salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde popular. Los poderes serán reformados porque ya habrá perdido todo crédito y todo significado la estructura de la democracia formal dependiente del capital financiero. Sin duda, éste segundo libreto de crisis, se presentará luego de un período de incubación en el que los problemas se agudizarán. Entonces comenzará esa serie de avances y retrocesos en que cada éxito será multiplicado como efecto demostración en los lugares más remotos gracias a las comunicaciones instantáneas. Ni siquiera se tratará de la conquista de los estados nacionales sino de una situación mundial en la que se irán multiplicando estos fenómenos sociales antecesores de un cambio radical en la dirección de los acontecimientos. De este modo, en lugar de desembocar el proceso en el colapso mecánico tantas veces repetido, la voluntad de cambio y de dirección de los pueblos comenzará a recorrer el camino hacia la nación humana universal.

Es esta segunda posibilidad, es a esta alternativa a la que apuestan los humanistas de hoy. Tienen demasiada fe en el ser humano como para creer que todo terminará estupidamente. Y si bien no se sienten la vanguardia del proceso humano se disponen a acompañar ese proceso en la medida de sus fuerzas y allí donde estén posicionados.

No quisiera tomar más tiempo en comentar el libro que hoy tenemos en nuestras manos. Solamente desearía reconocer la paciencia y la tolerancia que uds. han mostrado al seguir este aburrido desarrollo.

Nada más. Muchas gracias.

Publicado en Presentación Cartas a mis amigos 
Etiquetas , 1994, Santiago de Chile

14 dic 2015

Qué hacer para detener la violencia

"En este desgraciado mundo en que la fuerza y la injusticia se enseñorea por campos y ciudades, ¿cómo es que se piensa acabar con la violencia?

Tal vez piensen que son un ejemplo inspirador de las nuevas generaciones cuando disfrazados de video juego despotrican contra el mundo; cuando amenazan en la peor muestra de matonaje; cuando, finalmente, envían a sus muchachos a invadir, a matar y a morir en tierras lejanas. Este no es un buen camino ni un buen ejemplo.

Tal vez piensen que volver a las primitivas prácticas de la pena de muerte, será un gran ejemplo social.

Tal vez piensen que penalizando progresivamente el delito cometido por niños, desaparecerá el delito... ¡ o desaparecerán los niños !

Tal vez crean que trsladando la práctica de la “mano dura” a las calles, las calles serán seguras.

Por cierto que estos problemas existen y se multiplican en el momento actual, pero con un enfoque violento de la violencia no resultará la paz.

No resultará la paz desde esta visión zoológica de la vida que propicia la lucha por la supervivencia, la lucha por el predominio del más apto. No resultará este mito. No resultará la paz manipulando las palabras o censurando las genuinas denuncias que se hacen contra todo atropello y toda atrocidad que se comete contra los seres humanos. A esta alturas me cuidaré de no mencionar los “derechos humanos” porque también han sido vaciados de contenido y falseados en su significado. Ahora sucede que se bombardea a las poblaciones indefensas para proteger sus derechos humanos...

No resultará la paz de esa visión zoológica de la vida que propicia un orden social en base a premios y castigos trsladando la domesticación animal al honorable ciudadano que comienza a entrenarse en la desconfianza, la delación y el mercadeo de sus afectos.

“Algo hay que hacer”, se escucha en todas partes. Pues bien, yo diré que hay que hacer, pero de nada valdrá decirlo porque nadie lo escuchará.

Yo digo que en el orden internacional, todos los que están invadiendo territorios deberían retirarse de inmediato y acatar las resoluciones y recomendaciones de las Nacione Unidas.

Digo que en el orden interno de las naciones se debería trabajar por hacer funcionar la ley y la justicia por imperfectas que sean, antes que endurecer leyes y disposiciones represivas que caerán en las mismas manos de los que entorpecen la ley y la justicia.

Digo que en el orden doméstico la gente debería cumplir lo que predica saliendo de su retórica hipócrita que envenena a las nuevas generaciones.

Digo que en el orden personal cada uno debería esforzarse por lograr que coincidiera lo que se piensa con lo que se siente y lo que se hace, modelando un vida coherente y escapando a la contradicción que genera violencia.

Pero nada de lo que se diga será escuchado. Sin embargo, los mismos acontecimientos lograrán que los invasores se retiren; que los duros sean repudiados por las poblaciones que exigirán el simple cumplimiento de la ley; que los hijos recriminen a sus padres su hipocresía; que cada uno se recrimine a sí mismo por la contradicción que genera en sí  y en los que lo rodean.

Estamos al final de un obscuro período histórico y ya nada será igual que antes. Poco a poco comenzará a clarear el alba de un nuevo día; las culturas empezarán a entenderse; los pueblos experimentarán un ansia creciente de progreso para todos entendiendo que el progreso de unos pocos termina en progreso de nadie. Si, habrá paz y por necesidad se comprenderá que se comienza a perfilar una nación humana universal.

Entre tanto, los que no somos escuchados trabajaremos a partir de hoy en todas partes del mundo para presionar a los que deciden, para difundir los ideales de paz en base a la metodología de la no- violencia, para preparar el camino de los nuevos tiempos."

Extracto tomado de:palabras de Silo en la Primera Celebración Anual de la Comunidad del Mensaje