2 ene. 2013

Sobre el voluntariado


Tomado de conferencia de Silo en Roma

Buena disposición la de aquellos que quieren a la gente. Buena disposición la de aquellos que cuando ven una dificultad tratan de poner el hombro.
Bueno, tal vez  con esa disposición básica, esa disposición que está repartida entre miles y miles de seres humanos, esa capacidad en cuanto se oriente, producirá un gran río de comunicación.

En realidad, en todo ser humano existe aptitud para dar. Las circunstancias han ido cerrando esta válvula; pero en todo ser humano existe esta válvula.

¿Han visto ustedes lo que sucede con estas gentes a las que se llama voluntarios?

En general, voluntarios… El bombero voluntario, por ejemplo. Hay distintas formas de ser voluntario. Este voluntario que a las cuatro de la mañana, cuando suena una alarma, se levanta rápidamente. Sale, se mete en un incendio, rescata a un niño que está por morir en las llamas. Sale magullado, lleno de hollín; vuelve a su casa rápidamente para mojarse un poco y salir a su trabajo cotidiano. Nuestro hombre llega agotado para cambiarse de ropa y alguien le pregunta: ¿tú que ganas con eso? Y claro, este buen hombre no sabe cómo explicar qué gana él con eso, porque en realidad no gana nada. Al contrario. Llega fatigado a su trabajo, puede hacer mal las cosas en la oficina, puede llegar a perder el trabajo y poner en peligro la estabilidad de su núcleo familiar. Pero ¿que ganas tú  con eso? Y él, con toda seguridad, no va a poder responder cabalmente, ¡qué gana el con eso! Y el se va a sentir desalentado y se va a sentir incomprendido.
Y al ir a su trabajo apuradamente verá a dos vecinos que  se codean y se dicen ¡“ese es un voluntario”! Alguien un poco extravagante, del cual no se entiende para qué  esas actividades, de qué modo le sirven. En términos de consumo, qué gana este voluntario.

Hay miles y millones de voluntarios en el mundo que se encuentran en situaciones como esa. También hay voluntarios en distintas líneas políticas, religiosas, en distintas actividades del ser humano y que no ganan nada con eso. Y es tan extraordinario eso, que el voluntario no puede responder cuando se le formula la pregunta. ¿Qué gana usted con eso?.. Y claro…, no puede sostener su posición. Y nuestro hombre o mujer se va desalentando poco a poco. El no puede explicar lo que hace. Se va desalentando y llegará un tiempo en que diga: “sí, seguramente soy un poco estúpido, porque esto que hago ¿para qué me sirve?” Y así se van desalentando los voluntarios; estos que pueden llevar el mensaje a otros.

Todo está armado como para desalentar las actividades voluntarias. Y así se van arrinconando los seres humanos capaces de dar.

Nosotros vamos a reivindicar la capacidad de dar y vamos a poner como un valor social la capacidad de dar. Y vamos a poner al voluntario como el mejor ejemplo a seguir. Y vamos a explicar por todos los medios que tengamos a mano ¿qué cosa le pasa a usted, que está escuchando? Usted que sabe,  sí,  que quiere dar y que necesita dar; pero que no se explica muy bien qué es lo que siente y que según parece, los que están alrededor dicen que está mal lo que usted siente.

Nosotros vamos a poner en primera plana al voluntario y vamos a explicar que no es una cosa extravagante, que no es una cosa injustificada; que es exactamente lo mejor que puede hacer el ser humano. Y vamos a explicar las distintas razones, incluso las utilitarias del dar. Y vamos a crear entonces otras condiciones y  a través de estas condiciones nuestro mensaje va a llegar cada vez a mayor distancia.

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