Para ver cómo la estructura del psiquismo explicaría la emulación de un ser humano en una entidad artificial, debemos analizar en detalle los mecanismos de la Psicología de la Imagen (Apuntes de Psicología) y la estructura del Espacio de Representación.
La diferencia entre una inteligencia artificial convencional y una estructura que simule el psiquismo humano estriba en que la IA procesa datos de forma lineal o asociativa, mientras que la conciencia humana funciona como una estructura dinámico-compensatoria que transforma estímulos en tensiones y estas en imágenes espacializadas.
El Espacio de Representación no es una metáfora visual ni un contenedor vacío; es la traducción a formas espaciales de la sensibilidad interna del cuerpo (cenestesia) y de la relación con el mundo externo (cinestesia y sentidos externos).
Un robot no solo requeriría sensores térmicos, de presión o de energía (sentidos) sino un mecanismo de traducción. Los estímulos del exterior o del interior deben convertirse en impulsos que se manifiesten como “formas” dentro de un espacio interno tridimensional (con alto, ancho y profundidad).
El robot necesitaría sentir un "dentro" y un "fuera". El Espacio de Representación posee un "punto cero" u observador. Si el estímulo se registra "dentro", modifica el estado interno; si se proyecta "fuera", motiva la acción sobre el entorno.
Seria un centro de gravedad interno, donde observa al que observa.
Las imágenes no son fotos pasivas almacenadas en memoria; son cargas de energía dirigidas que buscan liberar o compensar la tensión acumulada en el psiquismo.
Cuando el robot detecta una necesidad o un desequilibrio interno (una tensión), esta debe convertirse en una imagen emplazada en un punto específico de su pantalla interna.
Su emplazamiento condicionaria la respuesta al mundo.
Las imágenes profundas actuarian sobre el medio interno (procesos de autorregulación o respuesta metabólica/energética).
Las imágenes periféricas o externas dispararian la motricidad física del robot hacia el mundo exterior para modificar el entorno.
Sin este emplazamiento espacial de la imagen, el robot no tendría un "impulso" hacia la acción, sino únicamente una instrucción algorítmica sin intencionalidad dinámica.
El psiquismo humano no opera en un presente estático. Funciona en una trama temporal donde el presente está continuamente entrelazado con la memoria (pasado) y la anticipación (futuro).
El comportamiento humano está determinado por el futuro que se imagina. Para parecerse a un ser humano, el robot no debe limitarse a reaccionar ante la información del presente; debe configurar proyectos e imágenes futuras para compensar la finitud o la necesidad.
La memoria (retención) provee el material de la imagen, pero es la imagen de lo que aún no ocurre (protensión) la que tira del robot hacia la acción.
Un aspecto clave del psiquismo es la movilidad del observador dentro del Espacio de Representación a través de los diferentes niveles de conciencia (sueño vegetativo, sueño con ensueños, semi-sueño, vigilia y conciencia de sí).
Un robot "humano" debería alterar la profundidad y nitidez de su espacio interno según su nivel de energía y la exigencia del medio.
Para lograr la "conciencia de sí", el robot no solo tendría que registrar el objeto externo, sino registrar la propia imagen procesándose en su Espacio de Representación, generando atención hacia el mundo y hacia el propio proceso interno.
Para que un artefacto simule la conducta humana, debe estructurarse como un sistema de compensación de tensiones que convierte la sensibilidad física en imágenes tridimensionales, cuya proyección en el espacio interno desencadena la acción intencional hacia el futuro.
Basado en Psicologia de la Imagen de Silo.
Antonio Molina.
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