23 abr. 2008

Papel de la sexualidad en la transformación del mono en hombre


A diferencia de los chimpancés que instrumentalizan sus relaciones haciendo de ellas un juego de roles bajo el dominio y el sometimiento, los humanos somos “animales colaboradores”, donde la emoción define el carácter de las relaciones que establecemos. Por ello en la vida cotidiana esperamos que los otros y nosotros mismos nos conduzcamos de manera diferente en las relaciones políticas, de trabajo y sociales.
Esa relación que constituye la relación social es, a decir de Humberto Maturana, el amor, entendido como la aceptación del otro como un legítimo otro en coexistencia con uno. Así, la cooperación tiene lugar en las relaciones sociales de confianza mutua, no en las relación de dominación y sometimiento.
Franswood y otros, quienes han estudiado las comunidades de chimpancés muestran que la emoción fundamental en que transcurre la vida de sus grupos es la desconfianza y la manipulación de relaciones , a diferencia de los grupos humanos en los cuales la relación básica es (o debería ser) la cooperación, la confianza mutua y el mutuo respeto en las relaciones interpersonales.
Los animales en general, y los vertebrados en particular se mueven en sus relaciones entre dos extremos. Uno , en relaciones de respeto mutuo y total aceptación de la cercanía corporal, y otro, en relaciones de negación mutua en la dinámica de dominación-sometimiento. En los mamíferos el primer estilo de relación es usualmente menos intenso y a veces confiado a la relación materno-infantil al periodo de la infancia o del cuidado de las crías. El segundo estilo es la manera usual de relacionarse en la vida adulta, periodo que comienza cuando son aptos para la reproducción.
Maturana y Nisis[1] proponen que los seres humanos somos el presente de un linaje que surgió definido a través de la conservación de la relación materno-infantil de aceptación mutua en la confianza y en la cercanía corporal de una manera que se extendió más allá de la edad de la reproducción, en un proceso evolutivo neoténico[2].
A su vez, los chimpancés adultos se mueven en el patrón mamífero básico total de las relaciones interindividuales donde las relaciones conservan énfasis en el dominio y el sometimiento.
Las características neoténicas –expansión de la infancia en la vida adulta- ha implicado también la dinámica emocional, y a su vez la conservación de la dinámica relacional amorosa de la infancia en la vida adulta. Ellas han guiado el curso de los cambios corporales y relacionales que eventualmente nos han constituido como la clase de animales que somos como seres humanos: Los seres humanos somos animales cooperadores, dependientes del amor en todas las edades.
La diferencia entre los seres humanos y los chimpancés pertenece pues al dominio de lo emocional y no de lo intelectual.
La expansión de la relación amorosa materno-infantil en la historia de la neotenización de nuestro linaje y antes que surgiese el lenguajear como modo de vida, se produjo como medida importante como parte de esa neotenización. La expansión de la sexualidad de la hembra, que pasaba por una periodicidad anual en el interés por las relaciones sexuales, a un interés continuo comparable y complementario con el macho: Esto separó el coito de la reproducción y le permitió cooperar como fuente de placer y estabilidad en la formación de las parejas y de la familia.
El sexo como una fuente de placer en la aceptación y deseo de la cercanía del cuerpo del otro, dio permanencia a las relaciones interindividuales y abrió espacio para la intimidad del conocimiento mutuo en la convivencia muy cercana. Dicha expansión de la sexualidad de la hembra creó un espacio de intimidad estable alrededor de ella, que juntó a las hembras, machos y niños en familias pequeñas de convivencia cooperativa: Allí el sexo involucra todos los aspectos de la aceptación de la cercanía corporal.
En tal expansión, la sexualidad y la ternura encuentran su expresión: la sexualidad tiene que ver con la apertura sensorial, y la ternura con la conducta de cuidado en la relación con los otros. Es en este compartir donde se funda el espacio de cooperación como una manera de convivir, como una característica de la vida cotidiana fundada en la confianza mutua y el respeto mutuo.
Tanto la neotenia como la expansión de la sexualidad femenina fundada en la biología de la intimidad crearon las condiciones para la cooperación y el origen del lenguaje como una característica de esta intimidad en la cooperación, abriendo un espacio para la expansión de la inteligencia.
Lo humano es una manera de vivir con una corporalidad particular que ha surgido en una historia evolutiva de transformación corporal en relación con la conservación de la manera humana de vivir. La dinámica sistémica que nos hace y conserva como seres humanos está constituida por la intimidad del amor y el juego en la relación materno infantil y una infancia vivida de manera que la persona en crecimiento conserva el respeto por sí mismo y por el otro en un dominio social de cooperación y cuidado mutuo.
La mayoría de los seres humanos vivimos hoy día de una manera u otra en una cultura patriarcal caracterizada por la apropiación, la desconfianza, el control, el dominio, etc. Donde las relaciones interpersonales son vistas como instrumentos de poder (mecanismo propio de los primates). Ante ello la humanidad no solo vive en esta lucha política, también vive en el intento de una convivencia democrática, en el intento neomatrístico de generar una convivencia humana en torno a la cooperación en la realización de un proyecto común.
Interpretando los escritos de Maturana, podemos decir que los humanos somos producto del amor, de la confianza mutua y del trato amable y respetuoso. Sin ese tipo de trato interpersonal tal vez no hubiésemos trascendido el umbral mamífero. No solo somos hijos de la convivencia, sino que ahora, más que nunca, tenemos la tarea de promover la convivencia entre culturas, grupos y personas como forma de defender y desarrollar lo humano que hay en nosotros.
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*Basado en la lectura de “Formación y Capacitación humana”, de Humberto Maturana
[1] Maturana, Humberto y Nisis de Rezepka, Sima. Formación Humana y Capacitación. Editorial Dolmen, 1995
[2] Persistencia temporal o permanente de las formas infantiles o juveniles en el transcurso del desarrollo de un organismo.
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