15 abr. 2008

Hacia una concepción humanista de la Educación

(Compilación con base en diversos autores)


1. Concepción del ser humano

Concebimos al ser humano como conciencia activa, constructor de realidades, como un ser histórico cuyo modo de acción social transforma el entorno y a la vez le transforma a sí mismo;[1] como un ser que crece en la medida en que interactúa y colabora con otros; un ser capaz de aprender sin límites y que experimenta la profunda necesidad de realizarse amando la realidad que construye. Este ser humano se enfrenta en la actualidad a tareas urgentes y creativas que comprometen su futuro en la tierra y su calidad de vida en el presente. Y no dudamos que, como seres humanos capaces de razonar, planear conjuntamente y cooperar, podremos resolver dichas tareas. Para ello es necesario que el sistema educativo en general fomente:
- El pensamiento estructural y relacionante, que permita ver las realidades (natural, social y subjetiva) como un sistema complejo en su estructura e interrelaciones, superando las visiones fragmentarias
- - El pensamiento procesual, que perciba la realidad en su dinámica, logrando comprender las tendencias operantes y las megatendencias económicas, sociales, políticas y culturales del mundo contemporáneo (tales como la globalización, la mundialización, la regionalización, la descentralización, la neoliberalización, la informática, las organizaciones inteligentes. Reconociendo a la sociedad como una construcción humana en constante cambio, y reconociéndose a sí mismo como un sujeto en formación y transformación permanente.
- El pensamiento coherente, valora la unidad entre el pensar, el sentir y el actuar; que valore no solo el intelecto (saber) sino también las emociones y sentimientos (saber ser, saber convivir) y las acciones transformadoras en dirección humanizante (saber hacer). Que a nivel social se base en la regla de oro: “trata a los demás como quieres ser tratado”, y que la realice en la práctica de la solidaridad y el respecto activo.
- El pensamiento reflexivo, gracias al cual los propios actos, pensamientos y emociones pueden tornarse objeto de reflexión (metacognición). Esta reversibilidad de procesos cognitivos está a la base de la autoobservación, del autocontrol. Sin dicha reversibilidad el desarrollo tanto intelectual como moral quedan truncos. La reversibilidad mental permite el acto de descentrarse y “ponerse en el lugar del otro”, lo cual es indispensable para el desarrollo moral.

2. Concepcion del conocimiento

Concebimos el conocimiento como patrimonio de la humanidad y construcción histórico-social, producto del proceso colectivo de construcción de sentidos en el empeño histórico de superar los determinismos y limitaciones generadoras de dolor y sufrimiento personal y social; empeño que responde a la profunda aspiración humana de libertad creciente.
En este sentido, el docente al cual aspiramos es un docente orientador de procesos, propiciador y generador de condiciones problematizantes que estimulen el desarrollo intelectual, emocional, social y físico de los estudiantes. Un docente ubicado en la realidad psicosocial y socioeconómica en que vivimos, plagada de contradicciones sociales, de inequidades e injusticias, pero también de posibilidades para el desarrollo personal y social. Un docente que se reconozca a si mismo como sujeto y objeto de transformación, y que reconozca a su entorno inmediato como un gimnasio para el despliegue de su intencionalidad transformadora en función del bienestar personal y social.
En esta misma línea de pensamiento, apuntamos a una educación que supere la visión instruccional, reproductora de las condiciones sociales existentes, así como la mirada economicista, desde la cual se supeditan los contenidos y orientaciones educativas a las leyes ciegas del mercado.

3. concepcion de la educación


Concebimos la educación como el proceso por el cual cada uno de los individuos se apropia del saber colectivo que han desarrollado generaciones enteras antes que él en todas las latitudes, y lo utiliza para bien de sí mismo, de su grupo y de la comunidad. Desempeñar un papel activo en este proceso de construcción le permite al estudiante el desarrollo y cultivo de sus capacidades, de manera que cuente con las herramientas y recursos intelectuales, emotivos, motrices, éticos y comunicacionales pertinentes para un desempeño eficaz y constructivo en una sociedad cuyo signo esencial es el dinamismo y el cambio permanente. La educación ha de ser para todos y durante toda la vida.

En palabras de Savater, “la educación tiene como objetivo último suscitar más humanidad y fomentar más elementos de complicidad y parentesco humano, porque la humanidad no es una característica “zoológica” sino una forma de vida, de ser y valorar”

Concebimos que la función básica de la educación es habilitar a las nuevas generaciones en el ejercicio de una visión plural y activa de la realidad, de manera que su mirada tenga en cuenta al mundo no como una supuesta realidad objetiva, sino como el medio en el cual aplica el ser humano su acción, transformándolo y humanizándolo.

La educación es el principal factor de desarrollo social, porque es a través de ella que se transmite la cultura. Ser educado es disfrutar mas de la vida y tener el acceso a más oportunidades, lo cual es uno de los indicadores de desarrollo humano, así como lo son las esperanzas de vida y el nivel de ingreso. La razón de ser de la educación es el crecimiento interno de la persona, su humanización. Educar es una forma satisfactoria de darse al otro y de influir positivamente en el otro. Su fin último es ayudar a que el educando pueda poner la plenitud de sus potencialidades y talentos al servicio de sus semejantes. Como dice Fernando Savater: “La educación es sin duda el más humano y más humanizador de los empeños”.

Partiendo de que el ser humano se expresa en el mundo mediante su pensamiento, sus emociones y su cuerpo, los principios fundamentales de la educación como función habilitadora son:[2]

A- El ejercicio intelectual de una particular visión desprejuiciada sobre el mundo social y de una atenta práctica sobre la propia mirada, de manera que el estudiante desarrolle una particular visión desprejuiciada sobre el mundo social (compuesto por instituciones, valores y modos de relación interpersonal) esto es, la consideración de que no hay visiones o verdades absolutas, además, que “la realidad percibida" es una particular estructuración de su conciencia, que no es la realidad misma. Por su parte “atenta práctica sobre la propia mirada", quiere decir que se observe atentamente la propia construcción y o estructuración de la particular forma de "ver".

B- El ejercicio del pensar coherente. Una educación que busque habilitar a las nuevas generaciones para los retos del mundo globalizado, supertecnificado y cambiante. Que promueva, tanto en estudiantes como en los mismos docentes, el contacto con los propios registros del pensar, es decir, del dominio y conciencia de los procesos de construcción del conocimiento; utilizar y ejercitar la metacognición, haciéndose presente o consciente la propia forma de aproximación al conocimiento y/o al crecimiento personal. Esto significa que el sujeto adquiere la habilidad de observar como son los mecanismos de aprendizaje, darse cuenta de cómo se está aprendiendo, razonar sobre lo que aprende, cuales son los hilos conductores, que cosas o ideas se están asociando, sacar conclusiones, y concienciar sus registros internos.

C- El estímulo de la captación y el desenvolvimiento emotivo. Se trata de que los estudiantes tomen contacto emotivo consigo mismo y con los demás, sin los trastornos a que induce una educación de la separatividad y la inhibición. Tarea que implica un cambio cualitativo en la formación de los docentes para aprender a conocer las particularidades del desenvolvimiento emotivo en ellos mismos y en sus estudiantes.

D- Gobierno del propio cuerpo. Los educadores han de saber orientar a sus alumnos en la tarea evolutiva de tomar contacto con el propio cuerpo y de gobernarlo con soltura ya que si el cuerpo es la herramienta de expresión de la intencionalidad humana, es evidente la importancia de un adecuado manejo y gobierno del mismo. Por tanto, si bien es cierto que son importantes el desarrollo de sus potencialidades orgánicas y de determinadas habilidades motrices que amplían su riqueza de movimiento, una educación verdaderamente integral, debe contemplar el desarrollo de la corporalidad, entendiendo por tal la integración emotiva del cuerpo, su aceptación e incorporación como parte integrante e inseparable de la persona; se trata de la adecuada habilitación de las capacidades de sentir y registrar el cuerpo, de comprender su lenguaje, y de desarrollar la capacidad de comunicarse con otros a través de lo que podemos denominar el “lenguaje corporal”; estamos hablando entonces de habilitar la integración desde el cuerpo con el mundo interno y con el mundo externo.

La crisis social en que vivimos tiende a generalizarse y profundizarse. Ante esta amenaza que compromete el futuro de las nuevas generaciones, el sistema educativo tiene el compromiso de brindar a los estudiantes una formación en valores acorde a los tiempos actuales. No de unos valores impuestos desde afuera o sesgados a favor de algún poder político, económico o eclesiástico. La educación ha de comprometerse con valores de tipo universal, es decir, aquellos que son válidos independientemente de la época, la cultura y el contexto particular; valores tales como: Ubicación del ser humano como valor y preocupación central, Afirmación de la igualdad de todos los seres humanos, Reconocimiento de la diversidad personal y cultural, Tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado como verdad absoluta, Afirmación de la libertad de ideas y creencias, Repudio a la violencia. Estos valores universales tienen el mérito de estar en condiciones de establecer un gran acuerdo en torno a ellos, sin asfixiar la diversidad personal y cultural que reclaman las distintas comunidades que coexisten, en la cada vez más compleja sociedad contemporánea.

4.Concepción del aprendizaje

Concebimos el aprendizaje como un proceso amplio y continuado por el cual se adquieren conocimientos, habilidades y destrezas para sobrevivir, para responder creativamente a los cambios en el medio y así evolucionar y progresar, tanto en la dimensión personal, como en la grupal, comunitaria y social.
El aprendizaje ha de apoyarse en la estructura histórica y epistemológica de la pedagogía y sus posibilidades de interdisciplinariedad, en la construcción y validación de teorías y modelos pedagógicos, en las realidades y tendencias sociales y educativas institucionales con relación a la dimensión ética, cultural y política de la profesión educativa. A Los núcleos básicos del saber pedagógico se añaden los saberes específicos que se comunican a través de las prácticas pedagógicas.
Es tarea del sistema educativo fomentar el aprendizaje integral, el cual incluye[3] :
- Aprender a conocer (asimilando instrumentos y herramientas de conocimiento, combinando los saberes de las diversas culturas y profundizando en los saberes específicos).
- Aprender a ser (en la búsqueda de un sentido de vida y de dar dimensión trascendente a su existencia, aprender a elaborar juicios propios para determinar por sí mismo y apoyado en la racionalidad comunicativa, qué hacer en las diversas y cambiantes circunstancias vitales, alcanzar la autonomía asumiendo la responsabilidad de sus decisiones y acciones)
- Aprender a convivir con los demás (respetando la diversidad y pluralidad, participando en las actividades y decisiones de su entorno social inmediato, comprendiendo las relaciones de interdependencia que nos unen).
- Aprender a aprender (a ubicarse rápida, eficazmente y con criterio en el océano de información actual, utilizar creativamente dicha información para sus fines específicos de aprendizaje, extrapolar conocimientos).
- Aprender a hacer (como la capacidad de influir constructivamente en el entorno social y natural, capacidad de afrontar situaciones difíciles e inesperadas y de realizar trabajos en equipo)

5. Concepcion del docente

Concebimos al docente como un mediador cultural que propicie la reflexión, el desarrollo de habilidades y destrezas sociales y la convivencia. El docente ha de facilitar la elaboración de los conceptos, el desarrollo del pensamiento, el procesamiento y aplicación de la información; partiendo para ello del conocimiento, los esquemas previos, los intereses y aptitudes de sus estudiantes como fundamento para su praxis pedagógica.

El docente colabora y estimula el proceso integral de aprendizaje en sus estudiantes, no solo a nivel intelectual, sino también a nivel comunicativo y social. La colaboración, el trabajo en equipo y la planeación participativa y colectiva han de ser actitudes y habilidades a las cuales el docente le preste especial atención, de manera que se constituyan en opción ante la cultura del individualismo y el utilitarismo inmediatista, fomentada por el neoliberalismo.[4]

En la formación de los docentes es necesario analizar las formas de aproximación a los conocimientos y tener en cuenta las vivencias de los diferentes ámbitos educativos, así como también diferentes saberes disciplinares que le permitas la interacción con los estudiantes, la comprensión de los procesos de aprendizaje, la evaluación y desarrollo de los estudiantes y la aplicación de los saberes en los diferentes contextos y ambientes.

El docente ha de enseñar a aprender del error, a tener una visión contextualizada del mundo, tanto a nivel global como local, a rescatar el valor de lo humano, a comprender la responsabilidad social que todos tenemos con los problemas del mundo, de las sociedades y de las relaciones interpersonales. Aprender a vivir con la incertidumbre nos posibilita el asumir los problemas nuevos e indagar a su vez nuevas alternativas de solución.

El docente ha de estar consciente de que educa para la socialización, para construir nación, para la convivencia, para que el otro acceda a los saberes acumulados de su cultura y de la humanidad, que educa para el desarrollo de la personalidad. El docente no es una instancia neutra: El se encuentra inmerso en la realidad social y como tal ha de participar en la integración nacional y regional, aportando conocimientos y saberes en los procesos sociales, culturales, y económicos de su localidad, para contribuir a la reducción de la pobreza.

Compilado por: Gabriel Vergara Lara
gabrielvl@yahoo.com

[1] Silo: "Cartas a mis amigos”.
[2] En: “Pedagogía de la diversidad. Una propuesta de educación humanista” por Miguel Aguilar y Rebeca Bizé. Santiago de Chile, 2002. http://www.rieh.org/
[3] Delors, Jacques: “la educación encierra un tesoro”
[4] En este sentido, Fernando Savater expresa que “Un educador jamás debe tener afán, porque la educación es un proceso largo del que muchas veces no alcanzamos a ver resultados. Los gobiernos tienen más afán porque son elegidos por la gente, soportan una presión más inmediata y tienen tiempo más breve. Esa es la dinámica de la acción política. Pero la educación no da frutos inmediatos. Es una inversión hacia el futuro pero imprescindible desde ahora para reformar pacíficamente.” En: Lecturas Dominicales de El Tiempo. Febrero 24 de 2005: “El filósofo español Fernando Savater afirma que “vivimos una profunda anormalidad social”

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