20 ago. 2011

PARA UNA TEORIA SOBRE LA MOTIVACION DE LA ACTIVIDAD HUMANA



Hay quienes consideran erróneamente al registro de tensión como sentido de la vida; y a la distensión como sin-sentido. Hay quienes dicen cosas como estas, por ejemplo: si no hay algo que me de tensión, si no hay algo que haciéndolo me vaya a producir un resultado, si no hay algo de lo que no tenga este registro, nada entonces me moviliza porque nada tiene sentido. Y parece que el sentido, para esta especial configuración de conciencia, tuviera que ver con las tensiones.
Y es paradójico, porque al poco tiempo encontramos a ése de las tensiones, que busca sentido con un sin-sentido extraordinario, porque vive tenso y no puede soltar esa tensión; es sin duda una trampa de la mente. La tensión de la posesión, del resultado, como aparente movilizadora del registro de sentido es: ilusión.
Si examinamos de cerca esto que nos dicen de que, si no tengo tensión, si no espero algún resultado entonces nada tiene sentido; si examinamos más de cerca esto que se dice cuando se afirma: el sentido está puesto no en lo que se hace, sino en lo que se recibe por hacer; si examinamos de cerca esto, vamos a ver que tal sentido no tiene nada que ver con especulaciones metafísicas. El sentido, el llamado sentido o el llamado sin-sentido en las actividades humanas poco tiene que ver con las ideas. El llamado sentido y el llamado sin-sentido tienen que ver, sobre todo, con la inversión de energía y la relación de esa inversión de energía con lo que se obtiene de esa aplicación. Así que examinando esto de cerca y haciendo algunos experimentos, observamos lo siguiente: se le dice a una persona que está en un total sin-sentido, hágame usted el favor de abrir esa puerta, y esta persona, que está en total sin-sentido, abre la puerta. ¿Por qué no habría de abrirla?, total está en el sin-sentido, le da lo mismo abrir la puerta que no abrirla. Así como está en el sin-sentido y entonces nada la moviliza para abrir la puerta, tampoco nada la impide abrir la puerta; estamos pues, en las mismas.
Si hay sin-sentido, señal de que no hay problemas por moverse ni por no moverse. Veámoslo más de cerca. Ahora le pedimos a éste del sin-sentido, no que abra la puerta, sino que se dedique durante cinco años seguidos a una investigación muy costosa, muy trabajosa, ¿y qué nos va a decir?, que no, que como se va a dedicar cinco años a una investigación muy costosa y muy trabajosa si eso no tiene sentido para él. Y entonces, examinando las cosas más de cerca, vemos que esto del sentido o del sin-sentido poco tiene que ver con las ideas, sino más bien con la inversión de energía y la esperanza por los resultados. Porque claro, no hay ningún problema para abrir la puerta, porque no hay mucho esfuerzo. Pero en cambio, esto de mantener un esfuerzo repetidamente y a lo largo de años, y creer, pensar, suponer que no se va a obtener tal resultado, entonces claro, lógicamente no va a tener sentido moverse en esa dirección, por cuanto el resultado no está a la vista, por cuanto aquel resultado no va a satisfacer las expectativas puestas.
De tal manera que con la puerta, no hay problema de sentido, y si hay problema de sentido con la expectativa, con la recepción, con aquello que se espera del objeto.
Entonces esto del sentido y del sin-sentido puesto como categoría máxima de la movilización de las actividades humanas, esto es falso.
Y sucede que muchas personas ponen por encima de todas las actividades, por encima de todos los registros, esta especie de slogan, esta especie de cosa hueca que es el sentido y el sin-sentido. Y cuando uno examina esto de cerca ve que no existe tal sentido o tal sin-sentido, sino que existe una cosa muy diferente, que es el registro de las tensiones, la necesidad de tales tensiones para movilizar actividades; la distensión que provoca algo y el registro de la gratificación por esta distensión; la inversión de trabajo tenso para obtener un resultado, siendo que este resultado no se obtiene y hay una pérdida de energía; esto es lo que vemos. Pero no vemos esto del sentido o el sin-sentido; vemos un problema de energía, de trabajo, de obtención de respuestas frente al trabajo invertido; vemos un problema de registros, de tensiones, de distensiones placenteras, de imposibilidad en las tensiones, de imposibilidad en las descargas de las tensiones, y así siguiendo.
Pero esto del sentido y el sin-sentido poco tiene que ver con los registros, es una configuración superestructural como tantas otras. La necesidad es una fuente movilizadora de actividades humanas, y la necesidad no pregunta por el sentido. Por otra parte, la necesidad es incapaz de configurar sentido. Se tiene necesidad y se hace por necesidad. Pero tampoco la necesidad da sentido. El sentido nunca aparece realmente, siempre es un fantasma y una sombra; igual que el sin-sentido, que se desliza climáticamente, como todo fantasma. De manera que la necesidad es movilizadora de actividad, sin duda, y esto no se discute; pero no es dadora de sentido.
Viendo las cosas así, todo termina con la muerte y esto trae a una persona la sensación del sin-sentido, ¿cómo es posible que si todo termina con la muerte y todo trae la sensación de sin-sentido, cómo es posible sin embargo que se movilicen diversas actividades, siendo que esta muerte frustra todas estas actividades, siendo que todo lo que se hace no va a ser logrado, siendo que todo lo que se tiene va a perderse, siendo que muchas cosas que se aspiran no van a poder ser cumplidas, cómo es sin embargo posible que se movilicen las actividades humanas?. Las actividades humanas se movilizan por cosas diferentes al sentido. Y ni aún la muerte puede paralizar las actividades humanas que son el reflejo de las actividades de la vida. Y ni aún la muerte puede paralizar las actividades de la mente. La mente es la dotadora de sentido, en otros aspectos. Pero claro, la mente es dotadora de sentido cuando su registro de los objetos no tiene nada que ver con valoraciones sobre los objetos, sino valoraciones sobre su propia actividad. Esto es complicado. Digamos así. Ustedes saben que existen distintas producciones humanas. Se dirá, hay distintas actividades humanas que no responden a necesidades y que sin embargo, la gente las hace. Pero si la gente las hace es porque al hacer una cosa se le provoca una tensión, al hacer otra cosa se le provoca una distensión: porque una cosa provoca placer, otra cosa le provoca displacer; una cosa le provoca sufrimiento y así siguiendo. Entonces uno ve que las actividades humanas en realidad están movidas por los objetos y que uno hace simplemente el registro de los objetos. Esto es ver las actividades de los centros al revés. Los centros van hacia afuera en su disparo, no van desde el mundo hacia adentro. Confundimos el registro con la actividad.
Sucede que hay distintas producciones humanas que en realidad la gente hace porque los objetos mismos con los que opera esta gente, son simplemente vehículos de descarga de tensiones. Es decir, hay personas que realizan actividades y estas actividades las realizan no para esperar algo del objeto, no porque el objeto de un determinado tipo de placer en cuanto tal; el objeto no tiene nada que ver con esto. Estas personas realizan actividades en el mundo y van hacia los objetos por un motivo muy diferente, porque al hacer, descargan sus tensiones y el objeto, entonces, no tiene valores en sí, sino que los objetos para estas personas, son nada más que un punto de aplicación de su propia energía. Y se aplican a los objetos sin darle valoración a los objetos; ese es un caso, por lo menos.
Hay otro caso. El caso en que se hacen, se realizan actividades en el mundo, porque al realizar determinadas actividades, se va configurando en la estructura mental toda una unidad. Es decir, que se van haciendo cosas en el mundo, también en este caso, sin importar los objetos. Se van haciendo cosas en el mundo, no por descargar tensiones; en este caso se van haciendo operaciones en el mundo porque es un modo de ir integrando los propios contenidos. Y esta integración de los contenidos internos, y esta continua perspectiva que se va teniendo de los distintos procesos, usan al mundo como referencia, pero en este caso la valoración no está puesta en el mundo.

Normalmente, se pone en los objetos los valores. Se cree, mucha gente cree, que los valores están en las cosas; que una cosa es más valiosa que otra en sí; que una cosa está bien y una cosa está mal. Mucha gente cree que los valores existen en las cosas. Y en realidad los valores están puestos por la mente. Algunos, llevándolo al campo económico, creen que los valores tienen que ver, por ejemplo, con la escasez. Pero todavía no explican el sugestivo valor de ciertos metales que -si bien es cierto tiene que ver con la escasez- tiene que ver sobre todo con sus brillos, su textura, su resonancia interna, su peso, su cualidad, más que con el valor en sí, el valor puesto. Así que esto de los valores en los objetos, esto de toda una axiología, de una teoría de los valores puesta en las cosas, esto, es ilusorio.
Volviendo a nuestro problema de las movilizaciones de actividades en el mundo, no debemos ver las cosas, me parece, tan primariamente, y creer que uno se mueve si las cosas le dan cierta tensión, si las cosas le provocan cierto placer, si vale más la pena una cosa que otra. Sí, esto sucede en algunos casos, pero en otros casos las actividades humanas se lanzan al mundo como descarga de las tensiones internas, considerando al mundo como aplicación de las propias cargas. Y entonces es una forma, este moverse en el mundo, es una forma en que el siquismo se abre paso, y este siquismo va construyendo al mundo a su imagen y semejanza. Y es el avance de la conciencia y de la mente sobre el mundo, el que lleva a esta actividad, sin importar considerablemente los objetos. Esto que va pasando en el mundo, que el mundo se va haciendo cada vez más humano, se va humanizando; esto de que el mundo cada vez va reflejando más la actividad de la mente humana, nos revela que es la mente la que considera al mundo como su punto de aplicación. Y nos revela que es la mente la que no considera a los valores como puestos en los objetos, sino que es la mente la que pone los valores en el mundo, es la que da categorías, es la que establece relaciones, es la que amplía su expansión. Es la mente entonces, la que utiliza al mundo como su punto de aplicación. Y muchas de las actividades humanas tienen que ver, primariamente, con la descarga de estas tensiones hacia el mundo. Pero, en mayor profundidad, muchas actividades humanas se explican por la configuración interna que va haciendo la propia mente al aplicarse en el mundo.

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