8 ene. 2019

Roberto Assagioli


Extracto tomado de: 
Psychothérapie et spiritualité : de l’opposition au dialogue interactif, 
de Louis-Charles Lavoie, Universidad del Sherbrooke,
érudit20


Roberto Assagioli es el diseñador de uno de los enfoques más completos de la psicoterapia abiertos a la dimensión espiritual. Fue durante los años sesenta y setenta que su enfoque tomó su forma final. El modelo antropológico que propone consta de tres dimensiones: 
El inconsciente; El campo de la conciencia; El "yo" (también llamado yo) y el yo superior (también llamado yo espiritual).

Lo que llama la atención a primera vista es la importancia que Assagioli concede al inconsciente. Lo describe de cuatro maneras diferentes. Lo que él llama inconsciente inferior e inconsciente medio corresponde aproximadamente al inconsciente y preconsciente freudiano. El inconsciente superior o supraconsciente es parte de la psicología de lo sublime. Este inconsciente es ante todo un potencial. Él está mirando hacia el futuro. Assagioli lo define en estos términos: "Es desde aquí que las intuiciones y aspiraciones de orden superior nos llegan en el campo del arte, la filosofía, la ciencia; los "imperativos" de un orden ético; Los impulsos altruistas. Es la fuente del genio, los estados de iluminación, la contemplación, el éxtasis. Es en esta área que las energías superiores del Espíritu, las facultades y los poderes supranormales de alto género residen en estado latente y potencial "(1983: 27). El supraconsciente es un reflejo del ser superior considerado como bien supremo. La conciencia del inconsciente superior suele ir precedida de una crisis, que describiremos más adelante. El inconsciente colectivo refiere a Jung. Está compuesto por estructuras primitivas, ancestrales, arcaicas y arquetipos de carácter superior. Assagioli es cuidadoso al señalar que la distinción entre el subconsciente inferior, medio y superior no se basa en ningún juicio de valor, sino que se refiere al desarrollo. El inconsciente inferior es la parte más primitiva. Por lo tanto, inferior no significa "peor", sino "más viejo". Los fenómenos de ósmosis se producen entre las diferentes partes de la psique y entre el inconsciente individual y colectivo.
El campo de la conciencia es la parte de nuestra personalidad de la que tenemos conocimiento directo. Este campo está atravesado por un flujo constante de elementos psíquicos. Esta corriente de elementos incluye sensaciones, imágenes, pensamientos, sentimientos, deseos, impulsos, voliciones y varios estados mentales que podemos observar, analizar y juzgar.

El "yo", o yo consciente, está situado dentro del corazón mismo de la conciencia como un punto central estacionario. El "yo" percibe todo lo que cruza el campo de la conciencia. El "yo" también es consciente de sí mismo, es decir, consciente de ser consciente. Assagioli entonces lo designa como un centro de pura autoconciencia. Finalmente, el "yo" es también un centro de voluntad. Puede, si es necesario, intervenir para organizar los contenidos del campo de la conciencia y canalizarlos hacia la acción. Es en relación con los valores que el "yo" interviene activamente "para orquestar las diversas funciones o energías de la personalidad, establecer compromisos y provocar acciones en el mundo interior" (Brown, 1984: 30).

El yo superior o transpersonal está directamente conectado con el "yo". El "yo" personal es, por lo tanto, solo una manifestación del Yo superior. Jean Hardy cita un texto inédito de Assagioli en el que especifica las relaciones del "Yo" y el Sí mismo. "En realidad, el Sí mismo es uno. Lo que llamamos el Ser ordinario es esa pequeña parte del Ser profundo que la conciencia en el estado de vigilia es capaz de captar en un momento dado "(Hardy, 1989: 51). El Sí mismo existe en una esfera de realidad diferente a la de nuestras condiciones psicofísicas. Sin embargo, no es un postulado metafísico, sino una realidad de la cual algunos individuos han tenido una experiencia interna directa (Assagioli 1983: 176). Assagioli habla del Ser Superior como un centro permanente y como el verdadero centro del ser, el centro más profundo.

Las manifestaciones del Sí mismo adoptan una variedad de formas, que incluyen, según Ferrucci, la intuición, el reconocimiento del propósito en la vida, la comprensión intuitiva de una verdad, un sentido de unidad con todos los seres, un sentido de Un profundo silencio interior, un sentimiento de liberación, un intenso amor sin límite y sin condiciones, un profundo sentimiento de gratitud, un gran misterio y asombro, la trascendencia del espacio y el tiempo como lo conocemos. (Ferrucci 1982: 111). Es desde el Sí mismo también de donde vienen las experiencias paroxísticas, tanto místicas como de la iluminación y el éxtasis.
A partir de la presentación del modelo antropológico, pasaremos ahora al enfoque terapéutico. En este enfoque, el trabajo de división y descomposición psíquica (psicoanálisis) es seguido por un trabajo de reestructuración (psicosíntesis). Esta síntesis tiene lugar en dos etapas, y cada vez, alrededor de un Centro Integrativo, en este caso, el "Yo" y el Yo Superior.

La psicosíntesis personal es el primer paso del proceso. El primer objetivo para llegar a la síntesis es la adquisición de un buen conocimiento de uno mismo. Este conocimiento se adquiere a través de una exploración de los aspectos conscientes de la personalidad, así como por aquellos aspectos menos conocidos o ignorados del inconsciente medio e inferior. El segundo objetivo coincide con la conciencia del "yo" personal. Esta conciencia se adquiere mediante técnicas de desidentificación, mediante las cuales la persona aprende a reconocer que, si bien tiene cuerpo, emociones, intelecto, ella no es este cuerpo, estas emociones, este intelecto. Solo una vez que se hacen estas desidentificaciones, puede alcanzar la autoconciencia pura, es decir, una conciencia libre de toda identificación. Los ejercicios de desidentificación tienen virtudes terapéuticas. De hecho, la desidentificación permite la desintegración de imágenes y complejos dominantes, y las energías así liberadas se vuelven más fácilmente controlables. Esta efectividad se basa en un principio establecido por Assagioli según el cual "estamos dominados por todo con lo que nuestro ego puede identificarse. Podemos dominar, dirigir y usar todo aquello de lo lo que nos desidentifiquemos "(1983: 33).

La conciencia del "yo" es también la conciencia de la voluntad. Assagioli insiste en la voluntad porque su ejercicio implica una evaluación y una evaluación implica a su vez una escala de valores. Ejercitar la voluntad de uno es, por lo tanto, practicar hacer elecciones ajustadas a los propios valores. Es obvio, escribe Assagioli, "que el fin o propósito al que la voluntad debe dirigir sus esfuerzos debe tener un valor apreciable" (1983: 122). Por eso otro objetivo de la psicosíntesis personal es la exploración del inconsciente superior. Su exploración lleva a la realización de los valores esenciales, que Maslow llamó los valores del ser. Son estos valores los que guiarán la voluntad en sus elecciones.
La reconstrucción de la personalidad es el objetivo final de la psicosíntesis personal. Este proceso de reconstrucción se realiza a través de valores, considerados como bienes superiores, capaces de integrar a la personalidad. Como Assagioli lo concibe, este proceso es similar al descrito por Jung: se trata de integrar las polaridades de acuerdo con un Centro, el "Yo". Assagioli insiste, sin embargo, en que la psicosíntesis personal no pretende extinguir todo conflicto. En esta etapa de la psicosíntesis, se trata de atenuar las oposiciones que tienen su origen en los conflictos neuróticos y así favorecer una mejor adaptación de la persona a su entorno.

Sin embargo, la adaptación a la realidad es solo un paso en la realización de uno mismo. La transición a un nivel más alto de realización a menudo es precedida por una "crisis espiritual". Al menos eso es lo que Assagioli describe como un estado de vaga ansiedad, un sentimiento de vacío, una insatisfacción persistente, una pérdida de interés en la vida real, una crisis moral que afecta a algunas personas en medio de su vida. Es fácil malinterpretar el significado de tal crisis, así como remontar sus causas a conflictos pasados, cuando en realidad se producen "por el surgimiento de nuevas tendencias, por aspiraciones de carácter moral, religioso o espiritual, que se despiertan gradualmente" (1983: 53). Esta crisis es en realidad el preludio de un despertar espiritual.

Entre las reacciones positivas que siguen al despertar espiritual, Assagioli señala: alegría, luz interior, percepción del verdadero sentido de la vida, mayor seguridad interior. En esta enumeración hemos reconocido manifestaciones del Sí mismo, que son solo temporales. A veces les siguen experiencias más o menos dolorosas, también transitorias. Una vez finalizado este paso, puede comenzar el trabajo de reconstrucción de la personalidad en torno a un centro superior. Este trabajo es la culminación de la psicosíntesis espiritual o transpersonal. Este trabajo de reestructuración es un proceso largo y complejo que se divide en varias fases. Comienza con la eliminación activa de los obstáculos al libre movimiento de las energías transpersonales. Continúa con el desarrollo de facultades superiores, incluida la intuición y la voluntad. Le siguen fases pasivas o receptivas en las que el ego aprende a someterse a la acción del Yo transpersonal.

El discípulo de Assagioli, Pietro Ferrucci (1982: 110-125) describió varias características del Yo personal y del Yo transpersonal. La siguiente tabla ofrece una vista resumida de sus respectivos modos de operación:

Yo Personal
Yo Transpersonal
Multiplicidad: manifestada en la diversidad de opiniones, las relaciones, las numerosas subpersonalidades
Unidad: revelada en la solidaridad con los otros, Dios, la naturaleza, una pieza artística magistral.
Estado de incompletud
Estado de plenitud
Insatisfacción: siempre hay una necesidad que tiende a satisfacerse
Servicio: expresión básica del Yo. Capacidad de dar sin esperar a cambio, por la sola alegría de dar.
Preocupación: por la sobrevivencia física, emotiva y social
Apertura a la vida
Control de la vida
Abandono: hacia lo que la vida aporta
Vida centrada en el contenido: ganar dinero, hacer carrera, etc.
Vida centrada en el proceso: sobre la manera de vivir, sobre la calidad de vida.
Vida centrada en los resultados de la acción:
Vida centrada en la armonía, la belleza, el placer intrínseco de la acción.
Mundo estructurado y limitado
Mundo sin forma, sentimiento de libertad y expansión.

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