9 feb. 2012

los actos que terminan en otro, ponen en marcha la rueda de la vida

SILO - " los actos que terminan en otro, ponen en marcha la rueda de la vida "de Comunidad Nueva Conciencia, el Sábado, 22 de octubre de 2011, 2:13 ..

"Mi mensaje es algo simple y aplicable día a día. Es un mensaje que se refiere al individuo y su medio inmediato. No es un mensaje que se refiere al mundo en general. Se refiere a las personas que aman, viven y sufren en compañía de sus parejas, de sus familias, de sus amigos, en compañía de los que las rodean. El mundo tiene sus graves problemas, pero sería una desproporción querer cambiar al mundo si no está en mis posibilidades reales hacerlo. Lo único que puedo cambiar es a mi medio inmediato y de algún modo cambiarme yo. Y si mis posibilidades de acción y de transformación llegaran más lejos, en ese caso, mi prójimo sería algo más que mi pareja, mi amigo, mi compañero de trabajo. Nosotros decimos que hay que tener conciencia de las propias limitaciones para realizar una acción cuerda y eficaz. Por tanto, nosotros proponemos en todos los lugares por donde pasamos, la formación de pequeñas agrupaciones del individuo con su medio inmediato. Estos grupos pueden ser de cualquier tipo, urbanos o no urbanos y deben convocar a todos los voluntarios que quieran saltar sobre sus propios problemas para dirigirse a otros. En la medida en que crezcan estas pequeñas agrupaciones, se conectarán entre sí y sus posibilidades de transformación también crecerán. ¿En qué se basa ese crecimiento y qué une a esos grupos? Se basa en la idea de que dar es mejor que recibir. En la idea de que todo acto que termina en uno mismo genera contradicción y sufrimiento, y en la idea de que las acciones que terminan en otro son las únicas capaces de hacer superar el propio sufrimiento. No es la sabiduría la que puede hacer al hombre superar el propio sufrimiento. Puede haber un recto pensamiento y una recta intención, pero puede faltar una recta acción. No hay recta acción si no está inspirada por la compasión. Esta actitud humana básica de compasión, esto de que el acto humano vaya hacia el otro, es la base de todo crecimiento individual y social. Como usted sabe estas cosas han sido dichas hace mucho tiempo, de manera que nada nuevo estamos diciendo aquí, sino que estamos tratando de hacer tomar conciencia de que este encerramiento, este individualismo, esta vuelta de las acciones sobre sí mismo, están produciendo una desintegración total en el hombre de hoy. Sin embargo, estas ideas tan simples parecen no ser fáciles de comprender en muchos lugares. Por último, hay mucha gente que piensa que encerrarse en los propios problemas evita, por lo menos, nuevas dificultades. Esto, claro está, no es cierto. Más bien sucede lo contrario. La contradicción personal contamina al medio inmediato. Cuando hablo de contradicción, hablo de actos perjudiciales a uno mismo. Me traiciono a mí mismo cuando hago cosas opuestas a las que siento. Eso me crea sufrimiento permanente y ese sufrimiento no queda solamente en mi sino que contamina a todos los que me rodean. Este aparente sufrimiento individual que surge de la contradicción personal, termina siendo un sufrimiento social. Hay un solo acto que permite al ser humano romper su contradicción y sufrimiento permanente. Este es el acto moral en el que el ser humano se dirige a otros para hacer superar sus sufrimientos. Cuando yo ayudo a otro a hacer superar su sufrimiento, yo me recuerdo luego en mi propia bondad; en cambio, cuando realizo un acto de contradicción yo recuerdo aquel momento como algo que torció mi vida. Así, pues, los actos de contradicción invierten la rueda de la vida, mientras que los actos que terminan en otro para hacer superar el sufrimiento, ponen en marcha la rueda de la vida. Todo acto que termina en uno fatalmente marcha hacia la contradicción, hacia la contaminación del medio inmediato. Aun la sabiduría pura, la sabiduría intelectual que permanece en uno, lleva a la contradicción. Este es tiempo de acción y esta acción consiste en comenzar a ayudar a otros a superar el propio sufrimiento. Esta es la recta acción, la compasión, el acto moral por excelencia. "

Colombo, Sri Lanka, 20 de octubre de 1981 Silo - Intercambio con la Sanga budista en Sarvodaya

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