11 ago. 2016

La revolución humana necesaria

V Simposio Internacional del Centro Mundial de Estudios Humanistas
En el transcurso de la historia, el Ser Humano ha protagonizado múltiples revoluciones en numerosos campos. Estos saltos no lineales se han producido en momentos en los cuales la organización social y los valores vigentes ya no dan respuesta a las necesidades de conjuntos humanos en crecimiento. Esa es la situación en el momento actual a nivel mundial. El tema de la Revolución adquiere entonces una relevancia central. Así es que, en todas las latitudes, se levanta el clamor por transformaciones profundas, al tiempo que surgen experiencias novedosas que anuncian futuros posibles.
De este modo, mientras la violencia en sus distintas expresiones física, económica, racial, religiosa, sexual, psicológica o moral continúa derramando dolor y sufrimiento, también emerge una nueva sensibilidad que afirma la compasión, la libertad, la diversidad, la creatividad, la convergencia, la conciencia ambiental, tomando el bienestar y la evolución del ser humano como eje central y a la noviolencia como metodología de acción y estilo de vida.
Estamos situados ante opciones claras: podemos dejarnos llevar por el transcurso mecánico de los acontecimientos, con la perspectiva probable de que crezca el absurdo y la destrucción, o podemos buscar darle un nuevo sentido intencional a los eventos, afirmando la posibilidad de construir un entorno social e interpersonal no violento. En esta elección intervendrá necesariamente la reflexión sobre las características de la conciencia activa e intencional del Ser Humano, para decidir entre determinismo y libertad, entre venganza o reconciliación, entre deshumanización o humanización crecientes, entre conservación o revolución.
Ante la manipulación y la censura que hoy aparecen ligadas a este término por parte de los formadores de opinión al servicio del poder, sostenemos la necesidad de una revolución social que modifique sustancialmente las condiciones de vida de los pueblos, una revolución política que transforme la estructura de poder vigente, una revolución cultural que valore las diversidades y afirme su convergencia entorno a una nueva escala de valores en la que el ser humano sea el valor central, una revolución interpersonal que permita un nuevo modo de relacionarse entre los seres humanos y una revolución espiritual que abra el horizonte de una renovada reflexión y experiencia sobre el sentido de la vida.
Esta revolución mundializada, noviolenta, inclusiva y abierta, donde lo diverso converge buscando lo común, parece hoy ya estar en marcha en el corazón, la imaginación y la acción de muchas personas y colectivos. Sus protagonistas somos los seres humanos, quienes transformando también nos transformamos.
El V Simposio del Centro Mundial de Estudios Humanistas nos convoca a reflexionar, a intercambiar visiones, a compartir experiencias sobre esta revolución necesaria y urgente.
Una revolución que, por propósito, por actor y a la vez por destinatario, podemos llamar “LA REVOLUCIÓN HUMANA NECESARIA”.

10 ago. 2016

Tercera parte de “El Mensaje de Silo” - explicaciones


En esta tercera parte se presentan 17 temas de meditación que se refieren al logro de la coherencia en el pensar, el sentir y el hacer. Se llama “El Camino” a este trabajo que se sigue para avanzar hacia la coherencia, hacia la unidad de la vida y para evitar la contradicción, la desintegración de la vida. A los 17 temas los agrupamos en 2 bloques:
En el bloque de los primeros 8 temas, se indica la situación en que está ubicado quien busca coherencia y también el camino a seguir para avanzar hacia la coherencia.
En el bloque de los 9 temas finales, se indica las dificultades que se deben eludir para avanzar hacia la coherencia.
1. “Si crees que tu vida termina con la muerte, lo que piensas, sientes y haces no tiene sentido. Todo concluye en la incoherencia, en la desintegración”.
    Aquí se afirma que ninguna justificación es posible si se la coloca en la perspectiva de la muerte. Por otra parte, hacemos nuestra vida llevados por las necesidades vitales. Comer, beber, defenderse de las agresiones naturales y buscar el placer, son grandes impulsos que permiten la continuidad de la vida en el corto plazo. Gracias a la ilusión de la permanencia vital se pueden sostener todas las actividades, pero no se las puede justificar fuera de la ilusión de la permanencia.
2. “Si crees que tu vida no termina con la muerte, debe coincidir lo que piensas con lo que sientes y con lo que haces. Todo debe avanzar hacia la coherencia, hacia la unidad”.
      Se afirma que en el caso de creer en la permanencia o proyección de la vida más allá de la muerte, esto se debe justificar por la coincidencia del pensar, el sentir y el actuar en la misma dirección. La vida puede permanecer o proyectarse por un tipo de unidad dinámica y en ningún caso por la contradicción.
3. “Si eres indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás, toda ayuda que pidas no encontrará justificación”.
      En el mundo de las relaciones no se pueden justificar las propias necesidades negando las de los otros.
4. “Si no eres indiferente al dolor y sufrimiento de los demás, debes hacer que coincida lo que sientas con lo que pienses y hagas para ayudar a otros”.
     Una posición coherente frente al dolor y el sufrimiento de los demás exige que lo que se piense, sienta y haga, tengan la misma dirección.
5. “Aprende a tratar a los demás, del modo en que quieres ser tratado”.
     Todo nuestro mundo de las relaciones, si pretende coherencia, se ha de regir por la reciprocidad de las acciones. Esta postura no está “naturalmente dada” en el comportamiento sino que se considera como algo en crecimiento, algo que debe ser aprendido. Es conocida esta conducta como “la Regla de Oro”. Dicha conducta se educa y perfecciona a lo largo del tiempo y de la experiencia en el mundo de las relaciones.
6. “Aprende a superar el dolor y el sufrimiento en ti, en tu prójimo y en la sociedad humana”.
     También aquí es posible el aprendizaje, no el abandono a una supuesta “naturaleza” humana. Dicho aprendizaje se extiende a los demás como consecuencia de lo aprendido en la superación del propio sufrimiento.
7. “Aprende a resistir la violencia que hay en ti y fuera de ti”.
     Como la base de todo aprendizaje de superación y coherencia.
8. “Aprende a reconocer los signos de lo Sagrado en ti y fuera de ti”.
     Esta intuición de lo “Sagrado”, de lo no reemplazable, crece y se va extendiendo a distintos campos hasta llegar a orientar la vida (lo Sagrado en uno) y las acciones en la vida (lo Sagrado afuera de uno).
9. “No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ´¿quién soy?´”
     En el sentido de los significados de uno mismo y de lo que distorsiona lo que se refiere a “uno mismo”.
10. “No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ‘¿hacia dónde voy?’”
     En el sentido de la dirección y los objetivos de la vida.
11. “No dejes pasar un día sin responderte quién eres”.
     En el recuerdo cotidiano de uno mismo relacionado con la finitud.
12. “No dejes pasar un día sin responderte hacia dónde vas”.
     Es el recuerdo cotidiano de uno mismo, relacionado con los objetivos y la dirección de la propia vida.
13. “No dejes pasar una gran alegría sin agradecer en tu interior”.
     No solamente por la importancia que tiene reconocer una gran alegría, sino por la disposición positiva que se acentúa al “agradecer”, reforzando la importancia de esto que se experimenta.
14. “No dejes pasar una gran tristeza sin reclamar en tu interior aquella alegría que quedó ´guardada´”.
     Precisamente, si en su momento se hicieron conscientes las experiencias de alegría, al evocarlas en los momentos difíciles, se apela a la memoria (“cargada” de afectos positivos). Se podría pensar que en esa “comparación” sale perdiendo la situación positiva, pero no es así porque esa “comparación” permite modificar la inercia afectiva de los estados negativos.
15. “No imagines que estás solo en tu pueblo, en tu ciudad, en la Tierra y en los infinitos mundos”.
     Esta “soledad” es una experiencia que sufrimos como “abandono” de otras intenciones y, en definitiva, como “abandono” del futuro. Hablar de “tu pueblo, tu ciudad, la Tierra y los infinitos mundos” pone a todo y cada uno de los lugares pequeños y grandes, despoblados y poblados, frente a la soledad y a la nada de toda posible intención. La posición opuesta parte de la propia intención y se extiende fuera del tiempo y el espacio en que transcurre nuestra percepción y nuestra memoria. Estamos acompañados por diversas intenciones y aun en la aparente soledad cósmica existe “algo”. Hay algo que muestra su presencia.
16. “No imagines que estás encadenado a este tiempo y a este espacio”.
     Si no puedes imaginar ni percibir otro tiempo y otro espacio, puedes intuir un espacio y un tiempo internos en los que operan las experiencias de otros “paisajes”. En esas intuiciones se superan los determinismos del tiempo y el espacio. Se trata de experiencias no ligadas a la percepción, ni a la memoria. Dichas experiencias se reconocen indirectamente y únicamente al “entrar” o “salir” de esos espacios y esos tiempos. Esas intuiciones ocurren por desplazamiento del “yo” y se reconoce su comienzo y su fin por una nueva acomodación del “yo”. Las intuiciones directas de esos “paisajes” (en esos espacios Profundos), son obscuramente recordadas por contextos temporales, nunca por “objetos” de percepción o representación.
17. “No imagines que en tu muerte se eterniza la soledad”.
     Considerando a la muerte como “nada” o como soledad total, es claro que no subsiste el “antes” y el “después” de esa experiencia Profunda. La Mente trasciende la conciencia ligada al “yo” y a los espacios y tiempos de percepción y representación. Sin embargo, nada que ocurra en los Espacios Profundos se puede hacer patente a la experiencia.

Silo - Centro de Estudios de Punta de Vacas, 03/03/2009.

5 ago. 2016

Silo, Lo Profundo (Santiago 08-09-2002)

El Mensaje va a lo esencial, a lo que hace a la vida de las personas. Gracias a las experiencias guiadas y los mitos se puede entender mejor El Mensaje. “No dejes pasar un día sin preguntarte: ¿Quién soy? ¿A dónde voy?”

Si alguien lo hace, al poco tiempo empieza a hacer descubrimientos muy insólitos.
Siempre estás encontrando a otro. ¿Eso no te dice nada? ... Si avanzas vas a descubrir que el yo es totalmente ilusorio, que es un compuesto de recuerdos, sensaciones y representaciones y que si le varías ciertos recuerdos, o sensaciones o representaciones el yo se altera, se enrarece, te sientes otro. Esto tan útil que es el yo es muy variable, pero nos damos cuenta de su variabilidad cuando nos preguntamos todos los días.

Usted padece de la ilusión del yo, su yo es permanente y esa permanencia es ilusoria. Dicen algunos por ahí: ¿Hay que superar el yo, trascender el yo? ¡Eso no es posible! El yo es lo que opera en el entrecruzamiento de esas vivencias y si
algún procedimiento desarticula el yo no puedes ni pasar la calle. El yo te permite insertarte en el tiempo y espacio en el que estamos; gracias a los sensores de los sentidos, tomando de la memoria..., mientras te vas muriendo vas tirando. Pero cuando mueres, el yo no permanece, ¡se acaba!

¿Qué puedo hacer? ¡Nada! Descubres que lo que creías antes era ilusorio. En escasísimas situaciones, muy provisoriamente...., y muy a chispazos, se sale de la correntada del yo y se entra en otro espacio y tiempo, un espacio mental profundo que no es el que nos entrega la percepción, Hay un espacio profundo en la conciencia y que puedo encontrar y un tiempo que no es el secuencial en el que vivo.

Hay niveles de profundización de los espacios internos en los que las cosas se pueden hacer interesantísimas. Ahí han llegado las distintas místicas en las culturas de las que tenemos noticias: yantras que llevan a la interioridad de esos espacios, oraciones repetidas que llevan a esos espacios internos, danzas derviches, tambores chamánicos, los indígenas de Puebla con sus tejidos... Las Experiencias Guiadas y los Mitos abren un espacio de investigación interesante
quienes quieran investigar. Los mitos nos presentan dioses y seres que solo tienen existencia en esos espacios internos.

Cuando se alteran los espacios y los tiempos históricos esas napas se rompen y vas a los espacios profundos.
Podrías avanzar en la pregunta; te quedas ahí y te jodes o avanzas hacia nuevas preguntas que te permitan lograr más profundidad mental. Buda: debajo del árbol descubrió que el yo era un compuesto ilusorio, luego trabajo por descarte y no por sumatoria: al ir sacando percepción, memoria..., va entrando a un mundo mental profundo y llega a la iluminación.

En todas las civilizaciones están esas técnicas para entrar a los espacios profundos, estas técnicas lo hacen pasar por estado de trance que producen horror a la gente. Se desconectan del mundo fenoménico, entran en trance y ¿qué hacen? En todas las civilizaciones se pasa por ese trance para entrar.

Si te preguntas quien soy, puedes descubrir la provisoriedad de tu yo y la ilusión de todo lo que eres en este momento. Quiero decir con esto que el que se pregunta eso tal vez le permite seguir creciendo internamente, y es a partir de ahí donde se puede avanzar hacia la interioridad profunda. ¿Quién soy y hacia dónde voy?

Si ni siquiera yo soy con permanencia, a donde voy. El yo no repite mecanismos propios de otro momento. La expresión de los fenómenos de la fuerza, la circulación de la energía, la energía en los seres vivos y las personas, la forma en que actúan estructurando los espacios internos. Todo empieza con el quien soy sacando consecuencias sobre estas preguntas, por ahí empieza ese caminito. Eso es lo que estamos diciendo en esta época, que la forma de entrar es por ese
caminito. Los elementos del Mensaje que se formalizan en él vienen de allí, vienen de esos espacios, vienen de adentro y se formalizan en El Mensaje.

Los momentos históricos no tienen que ver con ese espacio tampoco. Como los mitos influyen en un momento histórico factores que producen surgimientos de ese tipo que vienen de los tiempos y espacios profundos, son cosas antiguas.

Apelaremos a lo profundo en los seres humanos y si la gente está haciendo fuerza en esa dirección, se va a prender de ahí. Si eso está trabajando en las personas y hay una correntada creciente en las personas, en las sociedades, eso irá, por eso es que no nos importa nada, si hay condiciones para que eso ocurra ¿quién puede ayudar, parar, detener eso? Son condiciones profundas.

Habrá un libro, experiencia, un camino. Eso hemos hecho, no apelaremos a los medios ni a las estructuras, y eso irá o no, porque es o no es su momento y este largo periplo acerca de los espacios internos, los hechos místicos, la confluencia de factores. Estamos en el ámbito de los mitos, estamos en cosas serias no en idioteces, no en los %s estadísticos.

27 jul. 2016

Se busca autor de una pintura

Quien es el autor de esta pintura? 
Yo le llamaría "hombre que mira a la luna", Es todo un llamado a ir mas allá, a elevarse sobre la estrechez de lo cotidiano y volar, y preguntarse por la inmensidad.
...O tal vez no es la luna, o tal vez Alguien nos mira! y ese alguien, colosal, observa la tierra y a los terricolas, preguntandose cuando es que por fin nos vamos a poner de acuerdo para vivir en paz y poder así volar a otras dimensiones al encuentro de Los otros!

26 jul. 2016

La preocupación no está en adquirir cosas sino en dejar mentalmente cosas. SILO 1975

SOBRE LA BÚSQUEDA DEL OBJETO. Yo creo que nuestro problema mayor es que todos buscamos objetos, y que algunos pueden no buscar objetos pero pueden buscar completarse internamente. Esta búsqueda también trae contradicciones: hay quien se considera incompleto internamente entonces hace fuerza por integrarse internamente, por ser completo en sí mismo. Sea que alguien busque objetos afuera o sea que busque completarse internamente, de los dos modos sufre contradicción.

En general los buscadores de cosas espirituales buscan o “la conciencia mística”, o buscan un dios, o buscan estar completos, iluminados. El Buda planteó ese mismo problema y explicó que para lograr la iluminación no había que buscar la iluminación. Pero, entonces, ¿cómo se va a lograr una cosa si no se la busca? Es que nosotros no buscamos lograr una cosa, nosotros no planteamos esto en sentido posesivo. Nosotros no decimos que haya que tomar algo para integrarlo, que haya que tomar objetos para tenerlos; nosotros decimos otra cosa: que hay que suprimir las contradicciones, suprimir el sufrimiento.
Nosotros definimos nuestro trabajo no como de “mano llena”, sino como de “mano vacía”. Ustedes saben cómo se cazan algunos monos: se coloca arroz en un tronco de un árbol, en un orificio pequeño; entonces el mono mete la mano en el agujero, toma el arroz y no puede sacar la mano; el mono ve que lo van a cazar ¡pero tampoco quiere soltar lo que tiene en la mano! ¡El mono sufre una gran contradicción!
Nosotros decimos que no se trata de lograr cosas ni de lograr estados superiores de conciencia tampoco; nosotros hablamos de la mano vacía, nosotros hablamos de suprimir el sufrimiento interno, nosotros decimos de soltar las búsquedas internas. Nosotros no nos rendimos frente al dolor, a nosotros nos preocupa salir de la contradicción, entonces esa preocupación no está en adquirir cosas sino en dejar mentalmente cosas. Tú puedes tener cosas en la vida cotidiana, pero tú no estás buscando llenarte de cosas. Te pueden interesar mucho los estados superiores de conciencia, pero te creas mucho dolor interno. Parece que se lograran cosas haciendo el vacío y no llenándolo. Tú lograrás más atención cuando trates de lograr un vacío en tu mente y no cuando la contemplas sobre un objeto; así sucede con muchos fenómenos.
En general, nosotros estamos habituados y educados a lo opuesto; estamos acostumbrados a tomar no sólo objetos sino personas. Nosotros queremos tomar a los sentimientos de las personas, queremos ser queridos, queremos ser reconocidos, queremos ser amados. La misma forma nuestra de amar es una forma posesiva. Nosotros amamos con violencia; no se nos ocurre cómo pudiéramos amar sin cierta violencia, pero para todo hay formas.
Está bien que nosotros conozcamos cosas, que nos informemos acerca de cosas, uno puede informarse de muchas cosas, pero no puede imponerse la creencia de que nuestra información soluciona los problemas. En general, la gente de formación intelectual cree que el acumular datos soluciona sus problemas internos. En realidad, solucionan muchos problemas de la vida diaria; es gracias a la experiencia acumulada, es gracias a la gente que ha ido trabajando con datos, con técnicas, que la humanidad ha ido resolviendo muchos problemas. Nosotros no podríamos estar acá hablando si muchas generaciones no se hubieran esforzado en elaborar un lenguaje, en elaborar, por último, la ropa que usamos. De ninguna manera descalificamos el esfuerzo humano para solucionar problemas inmediatos. Nosotros estamos diciendo simplemente que el trabajo interno puede no ser similar al trabajo que se hace en la naturaleza, en el sentido que nosotros estamos acostumbrados a la lucha con la naturaleza, con las leyes naturales; y está bien, así se mueve la humanidad. Pero puede ser que esta forma no sea adecuada para el trabajo interno. Entonces, nosotros distinguimos muy bien entre el trabajo que se hace en la naturaleza, en la vida diaria, y la actitud mental que se tiene sobre las propias contradicciones. Si la naturaleza nos impone lucha y todo ese fenómeno de alteración, tal vez la compensación de todo eso debe buscarse en la quietud interna.

Nosotros somos muy amigos de generalizar y creer que las leyes son iguales para todos los fenómenos universales, pero tienen distintos planos de aplicación. En el plano de lo interno no parece válido el sentimiento de posesión; en la lucha con la naturaleza parece imprescindible la posesión. Lógicamente que el sentimiento de posesión puede tener un carácter más individual que social, pero a medida que las sociedades avanzan el sentimiento se va haciendo más social que individual. Pero en materia de trabajo interno no vemos este progreso, no vemos esta evolución.

Nosotros con nuestra conciencia individual, con nuestro “yo” individual, filtramos todos los datos que vienen del mundo o interpretamos al mundo según ese filtro, y las cosas pueden ser muy diferentes a las que filtra nuestro yo. Hay algunos que han llegado más lejos todavía y han creído que ese yo debe ser inmortal. ¡Imagínense qué aburrido puede ser vivir millones de años con ese mismo yo, con ese yo individual, si para el colmo es un yo en contradicción y sufrimiento!
Cuando por algún accidente han experimentado una alegría muy grande, súbita, o han experimentado una comprensión de las cosas también muy grande, o esos fenómenos súbitos de gran emoción, observen ustedes que en esos casos no han pensado en su yo; da la impresión de que hubiera sucedido otra cosa: que el yo hubiera desaparecido. No se han dicho en ese momento: ¿qué me está pasando?; ustedes más bien han contemplado y han sentido esa experiencia, y cuando se han puesto a pensar sobre lo que les está pasando tal fenómeno ha desaparecido. No se sabe si el fenómeno desaparece porque aparece el yo o a la inversa, lo cierto es que ese fenómeno es incompatible con el yo sicológico. Ustedes, sin embargo, pueden decir que han tenido esa experiencia, pero saben que esa experiencia no es la misma que tienen con el yo sicológico. Esa experiencia no es posesiva, esa experiencia es muy amplia, como universal; esa experiencia ni siquiera la atribuyen a ustedes y tienen la emoción que debería ser comunicada a toda la humanidad. Estamos hablando, entonces, de un fenómeno notable para la conciencia humana, en donde el yo posesivo no aparece, en donde no aparece la búsqueda y algo se produce, y cuando queremos producirlo no funciona; tampoco se logra eso por buscarlo.

Si buscamos sentirnos bien es probable que no lo logremos. Si, en cambio, a esa tensión emotiva que tenemos por estar juntos varias personas tratamos de dispersarla internamente, de relajarla, de aflojarla, en realidad no estamos tratando de adquirir cosas, en realidad no estamos pensando en sentirnos bien, estamos pensando simplemente en soltar las tensiones emotivas; y si podemos trabajar en eso de soltar las tensiones emotivas, entonces nos sentimos bien. De manera que procedemos con la mano vacía: nosotros no buscamos sentirnos bien, buscamos aflojar esta tensión, entonces nos sentimos bien por añadidura. Ese es el sentido del trabajo y no es un renunciamiento ni un sacrificio ni una autoeliminación. ¿Entienden aproximadamente la idea?

LONDRES 1975

18 jul. 2016

Sobre el sentimiento religioso

Ernesto H de Casas.

"Antes, me era totalmente incomprensible porque existían las religiones con toda su parafernalia de edificios, boatos, vestimentas, rituales y seguidores de las más diversas índoles; donde se entremezclan creencias con tradiciones, a veces parte del folclor de un pueblo, a veces tan vigentes que convoca muchedumbres  . Claro está que eso es la externalización de algo interno, algo intangible como lo es un sentimiento, que cuando surge, se hace sentir, se comunica a otros y se va haciendo interpersonal. Seguramente con unos significados importantes que con el correr del tiempo se desvanecen y queda solo la mera costumbre y las tradiciones.
….
Entonces, el sentimiento religioso nos lleva a la búsqueda de lo trascendente. Es como un hilo conductor que nos conduce a lo verdaderamente importante. Que también nos mueve hacia la búsqueda de sentido. Búsqueda que es inherente al ser humano, como ese sentimiento, como esa espiritualidad de que hablamos, y que hoy - en este momento y época - se pueden dar mejor estas experiencias internas significativas, puesto que esta disposición permite realizar con eficacia tal búsqueda y labor interior, sin necesidad de ornatos externos.

La experiencia interna importante no se limita a momentos de praxis, o de reunión para compartir similares experiencias. Este sentir Interior es lo que nos re-liga con todo lo substancial y que puede darse en cualquier instante.
                 
Entonces, al ser permanente la actitud de disposición hacia lo elevado, o profundo, lleva a modelar el encuentro con un nuevo espíritu, con alegría y calma, fortaleciendo actitudes bondadosas y conscientes para con nosotros mismos y para con los demás. Hay ahí crecimiento, dándose una toma de contacto con un sentido en la existencia. Y así el sentido de todo lo existente se nos va revelando con la propia dedicación y constancia.

Además, este asunto de la revelación del sentido, puede darse con frecuencia y en nuestras más diversas actividades. Tanto en momentos especiales como en plena vida cotidiana. En especial si se insiste, en seguir el hilo de ese sentimiento religioso que nos lleva a la experiencia importante, que se da en nuestro avance hacia la apertura a lo trascendental. Según cada uno lo intente.

Todo queda reducido a un problema de experiencia interna donde lo sagrado se expresa con mayor o menor evidencia. Algo que solo surge como experiencia interna y es la que permite después encontrar en todas las cosas el mismo reflejo del espíritu. “Se trata de ir experimentado y construyendo el sentido en el silencio de nuestra búsqueda alegre, humilde y cuidadosa. Porque uno puede necesitar de los demás, sin depender, ni necesitarlos desesperadamente. Se trata de que uno se necesite a sí mismo” .

Pues, en la religiosidad Interior, este nuevo horizonte espiritual es un umbral abierto a toda la humanidad"

15 jul. 2016

Las religiones han ayudado a ganar o perder libertad, interna y externa.

Tomado de: Estudio sobre el Sentimiento Religioso.
Ernesto H de Casas, 
Mendoza, Junio 2016. Parque Punta de Vacas.

"Expliquemos: cuando la religiosidad humana se encauza por patrones y moldes represivos,
la libertad interna decrece hasta grados de verdadera esclavitud con el culto. No por nada se ha hablado del "opio de los pueblos", aludiendo al culto como un adormecedor de la conciencia. Pero bien puede ser un acelerador de la libertad interna y externa. Un factor de desarrollo de decisiva importancia para ir ganando y expandiendo la libertad.

Una cosa es el sentimiento religioso. en sí, que es positivo para el desarrollo humano y que   por ello no puede ser un factor de retraso. Pero el culto se organiza con cierto personal, y éste suele montar un aparato organizativo que luego tiende a su conservación y se niega, en un momento de su consolidación, a cambiar sus estructuras para proseguir su desarrollo.

Esto se ha visto varias veces en la historia, una de las primeras fue la estrepitosa situación del faraón que cambió a los egipcios el dios Amón por Atón (el sol)[1] y fue tal la resistencia a ese cambio progresivo por parte de la casta sacerdotal, que duró muy poco la reforma. Por su parte, el surgimiento del budismo es una reacción contra el sistema de castas brahmánico y otras ideas corno la limitante reencarnación.
También fue tal la resistencia de la casta brahmánica, que lo consideran herejía (o heterodoxo contemporáneamente) y con los siglos logran sacarlo del suelo natal, pero ha confirmado su universalidad, a diferencia de las formas hinduistas que solo existen en la  India[2].

Sin embargo, en ambos casos, el credo oficial de entonces incorpora numerosos elementos progresivos de las expresiones más revolucionarias de la religiosidad. El problema está en la dificultad de combinar los intereses terrenos y los religiosos propiamente dichos.

La cosa ha llegado a tal punto de confusión, que en la actualidad la palabra religión tiene una carga que es sinónimo de "represión", oscurantismo, etc. y a la cual el hombre contemporáneo biempensante rechaza de cuajo y las grandes religiones, en su estadio contemporáneo, acusan "crisis de vocaciones"; es decir: se manifiesta la falta total de adeptos y aspirante a sacerdotes.

Sin embargo, sin ser idealistas exagerados, el s.r. ha impulsado progresivamente a la humanidad de modo constante. Se han formado pueblos enteros, consolidado imperios, continuado investigaciones, se ha recolectado y protegido conocimiento y un largo etcétera de cosas positivas, mezcladas con supersticiones, inquisiciones e intrigas de palacio, cuando el s.r. fue sustituido por los más bajos sentimientos mundanos.

Pero es obvio que en materia de experiencia religiosa progresiva no está dicha la última palabra.

[1]  El culto a Atón (Atjon) es antiguo, simbolizado por el disco solar que muta a un dios de bondad infinita, en su apogeo cuando lo establece Akenatón - cambiándose de nombre- (que quiere decir Resplandor de A, o Útil a A) en el siglo XIV a.n.e... Al estudiar este episodio se advierte una obstinación por desplazar al clero vigente, al punto que es el Faraón mismo que se consagra sumo sacerdote. Esto, claramente, producirá una reacción adversa. Pero el monoteísmo ha sentado su precedente (y pasaría con Moisés al judaísmo).

[2]  Esto de limitarse a un pueblo y/o zona geográfica se observa en el Hinduismo (Jainismo incluido), en el    Zoroastrismo, en el Judaísmo y en el Egipto antiguo. La universalización de un credo la hacen los budistas al   expandirse por Asia (Hinayana y Mahayana) y el cristianismo al referirse a los gentiles (no judíos).

29 jun. 2016

La Hydra y la gran apuesta: Fundamento para asumir una ética no violenta

29.06.2016 - Lima Javier Zorrilla Eguren


Empecemos con esta pregunta: ¿Por qué tendría que darme el trabajo de asumir una ética no violenta? Alguien diría: Mira, no tengo tiempo para cosas sin beneficio inmediato. Otro objetaría que no se necesita fundamentar nada, porque se sabe que la violencia es mala y hay que evitarla. Muy bien, digo yo, pero lo que vemos es que la violencia crece, como la Hidra de múltiples cabezas. Cada vez que Hércules cortaba una, dos volvían a crecer. La Hidra, madre de Quimera, hija de Tifón y Equidna, resentida, vengaba al león de Nemea, su hermano, muerto por el héroe. Éste derrota al monstruo, pero solo con la ayuda de otro ser humano, su sobrino Yolao, que quemaba los muñones de los cuellos para que las cabezas recién cortadas no volvieran a crecer.
Muchos piensan que la feroz proliferación de las violencias, se debe a que los valores se han perdido. No obstante, pocos saben cómo recuperarlos para lograr el cambio integral que la crisis humana y ambiental exige. Se trata de un salto evolutivo, no una reforma parcial del sistema inhumano.
¿Por qué reemplazar el actuar violento por el no violento? Muy simple: la violencia, al engendrar sufrimiento, obstaculiza la felicidad. Esta no es compatible con el éxito de unos pocos, en un ambiente enfermo. La felicidad no crece en medio de la desdicha general. Las brutales mordeduras de la Hydra llegan hoy a todo el orbe.[1]Enfrentamos una gran paradoja existencial: ¿Si todos buscamos la felicidad, porque optamos por la violencia que es su negación? ¿Será que la violencia “defiende” del dolor y el sufrimiento? Lo que debió ser un recurso excepcional en una situación extrema de autodefensa se ha vuelto receta cotidiana.
Acudo a la violencia para satisfacer mis deseos. Al hacerlo obtengo placer. En lugar de compartir aprendo a atacar primero, a controlar la conducta del otro y a eliminar a mi enemigo para que no me vuelva a atacar. Dentro de un sistema que ha instalado la dictadura del dinero, aprenderé a explotar al otro antes que el otro me explote a mí. Y juntaré mucha plata, para no quedar expuesto a la pobreza, a la enfermedad y a la soledad.
Sea como sea, lo único cierto es que vivo en estado de temor. Temo perder lo que ya tengo o no alcanzar lo que tanto quiero. Hay un círculo vicioso: algo me falta, deseo tenerlo; ejerzo violencia abierta o encubierta, grosera o sutil, para poseerlo y conservarlo; temo perderlo nuevamente y aplico más violencia; mi aferramiento es cada vez mayor, aumentando aún más el temor a perder lo que tanto me cuesta y así siguiendo. Esta no es una condición de libertad, de confianza, de igualdad, de respeto, de aprecio, de fraternidad, por ende, de real felicidad personal y social. [2]
Podemos sospechar que la base de las adicciones es estructural. No nos agrada el vacío. Rápidamente imaginamos eso nuevo placentero que compensa lo que nos falta (o creemos que nos falta). No se trata de reprimir el placer de vivir y de compartir. Se trata de hacerlo sin adicciones, sin culpas o búsquedas compulsivas, violentas y centrípetas. De ahí el principio de vida: “Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento, pero en tanto no perjudiques tu salud (o a otros), goza sin inhibición cuando la oportunidad se presente”.[3]
No parece que por el camino de la búsqueda incesante del placer podamos articular un sentido de vida que amplíe la felicidad. La ética, justamente, tiene que ver con reflexiones y experiencias que permitan fundamentar un actuar coherente, sostenido, liberador y evolutivo. Este proceso requiere de una acumulación de acciones que refuercen la misma dirección. Proponer la acción no violenta como eje de una ética de liberación y felicidad no es para tomar a la ligera. Lo quiera o no, formo parte de una red humana en la que mis acciones impactarán en forma positiva o negativa. No solo eso, volverán sobre mí, dejando su registro interno de paz o de violencia, de unidad o contradicción. [4]
¿Qué ética puede caber en alguien que ensueña todo el tiempo con el éxito individual como modelo de felicidad? ¿Qué ética puede interesarle al que es a la vez verdugo y cómplice en un sistema en el que compite con violencia por el éxito? Un sistema discriminador que divide a los humanos en “ganadores” y “perdedores”. La exclusión social es violencia, genera resentimiento y éste venganza. Es un círculo vicioso, una espiral patológica y desintegradora. Lo que vemos en el paisaje no debería asombrarnos. Esas guerras brutales, ese terrorismo, ese desastre ambiental, esas matanzas xenofóbicas y homofóbicas, esos migrantes que mueren en mares y playas buscando refugio; esa corrupción política que como una peste asola los países, esa delincuencia y ese narcotráfico, son la consecuencia de una mentalidad que no ha renunciado a la violencia como medio de dominio individual y colectivo.
¿Cómo insertamos la ética de la no violencia en un mundo así, tan dolido, tan cruel, tan indiferente, tan dopado, tan cosificado, tan obsesionado y tan hipnotizado? ¿Cómo la ampliamos en un sistema que emplea todo medio para atrapar un “éxito”, alucinado como felicidad? Dentro de ese espejismo, ¿cómo tomar la senda de la acción válida que disuelve el sufrimiento? ¿Cómo cambiamos paisajes, miradas y creencias? ¿Cómo mi acción puede generar libertad, cordura y sentido?
¡Esto es lo interesante y superlativo de la ética! Que es una experiencia de transformación elegida. Es un acto libre y resuelto que descubre un real camino de felicidad. Es un significado profundo, capaz de dar sentido a mi vida, más allá de su aparente término. Este ascenso tiene sus condiciones. O uno reproduce el sistema y su programa, internalizado tempranamente en nuestro paisaje de formación[5]; o tomamos el camino de la verdad interna, del autoconocimiento, de la reflexión existencial, de la intención transformadora, de la acción válida y de la no violencia activa. Esta es una primera condición. Elegir sin vuelta atrás lo que nos une. Digamos de una vez por todas: ¡no a la violencia que divide y separa a unos seres humanos de otros!
Nos ocupamos de seguir el nuevo camino y de regresar a él cada vez que sea necesario. Estamos hablando de alinear el sentir, el pensar y el actuar tomando como referencia la acción válida y su registro de unidad interna, ese que deja una suave paz, supera el sufrimiento y amplía la felicidad. [6] Antes de actuar, conviene reflexionar, meditar con sentido ético. Pero, claro, esa deliberación se hace dentro de estados internos que la condicionan. [7] Tomado por la ambición, el odio, la venganza o el resentimiento es difícil optar por la no violencia. Esta ética requiere un estado de conciencia sereno, más libre, consciente y elevado. No hay problema. Esto también se puede elegir y trabajar. Hay prácticas[8] que nos permiten superar la violencia interna y acceder a estados de conciencia más sabios e inspirados. [9]
Pero nadie llega a la cima de una montaña si no quiere realmente hacerlo. A la no violencia hay que amarla entrañablemente. Fijo la dirección con una imagen potente y clara, surgida desde lo mejor de mí. Esta experiencia y su repetición es crucial, sobre todo en un sistema que nos coloniza el cerebro repitiéndonos que, si no actuamos como lagartos, no solo no vamos a triunfar, sino que nos van a devorar los otros lagartos (con perdón de los lagartos).
El proceso de ascenso coherente es muy importante porque rompe la percepción del tiempo como inmediatez y fugacidad. Por la aceleración posmoderna pareciera que aparte del instante nada más existiese. Como que una cosa no se conectara con la otra. Si reaccionamos oportunistamente, ¿qué hilo conductor nos articulará hasta la muerte que es lo único que no podemos evitar? Ni el dinero, ni los amigos, ni el poder, ni la pareja, ni nada me salva de morir. Estaremos frente a lo que tanto tememos: la pobreza (no nos llevamos nada), la enfermedad (de algo muere uno) y la soledad (dejas para siempre a tus seres queridos, aunque no quieras).
Pero, ¿qué hacemos frente a ese hecho inevitable? En lugar de meditarlo, preferimos evadirlo. ¿Es la muerte una guillotina que corta todo futuro? ¿Es que la hoz siega toda esperanza? Si lo creemos así, el yo se asusta y se fuga. ¿Y adónde va el yo para evadirse? Unos consumen desesperadamente. Otros se aferran a parejas, hijos o amigos. Otros se vuelven adictos al trabajo, al dinero, al sexo, a un deporte o a todo eso junto. El yo se vuelca al exterior para escaparse del temor a la muerte. Está bien aliviar el sufrimiento y crear felicidad y libertad en esas relaciones. Lo que no está bien es que se hagan esclavizando, posesivamente, o por miedo, compulsión y fuga. Resolver adecuadamente una necesidad es una cosa; satisfacer y buscar sin fin un deseo posesivo, otra.
¿Qué sentido puede tener una ética no violenta si estamos convencidos de que todo acabará en la nada? ¿Para qué el esfuerzo de una vida atenta y selectiva? Si creo que todo termina con la muerte, qué más da que elija una ética o ninguna, si es que el acto final, el cierre del telón, vacía de sentido todo el esfuerzo. Mejor evadirme con una droga adormecedora que me haga olvidar ese fin de todo, al que tanto temo.
La ética tiene que tener un fundamento que derrote al nihilismo, a esa fe en la nada. No flota la ética en el aire. Además, tiene que ser muy sentida para que se convierta en acción concreta. Lo que creo acerca de la muerte es el fundamento. Es lo que define que tenga un tipo u otro de conducta. Entonces, es interesante que me pregunte: ¿Qué creo acerca de la muerte? ¿Se termina todo? ¿Comienza todo? ¿Hay un más allá? ¿Cómo lo imagino? ¿Qué experiencias me hacen sentir que no todo termina con la muerte y que la calidad de mi acción puede lanzarme hacia el más allá? ¿Cómo accedo a tales experiencias?
Cuando uno recuerda a los seres queridos que ya partieron, lo único que queda en la memoria es el significado positivo o negativo de sus acciones. Miramos la historia de la humanidad y pasa lo mismo. Quedan en la memoria los grandes hombres que hicieron el bien y aquellos otros que generaron enorme violencia y sufrimiento. He aquí una forma de trascendencia: las acciones propias quedan como huellas a seguir por las futuras generaciones.
Las personas que han muerto clínicamente, pero que ha sido retornadas a la vida por intervención médica, testimonian que en su viaje interior se encontraron con una luz que dialoga, que parece comprenderlos totalmente y llenarlos de esperanza. [10] En ese trance han podido ver y entender el significado de su vida. Se han sentido tan maravillados que no querían regresar a su cuerpo. Al final, por más que querían quedarse, han regresado. ¿Qué les ha pasado entonces? Pues cambiaron su actitud hacia la vida, hacia ellos mismos y hacia los demás. Esta experiencia operó en ellos como una revelación profunda, de esas que despiertan certeza y le cambian a uno la visión del mundo.
Recordemos a Sócrates en el acto de su muerte. Platón, su discípulo, cuenta en sus Diálogos, cómo Sócrates bebe la cicuta para cumplir con la condena impuesta por la justicia griega. Unas horas antes recibe la visita de sus amigos. Estos lo encuentran tan contento como siempre, como si en unas pocas horas más no fuera a morir. Uno de ellos le dice algo así: Pero Sócrates, ¿cómo es posible que estando a punto de morir estés tan tranquilo y contento? Y Sócrates le va contando a sus amigos las razones que explican esa dicha previa a su muerte. En ese diálogo deja Sócrates una idea en la que aparece la posibilidad de lo eterno. Afirma que la muerte puede ser imaginada como un azar encantador, y que la práctica de las virtudes no solo evita la sufriente dependencia de las pasiones violentas, si no que abre la posibilidad de que la buena vida de aquí merezca una buena vida en el más allá.
Los grandes reformadores espirituales de la humanidad traducen sus experiencias con lo profundo, con distintas revelaciones y relatos, pero tienen en común la intuición de que la vida que no acaba con el absurdo de la muerte. Meditar sobre “cómo es posible que la inmortalidad haya creado la ilusión de lo mortal” le escuche en una ocasión a Silo, el maestro de nuestro tiempo. Y también nos hace recordar esas experiencias personales en las que nos sentimos en profunda unión con todo lo existente. Cada cual ha tenido sus experiencias con lo profundo y lo innombrable. Aldous Huxley en su Filosofía perenne demuestra que las revelaciones espirituales de las distintas culturas muestran un trasfondo común, en el que la fuerza, la bondad y la sabiduría se juntan en la vivencia de lo trascendental.
Para que la ética oriente mi día a día, necesito conectarme con un sentido mayor, intrínseco a la vida, revelado en mi interior y que no concluya en la nada. En este contexto puedo afirmar algo tan radical como esto: “Si no intuyo la inmortalidad en mis acciones, ¿cómo incorporo una ética no violenta en forma definitiva? Y, ¿con qué fuerza voy a construir un proceso coherente y evolutivo? Si la acción humana no reporta un sentido que me haga feliz en ambos mundos, el de aquí y el de allá, su valor será solo relativo, provisorio, ilusorio, resignado, a lo más estoico.
En síntesis: una ética que venza a la violencia interna y externa, necesita un fundamento profundo. No es una espiritualidad fanática o ingenua. Es experiencia nutrida de certeza interna. La mente y el corazón se abren a la revelación de nuevos significados: “Distinta es la actitud ante la vida cuando la revelación interna hiere como el rayo”, nos asegura el Maestro de nuestro tiempo.[11] Abrevo de esa fuente inagotable de inspiración con el objetivo de vivir en unidad, siendo feliz, haciendo feliz a otros y preparando mi posibilidad hacia el más allá. Nadie puede hacerlo por uno. El bien que dejo de hacer será siempre una oportunidad perdida. Si lo hago estaré cumpliendo con la misión de humanizar la tierra, dándole a mi vida un sentido que ni la muerte podrá detener.
28 de mayo de 2016
[1] Remito a mi artículo El sistema de violencia y la no violencia activa, publicado en el libro Tiempos de cambio, nuevos caminos (Editorial Ténetor, Centro de estudios Humanistas Nueva Civilización, Huancayo, Perú, 2016.)
[2] Mayor fundamentación de esta idea, en SILO: La curación del sufrimiento, en Habla Silo, Págs. 341-344, Obras completas, volumen 1, Silo.net.
[3] SILO: La mirada interna, Cap. XIII, Los principios. Obras completas, volumen I (paréntesis nuestro). Magenta ediciones, Argentina, 1998.
[4] SILO: El paisaje interno, Cap. IX, Contradicción y unidad. Obras completas, volumen I. Magenta ediciones, Argentina 1998.
[5] Cuando se habla de paisaje de formación se hace alusión a los acontecimientos que vivió un ser humano desde su nacimiento y en relación a un medio. El p. de f. actúa como un “trasfondo” de interpretación y de acción, como una sensibilidad y como un conjunto de creencias y valoraciones con los que vive un individuo o una generación (SILO: Diccionario del Nuevo Humanismo, Obras completas, volumen II. Silo.net.)
[6] SILO: Ob. cit. El tema de la acción válida es tratado en sus libros Cartas a mis amigos (cuarta carta) y Habla Silo, bajo el título La acción válida.
[7] SILO: Apuntes de psicología (estructuras de conciencia, págs. 287-301). Editorial Betha Hydri, Cochabamba, Bolivia, 2012.
[8] AMANN, Luis: Autoliberación. Plaza y Valdez, México, 1991. El Centro de Estudios Humanistas Nueva Civilización ofrece el curso vivencial completo (contacto: javierzorrilla90@gmail.com).
[9] Para una mayor comprensión de los estados de conciencia se puede leer Sentido del sinsentido y La mirada del sentido de Dario Ergas.
[10] El libro Vida después de la vida (1975) del psiquiatra Raymond Moody presenta 150 testimonios sobre lo que se siente al morir: a) una abrumadora sensación de paz y bienestar, incluida la ausencia de dolor; (b) la sensación de estar situado fuera del cuerpo físico; (c) sensación de flotar a la deriva o a través de la oscuridad, a veces descrita como un túnel; (d) toma de conciencia de una luz dorada; (e) encontrarse, y tal vez comunicarse, con un “ser de luz”; (f) tener una rápida sucesión de imágenes visuales de su pasado; (g) experimentar otro mundo de mucha belleza.
(https://es.wikipedia.org/wiki/Vida_despu%C3%A9s_de_la_vida)
[11] SILO: La mirada interna. En Humanizar la tierra, cap. XIII. Obras completas, volumen I. Magenta ediciones, Argentina, 1998.
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Acerca del autor
Javier Zorrilla Eguren, nació en Lima-Perú, en 1948. Obtuvo el grado de Magíster en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica. Ha realizado labor docente universitaria y colaborado con el Estado peruano en temas de desarrollo social. Ha publicado diversidad de artículos, ensayos e informes en temas relacionados con la cultura andina, la violencia y el desarrollo humano. Actualmente está dedicado a la formación del Centro de Estudios Humanistas en su país.
El autor es Miembro del Movimiento Humanista, se inspira en la obra de Silo desde hace 44 años. Es antropólogo, autor del libro Más allá de la psicoterapia y coautor de Tiempos de cambio, nuevos caminos. Ha sido profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Universidad del Pacífico. Actualmente es miembro del grupo que impulsa el Centro de Estudios Humanistas Nueva Civilización.