28 mar. 2016

El futuro, la muerte y la trascendencia. Silo



La mente humana no puede vivir sin futuro. Y si en el futuro está la muerte y la nada, la mente humana tiene problemas, no puede funcionar si su visión del futuro termina con la muerte, la situación que sufre el ser humano frente a la posibilidad de la muerte altera su conciencia, altera su conciencia y desacomoda su situación en el mundo. El ser humano no puede vivir con una conciencia equilibrada en la medida en que no resuelva que va a pasar en su futuro. ¿Se va a acabar todo con la muerte?, se va a acabar entonces el futuro, si tengo el futuro cerrado tengo problemas en mi conciencia y en el momento actual, ese es el punto, tengo problemas en el momento actual. Todavía no me muero, pero tengo problemas hoy aunque no me haya muerto, porque adelante está el corte del futuro, es muy curioso eso... cómo están jugando los tiempos en la conciencia.

Entonces mientras no resuelva que pasa en mi futuro voy a tener problemas. Yo puedo negarlo, puedo olvidarme del problema de la muerte, claro que puedo olvidarme, y por supuesto que las cosas que voy haciendo también las hago un poco como un olvido de la muerte, todo lo que hago lo hago en gran medida para olvidarme del problema de la muerte. No se por cuanto tiempo logro olvidarme del problema de la muerte porque hoy muere un ser querido, y eso es evidente, y mañana otro y pasado otro, y luego aquél que era compañero mío cuando éramos chicos, y cada día se hace más evidente el problema de la muerte a medida que avanzo en edad.
Las gentes muy joven, parece que ha olvidado totalmente el problema de la muerte, y no se trata de mortificar a la gente persiguiéndola con el problema de la muerte (risas), se trata todo lo contrario, se trata de provocar una apertura de tal manera que eso no sea problema, de eso se trata. Pero, ¿cómo no va ser problema la muerte?, bueno, depende como se ubique usted frente a eso, nosotros decimos que hay por lo menos cinco posturas frente al problema de la muerte y frente a las posibilidades de trascendencia, frente a la posibilidad de que la conciencia tenga un futuro.
Bueno hay gente que no cree absolutamente en la trascendencia y cierra la posibilidad de su futuro, está bien, es una posibilidad. Hay otros que piensan que el tema es interesante pero no los afecta mayormente y en realidad consideran que..., que puede ser o puede no ser. Hay otros que quisieran estar seguros de que luego de la muerte hay posibilidades, quisieran tener una fe y dicen: "ah, si yo tuviera fe, que interesante, como cambiaría mi vida", pero claro, no lo sienten.
Hay un cuarto tipo de persona que, simplemente tiene fe, no se hace mayores problemas, desde pequeña le han explicado, le han enseñado cosas... entonces dice: "bueno si yo cuando me muera me voy al cielo", o algo por el estilo, está bien. Y hay un quinto tipo de persona que no tiene fe, sino que está segura, tiene experiencias de algún tipo, tiene constancia de cosas y es tan evidente eso como si mirara la luz, como si mirara un cara o si viera un reflejo de una cosa en la pared, le es evidente y no se trata de que tome los datos que le han enseñado como una realidad, no se trata de que crea porque le han dicho, sino que se trata de que lo experimenta con realidad porque tiene un registro de eso.
No pretendemos que haya una posición mejor que otra, no, pero decimos que hay esas cinco posiciones, cada uno puede ubicarse en alguna de estas posiciones, o todas estas, pero algo más, las cosas no son tan estáticas, por ejemplo, hay días que yo creo que hay una cosa después de la muerte, pero hay días que no creo nada de eso, (risas), resulta que yo mismo también cambio de postura frente a este punto, es más, cuando yo era joven y participaba de cierta religión y demás, yo creía firmemente en la trascendencia por ejemplo, y ahora no creo nada de eso, y dentro de dos años probablemente voy a seguir sin creer en eso pero voy a pensar "qué bueno sería creer en eso". Comprenden ustedes la movilidad que tiene esto de las posturas frente a la muerte, la trascendencia y todo aquello. Es muy móvil, no es una cosa tan firme.
Para complicar más el esquema sucede que, no hay solo cinco posturas frente a la muerte, la trascendencia, no solo eso, sino que hay distintos grados de profundidad en cada postura. Por ejemplo, una persona nos acompaña por la calle, vamos caminando y hablando, es de noche, vamos pasando cerca de un cementerio, esta persona nos está explicando que ella es escéptica y que no cree en nada que tenga que ver con la trascendencia... Le pedimos que nos espere un poco ahí, porque tenemos que hacer unas cosas, que vamos a venir después a buscarla, y vemos que, se viene rápido al lado nuestro y nos cuenta que él tiene problemas de noche con los cementerios, (risas), y nosotros le decimos, "pero cómo no es que... es escéptico, racionalista, materialista, y bueno, y acá no hay entidades raras que te puedan atacar, o te puedan crear problemas", y nos dicen, "yo no creo ni en el espíritu, ni en el alma, ni en la trascendencia, ni en los muertos que viven, ni en los vivos que mueren, (risas), y sin embargo, esto me crea problemas. ¿Cómo es?, ¿cómo es posible que esa persona que dice eso, sienta otra cosa? Puede ser que cada posición frente a la trascendencia y a la muerte y demás, admita distintos grados de profundidad, puede ser que ese señor sea ateo, pero ateo de primer grado, que tenga una fe débil en el ateísmo, no es un ateo sólido, es suave, un aficionado, no es un profesional. (risas).
Pero claro, hay distintos grados en estas posiciones, uno puede ser un ateo dudoso, y puede ser un ateo más convencido y más convencido y por último uno puede tener una fe definitiva en el sentido de que nada pasa después de la muerte, es así. Tomamos la otra postura, la postura de aquel que considera esa posibilidad intelectual y, en primer grado o en un grado mayor de profundidad o en un grado mayor, y si es una grado mayor de profundidad, esa búsqueda se convierte en investigación, en lectura, y lo mismo sucederá con aquel que quiere tener fe, y cuando algo le ha salido mal en sus negocios, se va con nosotros a un bar, se sienta y nos dice: "yo quisiera tener fe", muy bien, ¿en qué grado de profundidad quisiera tener fe?, eso lo dice en este momento porque le salió mal un negocio, por ejemplo, pero podría ser que efectivamente hiciera todo lo posible por lograr despertar en él, un sentimiento profundo de tal modo que se convirtiera en una convicción, ¿se entiende esto?, hay distintos grados también de "querer creer", y hay distintos grados de "creer", y hay distintos grados de experiencia y de certeza sobre este asunto de la trascendencia.
Bien, ¿pero y eso qué tiene que ver con nosotros?, tiene que ver mucho con nosotros porque, claro, generalmente la gente lo que pide..., bueno, finalmente, ¿como se resuelve esto de la trascendencia?, no vayamos tan lejos, es mucho más interesante saber como está ubicado uno, para uno.
Si yo ahora pienso en esto, yo me digo: ¡no creo nada en este asunto de la trascendencia!, muy bien, ¿en qué grado?, ¿con qué profundidad? O bien yo me digo: sí, la trascendencia..., ¿en qué grado?, ¿con qué profundidad?, no basta con ubicarse en una de esas posturas, sino que es interesante además investigarse a sí mismo y ver, en qué grado y en qué profundidad estoy en cualquiera de esas posturas. Miren, según uno se ubique en este problema, así es la vida de uno. Si ustedes miran hacia atrás y recuerdan otra etapa de su vida, fíjense todo lo que hacían y fíjense también como se ubicaban frente a esto, y van a ver que homogéneo resulta, que parece, van a ver cómo cuando no creían en absoluto en la trascendencia y todo era un absurdo y una contradicción y demás, ya van a ver que absurda y que contradictoria era la vida de ustedes, ya van a ver cuando ustedes creían o tenían una fe, que les despertaba en un determinado esfuerzo, ya van a ver que energía tenían y como todo se ordenaba y como los problemas que tenían, casi no los tocaban ustedes porque estaban cubiertos como con una coraza que los defendía frente a las dificultades de la vida diaria, porque podían asimilar los golpes y podían considerarlos como una enseñanza, como una prueba, ¿si?
Bastará con ubicarse en épocas pasadas y ver que sentían en esas épocas respecto a este asunto de la trascendencia, bastará ubicarse en el momento actual y decir: bueno, finalmente yo qué, ¿cómo me ubico?, ¿qué pasa, me muero, y?, ¿cómo es esto?, ¿qué sentido hay en mi vida? Yo tengo muchos sentidos, sentidos provisorios, y claro, tengo este, el otro, el otro, el otro... ¿pero qué sentido definitivo y final tengo?
Parece que si no hay un sentido definitivo y final, tengo un sentido pequeño que me tironea para allá, otro para allá, estos dos se oponen, me crean problemas hasta de elección, por un lado quiero una cosa, por otro lado quiero otra cosa, esas cosas se oponen y me crean problemas. Si no tengo un sentido definitivo estoy dividido, puedo querer dos cosas que se oponen, eso que parece una excepción es lo más normal, es lo más frecuente, normalmente quiero dos cosas que se oponen, es raro esto, pero humano. No hay posibilidad de que se combinen esas cosas, esos sentidos provisorios sin un sentido definitivo alguno.
¿En qué situación estoy frente al problema de la trascendencia y frente al problema de un sentido inmóvil?, no de estos sentidos contradictorios... Es una buena investigación sobre todo esto, es un buen examen de conciencia, es algo que ayuda enormemente a clarificarse uno y es algo que ayuda mucho a orientar la propia vida. La investigación no es difícil, basta con que yo me pregunte en este momento: ¿qué pienso respecto de la trascendencia?, ¿qué me pasa a mi respecto a la muerte?, para que yo comprenda la situación en que vivo y para que comprenda que me pasa con los sentidos provisorios de la vida.





22 mar. 2016

El Mensaje de Silo inspira una profunda religiosidad.

Antecedentes

El Mensaje dado por Silo se formalizó a través de El Libro (La Mirada Interna), La Experiencia (Ceremonias) y El Camino (frases de meditación). Algunas obras como El Paisaje Interno y el Paisaje Humano, han ayudado a comprender El Mensaje.
El Mensaje es expresión de lo “Profundo”, de la interioridad del espíritu humano capaz de trascender los  tiempos y espacios en que se mueve nuestro “yo”. Es el medio capaz de ponernos en presencia de lo Sagrado.

La Experiencia.

Lo Sagrado se manifiesta desde la profundidad del ser humano, de ahí la importancia que tiene la experiencia de la Fuerza como fenómeno extraordinario que podemos hacer irrumpir en el mundo cotidiano. Sin la experiencia todo es dudoso, con la experiencia de la Fuerza tenemos evidencias profundas. No necesitamos de la fe para reconocer lo Sagrado. La Fuerza se obtiene en algunas ceremonias como el Oficio y la Imposición. También en las ceremonias de Bienestar y Asistencia se pueden percibir los efectos de la Fuerza.
El contacto con la Fuerza provoca una aceleración y aumento de la energía psicofísica sobretodo si cotidianamente se realizan actos coherentes que, por otra parte, crean unidad interna orientando hacia el nacimiento espiritual. La Fuerza se puede exteriorizar a distancia y mayor es su influencia si actúan numerosas personas. Entre familiares, amigos y seres queridos, la acción de la Fuerza aumenta.

El Universo y la Vida

Una Intención evolutiva da lugar al nacimiento del tiempo y a la dirección de este Universo. Energía, materia y vida, evolucionan hacia formas cada vez más complejas. Cuando la materia se comienza a mover, nutrir y reproducir, surge la vida. Y la materia viviente genera un campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “alma”. El alma, o doble energético, actúa en el interior y alrededor de los centros vitales de los seres animados.
Los seres vivos se reproducen y en ese acto pasa, a través de las células en fusión, el campo energético que configura un nuevo ser totalmente independiente. Los cuerpos vivos necesitan de elementos sólidos, líquidos, gaseosos y radiantes, para nutrirse y realizar sus funciones. Además, los dobles energéticos necesitan sensaciones de distinto potencial para lograr su desarrollo. Con la muerte se produce la disolución del cuerpo al tiempo que ocurre la separación y aniquilamiento del doble energético.
La evolución constante de nuestro mundo ha producido al ser humano, también en tránsito y evolución, en el que se incorpora (a diferencia de las otras especies) la experiencia social capaz de modificarlo aceleradamente. El ser humano llega a estar  en condiciones de salir de los dictámenes rigurosos de la Naturaleza autotransformándose, inventándose, haciéndose a sí mismo física y psicológicamente. Y es en el ser humano donde aparece un nuevo principio generado en el doble. Desde antiguo a este nuevo principio se lo llamó “espíritu”. El espíritu nace cuando el doble vuelve sobre sí mismo, se hace consciente y forma un “centro” de energía nuevo.

El Espíritu Humano.

El ser humano no ha concluido su evolución. Es un ser incompleto y en desarrollo que tiene la posibilidad de formar un centro interno de energía... tal cosa ocurrirá o no de acuerdo al tipo de vida que lleve. Según que los actos realizados sean conscientes y unitivos, se irá estructurando un sistema de fuerzas centrípetas al que llamamos “espíritu”. Según que los actos no sean conscientes ni unitivos sino contradictorios, el sistema de fuerzas será centrífugo y por tanto no habrá nacido el espíritu o tendrá una conformación elemental sin desarrollo. Un ser humano puede nacer, llevar adelante su vida, morir y disolverse para siempre y otro puede nacer, llevar adelante su vida, dejar su cuerpo y seguir evolucionando sin límite. El ser humano en su bondad, en la eliminación de las contradicciones internas, en sus actos conscientes y en su sincera necesidad de evolución, hace nacer su espíritu. Para la evolución son necesarios el amor y la compasión. Gracias a ellos es posible la cohesión interna y la cohesión entre los seres que posibilitan la transmisión del espíritu de unos a otros. Toda la especie humana evoluciona hacia el amor y la compasión. Quien trabaja para sí en el amor y la compasión, lo hace también para otros seres.

Cuerpo, Doble y Espíritu

La producción y reproducción artificial de vida están al alcance del ser humano; también la prolongación del ciclo vital. En todos los casos, el ser humano será acompañado por su campo energético hasta un tiempo después de la muerte física. Si se ha generado el espíritu, éste podrá permanecer en regiones próximas al plano de la vida física, pero finalmente cumplirá con su ciclo de espíritu individual para seguir avanzando hacia planos más evolucionados. Básicamente, el espíritu puede formarse tomando energía del doble.
La acción del doble se manifiesta en ocasiones fuera del cuerpo sin que haya ocurrido la muerte. El doble puede permanecer sin disolverse por algún tiempo luego de la muerte si esta se ha producido de un modo violento, quedando el campo energético desplazado desde el cuerpo hacia el ámbito en que se produjo el deceso. Esos dobles fijados a ciertos ambientes no poseen sino una aparente conciencia de tipo refleja, permaneciendo en ese estado durante un tiempo hasta que pierden cohesión o se desacomoda el ámbito físico al que estaban adheridos. También hay casos de relativa permanencia originados por un fuerte deseo de testimoniar o por afectos muy profundos de amor y odio referidos a otras personas. Los dobles de animales y vegetales pueden quedar también adheridos a ciertos ámbitos hasta su pronta disolución. Por último, existen conglomerados energéticos de considerable energía que actúan sin llegar a constituir verdaderos dobles.

Práctica de la Religiosidad Interna.

Cotidianamente,
     vivir de acuerdo a lo comprometido en la ceremonia de Reconocimiento
Ocasionalmente,
     apelar al Guía Interno.
Semanalmente y en momentos especiales,
    participar de las ceremonias y de las meditaciones sobre el Libro,  el Camino y los materiales complementarios.
Periodicamente,
   comprobar el crecimiento interior ante la vida y las contingencias de los acontecimientos.

Autor: Silo, 2003
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"Para simplificar podríamos decir lo siguiente: en el ser humano existen tres principios: cuerpo, alma y espíritu. 
El cuerpo. Existe en todas las cosas, es materia que está siempre en evolución y progreso. 
El alma. Es energía que rodea el cuerpo de los seres vivos y que siempre está en movimiento. Al Alma la llamamos doble. Cuando el ser vivo se desintegra, también se desintegra el doble (salvo en algunas excepciones antes descritas) y sobreviene la muerte.
El espíritu. El hombre es el único ser vivo que puede crear el espíritu. Si no logra crear el espíritu, se desintegra como sucede con todos los otros seres vivos.
Entonces, el hombre nace sin espíritu y deacuerdo con lo que haga, logra producirlo. Todo depende de si su vida tiene sentido evolutivo, si logra o no unidad interna. Si no se consigue la unidad interna, entonces las contradicciones llevan a la desintegración, no a la unidad del tercer principio que es el espíritu. El hombre puede lograr la inmortalidad si elimina sus contradicciones formando el espíritu. Pero si no logra esto, tampoco hay mayor problema por cuanto muere definitivamente y no está sometido a premios ni castigos de ultratumba.
Para un hombre que no cree en el espíritu y vive en la contradicción, su premio o castigo está en la vida física. Es un sistema de justicia perfecta por cuanto aquel que no cree en la inmortalidad vive su vida mortal y aquel que cree en la trascendencia se esfuerza por lograrla en ese sentido. Como, por otra parte, no hay pecado ni castigo todo queda reducido al tipo de vida que uno quiera elegir."



10 mar. 2016

Silo: Hacia dònde va el mundo?

clic aqui para escuchar el discurso completo 


Presentación del libro “Cartas a mis amigos”
Efectuada en el Primer Encuentro de la Cultura Humanista realizado en Santiago de Chile.



Agradezco a las instituciones organizadoras de este Primer Encuentro de la Cultura Humanista, la invitación que oportunamente me cursaran para presentar el libro, de edición chilena, “Cartas a mis Amigos”. Agradezco las palabras pronunciadas por Luis Felipe García en representación de Virtual Ediciones.

Agradezco la intervencion de don Volodia Teitelboim, a quien quisiera responder a futuro y comentar, con el detalle que merecen, muchos de los brillantes conceptos que vertiera en esta ocasión.

Agradezco la presencia de destacadas personalidades de la cultura, de los medios de Prensa y, por supuesto, de los numerosos amigos que hoy nos acompañan.

En esta breve exposición, quisiera ambientar el libro que hoy se lanza publicamente destacando que no se trata de una obra sistemática sino de una serie de comentarios presentados en el conocido y, tantas veces utilizado, estilo epistolar. Desde las “epístolas morales” de Séneca, ha llegado hasta hoy un fárrago de exposiciones que se han diseminado por el mundo y que han tenido, por cierto, despareja influencia y desparejo interés. Hoy ya son muy conocidas las “cartas abiertas” que si bien parecen dirigidas a una persona, una institución, o un gobierno, están escritas con la intención de que lleguen más allá del destinatario explícito, es decir, con la intención de que lleguen a los grandes públicos. En éste último sentido, es que se ha pensado nuestro presente trabajo. El título completo del volumen es: “Cartas a mis amigos sobre la crisis social y personal en el momento actual”. ¿Quiénes son estos “amigos” a quienes se dirigen las misivas? Son, sin duda, aquellas personas que coinciden o difieren con nuestra postura ideológica pero que, en todos los casos, lo hacen con la genuina intención de lograr una mayor comprensión y una mejor adecuación de la acción para superar la crisis que estamos viviendo. Eso en cuanto al destinatario. En cuanto a la temática, no se ha dejado de destacar el campo de crisis dentro del que se inscriben tanto las sociedades como los individuos. Al concepto de “crisis” lo consideramos en su sentido más habitual de término de un acontecer que se resuelve en una dirección u otra. La “crisis” hace salir de una situación e ingresar en otra nueva que plantea sus propios problemas. Se entiende popularmente a la “crisis” como una fase peligrosa de la que puede resultar algo beneficioso o pernicioso para las entidades que la experimentan y estas entidades son, en este caso, la sociedad y los individuos. Para algunos es redundante considerar a los individuos ya que se los implica al hablar de la sociedad, pero desde nuestro punto de vista esto no es correcto y la pretensión de hacer desaparecer a uno de los términos se apoya en un análisis que no compartimos. Con esto, doy por concluido el comentario sobre el título del libro.

Ahora bien, el orden razonable del discurso, indica que se debería entrar en tema con el estudio de los contenidos de la obra. Sin embargo, preferiríamos no seguir esa secuencia escolar, sino adentrarnos en las intenciones que han determinado a toda esta producción. Estas intenciones son las de recoger el pensamiento del Nuevo Humanismo y volcar su dictamen sobre la situación que nos toca vivir. El Nuevo Humanismo está planteando una advertencia sobre la crisis general de la civilización y está planteando unas medidas mínimas a tomar para superar esta crisis. El Nuevo Humanismo es consciente del apocalipsismo de fin de siglo y de fin de milenio de acuerdo a lo que enseña la historia. Bien sabemos que en estas coyunturas epocales se levantan las voces de quienes proclaman el fin del mundo y que, traducidas a distinto folclore, señalan o el fin del ecosistema, o el fin de la Historia, o el fin de las ideologías, o el fin del ser humano atrapado por la máquina, etc. Nada de esto sostiene el Nuevo Humanismo, él simplemente dice: “¡He, amigos, hay que cambiar el rumbo! ¿Que nadie quiere oírnos? ¿Que estamos equivocados? Pues enhorabuena, porque si estamos equivocados las cosas marchan por un camino justo y vamos recorriendo la vía hacia el Paraíso en la Tierra. Algunos estructuralistas nos dirán que la crisis actual es una simple re-acomodación del sistema, un reordenamiento necesario de factores en un sistema que sigue realimentando el progreso; algunos postmodernistas afirmarán que simplemente se ha desajustado el relato del siglo XIX y que los “decididores” sociales están ofreciendo un incremento de poder y de pacificación, gracias a la transparencia tecnológica y comunicacional. Ah, ¡bien amigos!, podemos descansar confiando en que el Nuevo Orden se encargará de pacificar el mundo. No más Yugoslavias, Medio Oriente, Burundi o Sri Lanka. No más hambrunas, no más un 80% de la población mundial en la línea y bajo la línea de subsistencia. No más recesión, no más despidos, no más destrucción de las fuentes de trabajo. Ahora si, administraciones cada vez más limpias, tasas de escolaridad y de educación crecientes, disminución de la delincuencia y la inseguridad ciudadana, disminución de alcoholismo y drogadicción… en suma, conformidad y felicidad creciente para todos. Eso está bien, amigos. Seamos pacientes, ¡el Paraíso está muy cerca! … Pero si esto no fuera así, si la situación actual siguiera en deterioro o se perdiera el control, ¿cuáles serían las alternativas a seguir?”

Ese es el discurso de las “Cartas a mis amigos”. Y no creemos que sea ofensivo considerar, a modo de tímida opinión, la posibidad de que ocurra un penoso desenlace. Nadie se ofende porque los edificios cuenten con sus escaleras de emergencia, que los cines y los lugares de reunión pública estén pertrechados con equipos de extinción, con puertas de escape; nadie protesta porque los estadios deportivos se vean obligados a habilitar portones de salida suplementarios. Y, por supuesto, cuando uno va a un cine o entra a un edificio no está pensando en incendios ni en catástrofes, porque todo se entiende en el contexto que pone la prudencia. Si no se incendia el edificio, ni el cine, ni en el estadio se produce el desborde, ¡Enhorabuena!

En la sexta Carta se recoge el Documento de los Humanistas en el que éstos exponen sus ideas más generales, su alternativa a la crisis. No es un Documento de aguafiestas, no es un ideario pesimista, es una exposición sobre la crisis y una presentación de alternativas. Al leerlo, aún aquellos que no estuvieran de acuerdo, deberían decir: “Bien, es una alternativa. Debemos cuidar a estos muchachos, las sociedades necesitan escaleras de incendio. No son nuestros enemigos, son la voz de la supervivencia”.

El Documento de los Humanistas, que recoge la Carta sexta, nos dice: “Los humanistas ponen por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida frente a la resignación, la complicidad y el absurdo… Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente el mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad. Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie… ” Y, al final del Documento se concluye: “Los humanistas no son ingenuos ni se engolosinan con declaraciones de épocas románticas. En ese sentido, no consideran sus propuestas como la expresión más avanzada de la conciencia social, ni piensan a su organización en términos indiscutibles. Los humanistas no fingen ser representantes de las mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer más justo apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles en este momento que les toca vivir”.

¿No está plasmado en este Documento un fuerte sentimiento de libertad, de pluralismo, de autolimitación? A eso bien se lo puede llamar planteo alternativo y de ninguna manera, propuesta avasalladora, uniformante y absoluta.

¿Y cómo es este proceso de crisis?, ¿hacia donde apunta? En las diversas cartas se ejemplifica sobre un mismo modelo. El modelo de sistema cerrado. Este comenzó en el surgimiento del Capitalismo. La Revolución Industrial lo fué potenciando. Los estados nacionales, en manos de una burguesía cada vez más poderosa, comenzaron a disputarse el mundo. Las antiguas colonias pasaron de las testas coronadas a manos de las compañías privadas. Y la banca, comenzó su tarea de intermediación, de endeudamiento de terceros y de apoderamiento de las fuentes de producción. Ya la banca financió campañas militares de las burguesías ambiciosas, prestó y endeudó a las partes en conflicto y casi siempre salió gananciosa de todo conflicto. Cuando aún las burguesías nacionales se planteaban el crecimiento en términos de explotación inclemente de la clase trabajadora, en términos de crecimiento industrial, en términos de comercio, siempre referenciando como centro de gravedad al propio país que manejaban, ya la banca había saltado por encima de las limitaciones administrativas del Estado nacional. Llegaron las revoluciones socialistas, el crack bursátil y las reacomodaciones de los centros financieros, pero estos siguieron en crecimiento y concentración. Luego del último estertor nacionalista de las burguesías industriales, luego del último conflicto mundial, quedó claro que el mundo era uno, que las regiones, los países y los continentes quedaban conectados y que la industria necesitaba del capital financiero internacional para sobrevivir. Ya el Estado nacional comenzó a ser un estorbo para el desplazamiento de capitales, bienes, servicios, personas y productos mundializados. Comenzó la regionalización. Y con ello el antiguo orden empezó a desestructurarse. El viejo proletariado que en su momento era la base de la pirámide social arraigada en las industrias extractivas primarias y que pasó poco a poco a formar parte de los regimientos de trabajadores industriales empezó a perder uniformidad. Las industrias secundarias y las terciarias, los servicios cada vez más sofisticados fueron absorbiendo mano de obra en una reconversión contínua de los factores de producción. Los antiguos gremios y sindicatos perdieron poder de clase direccionándose hacia reivindicaciones inmediatas de tipo salarial y ocupacional. La revolución tecnológica provocó nuevas aceleraciones en un mundo desparejo en el que vastas regiones postergadas se alejaban cada vez más de los centros de decisión. Esas regiones colonizadas, expoliadas y destinadas a ocupar sectores de abastecimiento bruto en la división internacional del trabajo, cada vez vendían más barata su producción y cada vez compraban más cara la tecnología necesaria a su desarrollo. Entre tanto, las deudas contraídas para seguir el modelo de desarrollo impuesto, seguían creciendo. Llegó el momento en que las empresas necesitaron flexibilizarse, descentralizarse, agilizarse y competir. Tanto en el mundo capitalista como en el socialista, las estructuras rígidas comenzaron a resquebrajarse al tiempo que se imponían gastos cada vez más agobiantes para mantener en crecimiento a los complejos militar-industriales. Sobreviene entonces, uno de los momentos más críticos de la historia humana. Y es allí, desde el campo socialista desde donde comienza el desarme unilateral. Solo la historia futura determinará si aquello fué un error o fué, precisamente, lo que salvó a nuestro mundo del holocausto nuclear. Toda esta secuencia es facilmente reconocible. Y así llegamos a un mundo en el que la concentración del poder financiero tiene postrada a toda industria, a todo comercio, a toda política, a todo país, a todo individuo. Comienza la etapa del sistema cerrado y en un sistema cerrado no queda otra alternativa que su desestructuración. En esta perspectiva, la desestructuración del campo socialista aparece como el preludio de la desestructuración mundial que se acelera vertiginosamente.

Este es el momento de crisis en el que estamos ubicados. Pero la crisis tiende a resolverse en diversas variantes. Por simple economía de hipótesis y, además para ejemplificar en grandes trazos, en las Cartas se esbozan dos posibilidades. Por una parte, la variante de la entropía de los sistemas cerrados y, por otra parte, la variante de la apertura de un sistema cerrado merced a la acción no natural sino intencional del ser humano. Veamos la primera matizada con un cierto pintoresquismo descriptivo.

Es altamente probable la consolidación de un imperio mundial que tenderá a homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la lengua, los usos y costumbres. Un imperio mundial instrumentado por el capital financiero internacional que no habrá de reparar aún en las propias poblaciones de los centros de decisión. Y en esa saturación, el tejido social seguirá su proceso de descomposición. Las organizaciones políticas y sociales, la administración del Estado, serán ocupadas por los tecnócratas al servicio de un monstruoso Paraestado que tenderá a disciplinar a las poblaciones cada vez con medidas más restrictivas a medida que la descomposición se acentúe. El pensamiento habrá perdido su capacidad abstractiva reemplazado por una forma de funcionamiento analítico y paso a paso según el modelo computacional. Se habrá perdido la noción de proceso y estructura resultando de ello simples estudios de linguística y análisis formal. La moda, el lenguaje y los estilos sociales, la música, la arquitectura, las artes plásticas y la literatura resultarán desestructuradas y, en todo caso, se verá como un gran avance la mezcla de estilos en todos los campos tal como ocurriera en otras ocasiones de la historia con los eclecticismos de la decadencia imperial. Entonces, la antigua esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para siempre. En este oscurecimiento de la razón, en esta fatiga de los pueblos quedará el campo libre a los fanatismos de todo signo, a la negación de la vida, al culto del suicidio, al fundamentalismo descarnado. Ya no habrá ciencia, ni grandes revoluciones del pensamiento… solo tecnología que para entonces será llamada “Ciencia”. Resurgirán los localismos, las luchas étnicas y los pueblos postergados se abalanzarán sobre los centros de decisión en un torbellino en el que las macrociudades, anteriormente hacinadas, quedarán deshabitadas. Contínuas guerras civiles sacudirán a este pobre planeta en el que no desearemos vivir.

En fin, esta es la parte del cuento que se ha repetido en numerosas civilizaciones que en un momento creyeron en su progreso indefinido. Todas esas culturas terminaron en la disolución pero, afortunadamente, cuando unas cayeron, en otros puntos se erigieron nuevos impulsos humanos y, en esa alternacia, lo viejo fué superado por lo nuevo. Está claro que en un sistema mundial cerrado, no queda lugar para el surgimiento de otra civilización sino para una larga y oscura edad media mundial.

Si lo que se plantea en las cartas en base al modelo explicado, es del todo incorrecto, no tenemos por qué preocuparnos. Si, en cambio, el proceso mecánico de las estructuras históricas lleva la dirección comentada es hora de preguntarse cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los acontecimientos. A su vez, ¿quiénes podrían producir ese formidable cambio de dirección sino los pueblos que son, precisamente, el sujeto de la historia? ¿Habremos llegado a un estado de madurez suficiente para comprender que a partir de ahora no habrá progreso sino es de todos y para todos? Esta es la segunda hipótesis que se explora en las Cartas.

Si hace carne en los pueblos la idea de que (y es bueno repetirlo) no habrá progreso sino es de todos y para todos, entonces la lucha será clara. En el último escalón de la desestructuración, en la base social empezarán a soplar los nuevos vientos. En los barrios, en las comunidades vecinales, en los lugares de trabajo más humildes, comenzará a regenerar el tejido social. Este será, aparentemente, un fenómeno espontáneo. Se repetirá en el surgimiento de múltiples agrupaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. De los reclamos inmediatistas se irá cobrando conciencia hacia la situación más amplia en la que el trabajo tendrá más valor humano que el capital y en la que el riesgo del trabajo será más claro que el riesgo del capital a la hora de considerar prioridades. Facilmente se llegará a la conclusión de que la ganancia de la empresa debe reinvertirse en abrir nuevas fuentes de trabajo o derivar hacia otros sectores en los que la producción siga aumentando en lugar de derivar hacia franjas especulativas que terminan engrosando el capital fianciero, que producen el vaciamiento empresarial y que llevan a la posterior quiebra del aparato productivo. El empresario comenzará a advertir que ha sido convertido en simple empleado de la banca y que, en esta emergencia, su aliado natural es el trabajador. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. Empezará a comprenderse de una vez que el progreso no depende de la deuda que se contrae con los bancos sino que los bancos deben otorgar créditos a la empresa sin cobro de intereses. Y también quedará claro que no habrá forma de descongestionar la concentración que lleva al colapso sino es mediante una redistribución de la riqueza hacia las áreas postergadas. La Democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad porque se querrá salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde popular. Los poderes serán reformados porque ya habrá perdido todo crédito y todo significado la estructura de la democracia formal dependiente del capital financiero. Sin duda, éste segundo libreto de crisis, se presentará luego de un período de incubación en el que los problemas se agudizarán. Entonces comenzará esa serie de avances y retrocesos en que cada éxito será multiplicado como efecto demostración en los lugares más remotos gracias a las comunicaciones instantáneas. Ni siquiera se tratará de la conquista de los estados nacionales sino de una situación mundial en la que se irán multiplicando estos fenómenos sociales antecesores de un cambio radical en la dirección de los acontecimientos. De este modo, en lugar de desembocar el proceso en el colapso mecánico tantas veces repetido, la voluntad de cambio y de dirección de los pueblos comenzará a recorrer el camino hacia la nación humana universal.

Es esta segunda posibilidad, es a esta alternativa a la que apuestan los humanistas de hoy. Tienen demasiada fe en el ser humano como para creer que todo terminará estupidamente. Y si bien no se sienten la vanguardia del proceso humano se disponen a acompañar ese proceso en la medida de sus fuerzas y allí donde estén posicionados.

No quisiera tomar más tiempo en comentar el libro que hoy tenemos en nuestras manos. Solamente desearía reconocer la paciencia y la tolerancia que uds. han mostrado al seguir este aburrido desarrollo.

Nada más. Muchas gracias.

Publicado en Presentación Cartas a mis amigos 
Etiquetas , 1994, Santiago de Chile

9 mar. 2016

Sobre la nueva religiosidad. SILO.

Con la irrupción del Neoirracionalismo aparecerán nuevos fenómenos de fe, esencialmente fe fanática con los evidentes peligros que ello acarrea. La fe es una fuerza que mueve a los pueblos y es peligroso generar fenómenos que despiertan la fe pues es muy difícil controlar la dirección que toman esos fenómenos. Equivocarse es una responsabilidad muy grande.
Ya ha habido desvíos y errores de cálculo importantes en la historia. La religión budista se hubo de alejar de la doctrina de Budah, que no era religiosa. Budah no habló mucho de la muerte y no le daba a ese tema mayor importancia.
Esta surgiendo en el interior de cada uno una nueva religiosidad. Tiene que ver con el desarrollo de la intencionalidad. Existe una intencionalidad que nos trasciende y que nos acompaña desde que surgió la vida, impulsándonos en un sentido creciente y que al registrar esa intención se tiene registro de lo divino.
Las religiones han visto la manifestación externa de los dioses pero ninguna se ha preguntado por la naturaleza interna de los dioses.
La divinidad está relacionada con la intencionalidad que trasciende a las personas y que da una dirección a los procesos de la especie.
La intencionalidad irrumpe en la experiencia humana y no tiene que ver con cultura, preparación, etc., ya que se va a ir dando en cualquier persona. La crisis que empieza producirá condiciones en las que la gente conectará con sus registros y se derrumbarán los dioses externos para dar lugar al reconocimiento de la naturaleza divina en el interior de cada persona.

5 mar. 2016

El mundo tal como yo lo veo. Un ensayo por Albert Einstein

foto tomada de:
http://www.einstein.unican.es/index.html

¡Qué raros somos los mortales! Cada uno de nosotros está aquí para una breve estancia; con qué objetivo no sabemos, aunque pensamos a veces que podemos sentirlo. Pero sin una reflexión más profunda uno sabe por su vida diaria que existe para otra gente —antes que nada para aquellos cuyas sonrisas y bienestar sustentan totalmente nuestra propia felicidad, y después para los muchos desconocidos a cuyos destinos está ligado por los lazos de la simpatía. Todos los días me recuerdo a mi mismo cientos de veces que mi vida interior y exterior está basada en el trabajo de otros hombres, vivos y muertos, y que me debo dedicar yo mismo a dar en la misma medida que he recibido y sigo recibiendo...
Nunca he visto la comodidad y felicidad como fines en sí mismos —a esta base crítica la llamo el ideal de la pocilga. Los ideales que han iluminado mi camino, y una vez tras otra me han dado valor para enfrentarme a la vida con alegría, han sido Amabilidad, Belleza y Verdad. Sin el sentimiento de parentesco con hombres de mente similar, sin la ocupación con el mundo objetivo, en lo eternamente inalcanzable en el campo de los esfuerzos artísticos y científicos, la vida me hubiese parecido vacía. Los objetivos banales de los esfuerzos humanos —posesiones, éxito exterior, lujo— me han parecido siempre deleznables.
“Mi apasionado sentido de la justicia social y de la responsabilidad social siempre ha contrastado extrañamente con mi ausencia de necesidad de contacto con otros seres y comunidades humanos. Soy verdaderamente un “viajero solitario” y nunca he pertenecido en lo más profundo de mi corazón a mi país, a mi casa, a mis amigos, o incluso a mi familia más próxima; frente a estos lazos, nunca he perdido el sentimiento de distancia y la necesidad de soledad...”

Mi ideal político es la democracia. Respetar cada hombre como un individuo y no idolatrar a ninguno. Es una ironía del destino que yo mismo haya sido receptor de una excesiva admiración y reverencia por parte de mis congéneres, sin haber faltas o méritos por mi parte. La causa de esto puede ser perfectamente el deseo, inalcanzable para muchos, de entender las pocas ideas que con mis débiles poderes he alcanzado después de una lucha incesante. Soy consciente de que para cada organización que alcanza sus objetivos, un hombre tiene que ser quien piense, dirija y generalmente cargue con la responsabilidad. Pero la dirección no debe ser obligada, ellos tienen que poder elegir a sus dirigentes. En mi opinión, un sistema autocrático de coerción pronto degenera; la fuerza atrae a hombres de moralidad pobre... Lo realmente valioso en el desfile de la vida humana no me parece el estado político, sino el individuo sensible, creativo, con personalidad; sólo ellos crean lo noble y lo sublime, mientras el rebaño como tal queda embotado en pensamiento y embotado en sentimiento.
Este tema me lleva al peor afloramiento de la vida del rebaño, el sistema militar, al que yo aborrezco... Esta plaga de la civilización debería ser abolida con la mayor rapidez posible. El heroísmo del mando, violencia sin sentido y todo el repugnante sinsentido que va junto al nombre del patriotismo— ¡qué apasionadamente los odio!
“La experiencia más bella que puedo tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se encuentra en la cuna del verdadero arte y la verdadera ciencia. Quien no lo conozca y no se pregunte por ello, no se maraville, está como muerto, y sus ojos están oscurecidos. Fue la experiencia de misterio —aunque mezclada con temor— la que engendró la religión. Un conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante, que sólo son accesibles a nuestras mentes en sus formas más primitivas: es este conocimiento y esta emoción lo que constituyen la verdadera religiosidad. En este sentido y sólo en este sentido soy un hombre profundamente religioso... Estoy satisfecho con el misterio de la vida eterna y con un conocimiento, un sentimiento, de la maravillosa estructura de la existencia —así como del humilde intento de entender incluso una pequeña porción de la Razón que se manifiesta en la naturaleza”.