15 abr. 2010

Mockus: cuestión de sensibilidad



Cuando alguien comprueba que el individualismo esquizofrénico ya no tiene salida y comunica abiertamente a todos sus conocidos qué es lo que piensa y qué es lo que hace sin el ridículo temor a no ser comprendido;
cuando se acerca a otros;
cuando se interesa por cada uno y no por una masa anónima;
cuando promueve el intercambio de ideas y la realización de trabajos en conjunto;
cuando claramente expone la necesidad de multiplicar esa tarea de reconexión en un tejido social destruido por otros;
cuando siente que aún la persona más «insignificante» es de superior calidad humana que cualquier desalmado puesto en la cumbre de la coyuntura epocal...
Cuando sucede todo esto, es porque en el interior de ese alguien comienza a hablar nuevamente el Destino que ha movido a los pueblos en su mejor dirección evolutiva, ese Destino tantas veces torcido y tantas veces olvidado, pero reencontrado siempre en los recodos de la historia.

No solamente se vislumbra una nueva sensibilidad, un nuevo modo de acción sino, además, una nueva actitud moral y una nueva disposición táctica frente a la vida. Si se me apurara a precisar lo enunciado más arriba diría que la gente, aunque esto se haya repetido desde hace tres milenios, hoy experimenta novedosamente la necesidad y la verdad moral de tratar a los demás como quisiera ser tratada.
Agregaría que, casi como leyes generales de comportamiento, hoy se aspira a:
1.- una cierta proporción, tratando de ordenar las cosas importantes de la vida, llevándolas en conjunto y evitando que algunas se adelanten y otras se atrasen excesivamente;
2.- una cierta adaptación creciente, actuando a favor de la evolución (no simplemente de la corta coyuntura) y haciendo el vacío a las distintas formas de involución humana;
3.- una cierta oportunidad, retrocediendo ante una gran fuerza (no ante cualquier inconveniente) y avanzando en su declinación;
4.- una cierta coherencia, acumulando acciones que dan la sensación de unidad y acuerdo consigo mismo, desechando aquellas que producen contradicción y que se registran como desacuerdo entre lo que uno piensa, siente y hace.
(Silo: "Cartas a mis amigos". Carta 1)
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En Colombia se está sintiendo la necesidad y la verdad moral de referenciarse hacia personas y propuestas a las que se les sienta coherencia, apertura, cambio, entereza moral. Lo que la izquierda tradicional no considera en sus calculos es que los colombianos consideran que en el momento historico presente es mas vital superar la corrupción que superar al capitalismo y luchar contra el imperio mundial!

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