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3 sept 2018

Religiosidad y Ecología Política

RELIGIOSIDAD Y ECOLOGÍA POLÍTICA

.Notapor Vainaimoinen » Dom Ago 19, 2018 2:01 am



Si examinamos desde un punto de vista empírico el fenómeno religioso y lo quisiéramos reducir a su expresión más sintética más abstracta, tendríamos que buscar conceptos o premisas que fueran atemporales, que sirvieran para todo hombre en cualquier momento de la historia y también para cualquier espacio, para cualquier latitud del planeta.

Desde que el hombre pasó a constituirse en un animal histórico, a transmitir la experiencia de cada generación a la siguiente, a inventar un lenguaje verbal, figurativo y escrito, enseguida empezaron a surgir los primeros signos de religiosidad. Estudiar las numerosas representaciones que han llegado a nuestros días, desde hace más o menos 7.000 años y en algunos casos de más antigüedad, nos llevaría muy lejos, y se excederían los límites de este artículo.

Hay algo que tenemos en común con todos los hombres que han poblado y que pueblan este planeta, y es que a diferencia de un animal sabemos que vamos a morir, somos conscientes que finalmente nuestra vida física, tal como la experimentamos terminará inevitablemente. Sin embargo un león, un caballo o un perro, no tienen conciencia de ello. Si que experimentan dolor cuando un animal cercano muere y hay multitud de ejemplos de ello. Pero dudo mucho que antes de esto tengan conciencia de que la muerte finalmente terminará su existencia.

Esto se puede interpretar de muchas maneras, y desde luego es algo que han experimentado los primeros humanos y que experimentamos nosotros mismos ahora.

En principio, parece una broma cruel, puedes llegar a ser poderoso, acumular muchas riquezas y poder, adquirir una cultura y un conocimiento profundo de la realidad que te rodea, puedes ser el ser más feliz del mundo, pero nada de eso servirá para nada, cuando llegue la muerte acabará con todo de un plumazo, es como si el tiempo mismo avanzara inexorablemente hacia el abismo, hacia la oscuridad.

Es evidente que la vida no tiene sentido si todo termina con la muerte.

Lo que resulta interesante no es tanto meternos en una investigación sobre si todo termina realmente con la muerte, sino las distintas respuestas que han dado los hombres sobre esta contradicción, ese es un ámbito que podemos manejar, que podemos analizar para poder seguir avanzando.

Enseguida empezaron a surgir explicaciones que tenían que ver con la trascendencia después de la muerte, y por supuesto como el cuerpo humano se descompone y salvo los huesos desaparecen, no se atribuye esta trascendencia a la base física sino a un segundo cuerpo que no se ve, a una especie de “doble” del cuerpo, compuesto por una especie de energía, o de algo no tangible que no depende del cuerpo físico. Sin la existencia de este alma difícilmente se podría hablar de trascendencia.

He leído que algunas tribus del Amazonas, machacan los huesos de los muertos y los entierran en una vasija en la que están todos los habitantes anteriores del poblado, la entierran en el centro de la aldea, para tener cerca el poder de los antecesores. De alguna manera esto también es atribuir una existencia no física a los restos de los que murieron.

Si existe un alma que permanece después de la muerte en algún sitio tendrá que habitar, en algún lugar, la respuesta a esto ha sido variopinta por parte de las religiones, desde el Walhalla de los vikingos, en los que los guerreros vivían en un permanente banquete con los dioses, hasta el paraíso de los musulmanes que también en este aspecto margina a las mujeres, ya que al que va al paraíso, le esperan 50 vírgenes a su disposición, lo justo sería que a las mujeres les esperaran 50 hombres bien dotados también, pero bueno sigamos adelante. El cielo de los cristianos y de los hebreos es más etéreo y luminoso, no deja de ser una perspectiva más evolucionada. Parece que este concepto de cielo, fue introducido en el antiguo testamento probablemente por el profeta Daniel, debido al contacto que tuvo con los sacerdotes zoroastrianos en la corte de Dario I. Puede que los adoradores de Aura Mazda, anteriores a las religiones monoteístas tuvieran mucho que ver en estas concepciones de las grandes religiones actuales.

Los griegos también hablaban de la la psiqué y de los Campos Elíseos, donde iban las almas de los hombres.

En todo caso, todas estas manifestaciones no dejan de tener fuertes componentes culturales de la época en la que fueron escritas, lo cual es un indicio de que no son elementos aepocales, que trasciendan el tiempo, son alegorías adaptadas al tiempo histórico y la latitud en la que nació la religión de turno. Por supuesto, esto no niega su existencia, es posible que los divulgadores de esa religión, usasen conscientemente unas alegorías adaptadas a la época, para conmover a los hombres de ese momento histórico.

La siguiente conclusión lógica es que debe de haber alguien o alguienes que hayan creado todo esto, y por lo tanto que gobierne este cielo.

Las primeras manifestaciones de divinidades, se refieren a la naturaleza, se relacionan con fenómenos naturales, como el dios del trueno, el dios del mar, las vírgenes de las cuevas y de los manantiales, los duendes de los bosques, etc. Es una religiosidad cercana a la naturaleza, con raíces animistas Con los griegos y posteriormente los romanos estas divinidades adquirieron una cualidad más compleja, con sus historias individualizadas y su expresión alegórica y simbólica muy rica, plasmada figurativamente en un arte muy diverso con una rica producción que todavía asombra al mundo. La religiosidad empieza a diferenciarse de la naturaleza, poniendo al hombre como protagonista de esta relación con lo divino.

Parece que esto de ser un equipo de dioses no le gustó mucho a algunos y entonces surgieron las religiones monoteístas, ya no había un grupo de divinidades para regir cada fenómeno de la naturaleza, o las cualidades humanas como la sabiduría, la poesía o la música. A partir del decaimiento del imperio romano se impusieron las grandes religiones monoteístas que destacan en la actualidad, no era un equipo de dioses el que regía el mundo, solo hay un creador que lo puede todo.

En la India no ha sido así, y han seguido fieles a otra concepción que tiene que ver con los principios de conservación (Visnu) destrucción (Shiva) y de creación (Brahma) algo que nos recuerda a la Santísima Trinidad Cristiana. El budismo es un caso aparte que comentaré más adelante.

Ruego a los más eruditos que disculpen el análisis simplista que he hecho, es para no extenderme más de la cuenta.

Muy bien, ya tenemos la respuesta al sin sentido, no todo termina con la muerte, el hombre trasciende y sobrevive esta existencia y su alma se dirige hacia la felicidad eterna, en la morada celestial después de su existencia terrenal.

Bueno pero ¿Por qué tenemos que pasar el trance de esta historia terrenal? ¿Por qué tenemos que venir a sufrir a este mar de lágrimas? Si existen paraísos tan estupendos ¿Qué sentido tiene que tengamos que presenciar tanto sufrimiento cuando no, violencia en la existencia de este mundo?

Esta es otra pregunta también es aepocal, y válida para cualquier latitud. Todos los hombres de todas latitudes y momentos históricos, se han hecho y se hacen está pregunta.

En general, las respuestas que han elaborado las religiones han coincidido en este punto. La vida es una especie de prueba para alcanzar ese estado de felicidad eterna. Nuestras acciones en la vida condicionan la posibilidad de entrar en ese paraíso. Hay casos como en Egipto, en los que se decía que al morir se pesaban las acciones del fallecido (las vísceras) y según pesaran más o menos, el alma podía ir hacia un lugar u otro.

Esto nos lleva a otra conclusión lógica. Si no todas las almas pueden entrar al paraíso ¿Qué pasa con las que no superan la prueba? Evidentemente hay que crear otro espacio en esta cosmogonía, un sitio que evidentemente no puede ser muy agradable, ya que las almas que van hacia allí, no han sido buenas, no han sido puras. Nacen los distintos infiernos de los que nos hablan las religiones.


LA SITUACIÓN ACTUAL


Hoy en día, para mucha gente es muy complicado creer en el Dios figurativo de las religiones tradicionales, la imagen de un señor mayor con barba y túnica blanca luminosa, sentado en un trono es muy difícil de digerir. Sin embargo la ciencia nos habla de una especie de plan universal, de unas leyes que valen para todo el Universo en expansión en el que vivimos. La frase de Eistein “Dios no juega a los dados” refleja esta concepción nueva que tiene que ver con algo más intuitivo que figurativo. He visto a muchos cristianos, rechazar la imagen bíblica de todo lo que llevamos hablado aquí, para adherir a este planteamiento de una especie de inteligencia universal, sin que lo vean contradictorio con el Dios todopoderoso de la Biblia.


También se ha rechazado la representación tenebrosa de un infierno de sufrimiento eterno, y la imagen de un Diablo que se dedica a hacer el mal. No parece que la carga negativa de estas imágenes, le guste mucho a las generaciones actuales.

El ateísmo no se ha impuesto, a pesar del desarrollo de la ciencia y de la técnica. Incluso en países como Rusia en los que se impuso a la fuerza, al cabo de setenta años ha surgido nuevamente la creencia religiosa, si cabe con más fuerza que antes. No cabe duda de que esto prueba, que a nivel mental, las preguntas sobre la trascendencia, constituyen una necesidad profunda del ser humano de cualquier época.

El problema con el ateísmo como con la religión, se da cuando caen en el fanatismo, y se ven legitimados a imponerse por la fuerza al resto, cuando se ve lícito usar la violencia para imponer la propia creencia.

No olvidemos que el ateísmo no deja de ser una creencia. En rigor nada de lo dicho sobre el alma, el cielo, el infierno o la existencia de Dios se puede probar científicamente, pero cuidado, tampoco se puede probar lo contrario. Desde el método científico, tan válida es una postura como la otra. El problema que tiene la ciencia, es que no cuenta con un objeto de estudio para poder experimentar, para poder confirmar o refutar una hipótesis. Por lo tanto, los positivistas no deberían posicionarse sobre una hipótesis con la que que no se puede experimentar. De momento no podemos pesar o medir el alma, ni saber que ocurre más allá de la muerte.

Es como si alguien antes de descubrirse la fuerza de la gravedad, negara su existencia porque no se podía medir, pesar o estudiar. Que en un momento “A” no contemos con los medios necesarios para observar un fenómeno, no quiere decir que este fenómeno no exista y se pueda analizar en un momento “B”.

Desde una perspectiva fenomenológica, no es lícito negar un punto de vista, cualquier hipótesis es válida a la hora de analizar un fenómeno, y hay que tener en cuenta el proceso que lleva adelante el propio observador, ya que en un futuro, puede cambiar su mirada, o avanzar en su concepción y gracias a esto, observar matices y puntos de vista que no tenía antes. Igualmente ocurre con los medios técnicos o materiales con los que cuenta el observador.

Negar algo sin pruebas de su no existencia, no deja de ser una creencia no fundamentada.

Un agnóstico tendría un punto de vista más cercano a la objetividad seguramente, ya que considera que hoy por hoy, el fenómeno de la religiosidad es inaccesible para el entendimiento humano, por lo tanto no se puede negar ni afirmar la existencia de Dios, queda fuera de nuestra comprensión.

Hay una pregunta que un agnóstico se hace muchas veces y también se la hace a los creyentes, se puede formular así: ¿Si Dios existe, como es posible que permita que mueran miles de niños, mujeres y hombres en el mar, cuando vienen huyendo del sufrimiento y de la muerte, de la guerra?

¿Qué intencionalidad puede tener un niño de pocos meses que muere en el Mediterráneo, no por sus decisiones, si no por las decisiones de otros hombres? ¿Como puede alcanzar ese juicio al final de su vida, si ésta acaba bruscamente sin que intervenga su voluntad? ¿Donde está Dios cuando las hambrunas se llevan por delante a miles y miles de niños en África? ¿Cuando los hombres se matan cruelmente y con una tecnología sofisticada en las guerras de Oriente Medio?

También las religiones han elaborado respuestas para estos casos. Las últimas me las dieron dos señoras evangelistas hace poco, “Esto es una cuestión de fe” “Los caminos del Señor, son inescrutables” “Si Dios permite eso, será por algo que no podemos entender los hombres” o bien “El hombre tiene libre albedrío, si usando esa libertad de elección decide asumir el riesgo de cruzar el mar con sus hijos, es responsabilidad de él si fallece en medio del agua” En fin, esto se contradice totalmente con el punto de vista voluntarista de esos creyentes, que afirman que todo es voluntad de Dios, si es así, no es muy reconfortante la imagen de un Dios que decide la muerte de tantos inocentes. Pero ya vemos que respuestas hay para todo.


UN POCO DE HISTORIA

Hubo una generación el siglo pasado, que alumbró una nueva espiritualidad que se opuso a la violencia, que tomó conciencia de la responsabilidad de los hombres actuales nunca presente antes en la historia, la capacidad de que nuestra especie acabara con la vida en el planeta a través de las armas nucleares. El pacifismo explotó como un prado florido en primavera, y también la falsa creencia de que se podía tocar el cielo con los dedos a través de la experiencia psicodélica, de las drogas que alteran la conciencia. Surgieron por doquier gurús, maestros y todo tipo de corrientes espirituales, muchas de las cuales sobreviven hoy como sectas.

El hipismo fue un movimiento denostado y rechazado posteriormente, en realidad el principal defecto que tuvo, es su incapacidad manifiesta para organizarse y poder influir políticamente, pero aún así, actuando en paralelo al sistema consiguió cambiar la mentalidad de la sociedad pacata, retrógrada y violenta de la guerra fría. Muchos de los hábitos sociales que ya hemos integrado hoy, o que estamos a punto de integrar, se iniciaron en aquella época, como la igualdad de género, la tolerancia en sentido amplio, tanto con la orientación sexual, como con la religiosidad y la espiritualidad. Igualmente el rechazo del racismo y la xenofobia. Todos estos cambios, son la manifestación del pacifismo la tolerancia con lo ajeno, con lo diverso tiene mucho que ver con el amor que propugnaban los hippies que abandonaron todo y se entregaron a buscar una vía alternativa no violenta al sistema capitalista. No podemos olvidarnos de que la ecología política se fundó en tres principios: El pacifismo, el feminismo y la ecología.

Fue al final de los años setenta y principios de los ochenta, cuando se empezó a organizar un movimiento alternativo, que cuestionaba el sistema productivista, pero esta vez, con capacidad de organizarse políticamente. En los principios, Los Verdes provenían del movimiento asociativo vecinal, de los militantes de la izquierda radical desencantados y hartos del verticalismo y manipulación de los partidos de la extrema izquierda, y también se unió gente de los movimientos alternativos, todo esto teñido de la contracultura de mayo del 68 que impulsaba una política participativa, alejada de los partidos tradicionales.


ESPIRITUALIDAD Y ECOLOGISMO

En todo el conglomerado del movimiento ecologista (político o asociativo) se observan muchas corrientes que tienen que ver con una concepción espiritualista del mundo. Hay grupos naturalistas que ven al planeta como un gigantesco ser vivo que hay que cuidar, no tanto como una conservación del medio ambiente, sino en un sentido más amplio y trascendente. Otros que quieren preservar la vida en todas sus facetas y en especial los animales, esos seres que no tienen voz en la sociedad humana. Los ecologistas en general somos amantes de la naturaleza, el que más o el que menos ha experimentado algún éxtasis, contemplando una puesta de sol sobre los valles, desde lo alto de un cima, o se ha embriagado con el aroma del bosque caminando al lado de un arroyo de montaña.

Estas vivencias personales no son exactamente místicas seguramente, pero nos ponen en presencia de una forma distinta de experimentar el mundo, y además movilizan en la dirección de conservar la naturaleza y la vida, algo muy similar a algunos mandatos religiosos.

Esta veneración por la naturaleza, se parece mucho a los cultos previos a la religión protoindoeuropea, que trajo los dioses guerreros y a sus trinidades a Europa. Esus, Tutatis y Taranis entre los Celtas, Thor, Odin y Freia en los pueblos nórdicos, Zeus, Poseidón y Hades en Grecia o Zeus, Hera y Atenea en el mundo romano.

Los dioses previos a estas culturas más conocidas, eran femeninos, constituían un politeísmo matriarcal no tan guerrero y belicista. Gaia o Gea era la diosa Tierra, la protectora de la vida que según se ha investigado fue venerada en el neolítico por los pueblos que habitaban en Grecia y Roma cuando sus habitantes eran nómadas, cazadores-recolectores integrados en la naturaleza y dependientes de esta y no constituían una nación civilizada con sus ciudades estado.


Pues bien, esta concepción de ver la Tierra como un ser vivo que vive en armonía y equilibrio constante, base de toda forma de vida, que entra en relación dialéctica con el mundo artificial creado por el hombre, no deja de tener un transfondo de retorno a la espiritualidad primigenia, a la religiosidad integrada en la naturaleza, que hay que cuidar y respetar porque si no ésta acabará con los hombres. Esta forma de ver el mundo, cuando no está basada en datos científicos, en algo cuantificable y estructurado, no deja de ser una simple creencia, pero muy útil para la ecología política. Hay personas en el movimiento ecologista, que no conocen con exactitud, cuantos vatios-hora es capaz de producir un aerogenerador de acuerdo a su situación y superficie de la hélice y posiblemente nunca lo sabrá, pero intuitivamente sabe que extraer la energía del viento, sin consumir energía fósil, sin quemar nada que perjudique a la atmósfera es positivo para el planeta.

Este planteamiento intuitivo, es bastante similar a un comportamiento espiritualista. Igual ocurre cuando un animalista se preocupa por el bienestar animal, porque no sufra ningún ser vivo en el planeta. Los ecologistas somos conservacionistas, queremos conservar la naturaleza y la vida.

Abundando aún más en el tema, he visto como dentro de la ecología hay muchas corrientes que adhieren al propio cuidado del cuerpo, como una forma de cuidar la naturaleza, de huir de los alimentos artificiales, de escoger de la naturaleza lo menos dañino. Es una perspectiva en la que cuidar el propio cuerpo es cuidar la naturaleza, en realidad es otro punto de vista más sobre el ecologismo. Este punto de vista está totalmente integrado en los partidos verdes, y aunque no existan estudios científicos serios que ratifiquen la bondad de comer solamente vegetales para la salud y la mente —Hitler era vegetariano— ahí está esta corriente con una base igualmente intuitiva y cercana a una creencia espiritual.


EL BUDISMO Y LA NUEVA ESPIRITUALIDAD

Hay un caso especial dentro de la espiritualidad, no es una religión teista, no reconoce dioses, sin embargo, si que establece un método para liberar a la mente del sufrimiento, para el sufrimiento interior. Al Dalai Lama, le preguntan con frecuencia si el budismo es una filosofía o una religión y este responde habitualmente bromeando: ‟¡Pobre budismo! Rechazado por las religiones como una filosofía atea, una ciencia de la mente; y por los filósofos como una religión—el budismo no encuentra hogar en ningún lado. Pero quizás esa sea una ventaja que le podría permitir al budismo construir puentes entre las religiones y las filosofías”

El budismo así como otros métodos de desarrollo y mejora personales provenientes de oriente, basados en la meditación, o el entrenamiento físico, se pusieron de moda desde que los Beatles, adhirieron a la meditación trascendental, y toda una generación rechazó la religión tradicional, y se lanzó a la búsqueda de una nueva espiritualidad en los sesenta. Esa moda no ha cesado y hoy en día siguen vigentes el yoga, pilates, artes marciales, el reiki y multitud de métodos para cuidar el cuerpo y el desarrollo espiritual. Cualquier militante de cualquier partido, puede participar de estas corrientes, pero entre los ecologistas suelen tener mejor acogida y ser entendidas con mayor comprensión. De todas formas las concepciones del budismo, son las que más penetración están teniendo entre el movimiento alternativo, no tanto en cuanto a una afiliación concreta a la corriente oficial del budismo, pero si en lo que se refiere a su filosofía. La alienación que sufrimos hoy en día y como consecuencia el sufrimiento mental, el estress que experimentamos millones de personas del primer mundo, a pesar de tener más o menos resueltas las necesidades primarias para sobrevivir, ha producido que muchos vuelvan la vista hacia oriente, hacia la filosofía del budismo basada en la serenidad, el silencio mental y el desarrollo interior.

Esta forma de espiritualidad —que no de religiosidad— tolerante y beneficiosa para superar al sufrimiento mental, debe de ser respetada por la ecología política, porque no sabemos que desarrollo puede alcanzar en occidente.



UNA VISIÓN EXISTENCIALISTA

Por mi profesión, hay veces que me veo obligado a comunicar a un cliente una situación complicada para su vida, que puede terminar ingresando en prisión. Trabajo con alguna frecuencia con los creyentes evangélicos por lo que en alguna ocasión (pocas, la verdad) alguno de ellos ha sido el destinatario de estas noticias, y en todos los casos la respuesta me ha sorprendido. En vez de hundirse o entristecerse como hacen los no creyentes, me dicen: “No importa, si el Señor quiere que vaya a la cárcel, será por algo. Él siempre quiere lo mejor para mi y si ha decidido eso, seguro que es que necesito pasar por ahí para comprender las cosas” Y respuestas semejantes, y nada de arrugarse, simplemente se acepta esa posibilidad con una conformidad sorprendente y además pensando que eso va a ser positivo para él y que Dios va a seguir cuidándole en prisión.

Esto es muy extraordinario, además marca la diferencia entre un creyente y un no creyente. No se trata de analizar desde un punto de vista científico quien tiene razón o no, creo que ese es otro problema que como he ido desarrollando tiene difícil solución. Sin embargo a la luz de la fenomenología, y más en concreto en su vertiente existencial, esto arroja otra luz.

Si vemos como vive, como experimenta un creyente a diferencia de un no creyente la experiencia de un posible paso por la cárcel, nos encontramos con que como fenómeno psicológico es mucho más útil creer en la existencia de un Dios que lo puede todo que no tener esa creencia.

“Pero es que eso que cree es ilusorio” diría un positivista. Bueno ¿Y qué? ¿Se va a sentir mejor, creyendo que nadie va a protegerle, y que lo va a pasar mal en la cárcel? Evidentemente no. A nivel existencial, el fenómeno religioso es beneficioso en este caso para su vida. Le proporciona un bienestar, le evita un sufrimiento mental que de otra forma no podría evitar. Le predispone a una visión más optimista de la vida y como fenómeno mental, para el creyente, tiene una realidad que el no creyente no puede percibir.

El problema viene después, cuando le pides que te explique más en profundidad como ha llegado a esta creencia tan consolidada. Aquí empieza una larga perorata, en ocasiones incomprensible basada en los hechos de la Biblia, que se repiten como recetas sin arrojar mucha comprensión sobre la pregunta, y sin encontrar una ligazón fundamentada con la situación que está viviendo, pero eso da igual, el creyente vive la situación precaria que le ha tocado vivir de una manera mucho más satisfactoria que un no creyente. Solo por eso, su experiencia religiosa se merece un respeto.

CONCLUSIONES

El problema de la trascendencia y de la religiosidad, es un problema no resuelto desde el principio de la historia. La preocupación por estos temas de un sector importante de la población debería ser tenida en cuenta por cualquier opción política. El gobierno de un país además de aconfesional, debería de ser permisivo con la religiosidad y fomentar cualquier forma de espiritualidad.

Los problemas con la religión se producen cuando los creyentes de ésta se empeñan en convencer e imponer a los demás sus creencias, esta obstinación ha sido fuente de violencia y guerras a lo largo de la historia en todas las latitudes del planeta. Por eso los gobiernos de todos los países, deben de fomentar el respeto y la comunicación de todas las religiones e impedir la intolerancia religiosa por todos los medios a su alcance. Igual criterio se debería de aplicar al ateísmo.

Existe una nueva forma de vivir la espiritualidad y dentro de la ecología hay muchas muestras de ello, Los Verdes deberían de ser receptivos en cuanto a lo que tienen que aportar esas nuevas formas de religiosidad. Educar en la tolerancia y el respeto debe ser el objetivo de la ecología con respecto a la religiosidad ya que ésta, al igual que la naturaleza se muestra polifacéticamente, con multitud de formas.

Vainaimoinen
Agosto 2018

18 jul 2016

Sobre el sentimiento religioso

Ernesto H de Casas.

"Antes, me era totalmente incomprensible porque existían las religiones con toda su parafernalia de edificios, boatos, vestimentas, rituales y seguidores de las más diversas índoles; donde se entremezclan creencias con tradiciones, a veces parte del folclor de un pueblo, a veces tan vigentes que convoca muchedumbres  . Claro está que eso es la externalización de algo interno, algo intangible como lo es un sentimiento, que cuando surge, se hace sentir, se comunica a otros y se va haciendo interpersonal. Seguramente con unos significados importantes que con el correr del tiempo se desvanecen y queda solo la mera costumbre y las tradiciones.
….
Entonces, el sentimiento religioso nos lleva a la búsqueda de lo trascendente. Es como un hilo conductor que nos conduce a lo verdaderamente importante. Que también nos mueve hacia la búsqueda de sentido. Búsqueda que es inherente al ser humano, como ese sentimiento, como esa espiritualidad de que hablamos, y que hoy - en este momento y época - se pueden dar mejor estas experiencias internas significativas, puesto que esta disposición permite realizar con eficacia tal búsqueda y labor interior, sin necesidad de ornatos externos.

La experiencia interna importante no se limita a momentos de praxis, o de reunión para compartir similares experiencias. Este sentir Interior es lo que nos re-liga con todo lo substancial y que puede darse en cualquier instante.
                 
Entonces, al ser permanente la actitud de disposición hacia lo elevado, o profundo, lleva a modelar el encuentro con un nuevo espíritu, con alegría y calma, fortaleciendo actitudes bondadosas y conscientes para con nosotros mismos y para con los demás. Hay ahí crecimiento, dándose una toma de contacto con un sentido en la existencia. Y así el sentido de todo lo existente se nos va revelando con la propia dedicación y constancia.

Además, este asunto de la revelación del sentido, puede darse con frecuencia y en nuestras más diversas actividades. Tanto en momentos especiales como en plena vida cotidiana. En especial si se insiste, en seguir el hilo de ese sentimiento religioso que nos lleva a la experiencia importante, que se da en nuestro avance hacia la apertura a lo trascendental. Según cada uno lo intente.

Todo queda reducido a un problema de experiencia interna donde lo sagrado se expresa con mayor o menor evidencia. Algo que solo surge como experiencia interna y es la que permite después encontrar en todas las cosas el mismo reflejo del espíritu. “Se trata de ir experimentado y construyendo el sentido en el silencio de nuestra búsqueda alegre, humilde y cuidadosa. Porque uno puede necesitar de los demás, sin depender, ni necesitarlos desesperadamente. Se trata de que uno se necesite a sí mismo” .

Pues, en la religiosidad Interior, este nuevo horizonte espiritual es un umbral abierto a toda la humanidad"

29 mar 2015

Sobre el sentimiento religioso

Cuando nosotros hablamos de Religión Interior sabemos que de comienzo la misma frase es chocante por el tipo de grabaciones que hemos tenido. En los países de religión católica, por ejemplo, es fuertemente chocante para las nuevas generaciones escuchar la palabra “religión”. Esta palabra está relacionada con el culto católico y los sacerdotes de ese culto son gentes que –en ocasiones—bendicen los cañones, bendicen las armas y hacen una cantidad de cosas irregulares utilizando la palabra religión. De tal modo que si se asocia religión con el quehacer de los sacerdotes, la palabra misma ya cobra un sentido negativo.
Hay gente más amplia que no confunde a los sacerdotes con la religión, pero que considera a la religión como una etapa no muy diferente a la etapa de la superstición por la que pasan los pueblos en su evolución. La religión se diferencia de los ritos mágicos sólo en que tienen un escalafón de dioses organizados –una escala de dioses—y se diferencia también en que el individuo no opera sobre el mundo utilizando fuerzas, sino que se refiere a entidades más abstractas que las simples fuerzas que utilizaría, supongamos, alquien del archipiélago malayo. En general se distingue entre “religión” y “magia”. Pero, de todos modos, a la religión se la considera en una etapa superior a la magia; una forma más evolucionada o, en todo caso, una forma más disfrazada, más encubierta, de la uperstición ... con superstición de fondo.
Así pues, unas corrientes consideran a la etapa religiosa como anterior a la etapa filosófica, metafísica. Para las mentalidades prácticas, también la metafísica y la filosofía son un poco superstición. Así que habría toda una escala entre la superstición, la religión y la filosofía. Así piensa un poco el pensamiento pragmático. Otros piensan, en cambio, que la religión en los pueblos no es nada más que el reflejo subjetivo de las condiciones materiales que viven esos pueblos.
De manera que sobre el hecho religioso hay mucha discusión. Desde luego que todos están de acuerdo, parece, en considerar a la religión como la relación del hombre con un supuesto dios. Pero cuando nosotros hablamos de lo religioso no nos estamos refiriendo a la relación con un supuesto dios, sino que nos estamos refiriendo a un sentimiento. De manera que no se trata de que dios exista o no exista. Se trata de que subjetivamente puede registrarse la existencia del sentimiento religioso. Este es nuestro punto de vista: el del sentimiento religioso y no el de dios.

En distintas ocasiones hemos hablado de este punto y hemos considerado al sentimiento religioso como apto para cosas muy diferentes. Ustedes conocen que en el pueblo judío, sometido al dominio babilonio, el sentimiento religioso actuó como unificador y factor de liberación de ese pueblo; y lo mismo sucedió luego en Egipto, y tuvo connotaciones religiosas y mesiánicas en el levantamiento de Jerusalén contra el Imperio Romano. Ustedes saben que así como se han producido movimientos liberadores en torno al sentimiento religioso también se han producido grandes opresiones. Ustedes conocen muy bien los hechos de la Inquisición en nuestro occidente. Ustedes saben que también ha servido el sentimiento religioso como forma de anestesia de las clases opresoras. Este sentimiento ha servido en el Islam, por ejemplo, como fenómeno unificador y liberador. La gente de color en los Estados Unidos que se relaciona con el fenómeno islámico lo considera como un factor de cohesión y un factor de liberación frente a la opresión de otras razas. El fenómeno que dio lugar al Budismo en la India fue también de lucha y fue una liberación frente al sistema de opresión de las castas brahmánicas. Los españoles cuando dominaron a las civilizaciones inca y azteca comprendieron muy bien que la modificación que tenían que producir en esos pueblos era sobre todo de tipo religioso; porque no bastaba remover las estructuras económicas, políticas y sociales de esos pueblos si subjetivamente no respondían a los mismos instrumentos ideológicos de ellos. Ellos los comprendieron muy bien y, entonces, barrieron con la religión de esos pueblos. Casi todos los movimientos revolucionarios de esos pueblos incaico y azteca tuvieron un tono religioso.
De manera que si queremos interpretar el fenómeno religioso con justicia, debemos en ocasiones considerarlo opio de los pueblos, pero en ocasiones instrumento de liberación. En ese sentido el sentimiento religioso no es muy diferente a un cuchillo: con un cuchillo se puede matar, pero también se puede cortar carne; con un avión se pueden arrojar bombas, pero también se pueden arrojar medicamentos. Nosotros consideramos al sentimiento religioso como un instrumento neutro, que puede ponderarse en un sentido u otro. 

De manera que nuestro acento no está puesto en la idea de dios (¿cómo es dios? ¿cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?) sino en el sentimiento. Y, ¿cómo se experimenta ese sentimiento? Consideren que para experimentarlo no es necesario pensar en la divinidad. A veces en los laboratorios algunos físicos o científicos encuentran la armonía de la energía o de la materia o de los procesos orgánicos, y tratan a sus materias en un sentido muy amplio, muy cósmico, religioso en algún sentido. Las experiencias que nos relatan los astronautas no son las de haber encontrado a Jehová delante de la cabina, pero nos explican estados de ánimo de tipo cósmico. Muchas de sus descripciones son francamente de ese sentimiento religioso. De modo que cuando hablamos de lo religioso interno nos estamos refiriendo a ese tipo de sentimiento y no a lo que se entiende por religión. Como sabemos que de todos modos la palabra trae problemas, sabemos que allá donde haya problemas con la palabra “religión” sacamos la palabra. No vamos a crear problemas por una cuestión de rótulos.
tomado de:

6 oct 2014

El sentimiento religioso (del libro Unidad en la acción, de Dario Ergas)

(tomado de : Unidad en la accion, de Dario Ergas.)
(No se incluyen las notas al pie de pagina del original)
En cada uno está el viento que aviva el fuego de lo trascendente. Esa fuerza interior llena de sentido eleva la conciencia, y algo que se cohesiona parece no ser afectado por la muerte. Esto está en cada uno y todos queremos vivirlo, acceder por experiencia directa a una verdad transformadora que aleje el temor y nos llene de alegría. Este acercamiento a la trascendencia es el campo de lo sagrado, algo que no quisiéramos manchar con las palabras y simplemente dejarnos bañar por su aliento de luz y silencio.
Esta vivencia, propia de la conciencia inspirada, provocada por desplazamientos del yo7, nos asalta con su conmoción. Es tal su potencia y tan fuera de lo cotidiano que pareciera como si algo se introdujera en uno. Es una interpretación incorrecta, pero habitual. Cuando se realizan procedimientos rituales con devoción, estos pueden facilitar la manifestación de la experiencia trascendente y permitir que cada participante, o muchos de ellos, tome contacto con ese mundo. También en este caso tiendo atribuir el fenómeno a seres externos, y si lo sucedido tiene algún impacto, reforzará el prejuicio de que lo ocurrido provino desde fuera de mí8.
Como los seres humanos estamos predispuestos a trasladar fuera de nosotros las representaciones, también lo hacemos con los atributos de lo sagrado. Al sumergirnos en los espacios profundos e irrepresentables, la conciencia convierte esa experiencia en figuras. Esta traducción toma la forma de poema, de danza, de ritos o cualquier otro tipo de producción que refleje la intensidad de lo vivido.
Si al pasar el tiempo queremos revivir esa experiencia, recurrimos a esas creaciones provenientes de los momentos de inspiración. Al repetir el poema, la danza o el icono producido cuando tuvimos el contacto, esperamos colocarnos en el mismo estado mental que lo originó. Un cierto ritual me puede disponer para que las zonas interiores desde donde fueron generados se aproximen.
Un lugar o un objeto pueden estar “cargados” de significado, porque allí se suele producir el contacto sacro y, a siglos de distancia, puedo sentir “la carga” que transmiten; pero esto no ocurre porque esos objetos o lugares tengan en sí algo particular. Puedo sentir su poder porque, al relacionarme con ellos, movilizo imágenes que se ubican en una profundidad tal del espacio de representación que pueden facilitar la irrupción de la experiencia trascendente. Las representaciones se ubican en distintas profundidades. Así como a la cuchara de una taza de café la imagino más periféricamente que el recuerdo de mi padre ya muerto, del mismo modo, a un guía o  dios lo imagino en una profundidad mayor que la cuchara. Pero, si esa cuchará perteneció a mi padre, su ubicación en el espacio de representación se internaliza hacia la profundidad de la rememoración del padre. Así sucede con un lugar sacralizado. Al entrar en él, las imágenes de mi conciencia se emplazan en una profundidad no habitual y eso aproxima experiencias no habituales. Entonces, el contacto con lo trascendente está produciéndose al interior de uno, por algo que hay adentro de uno y no por la magia de las cosas. El error interpretativo de esta experiencia lleva primero a su externalización, atribuyéndola a causas extrahumanas, y luego a su desvío, hacia estados de conciencia crepusculares, y finalmente al alejamiento de su significado.
Para comunicarme con los dioses, es decir, para hablar con mi alma, para que aquello que es en sí mismo y para sí mismo se exprese e inunde todo mi yo, necesito estar disponible a ese contacto. Puedo facilitar esa predisposición al visitar algún lugar especial, o por una lectura, una conversación inspirada o al realizar ciertos procedimientos, pero lo que estoy haciendo es sumergir la mirada interna para que sea absorbida por aquello que busco.
La externalización ha traído varios problemas. Desde la manipulación de jerarquías que se han puesto como intermediarias entre los dioses y la gente, hasta desvirtuar técnicas que pudieron en algún momento haber prestado utilidad al creyente para su meditación. La confusión entre la experiencia trascendente con su posterior traducción, o enredar las producciones artísticas o religiosas que de allí emanan con la emoción y la claridad profunda con la que toma contacto cada cual consigo mismo, ha impedido al sentimiento religioso progresar en el practicante. Este error bloquea la recreación de la experiencia religiosa y detiene el avance del desarrollo mental y espiritual.
Sin embargo, esta distorsión podría estar invitando a la reconversión de las religiones hacia una religiosidad interna. Las distintas religiones, al concebir lo divino y lo inmortal afuera de la mente, parecen oponerse entre ellas y las creencias se vuelven refractarias, como al juntar piedras imantadas con la misma polaridad. En esta crisis mundial que pone en juego la existencia y la evolución, podría llegarse a la  conclusión de que es necesario transformarnos en un tipo superior de ser humano. En ese caso, todas ellas podrían colaborar para crear las condiciones de un salto evolutivo de la humanidad. Convertirse en una religiosidad interna implica un cambio en la dirección de la mirada, buscando a Dios en la profundidad de sí mismo y en la interioridad del otro ser humano.
Este tipo de religiosidad no cuestiona las formas externas que asumen las religiones. Comprende las distintas expresiones y procedimientos como traducciones de algo inmortal alojado en la propia conciencia. Cada cultura ama sus producciones emergidas del contacto con lo trascendente y que son distintas a las de otra. Pero, si sus religiones se han internalizado, comprenderán que las diversas representaciones provienen de una misma búsqueda, de una misma necesidad y de la misma fuente vital que se halla en el ser humano. La transformación de las religiones, y su adaptación a las nuevas necesidades, es frecuente en las crisis civilizatorias. Los pueblos antiguos, cuando se toparon en sus encrucijadas históricas, supieron dar respuestas corrigiendo y transformado esencialmente su sistema de creencias. Aun conservando sus símbolos, los conceptos de su religiosidad variaron sustancialmente, buscando la supervivencia y continuidad cultural.
Si se produce esta inversión de la mirada, cada religión contará con sus propios rituales para acompañar a grandes conjuntos en el contacto con el sentido. La influencia mutua entre ellas enriquecerá procedimientos para acercar el encuentro con lo esencial. El cambio del ser humano requiere comprender que Dios no está en los cielos, sino en el fondo del corazón de cada uno; y que los rituales y procedimientos son apoyos, y no fundamentos para una comunicación directa y personal con la propia esencia inmortal. Podríamos así aprovechar el buen conocimiento de los antiguos en la etapa que se avecina.
El factor de cohesión de los pueblos es el sentimiento religioso que une la tierra y el cielo por así decir, une esta vida con una realidad trascendente. Esto parecen descubrirlo siempre los imperios que surgen en la etapa final de las civilizaciones, quizás porque se enfrentan a un caos tan grande que la violencia ya no es suficiente para controlar poblaciones tan diversas. Durante esas crisis civilizatorias, debilitadas sus instituciones, desfalleciendo la fe que hasta allí las sostuvo, la conciencia queda disponible para tomar contacto con la profundidad, para una nueva revelación. Sin embargo, el Imperio, al adoptar esa fe, la impone por la fuerza a los súbditos, degradando la espiritualidad de la que se viste.
Por otra parte, esta asociación entre poder político y religioso es posible no por la cantidad de dioses en los que se cree, uno o muchos, sino por la externalización de la experiencia de Dios. Esto permite el surgimiento de intermediarios y la acumulación de un poder “proveniente de lo sagrado” que termina también oponiéndose a las enseñanzas más originales o cercanas de la experiencia de sentido.
Esto podría estar cambiando para los tiempos que vienen. El ser humano no necesita ya de intermediarios para comunicarse consigo mismo y vivir la experiencia fundamental. Seguramente, su relato mítico se está acomodando al saberse contenedor de Dios en su interior, aprontándose así para salir a la exploración del universo y a dimensiones temporales desconocidas.
La revisión en materia religiosa ocurre siempre en los momentos de las grandes crisis, y este podría ser el caso. Realicen o no las religiones actuales esta transformación, es seguro que numerosas formas de religiosidad aparecerán en este ocaso del tiempo, para ayudar a los pueblos del mundo a unirse y encontrar su verdadero sentido.

Esta crisis podría ser la alborada de una era mundial. Gracias al encuentro entre las diferentes culturas, descubriremos en nosotros mismos lo que ellas tienen en común. A su vez, sus religiones respectivas podrían tener importancia para ayudar a reconocer a Dios en cada ser humano de la Tierra.

19 nov 2013

El sentimiento religioso

 El sentimiento religioso, como otros sentimientos, es una gran fuerza en el ser humano.

 Hay gente que no tiene Dios, pero tiene un fuerte sentimiento religioso. Y hay gente que tiene Dios y a veces su sentimiento religioso es escaso. Nosotros explicamos que no hay que confundir el objeto al cual se refiere el sentimiento con el sentimiento mismo. Una persona puede amar a otra y creer que esa persona es lo más extraordinario del mundo. Puede esa persona no ser lo más extraordinario del mundo y sin embargo el sentimiento sí ser verdadero. Uno puede creer en un Dios o en muchos dioses. 

Pero nosotros no decimos nada en torno a un Dios o muchos dioses. Nosotros decimos que hay un sentimiento que se orienta hacia la trascendencia, pero nada explicamos acerca del aspecto de la divinidad. Hay entre nuestros amigos muchos creyentes y muchos ateos. Y para nosotros todo está muy bien. Nosotros creemos que negar la existencia de los dioses, es como afirmarla. Nosotros creemos que impedir la creencia es como exigirla. Nosotros creemos en la libertad de la expresión del sentimiento humano. Nosotros no tratamos de acentuar las diferencias; nosotros tratamos de lanzar puentes de comunicación entre los seres humanos. 

En otras épocas se hablaba de los pontífices. Los pontífices eran aquellos que tendían puentes entre la divinidad y los hombres. Esos puentes se han roto. Es hora de construir puentes entre los hombres mismos. Pero hay muchos espacios vacíos entre los hombres. 

Hay muchas diferencias entre los hombres. Hay diferencias de lenguas, de edades, de razas. ¿Cómo construir puentes, ante semejantes diferencias? Sólo el sentimiento aglutina. El sentimiento es la fuerza que puede movilizar a los conjuntos y ojalá sea detrás de causas justas. Este es el sentido que tiene para nosotros el trabajo con el ceremonial. Para nosotros el ceremonial no está destinado a una divinidad. 

Para nosotros el ceremonial está destinado al sentimiento. Nosotros decimos que podemos creer o no creer en Dios; decimos que podemos creer o no creer en la inmortalidad; y decimos también que tenemos libertad para expresar nuestro sentimiento. Esta es una forma de tender puentes entre los seres humanos. Eso es lo que da posibilidad de participar en una misma comunidad con gente de distintas culturas y de distintas razas y de distintas lenguas y de distintas edades. Porque no acentuamos diferencias sino que destacamos la comunidad de sentimiento. Es nuestro problema tender puentes entre los seres humanos… 

Fragmento de la charla de Silo en Bombay 1977

2 dic 2012

Sentimiento religioso y ateismo

El Sentimiento Religioso se expresa, se manifiesta, tomando la materia prima que el ser humano encuentra en su medio; que se encuentra en su medio geográfico, y la materia prima que existe también en su medio cultural. Son diferentes en general, las expresiones religiosas de las zonas boscosas, que de las zonas montañosas, que de las zonas desérticas.
Y sobre este punto de las expresiones religiosas, han existido también numerosos prejuicios. Los mayores prejuicios, casi siempre, están del lado de aquellos que arman las teorías. Por eso es que los que han armado teorías, en general, acerca de las religiones comparadas, han colocado a las religiones alejadas a ellos, como especie de antepasados, como especie de pasos previos que da el ser humano en su balbuceo hasta llegar a ellos. Es decir: así como el hombre se considera rey de la Creación, también un armador de teorías de religiones comparadas, considera que todas las otras adolecen de un cierto grado de primitivismo, hasta que finalmente toman la buena senda y llegan a la religión a la cual nuestro amigo adhiere. Por ejemplo, los occidentales, sin preguntárselo mucho, en general admiten que el monoteísmo es una concepción mucho más desarrollada y mucho más avanzada que el politeísmo, por ejemplo. A ellos les da la impresión de que está mejor un director de empresa que varios!. Y entonces hacen ahí una cantidad de equilibrios históricos para mostrar como las más antiguas religiones parten del politeísmo. Ustedes saben que en realidad, los más primitivos balbuceos religiosos se refieren a una entidad, y según las zonas. En otros casos son varias entidades. Y así va sucediendo con muchas creencias que se tienen en torno a las expresiones religiosas.
Es cierto, el medio físico es la materia prima de que se nutre la conciencia para elaborar sus respuestas, y en ese caso toma los elementos de la naturaleza. Si el medio es de un modo o de otro, las formas que van a tomar sus dioses serán diferentes. Habrá dioses de un modo, dioses de otro, dioses pequeños, dioses grandes, habrá dioses de un lugar, dioses de todos los lugares, habrá dioses desconocidos... Y bueno, ¿qué problema tenemos con esto de las distintas formas que asumen los dioses, y qué problema tenemos con esto
de las explicaciones que se dan en torno a los dioses? Lo más interesante es el registro del Sentimiento Religioso que, tomando cualquier materia prima, la metaboliza, la transforma, y luego la convierte en una forma divina, o en otra forma.
También el ateo trata de canalizar el Sentimiento Religioso, ya que no hay otra vida, en una dirección más o menos interesante que le de todas formas, sentido a la vida. Y hay quienes le ponen a esto tal fervor y tal mística, que desde luego vuelcan gran fuerza en el mundo. Así pues, ¿qué problema hay con que una persona crea en determinadas formas de los dioses, crea en otra forma de los dioses, o por último, no crea en los dioses? Desde el punto de vista del registro importa el Sentimiento Religioso que impulsa a la vida en la búsqueda de una dirección. Por consiguiente, creer o no creer en Dios, creer o no creer en la divinidad, no quita ni pone nada en torno al registro del Sentimiento Religioso.
Las gentes suelen discutir mucho entre ellas tratando unos de imponer a otros sus paisajes, sus paisajes internos. Los dioses deben ser de un modo o deben de ser de otro modo, y la inmortalidad, hay que ver! ¿Qué tal un paraíso módico? (Risas) ¿Qué tal otro tipo de paraíso? Parece que el mío es mejor que el otro (Risas) y ahí andan unos tratando de convertir a otros, y hay otros también que quieren poner en el paraíso, por decreto, una especie de cartel que diga algo así como "Rematado" es decir, "cerrado el paraíso de ahora
en adelante" (Risas) Estas discusiones un tanto peregrinas, no tienen tanto que ver con los registros sino más bien con otro tipo de intereses, de esas pequeñeces que pasan rápido.
Ayer decretaron la muerte de Dios, Dios apareció por otro lado. Las civilizaciones primitivas, claro, eran crédulas, pero... en estas épocas, mi amigo! (Risas) Sí, claro, pero los hijos de estos señores de estas épocas, es decir, los más modernos, andan por ahí buscando otras cosas. De manera que este primitivismo evolucionista, está sufriendo ciertos problemas.
No es pertinente la discusión en torno a la unidad, la multiplicidad de Dios o de los dioses, y en torno a las formas con que los dioses se presentan. Si es pertinente en cambio, la experiencia de este sentimiento que impulsa al ser humano en una dirección de búsqueda.
El ser humano quiere eternidad. El ser humano aspira a la perfección. Lo va resolviendo a su modo, pero sin duda que está fuertemente impulsado en esa dirección. Esto nos lleva al problema de la experiencia, más que al problema de la explicación en torno a estas formas un tanto externas con que se expresa el Sentimiento Religioso
(Extractos de: Silo, Canarias 1978)