7 feb. 2018

Una nueva espiritualidad: única manera de salir de la crisis por la que el mundo está pasando

Apartes del articulo "Una mirada a nuestro proceso conjunto", de Fernando Alberto García. Publicado  en Pressenza, 12.09.2010 - Buenos Aires.
...Desde el alba de la historia humana, las civilizaciones surgieron, se desarrollaron y declinaron en un relativo aislamiento. A lo largo del tiempo los contactos entre ellas fueron aumentando gradualmente. Así los pueblos y sus culturas se relacionaron entre sí básicamente por el comercio, la guerra, la conquista y la migración.
La tecnología fue impulsando tal comunicación e interacción de manera lenta pero incesante, y esto se fue acumulando y acelerando en el transcurso de los siglos. En este ultimo siglo ya no queda pueblo o cultura que pueda quedar aislado del resto en este proceso de mundialización. El mundo se está haciendo uno. Todos los pueblos y culturas están interrelacionados e interconectados en una red planetaria. Esta condición única en la historia de la humanidad, y su correlato en la conciencia, hace que estemos cerca de un salto hacia un nuevo paso evolutivo del ser humano.
Pero esto no está ocurriendo sin problemas. Las crisis de cambio también pueden estar acompañadas por erupciones de violencia de distinto tipo. Las guerras convencionales, los accidentes nucleares, los desbordes sociales, las guerras civiles, las secesiones, el colapso de sistemas financieros y productivos, interrupción de los servicios básicos (agua, electricidad, transporte, etc.), y mucho desequilibrio mental e incluso suicidios: nada puede ser descartado en una situación mundial inestable que nadie controla.
¿Qué podemos hacer nosotros para evitar esto? Casi nada. No tenemos ni los medios ni el poder de evitar estos desafortunados eventos. Son parte integral de la agonía de un mundo deshumanizado. Sin embargo, dentro de condiciones limitadas, podríamos tener una cierta influencia que puede impedir o disminuir casos de violencia. De todos modos, nuestro objetivo principal no es sostener o emparchar un sistema violento que se cae por sí solo, sino intentar convertirnos en guías positivos en la transición hacia un nuevo mundo.
Los individuos en su ciclo vital van creciendo, pasando de una etapa vital a otra, y cada cambio de etapa vital es acompañado por una crisis. Esto se debe a que hay un cambio de necesidades de desarrollo. Lo viejo ya no funciona, mientras que lo nuevo aún no está consolidado. La transición de una etapa a otra es en cierta medida dolorosa, porque mientras lo antiguo ya no nos resulta atractivo o ya no funciona como antes, lo nuevo todavía es incierto o incipiente. Aun cuando se estuviera apegado a lo antiguo, el cambio es inevitable. El ser humano en esa transición tiene un pie apoyado sobre cada etapa, la vieja y la nueva. Esta posición es inestable ya que la brecha entre las dos etapas tiende a crecer inevitablemente, no dejando más alternativa que abandonar el pasado.
Hoy en día, así como sucede con los individuos, también los pueblos y las culturas están atravesando un proceso de cambio global y acelerado. Van perdiendo su identidad original al incorporar modelos, productos y usanzas que se originaron en paisajes ajenos. Lo viejo ya no funciona, mientras que lo nuevo es aún imperceptible o dudoso. El mundo viejo ha desaparecido, mientras que el nuevo sólo puede ser entrevisto o anhelado. Nada de lo viejo puede dar una respuesta mundial para construir el futuro que se avecina, ya que lo viejo fue formado en el pasado y fue parte integral del mismo.
Como ocurre con los cambios sistémicos, será inútil pretender que se produzca el cambio emparchando lo viejo, o por un humanitarismo que no acomete la raíz congénita de la violencia, o por reciclar lo viejo presentándolo como si fuera nuevo. También será inútil la ilusión de que una organización, partido o gobierno del mismo sistema pueda cambiarlo integralmente en su raíz. El sistema violento deberá necesariamente desarticularse para dar lugar a lo nuevo que se diferencia esencialmente de él.
No se logrará gestar lo nuevo a partir de una sensibilidad vieja, de una forma mental o mentalidad obsoletas, que han sido la esencia de lo viejo y que, precisamente, son las que llevaron al sistema a su necesaria etapa de agotamiento y fracaso, no sólo en la organización social sino, y sobre todo, en el corazón de los hombres y mujeres buenos.
Como ocurrió antes en la historia de la humanidad, una nueva civilización será preanunciada por el alba de una nueva espiritualidad. Esta nueva espiritualidad será el germen del nuevo mundo que luego empezará a percibirse y tomar forma. Pero para que este germen crezca y fructifique deberá ser una verdadera espiritualidad.
¿Qué es la verdadera espiritualidad? La verdadera espiritualidad, como el sentimiento religioso, no depende de templos y sacerdotes, de los dioses y sus estatuas. Una persona puede ser espiritual sea que crea o no crea en dios, sea que adhiera a un credo en particular o no. Como explicó Silo, la verdadera espiritualidad “no es la espiritualidad de la superstición, no es la espiritualidad de la intolerancia, no es la espiritualidad del dogma, no es la espiritualidad de la violencia religiosa, no es la pesada espiritualidad de las viejas tablas ni de los desgastados valores”.
La verdadera espiritualidad es tratar de mejorar como seres humanos, al tiempo que ayudamos a que otros mejoren como tales. Mejorar como seres humanos significa, en primer lugar, superar el dolor y el sufrimiento en nosotros mismos y en los demás; significa superar la propia violencia y rebelarse ante la violencia que nos rodea. Pero no se agota con esto. Mejorar como seres humanos significa también aprender sin límites, es amar la realidad que construimos: es humanizarnos y humanizar, develando el Sentido más elevado de la vida. Y la fuente de la sabiduría y la inspiración para todo esto, no está alejada de nosotros; sino que está en la profundidad más íntima de nuestra propia conciencia.
Esta nueva espiritualidad es la única manera de salir de la crisis por la que el mundo está pasando. El cambio del que hablamos no podrá surgir de ningún movimiento u organización sin una nueva mística social, sin una nueva espiritualidad que aliente e inspire un cambio esencial y verdadero. En otras palabras, el cambio sólo podrá surgir de lo que no es sistema.

¿Pero de quiénes surgirá esta nueva espiritualidad? Solamente de los seres humanos espirituales que puedan mostrar un nuevo rumbo después que el sistema deje de funcionar y deje lugar a algo nuevo. Y nuestra Obra común, lo que también estamos haciendo en conjunto, es convocar a todos esos seres humanos espirituales de todos los pueblos y culturas, de todas las ocupaciones, de todas edades y géneros, etc. Son quienes ya resuenan con la nueva sensibilidad naciente...
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Arquitecto, estudioso y militante de la corriente de pensamiento llamada “Nuevo Humanismo” o “Humanismo Universalista” basada en la obra de Silo. Participa activamente en el Movimiento Humanista dentro del organismo social y cultural “La Comunidad para el Desarrollo Humano”, y adhiere a “El Mensaje de Silo” –una nueva forma de espiritualidad naciente.

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