29 ago. 2008

Entropía o apertura del ser humano y la sociedad

Estamos en época de crisis...Pero la crisis tiende a resolverse en diversas variantes. Por simple economía de hipótesis y, además, para ejemplificar en grandes trazos, esbozaremos dos posibilidades. Por una parte, la variante de la entropía de los sistemas cerrados y, por otra parte, la variante de la apertura de un sistema cerrado merced a la acción no natural sino intencional del ser humano. Veamos la primera matizada con un cierto pintoresquismo descriptivo.

PRIMERA HIPÓTESIS: LA ENTROPÍA DE LOS SISTEMAS CERRADOS.

Es altamente probable la consolidación de un imperio mundial que tenderá a homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la lengua, los usos y costumbres. Un imperio mundial instrumentado por el capital financiero internacional que no habrá de reparar aún en las propias poblaciones de los centros de decisión. Y en esa saturación, el tejido social seguirá su proceso de descomposición. Las organizaciones políticas y sociales, la administración del Estado, serán ocupadas por los tecnócratas al servicio de un monstruoso Paraestado que tenderá a disciplinar a las poblaciones cada vez con medidas más restrictivas a medida que la descomposición se acentúe. El pensamiento habrá perdido su capacidad abstractiva reemplazado por una forma de funcionamiento analítico y paso a paso según el modelo computacional. Se habrá perdido la noción de proceso y estructura resultando de ello simples estudios de lingüística y análisis formal. La moda, el lenguaje y los estilos sociales, la música, la arquitectura, las artes plásticas y la literatura resultarán desestructuradas y, en todo caso, se verá como un gran avance la mezcla de estilos en todos los campos tal como ocurriera en otras ocasiones de la historia con los eclecticismos de la decadencia imperial.

Entonces, la antigua esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para siempre. En este oscurecimiento de la razón, en esta fatiga de los pueblos, quedará el campo libre a los fanatismos de todo signo, a la negación de la vida, al culto del suicidio, al fundamentalismo descarnado. Ya no habrá ciencia, ni grandes revoluciones del pensamiento... sólo tecnología que para entonces será llamada «Ciencia». Resurgirán los localismos, las luchas étnicas y los pueblos postergados se abalanzarán sobre los centros de decisión en un torbellino en el que las macrociudades, anteriormente hacinadas, quedarán deshabitadas. Continuas guerras civiles sacudirán a este pobre planeta en el que no desearemos vivir. En fin, ésta es la parte del cuento que se ha repetido en numerosas civilizaciones que en un momento creyeron en su progreso indefinido. Todas esas culturas terminaron en la disolución, pero, afortunadamente, cuando unas cayeron, en otros puntos se erigieron nuevos impulsos humanos y, en esa alternancia, lo viejo fue superado por lo nuevo. Está claro que en un sistema mundial cerrado [globalizado?], como el actual, no queda lugar para el surgimiento de otra civilización sino para una larga y oscura edad media mundial.

Si lo que aquí se plantea es del todo incorrecto, no tenemos por qué preocuparnos. Si, en cambio, el proceso mecánico de las estructuras históricas lleva la dirección comentada es hora de preguntarse cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los acontecimientos. A su vez, ¿quiénes podrían producir ese formidable cambio de dirección sino los pueblos que son, precisamente, el sujeto de la historia? ¿Habremos llegado a un estado de madurez suficiente para comprender que a partir de ahora no habrá progreso sino es de todos y para todos? Esta es la segunda hipótesis que exploraremos:

SEGUNDA HIPÓTESIS: APERTURA DE UN SISTEMA CERRADO MERCED A LA ACCIÓN INTENCIONAL DEL SER HUMANO

Si hace carne en los pueblos la idea de que (y es bueno repetirlo) no habrá progreso sino es de todos y para todos, entonces la lucha será clara. En el último escalón de la desestructuración, en la base social, empezarán a soplar los nuevos vientos. En los barrios, en las comunidades vecinales, en los lugares de trabajo más humildes, comenzará a regenerarse el tejido social. Éste será, aparentemente, un fenómeno espontáneo. Se repetirá en el surgimiento de múltiples agrupaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. De los reclamos inmediatistas se irá cobrando conciencia hacia la situación más amplia en la que el trabajo tendrá más valor humano que el capital y en la que el riesgo del trabajo será más claro que el riesgo del capital a la hora de considerar prioridades. Fácilmente se llegará a la conclusión de que la ganancia de la empresa debe reinvertirse en abrir nuevas fuentes de trabajo o derivar hacia otros sectores en los que la producción siga aumentando en lugar de derivar hacia franjas especulativas que terminan engrosando el capital financiero, que producen el vaciamiento empresarial y que llevan a la posterior quiebra del aparato productivo. El empresario comenzará a advertir que ha sido convertido en simple empleado de la banca y que, en esta emergencia, su aliado natural es el trabajador. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana, y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. Empezará a comprenderse que el progreso no depende de la deuda que se contrae con los bancos sino que los bancos deben otorgar créditos a la empresa sin cobro de intereses. Y también quedará claro que no habrá forma de descongestionar la concentración que lleva al colapso si no es mediante una redistribución de la riqueza hacia las áreas postergadas. La Democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad porque se querrá salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde popular. Los poderes serán reformados porque ya habrá perdido todo crédito y todo significado la estructura de la democracia formal dependiente del capital financiero.

Sin duda, éste segundo libreto de crisis, se presentará luego de un período de incubación en el que los problemas se agudizarán. Entonces comenzará esa serie de avances y retrocesos en que cada éxito será multiplicado como efecto demostración en los lugares más remotos gracias a las comunicaciones instantáneas. Ni siquiera se tratará de la conquista de los estados nacionales sino de una situación mundial en la que se irán multiplicando estos fenómenos sociales antecesores de un cambio radical en la dirección de los acontecimientos. De este modo, en lugar de desembocar el proceso en el colapso mecánico tantas veces repetido, la voluntad de cambio y de dirección de los pueblos comenzará a recorrer el camino hacia la nación humana universal.

Es esta segunda posibilidad, es a esta alternativa a la que apuestan los humanistas de hoy. Tienen demasiada fe en el ser humano como para creer que todo terminará estúpidamente. Y si bien no se sienten la vanguardia del proceso humano se disponen a acompañar ese proceso en la medida de sus fuerzas y allí donde estén posicionados.

Tomado y adaptado de :

lanzamiento del libro “Cartas a mis Amigos”,

Centro Cultural Estación Mapocho. Santiago, Chile, 14/05/1.994)

4 ago. 2008

William Faulkner - Discurso de aceptación en la entrega del Premio Nobel, 1950


William Faulkner (1897-1962) es una de las figuras emblemáticas de la literatura del siglo XX. Su vida fue un camino lleno de altibajos, pero sobre éstos, se impuso el infinito valor de su obra para las letras universales. No se puede negar la brillantez de su ficción, y sin equívoco, de su presencia como inspirador de una senda literaria que siguieron otros tantos escritores.

Su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1950 es un texto que me gusta releer a menudo. El deber del escritor es ayudar al ser humano a resistir, a prevalecer.

William Faulkner - Discurso de aceptación en la entrega del Premio Nobel de Literatura, 1950:


Siento que este premio me ha sido otorgado, no a mí como persona, sino a mi trabajo: a una vida de trabajo en la agonía y el sudor del espíritu humano, no en procura de gloria y menos aún de dinero, sino de crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no existía antes. Por eso, no soy más que un guardián de este premio. A su parte representada en dinero no será difícil encontrarle una destinación acorde con el propósito y el significado que le dan origen. Pero querría hacer lo mismo con el reconocimiento, usando este momento como un pináculo desde donde me escuchen los hombres y las mujeres jóvenes que ya están dedicados a las mismas angustias y tribulaciones que yo, entre quienes está aquel que algún día ocupará el mismo lugar que ocupo ahora.

Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu; tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado? Es por eso que el hombre o la mujer joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, que solos bastarían para producir buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe con el corazón; escribe con las glándulas.

Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre. Es demasiado fácil decir que el hombre es inmortal simplemente porque permanecerá; que cuando repique y se desvanezca el último campanazo del Apocalipsis con la última piedra insignificante que cuelgue inmóvil en la agonía del fulgor del último anochecer, que incluso entonces se oirá un sonido: el de su voz débil e inagotable, que seguirá hablando. Me niego a aceptarlo. Creo que el hombre no sólo perdurará, prevalecerá. Es inmortal, no por ser el único entre todas las criaturas que posee una voz inagotable, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y fortaleza. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han enaltecido su pasado. La voz del poeta no debe ser solamente el recuerdo del hombre, también puede ser su sostén, el pilar que lo ayude a resistir y a prevalecer.


[Estocolmo, 10 de diciembre de 1950]

2 ago. 2008

Estructuras sociales y anomia


La hipótesis del doble fracaso

La teoría de la anomia.

El término "anomia" se refiere a ciertos estados de vacío o carencia de normas en una sociedad, que provoca, entre otras consecuencias, la conducta desviada de algunos de sus miembros. Esta situación de crisis guarda estrecha relación con la estructura, organización y el grado de desarrollo social.(1)

Durkheim es el primero que desarrolla, desde un punto de vista criminológico, la teoría de la anomia, replanteando posteriormente su contenido, el sociólogo norteamericano Robert Merton.

Merton parte de la misma idea propuesta por Durkheim en el sentido de que el delito es un fenómeno social normal, aportando a esta teoría un concepto fundamental: La ruptura entre fines sociales y medios para alcanzarlos… (2). La conducta delictiva re fleja la discrepancia entre las expectativas(3) culturalmente preexistentes y los medios determinados por la estructura social para satisfacer tales expectativas. Merton introduce muy claramente la variable estructural(4) al proponer una teoría general del comportamiento desviado, señalando que su primer propósito "...es descubrir cómo algunas estructuras sociales ejercen una presión definida sobre ciertas personas de la sociedad para que sigan una conducta inconformista y no una conducta conformista...". (5)

El comportamiento desviado, como expresión de una conducta inconformista, tiene, según Merton, causas sociales y culturales, ya que, como se expuso, tal conducta se origina en la discrepancia entre las aspiraciones culturalmente determinadas y los medios socialmente aceptados para obtenerlas. La estructura social le facilita a los grupos dominantes la obtención de los valores culturales, pero se lo hace difícil o imposible de alcanzar a los demás. La estructura social actúa como una barrera o como una puerta abierta para la acción impuesta por los mandatos culturales. Si no existe una adecuada integración entre la estructura cultural y la estructura social exigiendo la primera una conducta y unas actividades que la segunda impide, surge una definida tendencia que va desde el quebrantamiento de las normas hasta su abolición. Así, la estructura cultural convierte la acumulación de riqueza material en un valor supremo para todos los ciudadanos, mientras que la estructura social restringe a ciertos grupos sociales el acceso efectivo a los procedimientos legítimos que permitirían lograr tal meta. Esta es la situación que Merton define como uno de los procesos favorables al estado social de anomia.

La presión de la estructura social sobre el individuo propicia cinco "tipos de adaptación" y que Merton denomina de la siguiente forma:

metas culturales

Medios institucionales para lograrlas

1-Conformismo

Las acepta

Los acepta

2-Innovación;

Las acepta

Los rechaza

3-Ritualismo

Las niega

Los acepta

4-Retraimiento

Las rechaza

Los rechaza

5-Rebelión.

Las rechaza y busca cambiarlas

Las rechaza y busca cambiarlos

1) conformismo: Es la actitud de quien se conforma con las metas culturales y los medios institucionalizados. Representan la adaptación que adopta la mayoría, si no fuese así, la sociedad no podría conservar su estabilidad y continuidad. Ver Merton, Robert. Supra nota 35, p.150. Difícilmente coincide con una conducta desviada

2) innovación: persiguen las metas culturales (consumo, éxito, etc) pero mediante fines no institucionales (trampa, delito, etc)

3) ritualismo: El tipo ritualista se reconoce fácilmente. Implica el abandono o la reducción de los altos objetivos culturales del enriquecimiento y de la movilidad social en la medida en que uno pueda satisfacer sus aspiraciones. Este rechazo o reducción de los objetivos culturales se acompaña de un respeto casi compulsivo de las normas institucionales[1]. Ibid. p.159. Según dice Bergalli, esta adaptación ritualista se refleja muy bien en la clase media argentina, "..la cual, reduciendo continuamente el nivel de aspiraciones, podía llegar a compensar la ansiedad que generaban los afanes de la lucha competitiva en busca del "status" que sólo el suceso procuraba. Hoy, los resultados están a la vista. La adaptación ritualista provocó un sometimiento paulatino y con la irrupción ilegítima de un liderazgo conformado por grupos minoritarios, en la sociedad argentina se está consumando la desaparición de amplios sectores de esa clase media..". Bergalli, Roberto. Supra nota 36, p.197.

4) retraimiento: Es la adaptación menos frecuente, así como la más frecuente es la conformidad. Rechazan las metas culturales y los medios institucionales. Los individuos que se "maladaptan" de esta manera, en realidad están en la sociedad pero no son de ella. A esta categoría pertenecen los sicóticos, los egotistas, los parias, los proscritos, los errabundos, los vagabundos, los vagos, los borrachos crónicos y los drogadictos. Este abandono de la búsqueda del éxito, puede desencadenar la persecución de estos disidentes, ya que difícilmente la sociedad admite que algunos de sus miembros renuncien al "éxito económico" o que no luchen por conseguirlo. Merton, Robert. Supra nota 35, p.162-163

5) Rebelión: Porque no estan de acuerdo con ellos por considerarlos inadecuados para desarrollo humano quieren cambiar las metas institucionales y los medios institucionales para lograrlo.

Todos estos tipos de adaptación, excepto el primero, representan modalidades de conductas "desviadas" aunque no necesariamente "criminales".(9)

Al asumir una actitud innovadora, el sujeto conserva las metas culturales, pero rechaza los medios institucionales para lograrlas. Esta adaptación la asumen las personas de estratos sociales altos y bajos, manifestándose, de igual forma, en la delincuencia de "cuello blanco". El delincuente económico casi siempre presenta las características que definen la reacción innovadora, aunque si se trata de una sofisticada defraudación en las altas finanzas, no será fácil determinar que lo que parece un "negocio genial", en realidad es un procedimiento ilegítimo y socialmente reprochable. También este planteamiento es aplicable a la delincuencia común, pues cuando existe poca movilidad social y los valores predominantes son el éxito económico y el ascenso social, la conducta desviada se convierte en una "reacción normal" de las clases subalternas(10) .

También el comportamiento desviado o delictivo se podría manifestar a través de la rebelión. En este caso son comportamientos en los que no sólo se rechazan los fines culturales, sino que también se rechazan los medios institucionalizados para obtenerlos, proponiéndose, en último término, un cambio total. El revolucionario es el ejemplo que mejor sintetiza las características que definen la rebeldía. La delincuencia de cuello blanco casi siempre presenta las características que definen la adaptación innovadora, ya que la "rebelión" supone una ruptura que difícilmente asume la criminalidad económica. Es en los niveles económicos superiores en donde puede apreciarse la presión hacia la innovación, que en muchas ocasiones parece borrar "...la diferencia entre esfuerzos a manera de negocios del lado de acá de las costumbres y prácticas violentas más allá de las costumbres. Como observó Veblen, -...no es fácil en ningún caso dado -en realidad, es imposible a veces hasta que no han hablado los tribunales- decir, si es un caso encomiable del arte de vender o si es un delito punible..- La historia de las grandes fortunas norteamericanas está llena de tendencia hacia innovaciones institucionalmente dudosas, como lo atestiguan los numerosos tributos pagados a los Magnates del Robo. La repugnante admiración expresada con frecuencia en privado, y no rara vez en público, a esos -sagaces, vivos y prósperos individuos, es producto de una estructura cultural en la que el fin sacrosanto justifica de hecho los medios-....". (11)

En un sistema social en el que el valor cultural dominante es el éxito económico, la presión estructural es intensa hacia la conducta desviada, ya que los medios legítimos para lograr tal enriquecimiento, están limitados por una estructura de clases que no le brinda, en todos los niveles, iguales oportunidades a los individuos capaces. La presión dominante se orienta hacia la utilización creciente de los procedimientos ilegítimos, ya que los legítimos resultan, generalmente, ineficaces.(12)

La actitud innovadora y los procedimientos legítimos limitados para lograr el enriquecimiento, constituyen las características más sobresalientes del delito de cuello blanco dentro de la teoría de la anomia planteada por Merton. A esta teoría se le han hecho diversas críticas,(13) señalando, especialmente, que la desviación innovadora de las clases más desfavorecidas, no puede tener la misma función explicativa respecto a la criminalidad de cuello blanco.[2]

Es decir, que cuando se trata de personas pertenecientes a los grupos económicamente más poderosos, tal como ocurre con la criminalidad económica, difícilmente puede admitirse que sean sujetos que no tengan fácil acceso a los medios legítimos para obtener el éxito económico. En este punto el planteamiento de Merton se resquebraja, sin que identificara el nexo funcional objetivo de la criminalidad de cuello blanco y la gran criminalidad organizada, dentro de la estructura del proceso de producción y del proceso de circulación del capital; es decir, que existe, según se ha puesto en evidencia en diversas investigaciones sobre la gran criminalidad organizada, una relación funcional objetiva en la sociedad capitalista, entre los procesos legales y los procesos ilegales de acumulación. Por ejemplo, una parte del sistema productivo legal obtiene importantes beneficios de las actividades delictivas de gran estilo. Este vínculo estructural entre la delincuencia dorada y el sistema político económico, no permite considerar a la primera como un mero problema de socialización y de interiorización de normas, como lo sugiere Merton.(14)

Anomia y realidad paceñas

Respecto al tema que nos ocupa y que es menos frecuente o menos estudiado, que por consiguiente es menos comprendido, los chicos que ahora mismo viven y trabajan en las calles de La Paz (cercado y El Alto)[3], se circunscriben en la tipología del retraimiento , definido como el abandono esencial tanto de los objetivos culturales estimados en otros tiempos, como de las prácticas institucionalizadas dirigidas hacia esos objetivos . Ya que los individuos que se "maladaptan " de esta manera, en realidad están en la sociedad pero no son parte de ella, ya que renuncian a las metas prescritas. Las metas de la sociedad hacen un conflicto que se resuelve abandonando las metas y los medios. El escape es completo. Se elimina de esta manera el conflicto y el individuo es asocializado .

En la medida de que este proceso de anomia ha sido desde fuera del individuo, es decir ha sido impuesto por la sociedad generando una contradicción entre las metas culturalmente inducidas y las oportunidades socialmente estructuradas (doble fracaso), el proyecto “Luz de Esperanza” funda su trabajo en la recuperación del beneficiario mediante un proceso de evolución, que viene desde dentro, desde la espiritualidad del individuo y que va directamente a la “sociedad”.

Como toda teoría, ésta está susceptible a cambios que puedan ser formuladas a partir de la confrontación con la realidad, con nuestra realidad.

Equipo de voluntarios

Adaptado de : http://luzdeesperanza.iespana.es/Teoria%20para%20nuestro%20trabajo.htm

Notas:

1. García-Pablos de Molina, Antonio. Supra nota 3, p.510.

2. Merton propone su teoría en 1938 en un trabajo titulado "Estructura social y anomia: revisión y ampliación", que se publicó en el American Sociological Review-3, páginas 672 a 682. García-Pablos. Antonio Supra nota 3, p.515.

3. Según lo expone muy claramente Merton, su hipótesis central es "..que la conducta anómala puede considerarse desde el punto de vista sociológico como un síntoma de disociación entre las aspiraciones culturalmente prescritas y los caminos socialmente estructurales para llegar a dichas aspiraciones... Merton, Robert. "Teoría y Estructura Sociales" Ed.Fondo de Cultura Económica. México. 1970. p.143.

4. La estructura social la define como el contexto organizado de relaciones sociales en el cual los miembros de la sociedad o grupo se encuentran vinculados diversamente. Respecto a la estructura cultural, la define como el contexto organizado de valores normativos que gobiernan el comportamiento de los miembros de una determinada sociedad y grupo. Merton, Robert. "Sozialstruktur und Anomie", en : F.Sack, R.Konig (ed). Krimina1soziologie, Frankfurt a/M. p.162. cfr. en Bergalli, Roberto. "La recaída en el delito: Modos de reaccionar contra ella". Ed.Sertesa. España. 1980. p.195.

5. Merton, Robert. Supra nota 35, p.140-141.

9. Merton, Robert.Supra nota 35, p.184 y ss.

10. Garcia-Pablos y Molina, Antonio. Supra nota 3,518-519.

11. Merton Robert, Supra nota 35, p.450-454.

12. Ibid.p.454-455

13. Se le señala, entre otras, la relatividad del concepto de sociedad competitiva que asume; la ingenua fe en las reglas de juego; es una teoría de alcance medio, ya que es un modelo teórico que sólo le puede dar fundamento a algunas investigaciones empíricas y de cierto tipo, que estarían referidas a la criminalidad contra la propiedad cometida por las ciases subalternas en una sociedad como la norteamericana; significa una absolutización de la ideología de la clase media. Pavarini, Massimo. Supra nota 32, p.412 55. Ver también Bergalli, Roberto. Supra nota 36, p.201, quien se refiere a las criticas planteadas por Cohen y Lemert.

14. Baratta, Alessandro. "Criminología Crítica y Crítica del Derecho Pena1". Ed. Siglo XXI- México. 1986. p.64-65.


[1] Se trataría del ciudadano aconductuado, acrítico, sumiso al poder, quien mantiene la fe ingenua en las dirigencias polìticas, económicas, ecleciales y mediáticas?

[2] Valdría aquí una propuesta: diferenciar dos tipos de delito: el económico (el de cuello blanco), y el psicoreactivo (para compensar el rechazo social, para subsistir y defenderse en un medio hostil, violento, marginante o excluyente. Gabriel V.L.

[3] Para el caso de Colombia, el ejemplo ilustrativo serían las “calles del cartucho” existentes en una o varias zonas de cada capital de departamento o municipio grande.