27 ene 2014
14 ene 2014
Juan José Pescio: La cultura actual como obstáculo a la espiritualidad
En esta ponencia partimos de la siguiente hipótesis: Esta cultura violenta en la que estamos inmersos es consecuencia del proyecto de vida individualista y posesivo que orienta la vida. Este tipo de proyecto es el obstáculo que impide ponerse en el lugar del otro y registrar las señales de lo profundo.
Este proyecto de vida está hoy globalizado y se basa en el supuesto erróneo de que es el camino hacia la felicidad. Las diferentes culturas han adoptado esta dirección como si fuera la correcta sin advertir que como consecuencia de ella, es que vivimos en un mundo cada vez más violento.
Hoy a nivel mundial, las autoridades políticas y los medios de difusión, (salvo algunas excepciones) sostienen de forma directa o larvada que: “La actitud posesiva es positiva, porque impulsa a acumular bienes intangibles y tangibles en forma creciente, en el interior de esa entidad a la que llamamos “el yo y lo mío”. Por ese camino, se sostiene, vamos a llegar a la felicidad como individuos y también como conjunto social, como consecuencia del “derrame”.
La actual economía a nivel mundial se apoya además en la teoría psicológica que afirma que este impulso egocéntrico, es el que mueve todo comportamiento humano individual y social y se afirma que este impulso tiene sus raíces en el cuerpo, es decir en la animalidad, en lo instintivo.
Desde al Nuevo Humanismo, decimos que este impulso egocéntrico surge sólo cuando estamos instalados en la parte más periférica de nuestra interioridad, pero en la medida que nos conectamos con nuestro sentimientos y tratamos de acercarnos a nuestras aspiraciones profundas, aparecen los impulsos solidarios que tenemos bloqueados y el deseo de ayudar al que lo necesita. Los niños por ejemplo, no sólo necesitan recibir afecto y ayuda sino darla y esto es algo que se puede aprender a hacer, si se crean los ámbitos adecuados.
También puede comprender cualquier persona, basándose en su propia experiencia cotidiana, que al instalarnos en el proyecto de vida posesivo individualista, las demás personas, pasan a ser amenazas en la competencia para lograr la propia felicidad y otras veces se convierten en obstáculos o en aliados poco confiables, lo que desencadena nuestro temor o nuestra violencia.
No es difícil observar también, que la dirección mental individualista y esta actitud posesiva, empujan a la lucha con los demás por llegar a la “cima” del poder económico, del conocimiento, del reconocimiento y afecto, de la posición en cualquier pirámide organizativa, llámese empresa, partido, movimiento social, iglesia, etc.
Es claro que para considerarse en la cima, todos los demás deben quedar por debajo. Sin embargo, a pesar de las declamaciones de solidaridad que se escuchan continuamente, este es el paradigma de felicidad del mundo actual que se expresa en el deporte, en la economía, en la política, etc.
Planteamos desde nuestro punto de vista, que cuando aspiramos a esta cima, es porque creemos que tendremos al llegar a ella, la suma de nuestros registros placenteros y ponemos entonces en el futuro, lo que creemos que será esta experiencia.
Este proyecto de felicidad está centrado, prioriza, el obtener estos registros sólo para uno mismo y esto lleva a dar la espalda al dolor y sufrimiento de los demás. Crea además la condición de la desconfianza, el temor y la soledad y sobre todo nos impide escuchar las señales internas más profundas de aquello que realmente necesitamos.
Esa tensión de temor y violencia cotidiana, es llamada habitualmente “ambición personal”. A las nuevas generaciones se les aconseja tenerla, para triunfar en la competencia con los demás. De ese modo, se los quiere preparar para lo que llaman “realidad de la vida”.
Pero sin embargo, muchísima gente, que va experimentando esa sensación de temor y violencia en su interior, no está dispuesta a aceptarla como natural e inevitable y decide intentar cambiar de dirección.
Pero ocurre, que en los ámbitos en los que convivimos y en la sociedad en general, ya existen de hecho estos valores, estos proyectos de vida individualistas, posesivos y competitivos, objetivados en leyes, en instituciones, en personas que se mueven por ellos y justificados por estas ideas dominantes y los poderes que las promueven, etc.
Es que cuando venimos al mundo, nos encontramos con generaciones anteriores impulsadas por este proyecto, nos rodean millones de trepadores de pirámides, programados para la lucha por llegar a ser los primeros en algún campo. Ellos son el principal componente de esta “realidad” que pretende moldear a las nuevas generaciones a su semejanza.
Desde niños nos premian en la escuela, en la familia y luego cuando somos mayores, en el trabajo, si nos destacarnos sobre los demás, cuando ganamos en las competencias, ya que son parte fundamental de nuestra “formación”, pero extrañamente para quienes piensan que eso es lo mejor que nos pueden ofrecer, muchos jóvenes no quieren entrar en el molde, no quieren competir y ganarle a los otros, sino cooperar con los demás y ofrecer su ayuda solidaria a los que la necesitan.
El discurso solidario queda vacío en las instituciones, cuando las prácticas cotidianas están montadas sobre la idea de rivalizar con otros por alcanzar una meta, de la que los perdedores van a quedar excluidos.
No es difícil hoy para nadie, entender que el proyecto individualista posesivo, está en la base del vínculo dominador-dominado entre los seres humanos, logrado y mantenido por medio de las armas, el dinero o el conocimiento y que el dominador, sigue tratando de aumentar sus dominios sin límite, aunque quiera disfrazar sus intenciones con argumentos humanitarios.
Aún las personas bienintencionadas al tratar de ayudar a los jóvenes (padres, docentes), creen que si se apoyan en estas motivaciones centradas en uno mismo y en los míos, van a lograr formar un tipo de persona solidaria y un ciudadano comprometido con el bienestar general.
Es muy claro para la gran mayoría de la gente, que el vínculo opresor-oprimido está condicionando las relaciones internacionales en la economía, en la política, pero quizás no es tan evidente, que estos poderes están tratando de promover e imponer este proyecto de vida centrado en uno mismo, como camino a la felicidad. Puede ser que esto que hacen sea en parte por no comprender las verdaderas necesidades de los seres humanos y por otra como una forma masiva de movilizar la maquinaria de la producción y el consumismo y disolver toda forma de organización colectiva posible.
Vemos hoy en China, por ejemplo, donde hay casi 1.000.000 de nuevos millonarios menores de 40 años, como la “ambición por progresar económicamente” en los jóvenes, va mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas.
Vemos que este mismo impulso hoy, al propagase intencionadamente como el ideal que unifica esta cultura global, va borrando las diferencias entre las antiguas culturas y los jóvenes de China, India, Brasil, Europa o USA comparten el mismo proyecto de vida individualista acumulativo como camino a la felicidad. Este proyecto ilusorio, va barriendo las tradiciones de colaboración y ayuda mutua o la búsqueda de lo sagrado.
Este barrido que hacen a los otros caminos a la felicidad que pudieran elegir las poblaciones, puede ser en forma violenta como en China o simplemente haciéndoles vacío.
En este punto de esta presentación, en el que la mirada se amplía hasta el ámbito que corresponde al planeta y a la especie, vamos a enmarcar el tema con una cita de Silo, que en su exposición del año 76 en Canarias dice:
…”¿Y qué hay más abajo del deseo, y qué hay más abajo de la necesidad? Algo, que de ningún modo desaparece. Detrás del deseo y detrás de la necesidad está sin duda, la posesión…
…Y basta ver como se comporta una persona cuando no tiene deseo por un objeto, pero alguien pone en peligro su posesión. Resulta que ahora la relación es con otra persona y ya no experimenta por esa otra persona ningún deseo, pero sigue experimentando por esa otra persona, posesión.
Y la posesión se traslada y no se trata sólo de posesiones físicas; hay posesiones morales; hay posesiones mentales; hay posesiones ideológicas; hay posesiones gésticas; hay posesiones rituales. Hay posesiones de todo tipo y todo aquello está, siempre, comprometiéndome con los objetos. De tal modo que basta que algo entre en el campo de la posesión de esos objetos que detento, para que mi posesión, que siempre está trabajando, se active con más fuerza. La posesión no cesa, y sí puede cesar el deseo.
El deseo tiene características no tan corporales, no tan físicas como la posesión. Uno puede desear lograr algunas cuestiones espirituales, diferente al registro físico de querer poseer algo espiritual. Observen qué sucede en el propio cuerpo cuando se desea simplemente, o cuando se posee, o cuando el deseo es por poseer. Y siempre el deseo tiene que ver con la posesión, que es su raíz.
Más abajo del deseo está esta posesión y tiene fuertes connotaciones físicas y fuertes registros físicos. Y este registro de la posesión tiene que ver con la tensión. Y se sabe que se está deseando poseer algo porque se registra una particular tensión. Y cuanto más fuerte es ese deseo de posesión, más fuerte es la tensión.
Y claro, uno se agarra a los objetos, uno se agarra a la vida, uno se agarra a las cosas; y se agarra con las garras, con las manos. De tal manera que no suelta uno esas cosas, y esto de no soltar cosas, esto, trae registros de tensión…
…Seguramente el hombre, y ésta es la diferencia fundamental, tiene esa aptitud sobre las otras especies para soltar; tiene aptitud para alejarse de los objetos; tiene aptitud para desposeerse.
Hay algo en la estructura de la mente ya a nivel humano, algo que está preparado para que esta mente se libere de la posesión objetal. Y esta diferencia es grande ya, entre el ser humano y el mono….
…La mente humana seguramente es muy joven y todavía está muy ligada a la posesión. Pero según se ve en estos procesos y según se ve en el avance mismo de la mente individual, se avanza sobre todo cuando la mente es apta o es capaz para desposeerse.
Entonces sucede que la mente no registra tensión, entonces sucede que no hay registro físico de tensión, entonces sucede que los músculos no son necesarios con respecto a los objetos en el sentido de la posesión.”
Hasta aquí, el recorte que hemos hecho de la exposición de Silo.
Volviendo humildemente a nuestro planteo inicial sobre el condicionamiento cultural individualista y competitivo, podemos simplemente decir ahora en este marco, que esta cultura actual, refuerza la actitud posesiva y bloquea el impulso opuesto de soltar, de dar.
Entonces estos dos factores: el proyecto posesivo personal que se fue internalizando en nuestra subjetividad a lo largo de la vida y los ámbitos externos condicionantes que lo siguen reforzando, bloquean los impulsos a ponerse en el lugar del otro, a la compasión, los que son tomados como debilidad.
Y aunque los sentimientos profundos nos impulsen en dirección de ayudar y de construir para otros, nuestra cabeza, acostumbrada al cálculo de la ganancia personal, pone resistencia para aceptarlo como proyecto de vida.
Sin embargo la nueva sensibilidad que comienza a nacer, abre la posibilidad de tomar contacto con nuestros propios impulsos solidarios y con las señales internas de lo sagrado.
Los que vivimos en esta época, experimentamos más o menos claramente, que esta dirección individualista de la vida nos queda chica, como si fuera un ropaje que nos aprieta, porque hay algo que en interior del ser humano que está creciendo y que los Humanistas podemos contribuir a que se acelere este proceso.
Estamos actualmente en esa transición.
Cuando los hombres y mujeres que hemos sido formados en esta cultura nos colocamos mas cerca de la profundidad de nuestros corazón y registramos que preferimos aquellas acciones que terminan en la mejora de otros, necesitamos saber que no estamos equivocados, que nos estamos siendo menos “realistas”, sino que por en contrario, estamos más cerca que nunca de la verdadera realidad del otro y de la propia.
Para sostenernos en esa dirección, necesitamos de un marco conceptual que permita comprender ese registro y un ámbito humano solidario con el que interactuar para expresarlo en acciones hacia el mundo.
Una nueva cultura solidaria y no violenta será la consecuencia de este impulso profundo que busca expresarse en el mundo y plasmarse en nuevas formas de convivencia a nivel mundial
Nuestra espiritualidad está en la dirección interior que nos señalan nuestras aspiraciones más profundas de convivencia solidaria, en la que la dirección de nuestros actos terminan en otros, sin censura externa y sin autocensura. La propuesta de felicidad individualista con la que nos quieren dividir los opresores, va llegando a su fin como pretendido fundamente para la primera civilización planetaria.
Se hace necesario entonces convertir definitivamente el proyecto de vida equivocado, tanto en el mundo externo como dentro de nosotros mismos, para que el ser humano sea libre de tomar contacto con lo sagrado en su interior, ya que este proyecto de vida equivocado es el principal obstáculo para el desarrollo de la espiritualidad.
Estos impulsos profundos son los que pueden formar una comunidad solidaria y abrir el corazón y la mente.
No pueden ser impuestos por una moral externa.
Surgen del interior cuando se puede salir del encierro en lo mío. Es entonces cuando el otro aparece como intencional y libre, cuando surgen deseos de dar lo necesario desde el corazón, sin especulación.
Sería conveniente entonces ofrecer a cada conciencia, ámbitos para conocer y practicar esta nueva opción de “dar en lugar de tener”, “soltar en lugar de acumular”,” acercarse a la profundidad del sentimiento, en lugar de ir hacia la exterioridad”, para que cada persona pueda concretar como resultado de su reflexión, la elección intencional para su vida, de abrazar aquella dirección mental que permite tomar contacto con ese otro tiempo y otro espacio y con aquella actitud abierta hacia los demás, que hacen verdaderamente feliz y libre al ser humano
4 ene 2014
Criterio de realidad: cientificismo y misticismo
Tomado de: Acertijos, formas, espacialidad y sentido, monografia de GUSTAVO HOERTH Gustavo.hoerth@gmail.com. Centro de Estudios Parques de Estudio y Reflexión.
La Reja, 6 de agosto de 2013
¿Qué cosa es real o no lo es?,
¿como podemos estar seguros de qué es real?, ¿nos representamos la realidad tal
cual es?
Probablemente
estas preguntas son las más repetidas a lo largo de la historia del pensamiento
humano.
La
realidad, “tal cual es”, según algunos, se experimenta en el espacio de
percepción. En España, en la castilla rural, conocí a un hombre rudo pero
amable, acostumbrado a lidiar con los problemas del entorno, de temperamento
práctico y bien decidido, que una vez me comentó: “las cosas son como son…y lo
que ocurre, pues ocurre y ya está”
En
contraste, ya vuelto a Buenos Aires, un viejo amigo de otros tiempos, un hombre
delgado y ojeroso, con aspecto de estar bajo de potasio, de temperamento
esquivo y dubitativo,
me comentó: “por ejemplo ese vaso, que seguridad tengo de que existe, como sé
que el mundo no es un invento de la imaginación”
La
primera postura se llama realismo ingenuo y la segunda escepticismo ingenuo, y
entre ambas a lo largo de la historia del pensamiento humano, se pueden
encontrar todas las combinaciones posibles.
Cito,
para los que quieran buscar en wikipedia, algunas de las “posturas” más
importantes sostenidas en los ambientes académicos, que han marcado ciertos
hitos en torno a la discusión de lo que es o no es real, en cuanto al criterio
de realidad:
Racionalismo-materialismo-empirismo-idealismo-nominalismo-positivismo-realismoingenuo-pragmatismo-realismo científico–estructuralismo- y
una serie de etcéteras. Todo un lío enorme de ideas para definir de qué se
trata la relación del hombre con el mundo, qué cosa es realmente verdadera en
esta relación que se establece entre lo que es el ser y lo que está afuera del
ser.
Tomando
como ejemplo sólo el pensamiento occidental, vemos que la clasificación del
conocimiento es relativamente reciente, los primeros enciclopedistas han
intentado dar una idea coherente de las ciencias (que para su época se habían
expandido considerablemente) recopilando y sintetizando el saber por temáticas.
La
herencia de la gnoseología (la filosofía del conocimiento) fue tomada por la
epistemología que clasificó las distintas ramas del saber.
La
epistemología se ocupa del conocimiento en términos de fundamentación racional
de lógica de la verdad, como el racionalismo crítico de Popper o el
neopositivismo lógico de Russell, pero no se ocupa en lo absoluto del sistema
de representación visual y cenestésico que acompaña necesariamente a los
procesos de comprensión de la realidad, lo cual por cierto es una omisión grave
y bastante curiosa.
De esto último (los sistemas de
representación) sí se ocupará la psicología, como por ejemplo el
constructivismo de Jean Piaget, o los avances de la psicología Analítica de
Jung en torno a la imaginación y los arquetipos, o el estructuralismo de Wund o
la Psicología de la Gestalt que mencionamos antes, y muchísimas otras, donde
por lo que podemos ver hasta la fecha, no han conseguido desprenderse de cierta
ingenuidad a la hora de describir e interpretar la función de la imagen y su
capital importancia para la conducta humana, y su relación fundamental con
espacio de representación. Esto último sí esta profundamente explicitado en la
Psicología Humanista Universalista desarrollada por Silo, que no debe
confundirse con la Psicología Humanista de Abraham Maslow que apareció en la post-guerra como
una tercera posición entre el conductismo y el psicoanálisis.
En
cuanto al pensamiento pre-científico se puede hablar de un sustrato
de presupuestos epocales anclados a la cultura de origen, que operan en forma
de ante predicativos que jamás son advertidos y sin embargo son el trasfondo
donde se monta la imagen del mundo y el sentido común.
En
éste sustrato son educados los científicos antes de serlo, antes de llegar a la
universidad, de manera que aún en el caso de la ciencia, su influencia no se
debe subestimar.
Hoy
en día, el espacio de percepción es casi objeto exclusivo de las ciencias y la
comprensión del mundo y su sentido descansan prácticamente en sus manos, el
declive de la especulación filosófica y el mismo éxito relativo de las ciencias
zanjaron la cuestión.
El
criterio de realidad que impera en el mundo de las ciencias se llama “realismo
científico” cuya pretensión de objetividad se sustenta en última raíz en la
correspondencia entre las matemáticas y el comportamiento de los fenómenos en
condiciones científicas de observación.
No
obstante el realismo científico es cada vez más discutido en un escenario donde
el conocimiento científico se encuentra cada vez más fragmentado por un lado y
más “despegado” de la percepción y del sentido común por otro.
Nadie
puede hoy día ofrecer una visión unificada del mundo al estilo de la física
clásica.
La
transformación que ha ocurrido en la noción misma del espacio y del tiempo
desde los albores de la física clásica Newtoniana hasta las abstractas y
complejas concepciones de los últimos desarrollos de la teoría M (teoría que
unifica las cinco teorías de cuerdas en una matriz mayor que las abarca y en
cierto sentido las unifica) no solo es sorprendente, es anonadante…
El
desarrollo físico matemático pretende tener el carácter objetivo que le da
credibilidad académica, pero el científico tendrá que traducir a
representaciones “fenomenológicas” lo que sus formulaciones implican, y en este
proceso se encontrará con limitaciones propias del mentar humano, que
terminarán en representaciones de la realidad que son “paradojales” como
mínimo, por no decir directamente incomprensibles o contradictorias
En particular el tema
de la noción de espacio es bastante ilustrativo:
El
espacio clásico de Newton, es un vacío universal dentro del cual se dan todos
los fenómenos físicos (tal como los estructura la conciencia ingenua).
Es
un espacio homogéneo, isomorfo, e infinito. Es vacío, pero es “algo”, o mejor
dicho “debe ser algo”, pero, como confesara con pesar el mismo Newton, “es un
misterio”, ya que el origen del espacio vacío donde ocurre la realidad, en base
a sus teorías, no se puede fundamentar.
Luego
Mach demuestra que esto no es tan sencillo como parece, y desarrolla un
concepto relativista de la inercia, basado en la idea de que la atracción
gravitatoria que todo ejerce sobre todo, implica que no existe tal universo
vacío, que “algo” se da en relación a un todo que lo influye concretamente y el
infinito no puede ser parte de su definición.
Einstein da un paso
más, de gigantes según se dice, pero en cierto sentido natural. El espacio ya
no puede estar vacío, es afectado por la materia-energía de modo que
se curva y adquiere propiedades ”elásticas” que afectan las trayectorias de los
cuerpos en movimiento. Y lo que es más impresionante aún, forma una estructura
indivisible con el tiempo, llamada espacio-tiempo, que no es el
continente vacío donde los fenómenos se dan, sino que es algo que tiene
“entidad” física real, aunque no sea en un sentido estricto material.
La
física cuántica avanza en el terreno de lo ultra-pequeño, donde las
paradojas son aún mayores. Planck advierte que la divisibilidad de la materia-energía no
es infinita, creando la noción del quantum.
Heissenberg
descubre un límite a la observación absoluta establecido por el principio de
incertidumbre, a partir del cual nada puede decirse. Mas allá de un parámetro
infinitamente pequeño, pero real, llamado constante de Planck, el espacio se
describe como una espuma cuántica repleta de energía donde partículas se crean
y destruyen permanentemente en un sin fin de febril actividad.
Finalmente
las teorías de cuerdas, en el intento de integrar la teoría de la relatividad
con la teoría cuántica, llegan a la concepción (totalmente absurda para la
conciencia ingenua) de que para que todo sea como es y funcione como funciona,
deben existir diez dimensiones espaciales, más una temporal, que están enrolladas
o plegadas sobre sí mismas (salvo tres, más el tiempo) dando origen a toda la
familia de partículas conocidas a partir de la geometría dinámica espacial. Con
esto se explica el origen de la materia, la energía y las fuerzas que las
mantienen unidas tal como son, todo se deriva de rupturas de simetrías en la
propia geometría de la realidad.
El problema es que
todo esto estará muy bien, pero no se puede representar visualmente de ninguna
forma, no se puede acompañar con la imaginación dirigida. El ciudadano medio
típico (no como abstracción, sino como persona real objeto de costosas campañas
políticas en todo el mundo) no se preocupa mucho por estos temas, pero, si
fuera el caso que alguien se los comenta, se da cuenta solito de que no se lo
puede representar.
Veamos esto.
Por
una parte uno experimenta la gravedad, uno siente el peso de su cuerpo. Siempre
me he representado una fuerza que me mantiene unido a la tierra, la fuerza de
la gravedad, de la cual no dudo porque la experimento. Pero ahora se me dice
que tal fuerza no existe, que en realidad el espacio se contrae o más bien se
tensa elásticamente hacia el centro de la tierra y que lo que uno experimenta
es la resistencia de lo que hay debajo, que vendría a ser lo que nos sostiene y
nos impide caer hacia el centro de la tierra, y al sostenernos nos mantiene
permanentemente acelerados respecto del espacio-tiempo curvado hacia
el centro de la tierra.
Mi amigo de la
castilla profunda diría: ¡ esto es muy raro coño!
Eso como mínimo. El espacio-tiempo curvado
no se puede representar.
Por
el lado de la física cuántica las cosas no están mejor, los experimentos
condujeron a la naturaleza dual de las partículas que se comportan de modo
ondulatorio o corpuscular según qué experimento, lo cual condujo a concepciones
no locales de la materia en donde partículas que desaparecen y reaparecen
sugieren la idea de un espacio discontinuo que a su vez conduce a la idea de
espacios o universos paralelos o lisa y llanamente a la idea un tanto radical
de un multiverso (una realidad n-dimensional).
El problema de “lo que no se
puede representar” radica en que “todas las representaciones” (no solo las
visuales) se dan en algún lugar (espacialmente hablando) que siempre está
referido a la posición del cuerpo y a los fenómenos del intracuerpo, siendo
toda representación por tanto una forma global de la conciencia que produce una
necesaria antropomorfización de lo representado.
Las
teorías de la realidad se basaron en los procesos de racionalización y no en
los procesos de representación. La ontología se basa en la correspondencia o no
de la representación y la realidad y pese a esto no se apela en ningún momento
a un sistema de registros, sino a los fundamentos lógicos del pensamiento que
razona sobre la realidad. La argumentación de la verdad tiene que ver con
modelos y paradigmas de razonamiento lógico.
Las
ciencias se han ido fragmentando en un sin fin de categorizaciones taxonómicas
y la especialización a permitido un avance realmente impresionante.
Pero
lo que caracteriza un salto revolucionario en las ciencias, no es un cambio en
las categorías taxonómicas, que son un ante predicativo para las descripciones
y las generalizaciones científicas, sino un cambio en la representación
científica del mundo, y en la cosmo-visión en general, donde todos
los objetos y sucesos científicos quedan reubicados por una alteración de
carácter necesariamente holístico referida principalmente a la noción de
espacio en sí entendida como “el tejido de la realidad”, no como objetividad en
sí, sino como representación del espacio ajustado a la percepción directa o
indirecta de la realidad.
Y esto implica un ajuste en el
criterio de realidad. Pueden verse en los intentos nuevas estructuras de
comprensión emergentes que modifican el criterio de realidad. El espacio
clásico de newton explica muy bien la prácticamente totalidad de los fenómenos
que ocurren en la superficie de la tierra, de modo que no nos hemos visto en la
necesidad de abandonarlo desde un punto de vista cotidiano.
Estas
ideas son del año 1650 aproximadamente, lo que prueba la enorme persistencia
del sustrato cultural, parece que existe en todos nosotros un empirismo
impenitente que nos empuja a una visión pragmática pero ingenua de la realidad.
El
sustrato culturar pone los ante predicativos. Son las cosas que uno tiene en
mente antes de empezar a hablar y refiere a ámbitos copresentes que no sólo
aportan permanentemente los datos en que se sustenta el discurso; la dirección
misma y el alcance del discurso aparecen como un recorrido lineal que escoge
opciones dentro de una franja de datos necesariamente acotados por el ámbito de
copresencias operante.
El
discurso deja de avanzar cuando se topa con una contradicción, cuando no hay
contradicciones se habla de coherencia y la coherencia refiere a la integración
de antítesis y antinomias en un marco estructural.
Cuando nos referimos al término “estructuras de
comprensión” nos referimos a este carácter holístico que opera a nivel de
formas totalizadoras que resuelven tensiones antitéticas y producen registros
de integración en el sustrato cultural.
Pero
destacamos con énfasis que las antítesis, las antinomias y las contradicciones
en general, se resuelven como todas las tensiones en el marco de la
subjetividad, subjetividad que por otra parte ha sido y debe ser negada en el
marco de la experimentación objetiva de la realidad que impone el rigor
científico, con lo cual se produce una situación paradojal.
La
actitud científica consiste precisamente en desprenderse de la influencia de
las representaciones que son traducciones internas, para ajustar lo representado
por medio de la imaginación dirigida a lo que sucede en el espacio de
percepción, sin interferencias personales o subjetivas, lo cual como veremos es
muy discutible.
Lo
que no puede evitarse es que la mirada, en el proceso selectivo de dirigir la
atención, arrastre el bagaje de sus propias copresencias condicionando
cualquier elección.
Esto
no sólo implica orientar la atención para apercibirse de ciertos fenómenos,
sino que apercibir algo es al mismo tiempo desapercibir otras cosas. Es la
imaginación activa del científico la que orienta la selección de opciones, pero
a condición de que tal selección implique el descarte de otras muchas opciones
desapercibidas.
Y
la imaginación dirigida del científico se basa en las copresencias que todo el
tiempo operan como la representación del mundo donde se da la integración o no
de antinomias y contradicciones, lo cual a su vez le permite escoger opciones.
Y en tales copresencias se encuentran los ante predicativos.
Pongamos por caso el
materialismo, que es una postura, como cualquier otra, asumida con anterioridad
a un experimento hipotético, que se intentará demostrar. Hay un materialismo
radical que implica una visión reduccionista extrema, el caso de las teorías
mecanicistas clásicas decimonónicas, donde el físico reduce la experiencia
psicológica del color a un problema de vibraciones electromagnéticas o el
fisiólogo pensamientos y angustia a procesos del sistema nervioso, de tal modo
que los procesos psíquicos (del sujeto estudiado) quedan eliminados de la
cadena causal de los acontecimientos, que se interpretan y entienden como
sucesos independientes del ser (del sujeto y del científico).
Probablemente
como señalaría Einsten, el verdadero materialismo consista precisamente en la
eliminación del ser, que no aparece por ningún lado como eslabón independiente
en las cadenas de relaciones causales. Y esto es así porque en todo momento el
pensamiento materialista se supone conceptualizando la realidad en sí y no la
representación objetivada de la realidad.
Esto
contrasta con la actitud radicalmente distinta del místico, que alcanza niveles
de comprensión de la realidad, en base a su experiencia interna y no sólo no
niega a “el
ser”
en la cadena causal sino que centra en él el origen de la misma estructura mental
que permite comprender toda cadena causal.
En
tanto el científico materialista encuentra una explicación fisiológica
satisfactoria para los fenómenos místicos de iluminación interior, el místico
se orientará hacia la experiencia y su potencial para transformar la conciencia
explicadora del fenómeno.
La
experiencia mística supone para la conciencia un asomarse al laberinto de
modalidades pre-lógicas que caracterizan a los contenidos asociados a
las actividades sub-corticales, contenidos que normalmente “confunden”
a cualquier razonamiento sujeto a la lógica formal. Son formas distintas de
mentar que presuponen organizaciones diferentes de la realidad.
El
científico materialista dirá, respecto a las experiencias místicas, que lo
producido en la subjetividad por una conciencia alterada no es válido
científicamente porque no puede extenderse a la generalidad, no puede ser
objetivado, lo cual es tan cierto como que el cerebro de un Einstein tampoco.
El
término conciencia alterada está sugerido para confrontar con el término
conciencia normal, donde supuestamente “el mundo se observa sin alteración” y
el yo por tanto se ve como funcional para operar en la realidad objetiva.
Pero no se visualiza que la estructura del yo es un
proceso de conciencia que altera la realidad y mucho menos se entiende que toda
estructuración de conciencia implica “per se” una alteración de la realidad.
Porque
se entiende que el grado de realidad personal de la experiencia no se basa, ni
puede basarse, en las explicaciones fisiológicas del caso, sino en sus
registros internos. Pero no estamos hablando del realismo subjetivo del
experimentador, estamos diciendo que el científico busca una explicación
fisiológica de un fenómeno que él se representa de un modo antes de investigar
sobre ello y que esta representación a la cual se integran los nuevos datos
termina resultando en una estructura de comprensión que no se deriva de, sino
que construye la explicación y el sentido mismo de los datos. Es en la
representación del mundo donde se da la integración de datos, no en el mundo.
Subyace la idea de que se puede
construir un acercamiento a la realidad objetiva, en tanto los procesos de la
imaginación dirigida se puedan objetivar al ser contrastados con el rigor del
método experimental que aporta el peso de la pruebas.
De
modo que decir que la ciencia se basa en la razón es en realidad decir que la
ciencia se basa en un modo de razonar que presupone una particular forma de
estructurar la realidad.
La
idea de que la razón se auto sustenta en su consistencia lógica sólo dice que
el mundo de la razón es consistentemente auto sustentado, es decir, efectivo
analíticamente hablando, pero nada dice acerca de acercamiento a la realidad en
sí en cuanto a las representaciones derivadas de ese razonar.
Todos
creemos que la realidad en sí es lógicamente razonable, y este razonamiento
lógico debe conducir a una representación cada vez mas precisa de la realidad.
Pero basta estudiar las paradojas cuánticas que al ser representadas por una
conciencia de mirada macroscópica se visualizan como contradictorias e
incomprensibles, o de la misma teoría de la relatividad con sus curvaturas de
singularidad temporoespacial, para darse cuenta que la realidad en sí no es tan
fácil de representar, aunque deductivamente se puedan comprender sus relaciones
analítico matemáticas.
Entonces
tenemos por un lado que hay una búsqueda de lo verdadero como aproximación a lo
real, en tanto razonamiento lógico que tiene confirmación experimental
científica y aborrece cualquier forma de subjetivismo, cuando éste esta
implicado de forma evidente, claro, puesto que subjetividades siempre hay, se
reconozcan o no.
Por
otro lado la verdad en tanto registro de certeza interior surgida en la
experiencia mística, que al partir de la desautomatización de los procesos
mentales supone la integración de contenidos mentales prelógicos, emergiendo
una estructuración de la realidad completamente diferente a la anterior.
Y en medio todas las
posiciones que se quiera imaginar.
Y
todas padecen la inevitable antropomorfización de la representación humana,
aunque no por esto dejan de tener cierta correspondencia con lo que llamamos
realidad objetiva.
Nosotros
usaremos el término “estructuras de comprensión”, no en el sentido de
comprender la realidad en sí, o de su ajuste al conocimiento de la verdad en
sí.
Lo
usaremos en el sentido de que una estructura de comprensión es unitiva y tiene
sentido totalizador para el sujeto que la estructura como representación del
mundo, independientemente de su ajuste a la verdad objetiva, porque es en dicha
experiencia que se basa su criterio de realidad.
El
hecho es que la vida humana, el registro de la propia vida, se da precisamente
en el mundo de la representación, que es experiencial y es en la representación
del mundo donde se da la integración o desintegración de los contenidos
vitales.
Sobre
todo porque si la felicidad tiene que ver con la integración de contenidos,
cual es el beneficio de aceptar una visión de la realidad que parte de una
comprensión fragmentada, es decir, desintegrada de la propia subjetividad.
La
conciencia integrada asume que la representación formal de un contenido es
diferente según el nivel de conciencia que lo trate, lo alegórico y lo
simbólico coinciden y forman parte de una mirada integral.
Y la búsqueda de
sentido se orienta desde allí.
18 dic 2013
El silencio mental y breve pedido. Bombay, 1980
Vamos a realizar un trabajo para silenciar la mente, para hacer que desaparezcan los ruidos, las imágenes que nos impiden aquietar la mente y el corazón.
Trato de escuchar algo lejano que no alcanzo a oír, para poder escuchar eso lejano, hago silencio y pongo toda mi atención en “ese algo lejano”…
Desde este silencio, pregunto en lo más profundo de mí, ¿Qué es lo que mi vida necesita realmente? Y hago silencio mental, tratando de escuchar las respuestas que van surgiendo y atiendo a esa o esas respuestas que no proceden de una forma habitual de mi propio yo, de mi propia razón, sino que parecen surgir de otro espacio, de un espacio más profundo...
Medito unos instantes sobre lo que mi vida necesita realmente…
En contacto con lo más profundo de mí, pido en mí interior la fuerza necesaria, la paz mental y la alegría para lograr lo que mi vida necesita realmente.
Silo, Bombay 1980
16 dic 2013
Guia de ruta para el viaje por los estados internos
Debes adquirir ahora suficiente percepción de los estados internos en los que te puedes encontrar a lo largo de tu vida y, particularmente, a lo largo de tu trabajo evolutivo. No tengo otra manera de hacer la descripción, que con imágenes (en este caso, alegorías). Éstas, según me parece, tienen por virtud concentrar “visualmente” estados de ánimo complejos. Por otra parte la singularidad de encadenar tales estados, como si fueran distintos momentos de un mismo proceso, introduce una variante en las descripciones siempre fragmentadas a que nos han acostumbrado aquellos que se ocupan de estas cosas.
1. El primer estado, en el que prevalece el sin-sentido (aquel que mencionamos al comienzo), será llamado “vitalidad difusa”. Todo se orienta por las necesidades físicas pero estas son confundidas, a menudo, con deseos e imágenes contradictorias. Allí hay oscuridad en los motivos y los quehaceres. Se permanece en ese estado vegetando, perdido entre formas variables. Desde ese punto se puede evolucionar sólo por dos vías: la vía de la muerte o la de mutación.
2. La vía de la muerte te pone en presencia de un paisaje caótico y oscuro. Los antiguos conocieron este pasaje y casi siempre lo ubicaron “bajo tierra”, o en las profundidades abisales. También algunos visitaron ese reino para luego “resucitar” en niveles luminosos. Capta bien esto de que “abajo” de la muerte existe la vitalidad difusa. Tal vez la mente humana relacione la desintegración mortal con posteriores fenómenos de transformación y, también, tal vez asocie el movimiento difuso con lo previo al nacimiento. Si tu dirección es de ascenso la “muerte” significa un rompimiento con tu etapa anterior. Por la vía de la muerte se asciende hacia otro estado.
3. Llegando a él se encuentra el refugio de la regresión. Desde allí se abren dos caminos: el del arrepentimiento y aquel otro que sirvió para el ascenso, es decir: el camino de la muerte. Si tomas el primero es porque tu decisión tiende a romper con tu vida pasada. Si regresas por el camino de la muerte recaes en los abismos con esa sensación de círculo cerrado.
4. Ahora bien, te dije que había otro sendero para escapar de la vitalidad abismal, ese era el de la mutación. Si eliges esa vía es porque quieres emerger de tu penoso estado pero sin estar dispuesto a abandonar algunos de sus aparentes beneficios. Es pues un falso camino conocido como de la “mano torcida”. Muchos monstruos han salido de las profundidades de ese tortuoso pasadizo. Ellos han querido tomar los cielos por asalto sin abandonar los infiernos y, por tanto, han proyectado en el mundo medio infinita contradicción.
5. Supongo que, ascendiendo desde el reino de la muerte y por tu consciente arrepentimiento, has arribado ya a la morada de la tendencia. Dos delgadas cornisas sostienen tu morada: la conservación y la frustración. La conservación es falsa e inestable. Caminando por ella te ilusionas con la idea de permanencia pero en realidad desciendes velozmente. Si tomas el camino de la frustración tu subida es penosa, aunque única-no-falsa.
6. De fracaso en fracaso puedes llegar al próximo descanso al que se llama “morada del desvío”. Cuidado con las dos vías que tienes ahora por delante: o tomas el camino de la resolución, que te lleva a la generación, o tomas el del resentimiento que te hace descender nuevamente hacia la regresión. Allí estás plantado frente al dilema: o te decides por el laberinto de la vida consciente (y lo haces con resolución), o regresas resentido a tu vida anterior. Son numerosos los que no habiendo logrado superarse cortan allí sus posibilidades.
7. Pero tú que has ascendido con resolución te encuentras ahora en la posada conocida como “generación”. Allí tienes tres puertas: una se llama “Caída”, otra “Intento” y la tercera “Degradación”. La Caída te lleva directamente a las profundidades y sólo un accidente externo podría empujarte hacia ella. Es difícil que elijas esa puerta. Mientras que aquella de la Degradación te lleva indirectamente a los abismos, desandando caminos, en una suerte de espiral turbulento en el que reconsideras de continuo todo lo perdido y todo lo sacrificado. Este examen de conciencia que lleva a la Degradación es, por cierto, un falso examen en el que subestimas y desproporcionas algunas cosas que comparas. Tú cotejas el esfuerzo del ascenso con aquellos “beneficios” que has abandonado. Pero, si miras las cosas más de cerca, verás que no has abandonado nada por este motivo sino por otros. La Degradación comienza pues falseando los motivos que, al parecer, fueron ajenos al ascenso. Yo pregunto ahora: ¿Qué traiciona a la mente? ¿Acaso los falsos motivos de un entusiasmo inicial? ¿Acaso la dificultad de la empresa? ¿Acaso el falso recuerdo de sacrificios que no existieron, o que fueron impulsados por otros motivos? Yo te digo y te pregunto ahora: tu casa se incendió hace tiempo. Por ello decidiste el ascenso, ¿o ahora piensas que por ascender aquella se incendió? ¿Acaso has mirado un poco lo que sucedió a otras casas de los alrededores?... No cabe duda que debes elegir la puerta media.
8. Sube por la escalinata del Intento y llegarás a una cúpula inestable. Desde allí, desplázate por un pasillo estrecho y sinuoso que conocerás como la “volubilidad”, hasta llegar a un espacio amplio y vacío (como una plataforma), que lleva por nombre: “espacio-abierto-de-la-energía”.
9. En ese espacio puedes espantarte por el paisaje desierto e inmenso y por el aterrador silencio de esa noche transfigurada por enormes estrellas inmóviles. Allí, exactamente sobre tu cabeza, verás clavada en el firmamento la insinuante forma de la Luna Negra... una extraña luna eclipsada que se opone exactamente al Sol. Allí debes esperar la alborada, paciente y con fe, pues nada malo puede ocurrir si te mantienes calmo.
10. Podría suceder en tal situación que quisieras arreglar una salida inmediata de allí. Si tal ocurre, podrías a tientas encaminarte a cualquier lugar con tal de no esperar el día prudentemente. Debes recordar que todo movimiento allí (en la oscuridad), es falso y genéricamente es llamado “improvisación”. Si, olvidándote de lo que ahora menciono, comenzaras a improvisar movimientos ten la certeza que serías arrastrado por un torbellino entre senderos y moradas hasta el fondo más oscuro de la disolución.
11. ¡Qué difícil resulta comprender que los estados internos están encadenados unos a otros! Si vieras qué lógica inflexible tiene la conciencia, advertirías que en la situación descripta quien improvisa a ciegas fatalmente comienza a degradar y a degradarse; surgen después en él los sentimientos de frustración y va cayendo luego en el resentimiento y en la muerte, sobreviniendo el olvido de todo lo que algún día alcanzó a percibir.
12. Si en la explanada logras alcanzar el día surgirá ante tus ojos el radiante Sol que ha de alumbrarte por vez primera la realidad. Entonces verás que en todo lo existente vive un Plan.
13. Es difícil que caigas desde allí salvo que voluntariamente quieras descender hacia regiones más oscuras para llevar la luz a las tinieblas.
No es valioso desarrollar más estos temas porque sin experiencia engañan, trasladando al campo de lo imaginario lo realizable. Que sirva lo dicho hasta aquí. Si lo explicado no te fuera útil qué podrías objetar, ya que nada tiene fundamento y razón para el escepticismo, próximo a la imagen de un espejo, al sonido de un eco, a la sombra de una sombra.
"Los Estados Internos, capítulo XIX - El Mensaje de Silo
12 dic 2013
8 dic 2013
El viaje de Vogler, estructura del mito
Christopher Vogler es el autor de la denominada Biblia de la industria del cine, cuyo título es “El viaje del escritor”. El viaje del escritor es el viaje de Vogler a través de más de diez mil guiones analizados para la industria del cine.
Vogler es considerado como un gurú, pero no solo por guionistas de cine, sino también por guionistas de televisión, dramaturgos y, en general, por escritores de ficción de todo el mundo.
“El viaje del escritor” es el viaje de Vogler a través de más de 10.000 guiones analizados para la industria del cine. El armazón de los mitos que subyacen en tantas historias como han pasado por sus manos, lo extracta Vogler en las doce etapas que puede atravesar el héroe de cualquier historia en su viaje. Dice Vogler:
1.- El mundo ordinario. Los héroes se nos presentan a menudo en su «mundo ordinario», donde reciben…
2.- La llamada de la aventura.
3.- Inicialmente el héroe muestra reticencias o bien rechaza la llamada, pero
4.- Un mentor (figura por lo general positiva que ayuda o instruye al héroe), le anima a:
5.- Cruzar el primer umbral e internarse en el «mundo especial», donde encontrará
6.- Pruebas, aliados y enemigos
7.- Aproximación a la caverna más profunda, cuya entrada es el segundo umbral y tras el que comienza su…
8.- Odisea o calvario. Durante su estancia en la caverna más profunda, el héroe busca y obtiene su…
9.- Recompensa, o «apoderarse de la espada», como explica Vogler. Después, el héroe debe emprender
10.- El camino de regreso al «mundo ordinario», durante el que no está exento de peligros y con frecuencia, es perseguido.
11.- Regresar es, para Vogler, cruzar un tercer umbral, un camino de «resurrección», que certifica la transformación experimentada por el héroe protagonista
12.- El héroe ha regresado con el «elixir», una bendición o un tesoro del que se beneficiará en su «mundo ordinario»
No debemos tomar el viaje de Vogler por miles de guiones como una estructura rígida, sino más bien como una estructura redonda, completa, íntegra sobre todos los elementos que cabe encontrar en una buena historia, definidos por etapas, no necesariamente cronológicas, pero sí lógicas.
Además, no todas las historias deben hacer pasar a sus «héroes» por todas esas etapas para ser buenas historias, y otras veces lo hacen tan solo para recortar flecos y cerrar hilos de pensamiento que pueden distraer al lector/espectador de los mensajes verdaderamente importantes contenidos en la historia; y también por una cuestión de estilo: porque los flecos sin cortar o mal cortados afean las mejores historias.
La lógica invita y recomienda, insistente y encarecidamente, que volvamos sobre Vogler más adelante.
El viaje de Vogler, estructura del mito
Víctor J. Sanz
Vogler es considerado como un gurú, pero no solo por guionistas de cine, sino también por guionistas de televisión, dramaturgos y, en general, por escritores de ficción de todo el mundo.
“El viaje del escritor” es el viaje de Vogler a través de más de 10.000 guiones analizados para la industria del cine. El armazón de los mitos que subyacen en tantas historias como han pasado por sus manos, lo extracta Vogler en las doce etapas que puede atravesar el héroe de cualquier historia en su viaje. Dice Vogler:
1.- El mundo ordinario. Los héroes se nos presentan a menudo en su «mundo ordinario», donde reciben…
2.- La llamada de la aventura.
3.- Inicialmente el héroe muestra reticencias o bien rechaza la llamada, pero
4.- Un mentor (figura por lo general positiva que ayuda o instruye al héroe), le anima a:
5.- Cruzar el primer umbral e internarse en el «mundo especial», donde encontrará
6.- Pruebas, aliados y enemigos
7.- Aproximación a la caverna más profunda, cuya entrada es el segundo umbral y tras el que comienza su…
8.- Odisea o calvario. Durante su estancia en la caverna más profunda, el héroe busca y obtiene su…
9.- Recompensa, o «apoderarse de la espada», como explica Vogler. Después, el héroe debe emprender
10.- El camino de regreso al «mundo ordinario», durante el que no está exento de peligros y con frecuencia, es perseguido.
11.- Regresar es, para Vogler, cruzar un tercer umbral, un camino de «resurrección», que certifica la transformación experimentada por el héroe protagonista
12.- El héroe ha regresado con el «elixir», una bendición o un tesoro del que se beneficiará en su «mundo ordinario»
No debemos tomar el viaje de Vogler por miles de guiones como una estructura rígida, sino más bien como una estructura redonda, completa, íntegra sobre todos los elementos que cabe encontrar en una buena historia, definidos por etapas, no necesariamente cronológicas, pero sí lógicas.
Además, no todas las historias deben hacer pasar a sus «héroes» por todas esas etapas para ser buenas historias, y otras veces lo hacen tan solo para recortar flecos y cerrar hilos de pensamiento que pueden distraer al lector/espectador de los mensajes verdaderamente importantes contenidos en la historia; y también por una cuestión de estilo: porque los flecos sin cortar o mal cortados afean las mejores historias.
La lógica invita y recomienda, insistente y encarecidamente, que volvamos sobre Vogler más adelante.
El viaje de Vogler, estructura del mito
Víctor J. Sanz
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