16 nov. 2016

4 puntos a considerar en el momento actual*



 1.      La crisis actual es la crisis de Occidente

Hace un par de décadas, muchos se sorprendieron por un hecho impensable: la caída de la ex Unión Soviética. De pronto el mundo ya no era dual, decían los bien pensantes del momento: Occidente, con su sistema capitalista, de libre mercado e individualista, había ganado la carrera y al parecer se erguía como única opción del orden social. Algunos, más atrevidos y con menos visión de proceso, clamaban “el fin de la historia”. Este sistema era adoptado por sociedades muy dispares, como China e India, avanzando éstos en sus propios proyectos regionalistas, pero adoptando el signo del monetarismo despiadado, intentando levantar su producción e influencia a nivel mundial.

Cada vez que en las filas humanistas se mencionaba: “ahora falta que se caiga la otra mitad del mundo”, se nos miraba de reojo, como ingenuos y, en el mejor de los casos, mal informados. Estas fueron las palabras de Silo (2005) en El Parque la Reja:
“Cuando hace muchos años anunciábamos la caída de un sistema, muchos se burlaban de lo que para ellos era imposible. Medio mundo, medio sistema supuestamente monolítico, se derrumbó.
Pero aquel mundo que cayó lo hizo sin violencia y mostró las cosas buenas que existían en la gente. Es más, antes de desaparecer, desde aquel mundo se propició el desarme y se comenzó a trabajar seriamente por la paz. Y no hubo ningún Apocalipsis. En medio planeta se derrumbó el sistema y aparte de las penurias económicas y la reorganización de las estructuras que padecieron las poblaciones, no hubo tragedias, ni persecuciones, ni genocidios. ¿Cómo ocurrirá la caída en la otra mitad del mundo? Que la respuesta al clamor de los pueblos sea traducida con bondad, sea traducida en la dirección de superar el dolor y el sufrimiento.”1
Así que el tema planteado no era si Occidente se cae o no, sino ¿cómo va a caer? ¿Será sin violencia, integrando la voluntad de los pueblos a vivir en paz y dignidad? ¿O será de forma violenta, lanzando a la humanidad en un oscuro capítulo tal como ha sucedido con otras caídas hace ya un par de milenios?

Observamos la acelerada descomposición de los estamentos sociales, políticos y económicos de USA y Europa, vagando de crisis en crisis, parchando situaciones que no tienen forma de arreglarse, tratando de operar a ciegas, desconociendo los procesos psicosociales que están en marcha, desconociendo las culturas, las etnias, las generaciones, a espaldas de la gente, tratando de que el costo de sus desquiciadas operaciones financieras sean absorbidas por capas poblacionales cada vez más desamparadas y empobrecidas.




1 Inauguración del Parque Latinoamericano. La Reja, 7 de mayo de 2005. http://www.silo.net/LaReja2005-­‐ 05-­‐07es.php.

No consideramos necesario ahondar en el análisis de esta crisis, conocida por todos. Sí quisiéramos hablar de otro fracaso, un fracaso más profundo y por eso más interesante, ya que de asumirse, podría sentar las bases de esa otra forma de producir los cambios necesarios para este momento. Hablamos de la crisis “psicosocial”, de eso que está en la base de la sociedad, que hoy muy bien se puede resumir en la total pérdida de creencias en el sistema operante, en sus representantes y sus esquemas inhumanos. La gente, lanzada a este vacío social, está buscando nuevos paradigmas, formulando y acordando la noción de lo que no se quiere, antes de plantear soluciones y nuevas formas.

Allí en el fondo de la conciencia colectiva se debate el ser humano entre la violencia y la necesidad de la no-­‐violencia, entre el individualismo y la necesidad de un nuevo tejido social, entre el bienestar de unos pocos a costa de la mayoría y la necesidad de una sociedad solidaria y justa, entre la destrucción de nuestro medio ambiente y la necesidad de un sistema sustentable basado en la conciencia ecológica que fuertemente se abre paso en las nuevas generaciones. Es un debate profundo, sincero y dirigido al fondo de nuestras creencias y formas sociales básicas. Se está formando la conciencia de la no-­‐violencia. ¿Será esto suficiente para contrarrestar el afán de violencia enloquecido sustentado por los grandes poderes y el capital financiero?

Ojala no sea demasiado tarde. Lo que está claro es que es demasiado tarde para emprender soluciones parciales y cosméticas, la situación actual no tiene solución, es necesario un cambio profundo en la conciencia humana para pasar a otro momento histórico.2


2.  La interacción cultural


Querámoslo o no, esta ola de protesta popular, este movimiento social que ha ido tomando fuerza en toda latitud y cultura, comenzó en el norte de África, en las repúblicas del nacionalismo pan-­‐ árabe. Tunes y Egipto se vieron sorprendidos por un gran movimiento ciudadano pidiendo cambios totales y, por sobre todo, la renuncia de los líderes políticos anquilosados en décadas de poder y corrupción, actuando a espaldas del pueblo y en favor de los intereses del paraestado que se estaba formando. Estas protestas tuvieron un signo muy positivo, sobre todo por la búsqueda de acciones no violentas que tuvieran la fuerza suficiente para lograr el objetivo planteado: cambiarlo todo. Este lema es muy conocido a los que vivieron las jornadas de mayo del 68 en Roma, París, y posteriormente en USA.

Pero hay que también reconocer allí que esas jornadas comenzaron no en Europa o América, sino en la Universidad del Cairo, allá a finales de la década del 60. Esta ola ha ido tomando fuerza y se ha diversificado en muchos puntos del planeta, utilizando conflictos muy variados: a veces el descontento económico, a veces la represión cultural y la discriminación, a veces la educación,



2Ver Anexo I, Documento del Movimiento Humanista, Sexta Carta, en Cartas a mis Amigos: Silo, Obras Completas Volumen I. Buenos Aires, Plaza y Valdés, 2004.

siempre con un leitmotiv de cambio total, de vacío al poder y de búsqueda de nuevas formas de democracia directa y participativa. Ha sido por otro lado notable en algunos de estos países la “buena” actuación del poder militar, virando ya no a favor de los intereses del poder establecido o del poder económico, sino más bien en franca protección del movimiento social y de la población.3


3.  El rechazo a la manipulación como elemento clave de la protesta


Sean quien sean los que se están debatiendo, sean los indignados, o los estudiantes planteando sus justos anhelos, o la población frente a un gobierno que se perpetúa año tras año, hay un mensaje de fondo que se va expresando con cada vez más fuerza: no más manipulación, sea de los gobiernos, o los medios de prensa, o del sistema financiero mentiroso con sus cifras y tasas, o de los políticos de turno que prometen y nunca cumplen con eso que dicen. La población va tomando conciencia de la encerrona a la que se los está llevando, haciéndoles pagar los costos de políticas mal intencionadas e inhumanas, ya sean los costos económicos de la irresponsabilidad de unos pocos, o sean los costos en vida del afán de ganar influencia y materias primas en territorios distantes, o sean los costos de los fundamentalismos religiosos tanto de occidente como de oriente que algunos están azuzando.

No más manipulación, sino democracia directa y participativa. No más mentiras en las iglesias y congregaciones; no más mentiras en la familia, en la pareja, en el trabajo, en la empresa y en la sociedad. Poco a poco se va comprendiendo que este sistema violento e inhumano se sustenta en la mentira, mentira que está justificada por el deseo de los falsos triunfadores en un sistema en crisis y decadente.

Violencia, deseo y mentiras… ¡no más de eso!… grita con un fuerte clamor la población y las distintas culturas y generaciones unidos en este movimiento social mundial.


4.  Una nueva espiritualidad se abre paso


No podemos dejar de hablar, aunque no termine de quedar claro en este momento, de una Nueva Espiritualidad que se está abriendo paso. La espiritualidad es un gran tema, tiene mucha fuerza, y cuando se pone en marcha lo hace al comienzo muy lentamente, de forma casi imperceptible.

Pero si callamos nuestra mente, si escuchamos al sentir de nuestro corazón, veremos que de forma difusa y vaporosa hay allí también un gran clamor, una búsqueda que por ahora se expresa por el rechazo a las viejas formas espirituales, al rechazo a los dogmas, a las imposiciones, a los ritos vacíos de significado y sentimientos.




3 Ver Anexo II, Octava Carta, en Cartas a mis Amigos: Silo, Obras Completas Volumen I. Buenos Aires, Plaza y Valdés, 2004.

Esta espiritualidad está en el fondo de nuestro corazón, y seguramente el tema de lo divino, buscará su expresión desde el fondo de la conciencia y de la mente.
Esta nueva espiritualidad clama el principio de tratar a los demás como se quiere ser tratado y el derecho a la experiencia de lo sagrado y de lo profundo.

Pidamos desde el fondo de nuestro ser para que los cambios que se anticipan sean acompañados de bondad y sabiduría.
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*Bruno Pezzuto, Maru Mansilla, Gloria Morrison, Marcos Aviñó, Suzanne Gepp, Adolfo Carpio Centro de Estudios, Parque de Estudio y Reflexión Arica
Arica, Chile, 20 de julio de 2011

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