30 may. 2008

PALABRAS A LOS ESTUDIANTES Y PROFESORES DE FILOSOFIA, PSICOLOGÍA Y PEDAGOGÍA

Extracto de conferencia magistral dictada por Silo* en el Instituto de Enseñanza Superior José Ignacio Tello de JUJUY (Argentina) a alumnos de Filosofía, Psicología y Pedagogía. San Salvador de Jujuy 30/10/95.

...En estas Jornadas se ha creado un espacio de reflexión científica y filosófica. Podemos suponer que por este solo hecho crecemos en nuestro conocimiento. Me parece, sin embargo, que con tal postura estamos emplazados en un ámbito similar al del deporte que se realiza sin atender a sus consecuencias, al del arte que se ejecuta por delectación estética y al de la Filosofía, tomada en su sentido clásico de "amor a la sabiduría". Si, en cambio, estas discusiones han tenido y tienen por objetivo buscar soluciones prácticas a problemas concretos, pienso que las ideas en debate deben contribuir a la comprensión de la situación que nos toca vivir y a la evaluación de medios disponibles o posibles para modificar dicha situación. Se comprende, por otra parte, que no estamos descalificando el conocimiento especulativo ni pretendiendo su subordinación al saber práctico. Estamos tratando de aclarar intereses, de fijar el punto de vista desde el cual se encaran estos diálogos. Por otra parte, ya no es tiempo de seguir anclados en el aforismo medieval según el cual, simplemente, "de la discusión nace la luz".
La situación que hoy toca vivir a los profesionales y estudiantes de Filosofía, Psicología y Pedagogía no es ajena al contexto social. Y aquel que quisiera separarse de él y abocarse estrictamente a su particular disciplina debería recordar que sus estudios están organizados según parámetros establecidos por un Ministerio, que se realizan en instituciones y que se ejercitan posteriormente en ámbitos también fijados de antemano. Se trata del aprendizaje, enseñanza y aplicación de conocimientos en el interior de un Sistema. Naturalmente, conforme sea la dinámica y el cambio de intereses de ese sistema, así serán las vicisitudes que sufran estos estudiantes y profesionales.
Por otra parte, los institutos de enseñanza y las universidades tienen por finalidad capacitar a las nuevas generaciones para que desarrollen técnicas y conocimientos acordes con las exigencias del momento social. Y, de ese modo, se van formando cuadros cada vez más especializados, cada vez más regidos no por ordenamientos epistemológicos sino por los parámetros que imponen las necesidades del sistema. De todas formas, tal situación no me parece reprobable sino que, en todo caso, me hace reflexionar sobre las falsas necesidades que bien pueden ser impulsadas desde el poder (político, económico, cultural, etc.), sin atender a las verdaderas necesidades del contexto social y de la personalidad individual.
La proliferación de profesiones y especializaciones en el momento actual nos muestra por una parte la crisis de un tipo de saber que rigió durante mucho tiempo; por otra, la aparición de nuevos intereses, preocupaciones y urgencias. La información se diversifica y amplía y es necesario ordenar, clasificar y definir conocimientos y ámbitos de adquisición y aplicación de los mismos. Simultáneamente a este proceso, se van priorizando algunas profesiones y relegando otras.
Estamos ya muy lejos de aquellas épocas en que la Filosofía era "la madre de todas las ciencias". Ese proceso de emancipación comenzó hace tiempo y hoy se llega a la situación en que la misma Filosofía parece desconocer sus objetivos. Sabemos que la profesionalidad de la Filosofía, es un hecho más o menos reciente. Antes de Kant el filósofo no era un profesional en el sentido de hoy. Desde luego que numerosos pensadores no han partido de las aulas, pero debemos reconocer que el conocimiento sistemático de las materias que capacitan a nuestros estudiantes es hoy ineludible. Por otra parte, reconocemos la diferencia entre un profesor de filosofía y un filósofo, de la misma manera que lo hacemos entre un profesor de artes plásticas y un artista. Y todos aspiramos a que un profesional del pensar desarrolle su potencial de pensador así como deseamos que todo profesor de artes mejore su sensibilidad e intente, cuando menos, algún paso de creatividad artística. Pero, finalmente, el proceso de diversificación y especialización que se da en el mundo profesional en general, también se observa en el interior de la Filosofía en cuanto profesión y aquí comprobamos un prestigio creciente de la Lógica, que lleva al especializado análisis del lenguaje, en detrimento de la Metafísica, relegada al campo de las "inconsistencias" toleradas desdeñosamente por algunas corrientes académicas. Tampoco este proceso me parece reprobable, sino que, en todo caso, me hace reflexionar sobre las falsas necesidades del pensar filosófico que bien pueden estar manipuladas por las cúpulas que dan dirección a este sistema, sin atender a las reales necesidades del contexto social, del pensar profundo y de la personalidad individual.
Si es que el estudiante o el docente de Filosofía y disciplinas conexas se aboca lucidamente a su tarea debe preguntarse a qué sirven sus esfuerzos; qué pretende lograr con ellos y qué posibilidad tiene de lograr resultados adecuados a sus fines. Si el actor de tales actividades piensa que está haciendo uso, v.gr., de un instrumental interpretativo de la realidad, tendremos consecuencias diferentes a si piensa que dicho instrumental debe ponerse al servicio de la transformación de la realidad. Las condiciones están fijadas de tal manera que el estudiante y el profesional de la Filosofía o se atiene a los parámetros fijados, o reflexiona más allá de ellos. En realidad estamos reclamando una actitud que va más allá (o más acá) del profesionalismo y que nos pone en presencia del ser humano que se pregunta lucidamente por el sentido de su vida y de su acción, y por las condiciones en que quiere vivir.
Así pues, si se piensa a esta actividad como una disciplina que sirve al ser humano y que mejora su existencia, es ineludible la propuesta por las mejores condiciones de vida que puede crear este ejercicio y por la lucha contra las condiciones que desmejoran la existencia. Y esto se hace aún más patente cuando nos referimos a disciplinas tales como la Psicología y la Pedagogía.
Cuáles son los criterios a utilizar para aclarar términos como "mejoramiento de la existencia" o "mejoramiento de la vida"? Si se piensa que un determinado tipo de economía es el fundamento del mejoramiento de la vida, entonces la Filosofía tendrá que dedicarse a interpretar y justificar a esa economía, la Psicología deberá ocuparse en adaptar a los ciudadanos a esa economía y la Pedagogía deberá perfeccionar métodos para enseñar clara y convincentemente los puntos educativos básicos que pretende esa economía. Ya hemos conocido la postura economicista que se limitó a tomar a esas disciplinas como técnicas anexas de propaganda y que hoy, en otra variante economicista, las considera de alguna utilidad si demuestran su eficiencia al ser aplicadas a la empresa.
Si, en cambio, se toma como valor central al ser humano los términos comienzan a invertirse empezando por la Economía (en griego: oikonomia, es decir, la mayordomía en la administración de una casa). Esta Economía, entonces, pierde su carácter rector y se pone, como una técnica más, al servicio de la sociedad. Porque a nadie escapa que la Economía no tiene el carácter de ciencia rectora sino de técnica aplicada que requiere una orientación precisa externa a ella misma. Así, en este momento, parece oportuno recordar la distinción entre episthmh y tecnh.
En este punto quisiera hacer una corta digresión refiriéndome a la crisis de la Ciencia en general. Todos sabemos que la época de los grandes sistemas ha pasado: tanto en Matemáticas, como en Física, como en Filosofía. Sin embargo la tecnología continúa avanzando a gran velocidad y ello muestra que en la etapa actual no son necesarias aquellas grandes construcciones ni aquellos grandes constructores. Nos basta con aprovechar sus principios y aplicarlos; nos basta con aquellos que nos enseñan cómo usarlos. Y esto no lo digo con nostalgia sino, más bien, en preparación del terreno de las épocas que vienen, épocas que han de requerir nuevos fundamentos del pensar y de la acción, hoy perdidos en el fárrago de la desestructuración general. Los filósofos, psicólogos y pedagogos actuales tal vez comienzan a experimentar que la "terra incgnita se otea" y que esa tierra desconocida es la de un nuevo pensamiento y una nueva acción.
Volviendo a nuestro tema.
Un sistema en el que todo se rige por las leyes de mercado, es un mercado. Hoy se tiende a hacer supermercados de las grandes regiones culturales, mercados de las naciones y minimercados de las familias. En este juego de fuerzas entre productores y consumidores no hay lugar para una comunidad organizada en base a otros criterios. Y si los institutos de enseñanza no se ajustan a las exigencias de ese mercado, serán privatizados porque de otra manera producirán pérdidas al Estado. De acuerdo e esa lógica, ninguna empresa privada montará una escuelita de campaña en donde no haya mercado suficiente. Qué empresa va a equipar a la nueva universidad si el poder adquisitivo de los estudiantes es tan limitado? Habrá que reducir planteles: de estudiantes, de profesores y de empleados administrativos. Y si ese lugar cuenta con una capa medianamente solvente, entonces se montará ese instituto de enseñanza exclusivo y restringido que habrá de capacitar a esa minoría. Por lo demás, ese Estado no se hará responsable del resto de la población. Para qué existe entonces ese Estado? Los humanistas pensamos que ese Estado cobarde debe ser suplantado por otro que se haga cargo de las responsabilidades tantas veces declamadas. Ese Estado deberá disponer de un presupuesto importante para Educación y Salud, básicamente, y las supuestas "leyes de mercado" tendrán que supeditarse a las necesidades del pueblo. Bienvenidos los centros de estudio privados y los centros de salud privados en un sistema en el que la enseñanza y la salud son públicas y gratuitas. Nadie impedirá a los primeros hacer su negocio, ni que las capas más solventes sigan adelante con sus instituciones pagas. Entonces, hablaremos de una competencia real sin sentimientos de inferioridad respecto de la cháchara y la supuesta eficiencia privatista.
Y en cuanto a la salida laboral en la que rige el modelo de la empresa privada ya sabemos cuáles son las consecuencias en materia de desempleo y recesión. El tema no pasa por lo que hoy hay, sino por lo que debe haber: esto es el aumento prioritario de la productividad social y la gestión común de los factores de la producción en la dirección del proceso productivo... Pero todo esto, aunque refleje nuestras preocupaciones y se refiera a las necesidades inmediatas, nos lleva a un campo digno de ser considerado en futuras exposiciones y en futuros debates.
Espero que, en estas Quintas Jornadas y frente a otras propuestas, haya quedado esbozada la posición del Nuevo Humanismo.
Nada más. Muchas gracias.
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*Silo: Seudónimo literiario de Mario Luis Rodriguez Cobos. Nació en Mendoza (Argentina) el 6 de enero de 1938. Desde hace más de 15 años vive con su mujer y sus dos hijos en Chacras de Coria, un pueblo de los alrededores de Mendoza. Hace algunos años se retiró de la explotación agrícula para dedicarse completamente a la producción intelectual. El 6 de octubre de 1993 la Academia de Ciencias de Rusia le otorgó el título de Doctor Honoris Causa "por sus aportes al Humanismo contemporáneo".

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