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26 jul 2016

La preocupación no está en adquirir cosas sino en dejar mentalmente cosas. SILO 1975

SOBRE LA BÚSQUEDA DEL OBJETO. Yo creo que nuestro problema mayor es que todos buscamos objetos, y que algunos pueden no buscar objetos pero pueden buscar completarse internamente. Esta búsqueda también trae contradicciones: hay quien se considera incompleto internamente entonces hace fuerza por integrarse internamente, por ser completo en sí mismo. Sea que alguien busque objetos afuera o sea que busque completarse internamente, de los dos modos sufre contradicción.

En general los buscadores de cosas espirituales buscan o “la conciencia mística”, o buscan un dios, o buscan estar completos, iluminados. El Buda planteó ese mismo problema y explicó que para lograr la iluminación no había que buscar la iluminación. Pero, entonces, ¿cómo se va a lograr una cosa si no se la busca? Es que nosotros no buscamos lograr una cosa, nosotros no planteamos esto en sentido posesivo. Nosotros no decimos que haya que tomar algo para integrarlo, que haya que tomar objetos para tenerlos; nosotros decimos otra cosa: que hay que suprimir las contradicciones, suprimir el sufrimiento.
Nosotros definimos nuestro trabajo no como de “mano llena”, sino como de “mano vacía”. Ustedes saben cómo se cazan algunos monos: se coloca arroz en un tronco de un árbol, en un orificio pequeño; entonces el mono mete la mano en el agujero, toma el arroz y no puede sacar la mano; el mono ve que lo van a cazar ¡pero tampoco quiere soltar lo que tiene en la mano! ¡El mono sufre una gran contradicción!
Nosotros decimos que no se trata de lograr cosas ni de lograr estados superiores de conciencia tampoco; nosotros hablamos de la mano vacía, nosotros hablamos de suprimir el sufrimiento interno, nosotros decimos de soltar las búsquedas internas. Nosotros no nos rendimos frente al dolor, a nosotros nos preocupa salir de la contradicción, entonces esa preocupación no está en adquirir cosas sino en dejar mentalmente cosas. Tú puedes tener cosas en la vida cotidiana, pero tú no estás buscando llenarte de cosas. Te pueden interesar mucho los estados superiores de conciencia, pero te creas mucho dolor interno. Parece que se lograran cosas haciendo el vacío y no llenándolo. Tú lograrás más atención cuando trates de lograr un vacío en tu mente y no cuando la contemplas sobre un objeto; así sucede con muchos fenómenos.
En general, nosotros estamos habituados y educados a lo opuesto; estamos acostumbrados a tomar no sólo objetos sino personas. Nosotros queremos tomar a los sentimientos de las personas, queremos ser queridos, queremos ser reconocidos, queremos ser amados. La misma forma nuestra de amar es una forma posesiva. Nosotros amamos con violencia; no se nos ocurre cómo pudiéramos amar sin cierta violencia, pero para todo hay formas.
Está bien que nosotros conozcamos cosas, que nos informemos acerca de cosas, uno puede informarse de muchas cosas, pero no puede imponerse la creencia de que nuestra información soluciona los problemas. En general, la gente de formación intelectual cree que el acumular datos soluciona sus problemas internos. En realidad, solucionan muchos problemas de la vida diaria; es gracias a la experiencia acumulada, es gracias a la gente que ha ido trabajando con datos, con técnicas, que la humanidad ha ido resolviendo muchos problemas. Nosotros no podríamos estar acá hablando si muchas generaciones no se hubieran esforzado en elaborar un lenguaje, en elaborar, por último, la ropa que usamos. De ninguna manera descalificamos el esfuerzo humano para solucionar problemas inmediatos. Nosotros estamos diciendo simplemente que el trabajo interno puede no ser similar al trabajo que se hace en la naturaleza, en el sentido que nosotros estamos acostumbrados a la lucha con la naturaleza, con las leyes naturales; y está bien, así se mueve la humanidad. Pero puede ser que esta forma no sea adecuada para el trabajo interno. Entonces, nosotros distinguimos muy bien entre el trabajo que se hace en la naturaleza, en la vida diaria, y la actitud mental que se tiene sobre las propias contradicciones. Si la naturaleza nos impone lucha y todo ese fenómeno de alteración, tal vez la compensación de todo eso debe buscarse en la quietud interna.

Nosotros somos muy amigos de generalizar y creer que las leyes son iguales para todos los fenómenos universales, pero tienen distintos planos de aplicación. En el plano de lo interno no parece válido el sentimiento de posesión; en la lucha con la naturaleza parece imprescindible la posesión. Lógicamente que el sentimiento de posesión puede tener un carácter más individual que social, pero a medida que las sociedades avanzan el sentimiento se va haciendo más social que individual. Pero en materia de trabajo interno no vemos este progreso, no vemos esta evolución.

Nosotros con nuestra conciencia individual, con nuestro “yo” individual, filtramos todos los datos que vienen del mundo o interpretamos al mundo según ese filtro, y las cosas pueden ser muy diferentes a las que filtra nuestro yo. Hay algunos que han llegado más lejos todavía y han creído que ese yo debe ser inmortal. ¡Imagínense qué aburrido puede ser vivir millones de años con ese mismo yo, con ese yo individual, si para el colmo es un yo en contradicción y sufrimiento!
Cuando por algún accidente han experimentado una alegría muy grande, súbita, o han experimentado una comprensión de las cosas también muy grande, o esos fenómenos súbitos de gran emoción, observen ustedes que en esos casos no han pensado en su yo; da la impresión de que hubiera sucedido otra cosa: que el yo hubiera desaparecido. No se han dicho en ese momento: ¿qué me está pasando?; ustedes más bien han contemplado y han sentido esa experiencia, y cuando se han puesto a pensar sobre lo que les está pasando tal fenómeno ha desaparecido. No se sabe si el fenómeno desaparece porque aparece el yo o a la inversa, lo cierto es que ese fenómeno es incompatible con el yo sicológico. Ustedes, sin embargo, pueden decir que han tenido esa experiencia, pero saben que esa experiencia no es la misma que tienen con el yo sicológico. Esa experiencia no es posesiva, esa experiencia es muy amplia, como universal; esa experiencia ni siquiera la atribuyen a ustedes y tienen la emoción que debería ser comunicada a toda la humanidad. Estamos hablando, entonces, de un fenómeno notable para la conciencia humana, en donde el yo posesivo no aparece, en donde no aparece la búsqueda y algo se produce, y cuando queremos producirlo no funciona; tampoco se logra eso por buscarlo.

Si buscamos sentirnos bien es probable que no lo logremos. Si, en cambio, a esa tensión emotiva que tenemos por estar juntos varias personas tratamos de dispersarla internamente, de relajarla, de aflojarla, en realidad no estamos tratando de adquirir cosas, en realidad no estamos pensando en sentirnos bien, estamos pensando simplemente en soltar las tensiones emotivas; y si podemos trabajar en eso de soltar las tensiones emotivas, entonces nos sentimos bien. De manera que procedemos con la mano vacía: nosotros no buscamos sentirnos bien, buscamos aflojar esta tensión, entonces nos sentimos bien por añadidura. Ese es el sentido del trabajo y no es un renunciamiento ni un sacrificio ni una autoeliminación. ¿Entienden aproximadamente la idea?

LONDRES 1975

2 sept 2015

Del afán por sobrevivir al afán por trascender


Futuro echó una mirada “hacia atrás”, iluminando la primera etapa del Proceso humano. Le había pedido a su arqueólogo virtual que hurgara en la región mental de esa época y que recuperara algunos vestigios –las “imágenes densas”– que le permitieran reavivar sus registros.

Ahora recordaba mejor: era la época del Sapiens, del hombre que se  había llamado a sí mismo “el que sabe”. Futuro sonrió: ¡qué gracioso! ¡Qué atrevido! Afirmar no lo que es, sino la aspiración de lo que aún no es. Claro, Sapiens siempre quiso "conocer", incluso si al comienzo perdía a menudo su Propósito y se confundía una y otra vez “creyendo saber”. Pero en realidad no era tan sorprendente que aspirase al Conocimiento ya que él había nacido de una experiencia, la del “re-conocimiento” del fuego. Y además, desde su origen fue “equipado” con todo lo necesario para alcanzar ese Conocimiento al que aspiraba. Sí, tenía todo, incluso la Dirección. Sólo debía aprender cómo utilizar todo su potencial y, obviamente, ese aprendizaje tenía altibajos.

Sí, Sapiens siempre supo, en el fondo de sí mismo, que el motor que lo había “puesto” en la Historia era la rebelión contra la muerte, la “finitud”, y que su misión consistía en transcenderla para acceder al Buen Conocimiento y al Sentido. E hizo unos hermosos avances en ese camino, especialmente cuando logró producir el fuego; un momento inolvidable y determinante para su evolución posterior. De hecho, es a partir de ese momento que comenzó a lanzarse de manera intencional en la búsqueda de la Trascendencia, la intuición sugiriéndole que había una relación entre ese fuego externo que se había vuelto “inmortal” y esa “presencia”, ese otro “fuego”, que sentía a veces en su interior.

Futuro examinó más de cerca las primeras huellas materiales dejadas por Sapiens, sobretodo los primeros testimonios artísticos de sus intentos de trascendencia biológica, social y espiritual; y le pareció que eran admirables para tratarse del inicio. Sí, ese joven Sapiens le había dado a su crisis existencial una respuesta espiritual, transformando su lucha por sobrevivir en búsqueda de trascendencia y su empeño le prodigó la Inspiración de lo Profundo. Y tradujo esa experiencia con mucho talento y lucidez creando mitos “plásticos”, mitos que generaron una espiritualidad. Y esa espiritualidad dio origen a una cultura (que algunos ignorantes del siglo XX llamaron “paleolítica”); y esa cultura, a su vez, dio identidad, unidad y continuidad a una vasta región (llamada “Europa” a partir del siglo XVI). Sin ninguna duda, los hombres de esa época y de esa región habían hecho su parte.

Después, Sapiens había continuado produciendo otros momentos “luminosos” aunque separados por largos períodos más o menos oscuros, ya que sus avances se producían cuando él entraba en crisis mientras cada vez que las cosas se acomodaban un poco, él volvía a distraerse. Entonces la sombra de la muerte volvía a invadir su corazón y la ilusión de los límites espacio-temporales aprisionaban una vez más su conciencia. Su Propósito ya no estaba ubicado en el centro y el vacío dejaba de ser un espacio de inspiración para convertirse en un espacio de sin-sentido.

En el siglo XX, un erudito50 ilustró muy bien esta situación a través de un mito: Se trata de la leyenda de Parseval y el Rey Pescador. Recordemos que una misteriosa enfermedad paralizaba al viejo Rey, quien poseía el secreto del Grial. Pero no sólo el Rey sufría, todo alrededor de él se derrumbaba, se deshacía; el palacio, las murallas, los jardines; los animales no se reproducían más, los árboles no daban más frutos, los ríos se secaban. Numerosos médicos habían intentado curar al Rey Pescador sin obtener ningún resultado. Día y noche llegaban caballeros y todos se interesaban primeramente por la salud del Rey. Sólo un caballero –pobre, desconocido, incluso ridículo– se permitió ignorar el ceremonial de cortesía. Se trataba de Parseval que sin tener en cuenta los modales corteses avanzó hasta donde se encontraba el Rey y, sin ningún preámbulo, le preguntó: “¿Dónde está el Grial?”. En ese preciso instante todo se transformó: el Rey se levantó de su lecho de sufrimiento, los ríos y las fuentes comenzaron a fluir, la vegetación renació y el castillo se restauró de manera milagrosa. Unas pocas palabras de Parseval habían bastado para regenerar toda la Naturaleza. Pero esas pocas palabras constituían la pregunta central, el único problema que podía importar, no solamente al Rey Pescador, sino al Cosmos entero: ¿dónde se encontraba lo real por excelencia, lo sagrado, el Centro de la vida y la fuente de la inmortalidad? ¿Dónde estaba el Santo Grial? Nadie, antes de Parseval, había pensado en hacer esta pregunta central y el mundo perecía a causa de esta indiferencia metafísica y religiosa, a causa de esta falta de imaginación y la ausencia de deseo por lo real…
Este fragmento mítico parece mostrar que a menudo la muerte es el resultado de nuestra indiferencia frente a la inmortalidad.51

Por suerte, en los momentos verdaderamente críticos, siempre han existido seres un poco especiales que portaron el clamor de la especie hasta los espacios profundos, para volver de allí con los poderosos soplos de la Bondad y de la Sabiduría, vaciando así el centro de las nubes de ilusión, reavivando la llama del Propósito.

A mediados del siglo XX, ese siglo de “conciencia desdichada”, surgió un "Mensajero de lo Profundo" para recordar las preguntas centrales: ¿Quién soy? y ¿Hacia dónde voy?52 e indicar el Camino que conducía a las respuestas. Con su mirada trascendente, este Mensajero le recordó al hombre que aún era joven, que su desarrollo no había terminado y que disponía de todo lo necesario para acceder a una forma de conciencia superior y al espíritu inmortal, dependiendo de la vida que llevara. De este modo él albergó su enseñanza en la conciencia de algunos precursores, asegurándose que la experiencia seguiría viva e irradiaría a través de ellos. Su misión consistió en crear las condiciones para un nuevo salto de la especie, pues a pesar de muchos progresos internos y externos innegables, la estructura psicofísica del ser humano no había cambiado desde su aparición. Sapiens mantenía la misma forma mental y seguía sin poder resolver su sufrimiento de fondo, ya que la inmortalidad no había sido aún adquirida e incorporada como experiencia del mismo modo que lo fue, en su momento, la experiencia del fuego. Claro que desde el comienzo hubo individuos y grupos humanos que incursionaron en lo Profundo y tradujeron las “señales” de manera inspirada, con las formas culturales de sus épocas respectivas, pero nunca toda la especie había hecho la experiencia de modo concomitante. Sin embargo en un planeta ya mundializado, esa sintonía de conjunto, indispensable para el gran salto, podía finalmente producirse y, por consiguiente, podía producirse también la mutación tan esperada.

Y cuando el Mensajero constató además que los descubrimientos científicos comenzaban a demostrar todo lo que él había previsto en esos últimos 40 años –incluso la cuestión de la inmortalidad biológica, con la creación de la “vida sintética”53–, concluyó que había suficientes indicadores para afirmar que un nuevo “horizonte espiritual” estaba emergiendo y que, por consiguiente, el nacimiento espiritual no iba a tardar. Entonces, hizo un brindis y abandonó este espacio-tiempo dirigiéndose hacia lo Profundo donde lo esperaban nuevas misiones.

Luego Futuro iluminó con su mirada los últimos instantes de ese primer gran ciclo del proceso humano. En efecto, todo, absolutamente todo había cambiado cuando la inmortalidad dejó de ser una especulación, una esperanza, una sospecha, una creencia convirtiéndose en una certeza proveniente de la Experiencia. El ser humano pudo entonces, por fin, acometer una nueva etapa en la espiral de su evolución. Habiendo resuelto el miedo a la muerte y el sin-sentido, su energía dejó de ser rehén del dolor y del sufrimiento, su fuerza dejó de desperdiciarse en fugas y compensaciones, su vida dejó de estar desestructurada por las contradicciones y su mente dejó de estar cubierta por ilusiones. Así pudo, por fin, contar con suficiente energía para dedicarse a una “vida poética” y edificar una cultura basada en el Buen Conocimiento, el Sentido y la Coherencia. De ese modo, luego de haber producido el “fuego de la conciencia”, Sapiens logró finalmente producir el “fuego del espíritu inmortal” capaz de evolucionar sin límites más allá del cuerpo y del alma.
Pero, ¿cómo podría lo mortal generar algo inmortal? Tal vez deberíamos preguntarnos sobre cómo es posible que lo inmortal genere la ilusión de la mortalidad! 54

Futuro también recordó que habían llamado el inicio del nuevo ciclo “la era de la Bondad, de la Inspiración y de lo Imprevisible”. En cuanto a Sapiens, aunque él comenzaba a merecer un poco más su nombre, dejó de llamarse así. De hecho, dejó simplemente de nombrarse puesto que ya no era el de antes, y su nuevo "sí mismo" era innombrable.

Notas: 
50 Mircea ELIADE (1907-1986), historiador de las religiones, mitólogo y novelista.
51 Mircea ÉLIADE, Images et Symboles, pág. 70-72
52 SILO, El Mensaje de Silo, pág. 146.
53 En mayo 2010, Craig Venter (biólogo americano) y su equipo anuncian la creación de la “vida artificial”, la primera célula sintética (derivada enteramente de un cromosoma sintético).
http://darwinius.blogspot.com/2010/05/conferencia-de-prensa-craig-venter.html
Entrevista (en francés) sobre la vida artificial con Joël de Rosnay, el autor de Et L’Homme créa la vie, Éditions Les liens qui libèrent, Paris, 2010.
54 Extraído de una charla de Silo en el Parque de Estudio y Reflexión de Punta de Vacas, en 2004. www.silo.net (apartado “Hitos”)


Ariane Weinberger
arianeweinberger@gmail.com
Septiembre 2011
Parques de Estudio y Reflexión
La Belle Idée
Traducción del francés por
José Salcedo y Alicia Blanco

Enero 2012